Arxius

Archive for the ‘Estudis de l’Odissea’ Category

«Ninguno es mi nombre. Sumario del caso Homero», Eduardo Gil Bera s’enfronta de nou al “cas Homer”

.

.

.

Després d’haver-ho fet ja a “La sentencia de las armas“, Eduardo Gil Bera analitza amb la precisió del bisturí els textos de la Ilíada i l’Odissea, i enfoca el “cas Homer”, l’autoria (i l’edició) de tals obres, amb punts de vista originals i estimulants.  Aquest exercici el fa ara, en el seu nou treball (aparegut aquest gener de 2012) “Ninguno es mi nombre. Sumario del caso Homero“. Un text digne de prestar-hi atenció, tant per la seva profunditat com per la seva originalitat.

En la presentació editorial se’ns diu:

«Ninguno es mi nombre. Sumario del caso Homero resuelve la cuestión homérica, y establece por primera vez la autoría y fecha de composición de la Ilíada, la Odisea y las obras de la épica griega antigua. Revisada la biografía de Tales de Creta, poeta y legislador que impuso en Mileto el régimen de tiranía, descubre que fue el promotor de los homéridas, y acredita que el propio Tales publicó un panfleto donde revela ser el poeta de la Odisea y hace saber que Homero, autor de la Ilíada, se llamó así porque su padre, rey de Pafos y sumo sacerdote de Afrodita, fue entregado como rehén por los chipriotas al rey Midas.»

.

Al web del seu agent literari, Ute Körner, se’ns refereix breument la seva biografia:

Eduardo Gil Bera (Tudela, Navarra, 1957)

Eduardo Gil Bera nació en 1957 en Tudela (Navarra), y cursó estudios de periodismo en Pamplona y Barcelona. En 1986, se instaló, junto a su mujer Asun, en la pequeña población de Narbarte, a orillas del Bidasoa, refugio desde el cual inició una brillante carrera como novelista, poeta, ensayista y traductor.Su obra ha sido reconocida con diferentes premios literarios, como por ejemplo el Miguel de Unamuno de Ensayo (1994), concedido por el Gobierno Vasco, el Premio Nacional de Novela Histórica Alfonso X el Sabio (2002) y el Premio Euskadi de Literatura 2004.

També sens ofereix una llista de la seva bibliografía, en basc i en castellà, on encara no hi consta el llibre que comentem. 

.

Índex de l’obra:

.

¿Qué fue de Homero? ¿Quién escribió la Odisea?…… 9
Creta y los escribas memoradores…… 11
Creta y Mileto…… 15
El tirano y el rey…… 17
Tales sólo hay uno…… 19
El sabio estadista…… 21
Vamos a Creta…… 23
El templo y el altar de la diosa…… 25
El nombre tabú…… 27
¿Cómo pudo romperse la escultura?…… 31
Los autores…… 33
Cómo se negocia un tabú…… 37
El poema más cretense del mundo…… 41
La portada de la Odisea…… 43
Campeonato de antigüedad…… 47
El primer hexámetro…… 51
La composición de la Odisea…… 53
Las versiones del panfleto…… 57
¿Quién era Kreion?…… 61
Sucedió en Samotracia…… 63
Nadie cabalga…… 67
El poeta de la Odisea relee la Ilíada…… 71
Algo inaudito…… 73
¿Qué muerte le urdió Egisto?…… 75
La cara de Agamenón…… 77
El divino aedo…… 85
El destino del aedo Clitomnemon…… 87
Teoclímeno semejante a un dios…….. 91
Decir y no decir…….. 95
¿Qué sabía Trasíbulo de todo esto?…….. 99
El escudo de Aquiles…….. 105
Más vale paz…….. 109
Una tumba para Elpenor…….. 113
El testamento de Tales…….. 115
El nombre del padre…….. 117
Las dos ambrosíacas sirenas…….. 119
El juez que lo sabe todo…….. 123
Director divino de héroes humanos…….. 125
Extensión y profundidad de la Ilíada y la Odisea…….. 127
Cómo adular con poco trabajo…….. 129
El himno a Apolo…….. 131
La estatua de Tales por Dédalo……… 133
¿Quién era Ulises?…….. 139
Amor de la cabeza a los pies…….. 141
¿Quién era Helena?…….. 145
Naucratis y el faraón Psamético…….. 149
Siete años…….. 155
Aparecen los homéridas…….. 159
El nombre famoso…….. 161
El rey de Frigia…….. 165
El héroe Telefo…….. 169
La conexión arcadochipriota…….. 173
Largo eco de la Cipríada…….. 177
¿Por qué Troya?…….. 181
El viaje de Hesíodo…….. 183
Frigia cae ante los cimerios…….. 185
Reinos que pasan, reinos que quedan…….. 189
arbitro de la ciudad…….. 191
Cronología…….. 195
índice de imágenes…….. 199
.

.

.

Eduardo Gil Bera

Ninguno es mi nombre. Sumario del caso Homero

colección restos y pretextos

Ed. pre-textos. València, gener de 2012

ISBN: 9788492913633

.

.

.

L’oblit en Homer. Leteu, de Harald Weinrich

.

Harald Weinrich, en el seu tractat «Lethe. Kunst und Kritik des Vergessens», del que n’hi ha traducció al castellà de Carlos Fortea (Siruela), fa un interessant recorregut sobre l’oblit.

.

En la presentació editorial del llibre se’ns indica:

.

.

Si existe un arte de la memoria, la mnemotecnia, ¿no debería existir también un arte del olvido? Pero la pre­gunta crucial es ¿qué porcentaje de olvido necesita o tolera una cultura para su desarrollo? En este libro, Harald Weinrich desarrollará una larga reflexión his­tórica y filosófica para mostrarnos la forma en que la cultura occidental ha bebido de las aguas del Leteo, el río del olvido.

Harald Weinrich (Wismar, Alemanya, 1927)

Harald Weinrich (Wismar, Alemanya, 1927)

De Homero a Proust, de Cervantes a Borges, pasando por el Renacimiento, la Ilustración y el Romanticismo, Weinrich rastrea la relación entre la memoria y el olvi­do en la cultura de Occidente y especula sobre el de­seo de olvidar, sin excluir la necesidad de una crítica del olvido tras las trágicas experiencias de Europa de mediados del siglo XX. El resultado es una brillante pa­norámica de la historia de la cultura del olvido y un li­bro que demuestra que la erudición es absolutamente compatible con la pasión de escribir y leer.

Tras desempeñar cátedras en Kiel, Colonia, Bielefeld y Munich, Harald Weinrich (1927) es actualmente cate­drático de Romanística en el Collége de France, París. También ha sido profesor invitado en las Universida­des de Michigan y Princeton, así como en el Wissen-schaftkolleg de Berlín, y es doctor honoris causa por las Universidades de Bielefeld, Heidelberg y Augsburgo. Ha recibido numerosos premios y distinciones den­tro y fuera de Alemania y es miembro de varias acade­mias, así como del PEN-Club. Entre sus libros pueden destacarse El ingenio de Don Quijote (1956), Tempus: Mundo hablado y narrado (1964), Literatura para lectores (1971), Caminos de la cultura verbal (1985) o Gramática textual de la lengua alemana (1993).

.

.

.

En un dels primers capítols, Weinrich ens recorda la presència reiterada de l’oblit en la peripècia d’Odisseu:

.

.

.

2. Ulises habla del olvido (Homero)

En el canto séptimo de su Odisea, Homero cuenta cómo Ulises, en su dificultoso viaje de regreso de Troya, naufragó en las costas de la isla feacia de Esqueria. Mísero y agotado, es descubierto en la playa por la hija del rey, Nausícaa, y sus compañeras, y llevado al palacio de su padre Alcínoo. Allí se ofrece al náufrago la mejor hospitalidad que un extranjero pueda desear en el mundo de Homero. Tres días se queda Ulises entre los feacios, para volver des­pués, cargado de regalos, a su isla natal de ítaca, a bordo de un barco equipado por sus anfitriones.

Pero antes de que Ulises abandone la hospitalaria isla de los feacios, en la fiesta de despedida que se ofrece en su honor, se deja convencer por sus anfitriones y cuenta su historia a los asistentes y empieza: «Soy Ulises, hijo de Laertes…». La subsiguiente narra­ción llena cuatro cantos de la Odisea (IX-XII) y resume los obstácu­los que durante diez años se opusieron al retorno del héroe. Ulises había tenido que luchar con acantilados y tempestades, potencias hostiles habían atentado contra su vida, entre ellas no sólo el tuer­to Polifemo sino también el poderoso dios del mar, Posidón, que había causado su naufragio en las playas feacias. Sin embargo, los mayores y más peligrosos obstáculos que se opusieron a su retorno a Itaca habían sido para Ulises los ocasionados por las múltiples tentaciones del olvido a las que se había visto expuesto en las eta­pas de su largo extravío. Y de ellas habla a los feacios en tres epi­sodios de su relato. Tratan de los lotófagos, de Circe y de Calipso. De los lotófagos habla Ulises al principio mismo de su historia, en el canto noveno. Al hacerlo, se remonta muy atrás en el tiem­po; sus asuntos aún van bien, y su flota reúne doce barcos. Con ellos ancla frente a una costa desconocida —¿era quizá la isla de Meninx, hoy Djerba?— y envía unos cuantos hombres a tierra, a ex­plorar la isla. No regresan. ¿Habrán topado con habitantes hosti­les que los hayan apresado o incluso muerto? No ha ocurrido tal cosa. Antes bien, los habitantes de la isla han acogido cordialmente a los exploradores y los han atendido con hospitalidad. Les han dado también un fruto que olía agradablemente a miel, llamado loto, que ellos mismos solían tomar regularmente, por lo que se los llamaba lotófagos («comedores de loto»). Pero este fruto, ade­más de estar bueno, tiene la propiedad de otorgar el olvido. Así que después de tomar el fruto del loto los exploradores de Ulises no sólo han olvidado por completo el objetivo de su viaje, el regreso a Ítaca, sino también la orden de exploración de Ulises, y se han entregado por completo a la degustación de la sabrosa fruta y a la dulzura de la estancia entre los amistosos lotófagos.

Inquieto por la tardanza de los exploradores, Ulises manda a buscarlos. Los encuentran sumidos en la dichosa embriaguez del olvido, y se los llevan «llorando» de vuelta a los barcos, a pesar de su resistencia. Allí son encadenados a los bancos de los remeros, para que no regresen a los peligrosos disfrutes de los lotófagos. Ulises prohibe severamente, a sí mismo y a los otros marinos de su flota, probar esa droga. A toda prisa, hace levar anclas y proseguir el viaje.

Los filólogos homéricos y los farmacólogos han empleado mu­cho esfuerzo en averiguar con exactitud qué clase de planta puede haber sido la que producía esa droga del olvido. Se ha pensado en un determinado nenúfar o loto del que se sabe que tenía notable importancia en el culto egipcio a los muertos y que se consumía «en forma de flor». Sin embargo, hoy ya no se puede establecer de manera inequívoca su papel entre el recuerdo de los muertos y el olvido de los muertos, y no se sabe mucho más que lo que Ulises contó de ella. Además, de los versos de la epopeya no se despren­de con claridad si la droga causaba un olvido permanente o sólo pasajero. Lo único seguro es que el fruto del loto no sólo sabe dul­ce sino que también brinda un «dulce olvido», de manera que aquellos que lo prueban no desean más que seguir viviendo en las comodidades de ese hermoso presente.

El segundo episodio en el que Ulises habla del olvido trata de la hermosa pero pérfida diosa Circe. El episodio se encuentra en el décimo canto de la Odisea. Nuevamente Ulises arriba con sus compañeros a una costa desconocida, otra vez se envían explora­dores. En su búsqueda, llegan al palacio de Circe, de la que pron­to se descubre que dispone de toda clase de malignos poderes má­gicos. Los exploradores de Ulises lo experimentan en sus propias carnes, ya que la vara mágica de Circe los transforma en cerdos y son encerrados en una pocilga, sin perder sin embargo su concien­cia humana. Pero antes de que se produzca esa metamorfosis, Cir­ce ha dado a los incautos exploradores un bebedizo mágico que una vez más resulta ser una droga del olvido, que como el fruto del loto borra el recuerdo de la patria. La receta farmacológica de es­ta droga se describe incluso en detalle en los versos homéricos; se trata, según ellos, de una bien dosificada mezcla de vino de Pramnos, queso, harina y miel amarilla. También en el caso de Circe es­ta «droga fatal» (en griego pharmakon ligron) actúa de forma que los huéspedes que sin temor la prueban «pierden todo recuerdo de su patria»… lo que en este caso debe de haber aliviado un tan­to su destino de cerdos.

¿Cómo sigue la historia? Ulises se pone en camino para buscar a sus desaparecidos compañeros. Recibe la ayuda de Hermes, el mensajero de los dioses, que le advierte de las artes mágicas de su pérfida anfitriona y le da un antídoto. Con su fuerza y ayuda, Uli­ses consigue neutralizar la magia del olvido de Circe y persuadirla además de devolver la condición humana a sus marineros conver­tidos en cerdos.

Sin embargo, pronto el propio Ulises es víctima de otra magia del olvido contra la que no posee antídoto alguno. Se deja seducir por Circe y sucumbe en sus brazos a la magia del amor. Ulises pa­sa un año entero con Circe, y durante este tiempo, en que actúa la droga del olvido, olvida el regreso junto a Penélope. Finalmente, compañeros tienen que obligarle a continuar viaje, y Ulises abandona a la amada con el corazón oprimido.

El tercero de los episodios de olvido narrados por Ulises trata de las artes y astucias de la ninfa Calipso. Para ella, una vez más, el amor es, como en el caso de Circe, la más eficaz droga del olvido. Actúa siete años. Es un largo período, y hace mucho que para Uli­ses sediento de acción, el amor de la ninfa se ha convertido en una carga, aunque entre ellos exista la notable diferencia de con­dición de que él es un mortal y ella, en tanto que diosa, es inmor­tal. Entonces Calipso juega su última carta. Si la ama, ella hará in­mortal a Ulises, y entre néctar y ambrosía —la comida y la bebida de los dioses— éste olvidará para siempre todas las cosas terrenas y, naturalmente, también a su esposa Penélope.

Pero Zeus lo ha dispuesto de otro modo. A través del mensaje­ro Hermes, da a la ninfa Calipso la orden de dejar ir a Ulises de in­mediato. Abandona la isla en una balsa. Furioso con esa interven­ción del padre de los dioses en sus igualmente divinos derechos, Posidón hace que la balsa se quiebre. De este modo llega Ulises, náufrago, hasta los feacios, a quienes habla en seguida de la ten­tación del olvido, la más peligrosa.

[...]

Harald Weinrich

.

.

Índex de l’obra:

Leteo

I.     El lenguaje del olvido

II.   Olvido mortal e inmortal

    1. Arte del recuerdo/Arte del olvido (Simónides, Temístocles)
    2. Ulises habla del olvido (Homero)
    3. Amor olvidadizo (Ovidio)
    4. Olvido trascendental y recuerdo terreno (Platón, san Agustín)
    5. Recuerdo y olvido ante Dios y ante los Hombres (Dante)

III. La astucia de la razón olvidadiza

    1. ¿Queda sitio en la cabeza? (Vives, Rabelais, Montaigne)
    2. ¿Cuánta memoria necesita el ingenio? (Cervantes, Huarte/Lessing, Cordemoy, Helvetius)

IV.  Olvido ilustrado

    1. Pensamiento racional, olvido metódico (Descartes, Thomasius)
    2. Experiencias regladas y no regladas con el olvido (Locke, Voltaire)
    3. Inútil aprender de memoria (Rousseau)
    4. ¿Por qué hay que olvidar completamente el nombre de Lampe? (Kant)

V.   De los riesgos del recuerdo y el olvido

    1. Amores olvidados, fielmente narrados (Casanova)
    2. Una oda al olvido (Federico el Grande)
    3. Casos y acasos del olvido (Tutti, con brío)
    4. Noticias sobre el «mascador» de París (Victorien Sardou)

VI.  Nuevas energías a partir del arte del olvido

    1. Sombra olvidada y nueva memoria (Chamisso)
    2. Un arte mefistofélico: el olvido de Fausto (Goethe)
    3. Precario proyecto de desmemoria (Nietzsche)
    4. Olvido aplacado y no aplacado (Freud)

VII.  De la poesía del olvido

    1. Oscuro recuerdo y abismal olvido, con una advertencia contra los papagayos (Mallarmé, Valéry)
    2. Poesía del recuerdo desde las profundidades del olvido (Proust)

VIII. ¿Derecho al olvido, paz mediante el olvido?

    1. Ficciones del yo olvidado (Pirandello, Sciascia)
    2. Olvidar para empezar de nuevo (Giraudoux, Anouilh, Sartre)
    3. Perdonar y olvidar (Jesús, Theodor Fontane)
    4. Amnesias, amnistías y el enigmático jubileo (Schiller, Kleist, Celan)

IX.   Auschwitz y nada de olvido

    1. Jamás olvidaré (Elie Wiesel)
    2. Luchar con el olvido (Primo Levi, Jorge Semprún)
    3. Recopilador de historias, olvidador de historias (Saúl Bellow)
    4. Escribir para extinguir (Thomas Bernhard)

X.   Almacenado, es decir, olvidado

    1. Una nueva profesión: desechador (Böll, Borges)
    2. Epílogo sobre el oblivionismo de la ciencia

.
.
.

Harald Weinrich

Leteo. Arte y crítica del olvido

Biblioteca de ensayo Siruela

Ediciones Siruela. Madrid, 1999

ISBN: 9788478444687

.

.

.

Josep Pla a Ítaca

.

.

..

.

PORT-WATTY (ÍTACA) I PATRES, DIVENDRES, 30 [DE MARÇ DE 1956]

.

[...]

Josep Pla i Casadevall (1897 - 1981)

Ítaca és una illa muntanyosa, de pocs arbres, coberta de mates i arbustos baixos. La solitud i la llunyania hi són inoblidables. ¿Fóu Ítaca l’illa d’Ulisses? Amb l’Odissea a la mà la posició afirmativa sembla versemblant. A primers d’aquest segle, discutiren la qüestió dos grans erudits del món homèric; el professor francès Víctor Bérard i el professor alemany Dörpfeld. Segons el primer erudit, l’illa d’Ulisses és Ítaca; segons l’alemany, és Leucas, que es troba en aquest espai, és més acostada al continent i és més gran i més rica que la primera. Bérard dedicà una gran part de la seva vida a demostrar que l’Odissea és un poema geogràfic d’una admirable precisió, atès que el poema fou elaborat, probablement, en una o altra ciutat de l’Àsia Menor, poblada per una societat molt evolucionada , utilitzant textos provinents de navegants anteriors al món homèric, segurament fenicis. Féu una obra consederable, d’accés agradabilíssim, plena de punts de vista fascinadors per a totes les persones que ens agrada el mar.  Ara:  si aquesta obra és absolutament convincent, no tinc pas coneixements per a afirmar-ho. Dörpfeld, que es mantingué dintre els camins donats per Wolf i els romàntics, formulà grans dubtes sobre l’existència del poeta i tractà de demostrar que l’inici de la Ilíada i de l’Odissea fou la poesia popular. Localitza la vitalitat poemàtica de l’Odissea a l’illa de Leucas. Però és el cas que ni a l’illa d’Ítaca ni a la de Leucas no s’ha trobat, fins ara, cap vestigi  més o menys relacionable amb les meravelloses i precises descripcions del gran poeta.

[...]

.

Josep Pla

Cabotatge Mediterrani

.

.

Victor Bérard (1864 - 1931)

Wilhelm Dörpfeld (1853 – 1940)

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

Les phéniciens et l'Odyssée - Bérard

Les phéniciens et l'Odyssée - Bérard

Alt - Ithaka - Dôrpfeld

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

Índex del capítol del llibre de Bérard dedicat a Ítaca

.

.

Josep Pla

Pàgines selectes 3

Cabotatge mediterrani

Edicions Destino. Barcelona, 1991

isbn 8423320510

.

.

.

Carles Riba. Pròleg a la seva primera traducció de l’Odissea (“Designi del traductor”)

DESIGNI DEL TRADUCTOR


 

 

I


S’ha fet l’observació, plena de bon seny crític, que el mètode per traduir Homer és una qüestió purament relativa. Cada època ha preferit un Homer, d’acord amb el gust i els hàbits poètics en boga: ufanós de conceptes, o artificiosament polit, o oratori, o primitiu, o àdhuc sumisament escolar.

S’ha aplicat, en vertir una obra poètica, un aforisme esdevingut corrent en aules i en elogis: traduir és fer parlar a tal autor com ell mateix hauria parlat en la nostra època i en la nostra llengua.

Però afermades les teories idealistes de l’estil, potser caldria invertir la fórmula. Només que no totes les llengües ni tots els traductors poden gosar-ho. I dir: si traduir no pot ser sinó recrear, substituim-nos, doncs, a tal autor, creant en la nostra llengua, però talment en el seu temps.

Donem a Pope el que és de Pope, ha dit Xènius. Sí, però abans cal haver donat a Homer tot allò que és d’Homer. I és inútil per ventura de fer-se una fantasma de l’arqueologia, allí on no hi ha sinó una mera i pura qüestió d’estil.

I més a Catalunya, on la nostra llengua, vetusta i ritual alhora que indefinidament plasmable encara, apta per a tots els artificis ensems que per a totes les ingenuitats, popular i palaciana; i la nostra poesia, tradicional i encara novella, tendint a alliberar-se de barroques ornamentacions, i de vaguetats romàntiques, i de deliqüescències simbolistes, per tornar a l’expressió directa, simple, precisa i noble, imposen com enlloc més al traductor d’Homer un deure de màxima fidelitat a Homer, amb una garantia suplementària de màxima fidelitat a la nostra llengua i, si no ben bé a la nostra època, almenys a l’època a la qual aspirem.

 

II


Essent per al traductor aquesta fidelitat a Homer una prèvia comanda ineludible, la qüestió de la forma mètrica a donar a la seva versió es resolia sola. Tot vers que no reunís caràcters paral·lels als de l’hexàmetre homèric constituïa un desviament estilístic; àdhuc el bell hendecasíl·lab blanc, que si una tradició èpica podia invocar, no era pas entre nosaltres, sinó dins la germanor de les llengües neo-llatines. L’hexàmetre assajat pel mateix traductor en una versió de les deu èglogues de Virgili, augurava, ben segur que simplement a la seva inexperiència, dificultats força més riscoses d’eludir o resoldre en Homer que no pas en el seu alexandrinitzat imitador llatí.

En un moment de descoratjament, es decidí, doncs, per la pura prosa, que almenys salvava la contarella si s’havia de perdre fos com fos el cant.

Però a penes fressats els inicis, sempre accessòriament enutjosos en una versió; a mesura que el traduir anava esdevenint per al traductor allò que després fou plenament i apassionadament, ja que massa sovint no del tot feliçment, una gran festa d’estil —i poc cosa més alta ambicionaria que fos per al seu lector la lectura— sota la ploma se li anaven congriant, amb independència d’ell mateix, petites entitats rítmiques cada vegada més poderoses, més freqüents i diria que més tentaculars.

Davant la temible perspectiva d’una prosa rítmica, aleshores el traductor es decidí a una provatura mètrica; sostingut per la convicció, que guarda, que provatura reeixiria al cap i a la fi la versió total, com sempre ha estat tota versió d’Homer, i més en mans de qui tan lluny està de posseir les necessàries condicions.

D’un estudi més atent de les versions maragallianes dels Himnes homèrics, nasqueren aleshores algunes experimentacions, precioses per al traductor, i provades de resumir en uns certs articles del seu íntim Jordi March.

 

III


 

Segons una concepció profunda dels grecs —s’hi deia— el ritme és l’element mascle de la música, com qui diu de tota obra viva del món. Tal com l’actuació paterna no acaba en la generació, sinó que es continua en l’autoritat, el ritme és en l’obra l’ordre mateix.

L’autoritat paterna es funda en la consciència de la paternitat: el ritme en la consciència de l’obra. Alguna cosa d’inefable, per tant, com tot el que és espiritual; però de la qual també la presència viva, o l’absència, se’n senten intuïtivament i de bell antuvi.

Perxò no hi ha vers en sí vivent ni mort, encarcarat ni flexible, ni tan sols tradicional ni novell.

Des d’aquest punt de vista, doncs, s’ha pogut proclamar (Vossler) que tot vers, que tota unitat de versos és un individu. És a dir, un ritme. És a dir, alguna cosa en darrer cas irreductible a síl·labes, accents i cesures.

Ara, el ritme no és la mesura, com tot sovint hom confon. Com senyor i esclau, el ritme es fa sempre servir per la mesura, però adés van junts, adés ne prescindeix si vol.

Aquesta servitud de la mesura envers el ritme, consisteix a fer-li de fonament físic. Gosaríem dir: la mesura és la fesomia del ritme. Vet aquí com, i per què, i solament com i per què un vers pot ser comptable.

Físicament, per tant, l’esperit, per crear un ritme, no pot demanar a un llenguatge més del que aquest llenguatge li podrà oferir. L’oïda grega copsava una diferència de quantitat entre unes síl·labes i altres: una síl·laba dita llarga, sonava doble estona que una síl·laba dita breu. A base d’aquesta percepció, els grecs pogueren mesurar llurs versos per peus, que no eren sinó la repartició dels valors dintre el compàs.

L’oïda catalana, per la seva banda, copsa síl·labes tònicament accentuades, i síl·labes que no ho són. L’accent tònic, més enèrgic en les nostres llengües que en les llengües antigues, marca, doncs, l’altre dels dos factors indispensables de la mesura, o sigui la percussió dels temps forts.

No hi ha, així, inferioritat rítmica del català enfront del grec: es tracta simplement de dos serveis diversos, que caldria que anessin junts. Per això el músic grec completava l’obra del poeta afegint-hi una accentuació; al músic català li resta, inversament, la tasca de repartir els temps.

Per cercar la correspondència de metres, pot concloure’s una llei fonamental: a cada temps fort dels peus grecs, el català farà correspondre una síl·laba tònicament accentuada; altres tantes síl·labes àtones ocuparan el lloc dels temps febles.

Ara, partint de l’axioma que, un hexàmetre, o sigui sis mesures, voldrà primordialment dir en català un vers de sis accents —dues lleis, en apariència contradictòries, de l’accent català es presentaven.

Segons l’una, tan poderosament cau el to sobre una síl·laba, que les circumdants resten com a la penombra; així les síl·labes àtones no poden tenir cap valor rítmic positiu.

Segons l’altra, no tolerant-se, d’instint, més de dos elements àtons seguits, s’introdueixen accents secundaris, amb tendència a fer tònica una síl·laba sí i una síl·laba no.

L’autor de la versió dels Himnes homèrics aspirà, no sense oscil·lacions, a harmonitzar en el seu vers tots dos principis, harmonia que té un fonament obvi: tot vers, com a carcassa que és d’una música absent, vol ser dit amb èmfasi, batent la mesura, cantant-lo, per dir-ho d’un cop i noblement. Llavors l’accent tònic català sona amb tota la seva magnífica robustesa, i àdhuc en els llocs on és secundari manté el seu dret com a sobirà de la nostra rítmica.

 

IV

 

Més pregonament intuí encara el gran Maragall. En Homer, l’hexàmetre constitueix una mesura, però no precisament un ritme, com ve a ser en Virgili. Pensi’s també en l’alexandrí clàssic francès: cada vers és per sí un ordre, com ho és, en un grau anterior, l’hemistiqui, com ho és, en un grau posterior, l’estrofa; alguna cosa, doncs, com una arquitectura.

En Homer, en canvi, tot flueix: és una llarga correntia rítmica que, com una deu viva, per dir-ho així va rajant a bell doll de sí mateixa. No és, no, la juxtaposició bàrbara, sinó la inlassable successió, lenta i segura. El vers, aquí, sembla no tenir-hi altra cosa a fer que senyalar la petja igual de l’instant per damunt.

I no obstant, els traductors massa oblidaven, traduint, això que llegint no podien sinó sentir. Qui en vers, qui en prosa, tots se n’anaven a arquitecturar, a col·locar immòbil dins l’arrodonit període lògic (diuen) allò que no és sinó escoladís.

No així en Maragall.

I per això —restringint-nos de bell nou al metre— més que hexàmetres el nostre poeta traduí una música d’hexàmetre. No es necessitava més per salvar l’essencial: és a dir, perquè l’ample vers de sis mesures comandés i guiés directament la mateixa evolució del pensament, i la sentència en què cerca d’expressar-se.

I tal com Homer, pel mateix que dèiem del seu ritme, no fa en últim cas sinó una pomposa, inacabable teoria dactílica, que comporta, com ni adonant-se’n, el recurs de l’encavallament, així el seu traductor pot recórrer a un encavallament mètric, i donar hexàmetres aguts, compensant la síl·laba que manca amb les síl·labes àtones inicials del vers següent, o bé amb la força mateixa de l’accent final (cosa de la qual trobaríem un paral·lel en el mateix hexàmetre homèric, on el temps doble final pot reduir-se a temps breu, compensant-se potser amb una pausa que la veu fes en acabar el vers).

 

V

 

L’autor d’aquesta versió de l’Odissea creia necessàries algunes indicacions sobre la mètrica seguida —baldament només fos com a guia per a la lectura. Però no gosaria parlar del to i l’arranjament mateixos de l’estil. En això s’abandona a la bona voluntat de la crítica, prou apta ja entre nosaltres per no ser ni massa precipitada ni massa primotera.

Només dirà, que, en fer la seva versió, no ha pensat en els arqueòlegs, per als quals tota versió seria esgarriadora, ni en els hel·lenistes, per als quals seria un mal negoci; no ha somiat tampoc en una divulgació, cosa que quan s’ha fet ha exigit adaptacions i àdhuc mutilacions o refundicions que contradirien el seu designi essencial de fidelitat.

Ans ha fantasiat que el llibre esdevingués per uns dies el company d’aqueixa part del públic català, anònima però selecta, i cada dia més nombrosa, capaç de passar per sobre accidentals dificultats d’al·lusions a fetes i objectes de tres mil anys enllà, per tal d’oferir a la seva imaginació un espectacle opulent amb les aventures d’Ulisses.

Com, més íntimament, ha vist compensades de manera inefable les llargues fatigues de la tasca, si mai el poema per ell nostrat obrés com a estímul sobre la imaginació dels que cada dia amb major glòria honoren Catalunya en la seva parla. Fent vots perquè d’entre ells surti aviat qui escometi l’empresa tan fàcilment assolible de superar aquesta versió amb una nova versió.

 

Carles Riba

Odissea (Pròleg)

 

 

Paradoxalment, qui va escometre l’empresa tan fàcilment assolible de superar aquesta versió amb una nova versió” fou el propi Riba, anys després.

 

 

Homer

Odissea

Traducció de Carles Riba

Editorial Catalana

Barcelona, 1919

El pròleg de Carles Riba a la segona traducció de l’Odissea

UNS MOTS DEL TRADUCTOR


És sabut amb quina alternativa es troba el traductor d’un gran poema clàssic: o limitarse a mostrar-lo de lluny o esforçar-se a fer-lo present. En tots dos casos, és inevitable que perilli algun preciós element de l’original. En el primer, la immediatesa (entengui’s bé que no diem la facilitat): sense ella, la poesia serà suggerida, explicada, no precisament viva en el seu miracle. En el segon, el traductor imitarà. Més que en el públic del seu poeta, distant segles amunt, pensarà en el seu propi; atent a ell, que li és davant, emprarà les seves fórmules expressives, s’adaptarà a les seves habituds d’imaginació, cercarà els efectes a què és més sensible, li farà fer, en suma, la il·lusió que és per a ell que fou originàriament creat el poema. Però la poesia, llavors, serà substituïda, no traslladada; rompuda la dura, divina unitat de l’obra, el contingut anirà per una banda, més o menys respectat, i de vegades, si així ho vol la moda, esquematitzat com teòricament ho fou en la primera idea del poeta; i per altra banda anirà la forma, l’externa i fins la interna, a totes les conseqüències del que pugui o del que no pugui com a poeta el traductor.

Evidentment la cosa és absoluta així només en principi. De fet es tracta d’un més o d’un menys. No hi ha traducció, empresa amb un mínimum de responsabilitat, en la qual no s’hagi intentat un compromís entre les dues tendències; és a dir, complint algun dels deures implicats en cadascuna, participar en els correlatius avantatges, ja que és fatal la participació en tots els inconvenients. Així, traduint un gran poema antic, un professor mirarà més aviat de realitzar la fidelitat a unes característiques històriques que es creu conèixer bé; un artista pur sacrificarà el que convingui per fer ressortir tot allò que al seu entendre són valors estètics permanents. I l’un i l’altre a cada vers hauran hagut de calcular què valia més deixar perdre per a salvar el que jutjaven de més interès; l’un i l’altre, ja abans de donar cap a la noble tasca, hauran constatat melangiosament que llur traducció, que tota traducció, és sempre per força provisional. Arrencada de la seva forma única, exacta, acabada, absoluta, la magna entitat poètica ha estat feta relativa a un altre temperament, a un altre fi, a un altre lloc, a una altra època, a una altra llengua, a un altre concepte de la mateixa poesia; és a dir, situada de nou, per a bé i per a mal, en tot allò que és fluent i canviant per condició humana. És en l’home el misteri, no en l’obra l’art: ella dura, exercint el seu simple imperi, exigint sempre uns nous ulls que contemplin i que hi vegin més d’actual. Traduir, així mirat, ¿fóra res més que llegir assajant un forma a la personal interpretació? I el qui bonament llegeix, si llegeix bé, ¿què fa sinó traduir per a ell —més provisionalment encara?

És convençut de tot això que jo veia la meva traducció de l’Odissea cada dia més lluny; si es vol, més envellida. Un traductor, és obvi que, malgrat tot, pot aspirar que la seva obra de reconstitució sigui tan feliçment informada per una personalitat poderosa que, independentment del seu caràcter de traducció, adquireixi al seu torn l’alta qualitat de clàssica. Arcaica, potser sí que aquella bona Odissea meva de cap al 1919 m’ho apareixia, amb tot allò que el mot comporta de mirat tendrament, piament, però inactual per sempre més. Clàssica, ben certament que no. Si ara i adés tal commovedora mostra d’estima que per ella rebia em feia témer que algú la hi considerés, la cosa m’omplia d’una confusió gairebé intolerable. Tot allò que és clàssic és heroicament distant; però mai vell. I vella jo la veia, ja només de pensar a quines proves d’afinament i d’enriquiment ha estat sotmès l’idioma en el temps que ha vingut després; i en l’ordre pràctic, de quins instruments disposa avui un escriptor a casa nostra per al seu treball, que en 1919 no existien. En altres termes: sense sortir-me del terreny objectiu, em podia imaginar jo mateix havent reeixit millor dos o tres decennis més tard.

Una vegada m’hagué temptat de refer la meva Odissea, ja no em vaig poder sostreure al desig. Bastà que uns amics generosos, en circumstàncies que feien pròxim el meu cor el mite d’Ulisses, em proposessin una reedició de l’introbable llibre, perquè em llancés resoltament a l’aventura. Resoltament; no pas tot d’una segur del que calia fer. Però aviat vaig saber de cert que res no hi podia ésser fet superficialment. Havia de replantejar-me tots els problemes, de revisar tots els criteris, de ressenyar tots els mitjans. Era jugar-m’hi molt com a professor de grec i com a poeta. Vaig deixar que, en mi, aquell cedís el pas a aquest; no puc creure que ningú hagués fet estúpidament altra cosa. A tot allò que des de fora o des de la meva mica de ciència m’ajudés a millorar el resultat del meu esforç d’antany, calia afegir, i sens dubte valia més per a sostenir la meva confiança, el que jo mateix, en tot aquest temps, hagués pogut adquirir d’experiència. Experiència tècnica i més encara experiència humana en general. Per a la comprensió íntima de cap gran poema no és potser aquesta més necessària que per a l’Odissea, fresca, íntegra i nova, al cap de vint-i-vuit o de vint-i-nou segles, en el seu encant, en el seu to i en els seus traços, en els seus sentits directes i en els seus símbols. ¿I no podia també esperar alguna cosa de subtilment preciós i eficaç de l’experiència dels meus ulls i de la meva memòria, que l’espectacle de mars i terres odisseiques encara omple, en inacabable procés de cristal·lització?

Ítaca, regne petit, conec la cova profunda:
oliverada amunt, fora camí, en el rocall…

Els poetes dubten de si en el món trasbalsat, barbaritzant, d’avui, hi ha un públic per a ells. El dubte esdevé menys cruel, si es formula serenament, amb ple sentit humà i històric: ¿ha estat, ha pogut, podrà ésser mai, en essència i tot compte fet, altrament? Ha crescut enormement la massa dels lectors, dels interessats per la literatura; i dins ella, el grup dels qui apassiona la poesia pura —uso aquesta fórmula per amor de la bella comoditat, conscient de les reserves que s’hi han fet i que hi cal fer. Doncs bé, dins la immensa, renouera turba, aquest grup de “feliços pocs” ha augmentat també; però no podia augmentar proporcionalment. Per força havia de quedar ofegat fins a ésser gairebé invisible i mut. Per als seus components, la poesia continua tenint el seu caràcter de festa i d’experiment de l’ànima; quan, entorn d’ells, per a tants la literatura ha descendit a entreteniment o a excitant de cada dia. Essent aquests els qui més pontifiquen i exigeixen, la confusió s’acreix sense remei. La qüestió entra de ple dins el camp de la sociologia i és molt perillosament complexa. Cenyint-nos al fet que ara ens interessa, és evident que si avui es pretén dur els clàssics, l’Odissea, ja que d’ella es tracta, a la plaça del mercat, l’empresa obeeix a raons segurament més tristes per a la poesia que les que tenien els romàntics per a somiar el mateix. Hi seria duta, certament; però no tornada, perquè ni en sortí ni mai ben bé no hi anà. Arrencar-la al monopoli dels més o menys doctes hel·lenistes, d’acord; però tant com lliurar-la a la insensibilitat i a la banalitat dels simples devoradors de novel·les, despullar-la de la seva poesia que, en la realització com a tal, tant té de la que ara qualifiquem com a pura, i això ja per principi, costa de resignar-s’hi.

Per a bé i per a mal, un cert complex de sentiments entorn del natural amor a l’idioma ha creat entre nosaltres un nucli relativament poderós d’amics de la poesia. Amb tants de malentesos i d’il·lusions sobre la matèria, procediments, finalitats i valors de la poesia com es vulgui; però un públic existeix, capaç d’estimar una versió de l’Odissea que, acostant-li el diví poema en el seu aspecte fonamental de narració, fos en primer lloc als seus ulls un monument de la llengua pròpia, per a la qual a tant s’aspira. Això, comprovat per mi en lectures a molt diversos auditoris, m’havia compromès ja molt des de la meva primera versió: m’imposava en principi i des del començament el concepte i el to de tota possible refosa. No, en considerar les maneres i mitjans d’imitar, com a traductor, la personalitat i l’estil de l’original, jo no podia sinó atendre tot d’una el caràcter de poesia per a ésser recitada. Tant més que, al llarg d’aquests anys, havia esdevingut ferma en mi la convicció que tota poesia, fins la que sembla girada més cap endins de l’ànima i dels seus rics silencis, és en la veu, i únicament per ella, que té l’última i necessària realització de la seva qualitat i que es comunica plenament, fins i tot al lector solitari. Des d’aquest punt de vista, la qüestió d’optar entre el vers i la prosa deixava d’ésser secundària, com ho és per a qui roman en el de la relativitat de tota versió d’un poema. Calia el vers. De fet, jo ho havia après des dels inicis de la primera versió, quan, havent-me decidit per la prosa, sota la ploma se m’anaven congriant, amb independència de mi mateix, petites entitats rítmiques cada vegada més imperioses, més freqüents i diria que més tentaculars.

L’error dels traductors en vers dels poemes homèrics ha estat de resoldre la qüestió del metre a adoptar independentment de la general de l’estil. La fidelitat a les tradicions mètriques, no sempre autòctones ni gaire antigues, de la poesia èpica en llurs respectius idiomes, ha costat desfiguracions lamentables de l’estil homèric en el que té de més preciós: el moviment. Un traductor ambiciós, venia a dir jo mateix a propòsit d’una altra versió meva, corre l’aventura de recrear el seu poeta: a perdre el que calgui, però també a guanyar, o almenys a compensar, el que pugui. Llavors el procediment és obvi: lliurar-se sense reserves al moviment poètic, seguint-ne els meandres amb obstinada atenció, revivint cada intuïció amb una alta humilitat; tot això, en funció de la llengua a la qual tradueix, però no sometent-se a l’estil que imposi ella, sinó creant en ella un estil. Amb els mots, sempre gastats, “de la tribu”, crear un estil: és el que ja fa tot poeta per superar la relativitat amb què la comuna llengua el vol trair. Per aquí pot també un traductor compensar la forçosa, doblada relativitat dels seus resultats; sempre, alhora, complint el seu primer deure, que és ésser fidel a una matèria i a un contingut que no són d’ell.

No entendrà mai res del millor estil de la poesia greca clàssica, qui se satisfaci qualificant-lo de viu. El terme ha esdevingut, entre nosaltres, de mala escola: molt sovint no passa de valer tant com pintoresc, llampant o banal. Vivent és més just, potser perquè suggereix alguna cosa de més perennement actiu: la presència d’un miraculós artifici que ni com a tal se’ns dissimula, simple i directe prenent-nos. Ferm en la subtil distinció, he pogut voler la meva segona versió de l’Odissea menys literal que la primera, més desimbolta en el seu pas, més ajustada en la seva economia. El poema d’Ulisses resultà d’una genial manipulació d’instruccions i de rondalles; però no és una rondalla ni unes instruccions, sinó una molt noble estructura poètica, amb el seu fi en l’espectacle i en la glòria d’ella mateixa. Perquè ella fos, foren les desventures i les joies, l’esforç i els destins dels herois que ens presenta, la llum, les tempestes i les nits de la natura on es mouen, la sal de l’aire que respiren. Mai un poeta no ha estat més sobiranament ràpid i generós en disposar la seva matèria. Aturar-se massa en els mots, desmuntar-los cercant-hi el que en ells mateixos i en llur història ofereixen al goig de l’hel·lenista, sempre farà mesquina l’obra d’un traductor d’Homer. És terrible, però aquest, per poc sensible que sigui, no pot eludir d’ésser alguna cosa de divinament magnífic com ell, baldament hagi d’ésser darrera d’ell i de lluny. És per això que, rellegint la meva primera versió de l’Odissea, jo hi havia anat constatant amb molèstia un excessiu punt a dir tot el que jo havia descobert en l’original; a dir-ho amb relleu etimològic i amb eficàcia popular, encastat a la superfície del text, sense ben bé moure’m amb ell. El que, però, calia era, més que dominar, saberut, aquest text, deixar-se dur per la força que d’ell es comunica; i, segur d’un mínimum de participació en tanta de riquesa i en tanta de vida profunda, córrer a voga i a vela llengua pròpia enllà. Més d’una vegada en patiria l’estricta exactitud, potser l’arqueologia i tot; sovint, caldria renunciar a peces i a efectes valuosos; ara i adés s’haurien de completar, homèricament sens dubte, amb una torna presa als dipòsits d’escola, una cadència o una fórmula que en català s’escanyaven.

Valia més així. El que sobretot importava era de trastornar tan poc com es pogués la meravellosa economia; en canviar, per la violència del trasllat, el pes respectiu de les paraules, veure de no augmentar ni disminuir notablement la massa de les representacions, de no treure-les gaire de llur ordre tan precís, tan natural i eficaç. Totes aquelles belleses de metre, d’harmonies imitatives, d’equívocs, totes aquelles tan escollides ressonàncies dels mots, les diamantines síntesis d’imatge, les fórmules que reapareixen amb una llum poètica diferent en la regularitat de la incessant fluència, tot allò, en suma, per on Homer és intraduïble, havia de passar en una altra llengua, dispersat en l’expressió analítica i prenent figura i curs en uns mots quasi sempre més recollits dins l’aspror de llurs consonants i dins la penombra que volta llurs accents. No tinc pas la presumpció d’haver reeixit en l’impossible. Però crec haver-me posat en l’únic bon camí de reduir el desastre, fins de reparar-lo en part. El cert estat de fluïdesa en què es troba el nostre català literari, i en el qual segurament cal desitjar que duri, acreixia l’extensió dels meus recursos. Tal locució dialectal o arcaica, tal inversió amb què una construcció esdevenia més intensa o més rara, tal decidida invenció, fins i tot, em permetien ara i adés de pujar el to de l’estil, simulant alguna cosa d’aquella mena d’universalitat que tingué el llenguatge homèric dins l’àrea del grec, o aquell dring sagrat, remot, amb què ja de tant en tant sobtava, no se’n dubti, els seus primers auditors, i que per un moment convertia l’aede en oficiant d’uns vetusts misteris de la condició heroica.

Només creant-me un estil, insisteixo, que fes de la meva versió de l’Odissea un món clos i a part, podia jo esperar alguna cosa; i només dotant aquest estil d’un moviment a cada punt apropiat, mantindria la unitat i la justificació dels seus tan varis elements. Ara —i amb això torno a ésser on més amunt he començat i on volia anar per concloure—, moviment i economia, fórmules i formes i relacions, tot en l’estil homèric és condicionat per l’hexàmetre: tot surt del seu ritme i va amb ell i s’evidencia i passa en ell. Una traducció en prosa pot seguir amb fidelitat honorable el relat homèric, reduint-lo tot ell, per dir-ho així, a pur contingut; però molts dels elements poètics de l’estil, i certament els més característics, apareixeran trossejats i absurds en un vers que no tingui una ponderació i un desplegament similars al de l’hexàmetre. No és aquest el lloc per a discutir fins a quin punt la base quantitativa del vers èpic antic pot ésser substituïda per l’accentual; o fins a quin punt, en una lectura “a la bàrbara”, resulta per a aquest metre una coincidència que, tot enganyant, satisfà. En el pròleg a la meva primera versió de l’Odissea vaig dir molta cosa que ara se’m revela ben ingènua. Indicaré aquí solament que la majoria dels qui condemnen l’adaptació de l’hexàmetre, més que amb veritable coneixement del problema parlen amb prejudici; un prejudici, altrament, explicable per la tosquedat de més d’un assaig. En una època de crisi per als vers sil·làbic regular i de tendència als ritmes lliures per a la poesia, sobretot per a les traduccions, no pot xocar excessivament l’ús d’un metre de sis accents (comptant com a tals, per a més flexibilitat, els secundaris) distribuïts en una alternància i amb unes cesures que almenys recordin les de l’hexàmetre homèric. No hi ha, en la història de la poètica, un metre que més minuciosament hagi servit les exigències de la més fina orella; i és ben cert que, com més la seva imitació s’ajusta a l’esquema teòric, més lliure i còmode és el so amb què es desplega. He estat infinitament més fidel que en la meva primera versió; però no he dut el rigor a ultrança: per salvar valors més urgents, no he defugit mai que el meu vers s’organitzés, dins uns certs límits, “a la bàrbara” o segons tot allò que la magnífica intensitat dels nostres accents permet i compensa. He tingut així, i ja és prou, l’àmbit i el ritme que l’estil homèric necessitava, al meu entendre, per a fer-se sentir en una aproximació.

Perquè de més aproximació ha estat ara la meva empresa en conjunt. Si alguna cosa de tot el que he suggerit he pogut aconseguir, donaré per ben esmerçat el meu esforç; si no, en alguna cosa més que en una realització literària hauré de creure que he fallit —és a dir, que havia fallit abans de posar-m’hi.

 

Carles Riba

Pròleg a la segona traducció de l’Odissea

 

 

Homer.

L’Odissea. Novament traslladada en versos catalans per

Carles Riba

Editorial Alpha. Barcelona, 1953.

 

Joan Teixidor, sobre la Ilíada i l’Odissea

 

Joan Teixidor

Joan Teixidor i Comes (Olot, Garrotxa, 8 d'abril de 1913 — Barcelona, 10 de gener de 1992)

El primer monument que ens roman d’aquest poble [Grècia] és la Ilíada, un poema de guerra, full of sound and fury. És un poema inquiet que la gent no  llegeix, no pas perquè sigui de lectura difícil, ans perquè intueixen amb raó que no els deixarà en pau. “El vertader subjecte, el centre de la Ilíada, és la força”, escriu Simone Weil. Durant anys hom ha escamotejat aquest element decisiu com si fos escandalós de destacar-lo, d’oferir-lo als comentaris de la gent. Una Grècia més a la Fénelon se satisfeia aburgesant les aventures d’Ulisses dins l’Odissea, insistint sobre la bona educació de Telèmac. La Ilíada, però, era com un caos desfermat, irresistible al bon gust. “Avui dia és impossible de comprendre els sentiments dels herois d’Homer”, va escriure Paul Valéry. Com molt justament nota Gabriel Germain, potser pertocava de tornar a descobrir aquesta lliçó de força que és el secret de la Ilíada a una generació que s’ha trobat davant les necessitats elementals, la fam, la set, el desig en brut, davant la pròpia nit interior i la mort violenta, la presó i el camp de concentració. Simone Weil és un d’aquests personatges a què Gabriel Germain al·ludeix. Perseguida, acaçada, morta al ple de la joventut, probablement va trobar conhort a les pàgines de la Ilíada, on la fatalitat pren un sentit sagrat definitiu.

Dins la Ilíada, la guerra és vista sense sentimentalisme, nua, com un fenòmen de la Natura. Homer no acluca els ulls per evitar de contemplar l’espectacle dels herois caiguts davant les muralles de Troia. Hom ha notat que, a la Ilíada, no hi ha cap ferida anatòmicament impossible. Tan exacte és el narrador. Podríeu molt ben imaginar, i a vegades ha estat dit, que això implica una certa crueltat en la visió, però Homer no insisteix pas en els detalls innecessaris. Homer anota, simplement, i les seves morts tenen sempre una noblesa neta. El seu esguard sempre és molt per damunt, la qual cosa, si no exclou uns ulls quasi tècnics, no implica, d’altra banda, una complaença morbosa. A més, aquest mateix esguard que se situa impàvid davant la mort, és el mateix que ens descriu l’esplendor de les armadures, la ira dels homes i la fúria dels cels tempestuosos. Tot viu i mor amb una simplicitat impressionant. Patrocle diu a Aquil·les: “Tu vares néixer de la Mirotejant, de la mar i dels turons inaccessibles. Per això la teva ànima és inexorable”. Aquil·les és un fill de deessa “al qual va mancar la llet humana”. El poema ha d’ésser comprès en aquesta implicació decisiva entre l’humà i el diví, en aquesta cruïlla en quê els déus de l’Olimp intervenen a les querelles dels homes i els homes esdevenen com déus per una empenta que els porta a la categoria d’herois, per llur areté, mot que entre els grecs té un sentit més sagrat que les nostres traduccions actuals no li poden donar. Heracles és l’heroi per antonomàsia. Els personatges de la Ilíada fan llur gargot tràgic per imitar-lo. “Els déus que són immortals i els homes que trepitgen la terra mai no seran d’una mateixa raça”, ens diu el poeta, però en la seva exaltació mateixa, en la seva malenconia, es pot entreveure aquesta confluència enigmàtica entre homes i déus, que dóna tot el sentit al poema.

Homer, amb aquestes pàgines de pura violència, amb aquest poema de la ira, va presidir l’educació grega durant segles. Quan Grècia ja no existia com a nació, a l’època de Roma i de l’Imperi d’Orient, els nois d’Alexandria i Antioquia encara eren nodrits amb aquesta llet aspra. Per aquestes ciutats que esmento, va caldre que l’Islam hi fes irrupció per a interrompre aquella venerable pedagogia. S’ho val d’insistir en aquest fet perquè ens pot donar la clau de molts aspectes de la Grècia clàssica. Encara que Homer ja fos llegit com a “antic”, tot i així la llengua era la mateixa, la vigorosa trepidació dels hexàmetres es mantenia i els déus i els herois no eren tan morts com perquè no fossin contemplats amb emoció palesa. Homer és a l’orígen del gran esforç per aregar els seus monstres i la seva por. Ell mateix ja pogué tenir consciència d’aquesta valor d’exorcisme continguda en els versos del poema. La mateixa fatalitat que s’aplica per a la descripció dels fets, li serveix per a reduir-los a llur determinació exacta. “Digues, per què plores i et planys en el fons de l’ànima escoltant la dissort dels argians i l’infortuni d’Ilió. Els déus el formaren amb llurs mans. Ells filaren la pèrdua d’aquests homes i, així, que el cant romangui per als homes que vindran.”

Si la Ilíada ens situa davant el primer treball dels homes per esdevenir ells mateixos, per fer prevaler allò que s’afiguren que és llur dret, l’Odissea, allunyant els déus de la contesa, ens mena en una situació humana completament distinta. L’Odissea és l’aventura, l’enginy humà aplicat a la transformació i a la coneixença. L’home ja és més responsable dels propis actes i els déus juguen un paper més a part. Hom ha notat que a la Ilíada apareixen les grans divinitats i que a l’Odissea, són més aviat les divinitats inferiors les que intervenen i juguen. Fet i fet, és innegable que, a l’Odissea, ja s’endevina el theos anaitos, “el déu no és responsable”, de Plató. Els déus comprenen els homes i en prenen pietat. Zeus, el déu de la destrucció, sense compassió envers els homes, que els ha creats per enfonsar-los dins la dissort, és substituït per la idea que ja s’anuncia en els primer versos de l’Odissea: “Com pot ésser que aquesta gent acusi els déus de la seva mort! Si els havíem de creure, dels déus vénen tots llurs mals; són ells, però, ells mateixos, els qui, descaminats per l’orgull, acreixen llur sofriment enllà de la mesura de llur destí”.

D’altra banda, l’Odissea és el poema del retorn a casa, de la tornada feliç, malgrat l’hecatombe final dels pretendents i de la vida difícil a la mar, al mig de les tempestes. Encara més difícil per les temptacions, pel cant de les sirenes, per Calipso, per les illes florides que sorgeixen pel camí. Difícil també a causa d’aquesta inquietud humana que ens mena a interrogar-nos, a davallar a l’Hades per veure la faç de la mort i salvar-nos amb aquesta visió. Tot incideix sobre unes preocupacions molt diferents de les que fan la grandesa bàrbara i elemental de la Ilíada. És lògic que s’hagi plantejat la qüestió de si aquests dos poemes pertanyen a la mateixa mà. Evidentment, un home pot escriure obres de caient diferent, sobretat amb l’interval dels quaranta anys que se situa entre la redacció definitiva de la Ilíada i l’Odissea. Fet i fet, l’erudició més recent es decanta per atribuir-los a mans diferents. Per a això cerca més suport en una anàlisi de l’actitud mateixa del poeta que no en circumstàncies estilístiques, que en aquest cas no resolen res. Hom ha notat, per exemple, que l’autor de la Iliada té sempre una visió panoràmica del paisatge. Ens parla, sobretot, dels alts cims, del cel lluminós, d’una mar hostil. És una visió d’home avesat a les muntanyes, que troba les seves imatges en la violència de les tempestes, en l’ample camí dels núvols i en l’errar incessant dels ramats. Mai no l’interessen els treballs dels homes, llur indústria, llur feina diària. Contràriament, l’autor de l’Odissea ens mena sempre per un paisatge molt menys agrest. Són valls, petits boscatges, fonts rialleres —els fons paisatgístics de les seves aventures són més amables. Insisteix molt en el que els homes fan, en llurs camins, oficis i cases. La mar, dins de les seves estrofes, ja és plenament navegable, malgrat els seus riscs i la seva aventura inacabable, a vegades simbòlica d’una aventura interior a la qual l’home es troba forçat per la pròpia inquietud. Totes aquestes diferències suggereixen sensibilitats distintes que, per a qualsevol que estigui avesat a llegir poesia, tenen una importància decisiva, i que expliquen que la idea dels dos poetes s’imposi com més va més.

Amb tot, el problema no està resolt i, si hi fem al·lusió, és més aviat per allò que hi ha d’evolució de l’ànima grega entre els dos poemes que no pas per embrancar-nos en una discussió inacabable que ja va tenir precedents en una alra discussió: la que feia negar l’existència mateixa d’Homer, bé que em penso que aquesta no mereix massa atenció, puix que la teoria d’una poesia popular sense autors no té gaires partidaris, en els nostres dies. El romanticisme, emportat pel seu deler de miracle, pogué somiar aquest poeta col·lectiu. Nosaltres, però, sabem que totes les formes populars recobreixen una forma culta degenerada per l’usatge o per la inèrcia. Els poemes homèrics, que foren redactats definitivament el segle VIII abans de la nostra era, aprofitaren, sens dubte, un fons poètic anterior. Per a adonar-se’n basta tenir en compte que es refereixen a fets històrics que daten de cinc segles abans, de l’època micènica. Però la coherència dels dos poemes, llur unitat de visió, llur totalitat expressiva, el món elemental que traeixen, demanen que una mà poderosa hagi conjugat els elements esparsos d’una tradició poètica que, tot i ésser summament important, mai no podria explicar el fet concret de les estrofes que ara llegim, no podria comprendre la unitat clamorosa que avui dia tenim en les mans, fins i tot fent compte de les interpolacions que poden haver desfigurat el text primitiu. Homer, o els dos Homers, cas que n’hi hagi dos, existiren realment, tot i que no ens hagi pervingut res de la peripècia concreta de la seva vida. És la por, l’escàndol de la creació, allò que a vegades ens fa imaginar, com a solucions més fàcils, el que només són fugides massa còmodes davant els fets.

 

Joan Teixidor.

Viatge a Orient (pàgs. 45 a 51).

 

 

Joan Teixidor.

Viatge a Orient.

Editorial Tàber. Barcelona, 1969.

 

 

Follow

Get every new post delivered to your Inbox.

Join 127 other followers