Arxius

Archive for the ‘Homer’ Category

Isaiah Berlin tracta de Giambattista Vico, que tracta d’Homer

.

.

.

…..riverrun, past Eve and Adam’s, from swerve of shore to bend of bay, brings us by a commodious vicus of recirculation back to Howth Castle and Environs.

James Joyce
Finnegans Wake

.

.

.

LA CONTRA-ILUSTRACIÓN

.

[...]

De acuerdo con Vico nuestras vidas y actividades, colectiva o in­dividualmente, son expresiones de nuestros intentos por sobrevivir, satisfacer nuestros deseos, comprendernos unos a otros y el pasado del cual emergemos. Una interpretación utilitaria de las actividades humanas más esenciales es engañosa. Son, en primer lugar, pura­mente expresivas; cantar, danzar, adorar, hablar, luchar, y las ins­tituciones que encierran estas actividades, comprenden una visión del mundo. El lenguaje, los ritos religiosos, los mitos, las leyes, las instituciones sociales, religiosas, jurídicas, son formas de autoexpresión, de deseo de exteriorizar lo que uno es y por lo que uno lucha; obedecen a patrones inteligibles y por esta razón es posible reconstruir la vida de otras sociedades, aun aquellas remotas en tiempo y lugar y absolutamente primitivas, preguntándose uno mis­mo qué clase de estructura de ideas humanas, sentimientos, accio­nes, pudo haber generado la poesía, los monumentos, la mitología que fueron su expresión natural. Los hombres crecen individual y socialmente; el mundo de hombres que compuso los poemas ho­méricos era claramente diferente del de los hebreos a quien Dios había hablado a través de sus libros sagrados, o del de la república romana, o la cristiandad medieval, o Napóles bajo los Borbones. Los patrones de crecimiento son localizables.

Los mitos no son, como creen pensadores ilustrados, falsas ma­nifestaciones acerca de la realidad corregidas por la crítica racio­nal posterior, ni es la poesía un mero embellecimiento de lo que igualmente se pudo haber expresado en prosa ordinaria. Los mitos y la poesía de la antigüedad encarnan una visión del mundo tan auténtica como la de la filosofía griega, el derecho romano o la poesía y la cultura de nuestra propia ilustrada edad más temprana, más cruda, más remota que nosotros, pero con su propia voz, como la oímos en la Ilíada o en las Doce Tablas, pertenecientes sólo a su cultura particular y con una sublimidad que no puede ser reprodu­cida más tarde por ninguna cultura más elaborada. Cada cultura expresa su propia experiencia colectiva, cada escalón en el ascenso del desarrollo humano tiene sus propios medios de expresión igual­mente auténticos.

La teoría de Vico de los ciclos del desarrollo cultural se hizo célebre, pero no es su contribución más original para la compren­sión de la sociedad o la historia. Su acción revolucionaria es haber negado la doctrina de una ley natural intemporal, cuyas verdades pudieron haber sido conocidas en principio por cualquier hombre, en cualquier tiempo, en cualquier lugar.   Audazmente Vico negó esta doctrina, que constituyó el núcleo de la tradición occidental, desde Aristóteles hasta nuestros días. Predicó la noción de la unici­dad de las culturas, pese a lo mucho que pudieran parecerse una a otra en relación con sus antecedentes y sus consecuentes, y la noción de un estilo único que se difunde a todas las actividades y manifestaciones de las sociedades de seres humanos en una etapa particular de desarrollo. De esta forma, fundamentó las bases de la antropología cultural comparada, y de la lingüística, estética y jurisprudencia históricas comparadas; el lenguaje, los rituales, los monumentos y especialmente la mitología fueron las únicas claves confiables que críticos y eruditos posteriores concibieron como for­mas cambiantes de la conciencia colectiva. Tal historicismo era claramente no compatible con la opinión de que había sólo una nor­ma de verdad o belleza o bondad, a la que algunas culturas o in­dividuos se acercaban más íntimamente que otros, y que era ocu­pación de los pensadores establecerla y de los hombres de acción llevarla a cabo. Los poemas homéricos eran una obra maestra in­superable, pero sólo podían brotar de una sociedad brutal, severa, oligárquica, “heroica”; posteriores civilizaciones, pese a su superio­ridad en otros aspectos, no produjeron y no podían producir un arte necesariamente superior al de Homero. Esta doctrina propinó un golpe poderoso a la noción de las verdades intemporales y al progreso sostenido, interrumpido por periodos ocasionales de regre­sión a la barbarie, y trazó una clara línea entre las ciencias natu­rales, que tratan con la relativamente inalterable naturaleza del mundo físico visto desde “afuera”, y los estudios humanísticos, que ven la evolución de la sociedad desde “dentro”, a través de una espe­cie de perspicacia empática en la cual el establecimiento de textos o fechas por medio de la crítica científica era una condición necesa­ria, pero no suficiente.

Isaiah Berlin (Riga, 6 de juny de 1909 – Oxford, 5 de novembre de 1997)

[...]

.

Isaiah Berlin

.

.

.

.

.

.

.

.

.

VICO Y EL IDEAL DE LA ILUSTRACIÓN

.

Nàpols

En el tercer libro de la Nueva Ciencia, llamado “El Descubrimien­to del Verdadero Homero”, Vico nota que “Escalígero se indigna al hallar que casi todas las comparaciones (de Homero) son tomadas de bestias y otras cosas salvajes”, pero esto es parte de su genio poético:

Obtener tal éxito en ellas —pues sus comparaciones son incompa­rables— no es ciertamente lo característico de una mente pulida y civilizada por alguna filosofía. Ni podría el estilo salvaje y trucu­lento en que describe tantas, tan variadas y tan sangrientas batallas, tantas y tan extravagantemente crueles tipos de carnicerías como envuelven toda la sublimidad de la Ilíada en particular, haberse ori­ginado en una mente tocada y humanizada por cualquier filosofía.

Sin embargo, este poeta bárbaro hizo difícil, de acuerdo con Ho­racio, inventar cualquier nuevo personaje después de él. Esto es así, declara Vico, porque “Homero, que precedió la filosofía y las artes poéticas y críticas, fue sin embargo el más sublime de todos los poetas sublimes”, así que “después de la invención de las filo­sofías y de las artes de la poesía y de la crítica no hubo poeta que pudiera estar ni aun a una larga distancia para competir con él”. Los sentimientos y los “modos del discurso” y las acciones de tales “naturalezas sublimes” pueden ser “salvajes, crudas y terribles”, y esto puede producirse sólo en la edad heroica —al final de una de las cuales se crearon los poemas homéricos—; posteriormente esto ya no será posible.

De acuerdo con Vico esto es así porque esta clase de sublimidad “es inseparable de la popularidad”. Los personajes poéticos de Homero son “universales imaginativos” a los que se les caracteriza con todos los atributos del género. Son tipos genéricos (no com­pletamente disímiles a los tipos ideales de Weber), por lo que para estos hombres Aquiles es valor heroico, temperamento vivo, orgullo, honor, y tendencia a la ira y la violencia, la fuerza como derecho; Ulises es la sabiduría heroica “cautela, paciencia, disimulo, dupli­cidad, engaño”. Una vez que conceptos verdaderos —universales abstractos— son creados por la razón civilizada y no la imaginación de toda una sociedad, esta clase de sublimidad llega a su fin. Esto es así porque, antes que se inventara la escritura, el hombre poseía “sensación vivida”, “imaginación fuerte”, “ingenio agudo”, “memo­ria robusta”, que posteriormente se pierden.

Homero es “el padre y príncipe de todos los poetas sublimes”. Es “celestialmente sublime”, posee una “ardiente imaginación”. ”El horror de las muertes y las batallas homéricas dan a la Ilíada toda su maravilla”. Esto no podría haber brotado de “un filósofo tran­quilo, cultivado y amable”. Esto es lo que hace de Homero el más grande de los poetas, para Vico. Lo que lo convierte en un amo de “salvajes y bárbaras comparaciones”, o “crueles y espanto­sas descripciones de batallas y muertes” y “sentencias llenas de pasiones sublimes”, con “expresividad y esplendor” con un estilo imposible en las edades de la filosofía, la crítica, y la poesía como un arte civilizado, en lo que se convertiría después.

El punto central de Vico es que el sentimiento poético, “que debe hundirse profundamente en los particulares”, no puede existir cuando los hombres piensan en conceptos; los cantores inspirados, de los que Homero es el más grande, no pueden coexistir con los fi­lósofos. Lo que estas épocas posteriores, más suaves, más raciona­les —la edad de los hombres— pudieran crear, esto es, las artes y las ciencias de civilizaciones elaboradas, no pueden darnos, dentro del mismo “ciclo”, “imaginación ardiente” o sublimidad celestial. Esto ha desaparecido. Podemos darnos cuenta del esplendor de esta poesía primitiva sólo entendiendo el mundo “salvaje, crudo y terri­bel” del cual brota; podemos lograrlo sólo si abandonamos la idea de la superioridad artística de nuestros propios “tiempos magní­ficos”.

[...]

.

Isaiah Berlin

.

.

.

Giambattista Vico (Nàpols, 1668 – Nàpols, 1744),

.

“Nè da un’animo da al­cuna Filosofia umanato, ed impietosito potrebbe nascere quel­la truculenza, fierezza di stile; con cui descrive tante, sì varie, e sanguinose battaglie, tante, sì diverse, e tutte in istravaganti guise crudelissime spezie d’ammazzamenti; che particolarmente fanno tutta la sublimità dell’Iliade.”

.

Giambattista Vico
La discoverta del vero Omero

.

.

.

.

.

James Joyce

Finnegans Wake

Faber and Faber, Ltd.

London, 1975

9780571217359

.

.

.

Isaiah Berlin

Contra la corriente

Ensayos sobre historia de las ideas

Fondo de Cultura Económica. México D.F., 1986

ISBN: 9788437503189

.

,

.

Giambattista Vico

La discoverta del vero Omero

seguita dal Giudizio sopra Dante

a cura di Paolo Cristofolini

Edizioni ETS. Pisa, 2006

.

.

.

Giorgos Seferis. ¿Què hi busquem, a la Ilíada, “la còlera del Pelida Aquil·les” o la poesia?

.

Giorgos Seferis (Giorgios Seferiadis), (Esmirna, Imperi Otomà, 1900 - Atenes, Grècia 1971)

.

.

.

.

..

.

.

.

EN TORNO A LA POESÍA

.

.

.

Elemento racional y elemento irracional en poesía

… Me resulta imposible creer que en poesía exista una antítesis entre el elemento racional y el elemento irracional. Al contrario, lo que encuentro, y me parece un rasgo distintivo de la poesía, es que hay una evidente coherencia lógica entre la inspiración y la realización. Desde el punto de vista poético el absurdo comenzaría si llegara a faltar, esta coherencia.

Las figuras de El Greco no son absurdas porque en ellas esté ausente la anatomía de los cuerpos que estudian los médicos. Tampoco los poemas de Mallarmé o de Valéry están privados de equilibrio lógico. ¿Qué sucede entonces? Sucede que a Homero lo encontramos lógico porque la mayoría de nosotros los lectores no busca en él la poesía, sino “la cólera del Pélida Aquiles” y sólo la minoría encuentra la poesía, ya que el argumento de la Ilíada absorbe nuestras facultades racionales que nos impiden funcionar poéticamente, creándonos dificultades. Porque la dificultad —como el miedo— surge apenas pensamos en ella. También sucede que los poetas que acabo de mencionar, como tantos otros poetas, antiguos o modernos, importantes o irrelevantes, han sentido que “la cólera del Pélida Aquiles” no era, en sí misma, poesía, y los aburría. Por eso han decidido escribir sin tomarla en cuenta. Y debido a que, al mismo tiempo (la constatación de esto último lo revela) la conciencia del hombre ha dado algunos pasos hacia regiones interiores antes desconocidas, estos pobres poetas, al ver sus imágenes como Orestes veía a las Euménides —mientras el Coro, que no las veía, se sentía desconcertado— se encontraron frente a un trágico dilema: o no hablar en absoluto, o expresarse de un modo difícil y pasar por locos: optaron por la segunda variante. Tengámosles compasión, pues tienen el atenuante de que nadie ha encontrado una solución mejor.

No pienso, pues, que en realidad exista una antítesis entre el elemento racional y el elemento irracional. Por el contrario, si lo vemos bien, veremos que los poetas contemporáneos hacen un planteamiento lógico mucho más sólido que el de los antiguos. Es sin embargo cierto que en nuestros días la poesía se ha vuelto más densa, mas elíptica, más difícil. Y aunque yo crea que para el avezado amante del arte no hay arte difícil, advierto y comprendo la amargura del poeta que entra en contacto con un público mucho menor que el de un actor de teatro ligero. No me atrevo a afirmar que no pueda surgir una poesía distinta, más “abierta”, digo únicamente que no se ha dado en nuestra época; y digo también que ante todo me interesa la sobrevivencia de la poesía, aunque ahora no sea más que para dos o tres personas; y después, su mayor contacto con el mundo. Quiero añadir, por cuanto estoy hablando de la “sociabilidad” del intelectual que éste debe ayudar al poeta con todas sus fuerzas, para que realice su deber a su manera —ya que no tiene otra— si piensa que “las obras que perduran no suelen ser aceptadas desde el primer momento; por el contrario, generalmente en un principio resultan desagradables” y que camina hacia la barbarie un pueblo en el que las búsquedas artísticas se marchitan. [...].

.

.

.

[...]

.

.

.

Poesía “irracional”

La objetividad del arte no depende sólo del artista; depende también de su auditorio. Mientras más datos sentimentales en común tenga el auditorio, más extensa será la objetividad. A medida que estos datos disminuyen, el poeta tiene menos apoyo para ser objetivo. En un viejo ensayo había referido el ejemplo de la antigua tragedia griega. En aquella época, entre el poeta y su auditorio había un acuerdo sentimental tácito, y éste era la fe en la mitología. Era como un instrumento musical maravilloso con las cuerdas afinadas, listo para ser tocado por el poeta. Cada nota de ese instrumento era determinada, objetiva. Lo mismo podríamos decir de la antigua poesía china, donde el poeta se apoyaba sobre estos datos sentimentales que eran propiedad común del auditorio y existían desde antes que él. Los innumerables comentarios indispensables para explicarnos las extraordinariamente complejas alusiones de un pequeño poema chino eran inútiles para el público de entonces, porque para él no eran alusiones, sino “sobreentendidos”. Doy estos ejemplos para quienes se deleitan en los llamados problemas del arte social. Porque me parece que arte social —a no ser que por esto se entienda arte de propaganda— no puede existir en un mundo que no se ha puesto de acuerdo sobre su fe y no ha olvidado las controversias y las luchas en torno a la cuestión de cuáles son las mejores divinidades que debemos acoger. En un mundo sentimentalmente fragmentado y anárquico, no es sólo el arte el que se vuelve “difícil” y cae en un callejón sin salida, es también la política y el amor y la redención del hombre.

Sea como fuere, los “sobreentendidos” de los antiguos griegos y de los chinos nos ayudan a ver un nuevo aspecto de la poesía considerada “difícil”, que es básicamente un arte “elíptico” y un arte de sobreentendidos. Desgraciadamente, aquí los sobreen­tendidos no se apoyan en una base objetiva acordada por la tradición, sino en la agudeza de la sensibilidad psicológica del público. Y la cosa se complica cuando el poeta no sólo busca una sensibilidad que concierne a los asuntos de la vida diaria, sino una sensibilidad espiritual que presupone una cultura muy extensa y una profunda asimilación de las cosas que hemos aprendido, de tal manera que provoquen en nosotros una reacción sentimental incluso en contra suya.Pero esto último es un caso extremo.

El poeta jamás “ha dicho” lo que deseaba transmitir. Suscité cierta sorpresa cuando escribí que en la Ilíada no debemos bus­car la “cólera del Pélida Aquiles”, es decir, no debemos buscar el mito, el argumento, esa parte de la Ilíada que puede ser traducida a prosa, sino la poesía. Porque la historia de la cólera es, en efecto, el elemento más importante que hace que la Ilíada sea para muchos objetiva. Si fuera posible imaginar, teóricamente, que el papel que ésta desempeña disminuyera, estoy seguro de que los admiradores de Homero disminuirían notablemente. Y así, supongo que Homero —sin saberlo, si se quiere— relatando la “cólera de Aquiles”, no quiso contar esta historia, sino crear una base en nuestra sensibilidad, para que pudiéramos probar una cierta emoción poética. No obstante, esa emoción poética, no posee en absoluto la misma objetividad de las acciones que constituyen el argumento de la Ilíada [...]. Es sólo un límite, a veces más lejano, a veces más cercano, hacia el que tendemos sin alcanzarlo jamás. Porque es una mezcla de la sensibilidad poética de Homero y de la sensibilidad de nosotros, que cambiamos. La luminosa frase de Montaigne que en alguna ocasión cité —pe­ro como nadie sabe escuchar, ahora debo citar de nuevo— nos muestra lo siguiente: “Un lector idóneo siempre encontrará en los escritos de los otros cosas que el escritor jamás pensó incluir.”

El lector idóneo es el lector sensible que no puede dejar de incluir algo de sí mismo en el poema que lee. Y por eso es correcto decir que mientras más de acuerdo estén los hombres en­tre sí, más objetiva se vuelve la poesía. [...]

.

Giórgos Seféris

.

.

.

.

Giórgos Seféris

El estilo griego II

El sentimiento de eternidad

Traducción de Selma Ancira

Fondo de Cultura Económica. México D.F., 1992

ISBN: 96816036988

.

.

.

La ceguesa d’Homer, segons Oscar Wilde i Borges

.

.

I have sometimes thought that the story of Homer’s blindness might be really an artistic myth created in critical days, and serving to remind us not merely that the great poet is always a seer, seeing less with the eyes of the body than he does with the eyes of the soul, but he is a true singer also, building his song out of music, repeating each line over and over again till he has caught the secret of its melody, chaunting in darkness the words that are winged with light.

Oscar Wilde
The critic as artist: with some remarks upon the importance of doing nothing
The works of Oscar Wilde


.

.

.

.

.

..

[...]

Ser ciego tiene sus ventajas. Yo le debo a la sombra algunos dones: le debo el anglo-sajón, mi escaso conocimiento del islandés, el goce de tantas líneas, de tantos versos, de tantos poemas, y de haber escrito otro libro, titulado con cierta falsedad, con cierta jactancia, Elogio de la sombra.

Quiero hablar ahora de otros casos, de casos ilustres. Vamos a empezar por ese muy evidente ejemplo de la amistad, de la poesía, de la ceguera; por quien ha sido considerado el más alto de los poetas: Homero. (Sabemos de otro poeta griego ciego, Tamiris, cuya obra se ha perdido, y lo sabemos principalmente por una referencia de Milton, otro ilustre ciego. Tamiris fue vencido en un certamen por las musas, quienes rompieron su lira y le quitaron la vista.)

Existe una hipótesis muy curiosa, que no creo que sea histórica, pero que es intelectualmente agradable, de Oscar Wilde. En general, los escritores tratan de que lo que dicen parezca profundo; Wilde era un hombre profundo que trataba de parecer frívolo. Sin embargo, quería que lo imagináramos como un conversador, quería que pen­sáramos en él como Platón pensaba en la poesía, “esa cosa liviana, ala­da y sagrada”. Pues bien, esa cosa liviana, alada y sagrada que fue Os­car Wilde, dijo que la Antigüedad había representado a Homero como un poeta ciego, y que había procedido deliberadamente.

No sabemos si Homero existió. El hecho de que siete ciudades se disputaran su nombre basta para hacernos dudar de su historicidad. Quizá no hubo un Homero, hubo muchos griegos que ocultamos ba­jo el nombre de Homero. Las tradiciones son unánimes en mostrar­nos un poeta ciego; sin embargo, la poesía de Homero es visual, mu­chas veces espléndidamente visual; como lo fue, en menor grado desde luego, la poesía de Osear Wilde.

Wilde se dio cuenta de que su poesía era demasiado visual y qui­so curarse de ese defecto: quiso hacer poesía que fuera también au­ditiva, musical, digamos como la poesía de Tennyson o de Verlaine, a quienes él quería y admiraba tanto. Wilde se dijo: “Los griegos sos­tuvieron que Homero era ciego para significar que la poesía no de­be ser visual, que su deber es ser auditiva”. De ahí el de la musique avant toute chose de Verlaine, de ahí el simbolismo contemporáneo de Wilde.

Podemos pensar que Homero no existió pero que a los griegos les gustaba imaginarlo ciego para insistir en el hecho de que la poesía es ante todo música, que la poesía es ante todo la lira, y que lo visual puede existir o no existir en un poeta. 

[...]

.

Jorge Luis Borges
La ceguera
Siete noches

 

.

.

.

.

.


Jorge Luis Borges

Obras completas 1975-1985

Emecé editores

Buenos Aires, Argentina, 2005

ISBN: 9789500426473

.

.

.

.

Categories:Borges, Homer Etiquetes: , , , ,

Homer, al Renaixement, com a font d’on brolla tota poesia i eloqüència. L’«Homerus mingens»

q.

.

.

.

Un dels Emblemes de la Morosophie, publicada el 1533 per l’erudit tolosà  Guillaume de la Perrière, mostra uns poetes reunits al voltant d’un gran calze que un Homerus mingens està omplint (vegeu Imatge 1).

 .

Imatge 1. Emblema 14 de la "Morosophie", de Guillaume La Perrière (1553)

.

La imatge està acompanyada d’un quartet en francès:

.

«Homère pisse, et maint homme souhaite

Saouller sa soif, boyvant de son urine:

Pour te montrer, que jamais bon Poëte

Tu ne seras sans gouster sa doctrine.»

 .

Aquesta lloança de la poesia homèrica és menys insòlita que el que sembla a primera vista. En el tetrastichon llatí qua acompanya l’emblema, La Perrière menciona l’Homer pintat per Galató indicant així la seva font: La Varia Historia, de Claudi Elià. Aquest darrer explica que el pintor grec havia representat l’aede vomitant envoltat d’un grup de poetes que recollien piatosament el que sortia de la seva boca. Una imatge que no estava desprovista d’un cert sarcasme vers els poetes alexandrins, però que és a l’origen d’una iconografia, sens dubte arrenglerada amb el model antic, que mostra Homer com a font d’inspiració a la que els escriptors van a abeurar-se. La trobem, per exemple, a la pàgina de títol de la traducció francesa dels deu primers llibres de la Ilíada realitzada per a Francesc I de França per Hugues Salel (vegeu Imatge 2).

.

Imatge 2. Gravat de la página de títol de "Les Dix Premiers Livres de l'Iliade d'Homère", de Hugues Salel (1545)

.

Aquí el poeta diví, més semblant a una estàtua que a un home de carn i ossos, s’erigeix al cim d’una font plena d’aigua que ell llença per la seva boca. Cinc personatges estan atrafegats al voltant de la bacina principal, que disposa de tres brocs que fan córrer per terra tres petits xaragalls. Un sisè poeta està treient aigua del rierol del mig. El contagi entre el text de Claudi Elià i la iconografia de la font de vida o de joventut sembla evident. El lloc està clarament caracteritzat com a hortus conclusus per la tanca que envolta el jardí en el qual està situada la font. Amb això es vol indicar l’esoterisme de la poesia d’Homer la intel·ligibilitat de la qual està reservada a un grup restringit d’elegits. Es tracta d’un tema recurrent que el retrobem a l’«Epistre de dame Poesie, au Treschrestien Roy François, premier de ce nom»  que precedeix la traducció de Salel. La Poesia afirma, en adreçar-se a Francesc I de França:  

 .

«J’ai alaicté et nourry, comme mere

Plusieurs enfants, entre lesquelz, Homère

Fut le premier, par qui dame Nature,

Feist aux humains liberale ouverture

De ses secretz: est si tresbien l’apprit,

Qu’on na sceu veoir depuis pareil esprit

Representer les mystères du monde

Le mieulx au vif [...]»

.

Cal subratllar dos punts: la revelació dels misteris del món a Homer, i el fet que aquest darrer ha sabut «[les] représenter [...] le mieulx au vif», representar-los amb la millor vivor.  Els versos que segueixen cal posar-los en relació amb l’imatge de la pàgina de titol:

.

«C’est l’Ocean, dou sont ainsi coulez

Les clairs ruysseaulx, pour l’esprit arrouser

De bon savoir, et puys le disposer

A’ la vertu, le rendant susceptible

Du bien parfaict, hault, et incorruptible

De la liqueur de ceste clare source,

Grecs, et Latins, courans à plaine course,

Ont beu grans traictz : dou sont apres yssues

Opinions, diversement receues :

Chascun pensant la sienne plus nayfve,

Venant du fonds de ceste source vive».

.

La referència a l’Oceà reenvia obertament al passatge del llibre X de la Institució oratòria en la qual Quintilià aplica a Homer la definició que aquí s’utilitza a propòsit de l’Oceà. Si el déu és l’orígen de totes les aigües, el poeta és la font de l’eloquència. Hom pot deduïr d’aquests versos que dos dels dolls que, al gravat, brollen de la font homèrica representen la llengua grega i la llatina. La tercera és molt probablement la llengua francesa com ho fa pensar la part final del poema.

.

[...]

.

Luisa Capodieci; Philip Ford

Introducció a “Homère à la Renaissance

(Traduït de l’original francès)

.

.

.

Homère à la Renaissance

Sous la direction de Luisa Capodieci et Philip Ford

Collection d’histoire de l’art, 13

Académie de France à Rome – Villa Médicis. Rome, 2011

ISBN: 9782757204191

.

.

.

L’emblema 14 de la Morosophie disponible aquí

.

.

.



Agustí Bartra ens parla de mitologia i d’Homer

. .

.

.

.

L’any 1982, l’editorial Grijalbo publicava un “Diccionario de Mitología” del que n’és autor Agustí Bartra. Obra segurament d’encàrrec, per a obtenir els necessaris recursos econòmics, no per això ha de ser negligida, i en algun moment caldria fer l’anàlisi de com, en les diferents entrades del diccionari, hi ha el rastre de les lectures de Bartra sobre aquesta temàtica. Si en parlar de la Ilíada ens indica que “… más que el tema de la cólera de Aquiles es el poema de la fuerza.”, no podem més que constatar la lectura de Simone Weil per part del nostre poeta. A part d’això, Bartra encapçala el seu Diccionario amb un pròleg o introducció, en el que ens parla de la mitologia i, bastant, d’Homer, acabant amb una preciosa cita de Péguy sobre la formade llegir les obres homèriques. A continuació traduïm al català el referit pròleg: .

.

.

.

Els déus eren a dalt, els homes a baix, i entre els déus i els homes existien els mites. Tanmateix, tot i que això era veritat, no era tota la veritat, perquè hi havia un constant anar i venir entre el cel i la terra: tal déu descendia a la terra, tal home pujava al pla heroic i celeste. Els mateixos mites eren canviants, s’entrellaçaven, es metamorfosaven, morien, ressuscitaven, anaven carregats de llunyanies i de símbols, palpitaven en ells historicitats confuses, somnis balbucejants i corrents en els que allò sagrat i religiós es barrejava amb els instints i el somni. En certa manera, s’esdevenia amb els mites el que Laozi conta de les gerres: «De terra són fetes les gerres. Però allò que no existeix dins de la gerra és el que li dóna la qualitat de gerra». Paradoxalment, podria dir-se que es tracta d’un buit ple, del no-res d’on neix l’areté hel·lènica, la qual seria, en el seu sentit original, una praxis de la noblesa ètica o bé un valor objectiu de força que tendia a la seva perfecció. Així, cada mite posseïa la seva areté pròpia, i Orfeu seria el cantor o poeta per excel·lència, Orfeu, el nom del qual provenia de la paraula fenícia composta d’aur (llum) i de rofae (curació). Orfeu era, doncs, aquell qui curava per la llum.

Agustí Bartra (Barcelona, 1908 - Terrassa, 1982)

Plató, que anava en contra dels mites, contribuí, en veritat, a crear una mitologia de la raó que penetra tota la civilització occidental; es burlava i condemnava «les invencions immorals d’Homer», però creiem que difícilment hauria pogut oposar-se a Orfeu, encara més perquè en l’orfisme s’efectua la separació entre els homes i els déus. Tanmateix, la tendència profunda de l’orfisme s’oposava a que l’home fos un simple testimoni llunyà dels déus: amb un ardent fervor rebia la divinitat, es fonia amb ella d’una manera en la que els factors sexuals i orgiàstics representaven un paper important. Cal no oblidar que el culte del fal·lus es relacionava amb Dionís. El desig místic d’estar «ple del déu» tenia el seu origen en l’èxtasi de l’eros. Els adeptes a l’orfisme es reunien en grups per a celebrar els misteris i adorar els déus de la nit, de les profunditats i de l’amor: Hècate, Persèfone, Dionís, Afrodita.

Orfeu, ell mateix un dels mites decisius de la cultura hel·lènica, no va crear mites. Homer, sí, o més ben dit: fou un enfeixador dels records meravellosos de l’ànima i de l’esperit de les generacions humanes que havien format la unitat cultural grega. Perquè la faula era un do de tots per a tots. La pròpia imaginació dels grecs impedí que els mites fossin univalents. Ve a tomb recordar el que Picard observa en el  baix relleu d’Arquelau que hi ha al Museu Britànic, el tema del qual és l’Apoteosi d’Homer. En la part inferior d’aquest baix relleu, Homer està entre les representacions al·legòriques de les seves dues epopeies. Drets darrere del seient del poeta, Cronos i la Terra consagren teatralment la glòria del cantor immortal. Davant del grup, a certa distància, prop de l’altar, s’ofereix un sacrifici religiós: un jove prepara una libació, mentre una dona escampa encens sobre el foc. Es llegeixen els seus dos noms: el jove ajudant és el Mite i la sacerdotessa personifica la Història.

Alguns cops se m’ha acudit pensar que en els homes i en els pobles arriba sempre un moment en què la qualitat de l’esperança forja ella mateixa una nova realitat que sap marxar d’acord amb el ritme veritable del temps. Pulsió del temps i dels orígens, en el mite; realitat tràgica dels fets dels homes, en la història. En ambdues figures del baix relleu del segle II de la nostra era, potser per primer cop, el Mite i la Història han pres forma humana, apartant-se de la tendència general de l’art grec de divinitzar les formes.

Els mites hel·lènics bé podrien ser definits com una vasta biografia simbòlica de múltiples connotacions que van de la innocència a la brutalitat, d’allò material a allò espiritual, del somni a la necessitat, de la devoció al riure, d’allò grandiós a allò grotesc: una explicació del món que es resol en poemes i estàtues. En tot mite batega una dinàmica auroral del passat, una creació viva i incitadora. Els sistemes envelleixen, però els mites són immutables fins i tot en les seves metamorfosis, en els seus canvis per a ser la mateixa cosa; quan la seva vigència s’ha evaporat, queden com a exponents essencials d’allò imaginari fundat sobre la història i la religió.

S’ha dit que la mitologia hel·lènica és el resultat de l’acció d’influències molt diverses en les quals el paper representat per elements indoeuropeus sembla bastant limitat. En tot cas fou recobert per aportacions decisives arribades del món semita i, més vagament, d’aquelles civilitzacions mediterrànies els estrats successius de les quals comencem a entreveure en aquest gresol que fou sempre la Mediterrània oriental. Es formen llegendes, evolucionen, es converteixen en matèria literària, religiosa o «històrica», canvien de caràcter a mesura que els centres d’irradiació es desplacen d’una illa a l’altra, d’un continent a l’altre, anant de Síria a Creta, de Rodes a Micenes, de Milet a Atenes. Com és ben sabut, els mites grecs, tot i que en ells apareguin déus, no són necessàriament religiosos. Tots tendien a dessacralitzar-se. Tanmateix, tot el cicle de Demèter, penetrat en la mística de la germinació, creixement i maduració del blat, un dels més grans mites del pensament grec, és profundament religiós: l’eix dels misteris d’Eleusis.

El mite, per la seva naturalesa, rebutja allò accidental per sumir-se en l’essència, on, després d’una llarga evolució, s’instal·la amb una intensitat unívoca. Per això resulta fàcil comprendre que Prometeu sigui un mite i Sísif, posem el cas, no ho sigui. La imaginació dels grecs podia convertir un bandit en un déu i una deessa en una meuca, perquè a vegades admirava amb ironia incrèdula i crítica. Ja Pausànies va dir que ni els propis grecs estaven d’acord sobre un relat mític. El naixement del racionalisme jònic coincideix amb una crítica cada cop més aguda i lúcida de la mitologia grega «clàssica», tal com es trobava expressada en les obres d’Homer i d’Hesíode. Mircea Eliade diu encertadament: «Només a Grècia el mite va inspirar i guiar tan la poesia èpica, la tragèdia i la comèdia com les arts plàstiques; però igualment és la cultura grega la única en què es sotmeté al mite a una llarga i penetrant anàlisi, de la qual en sortí radicalment desmitificat…» Si en totes les llengües indoeuropees  el vocable «mite» denota una «ficció», és perquè els grecs ho proclamaren així fa ja vint-i-cinc segles.

Entre totes les mitologies que han creat els pobles, la grega és potser la que d’una manera més profunda, bella i simbòlica passa al verb, a la imatge i a la forma, i en les seves epifanies pot reemplaçar l’angoixa per la seguretat, des de la qual l’home realitza l’esperança de subsistir en el món. És molt possible, com explica Paul Diel, que l’origen de les antigues fabulacions mítiques sorgís de la necessitat de trobar una significació de l’ordre còsmic, meteorològic o agrari, de tal manera que els mites o fabulacions servissin per a parlar del moviment dels astres i de la seva influència sobre les condicions de la vida humana: estacions de l’any, pluja, tempestes, inundacions, etc. «El manteniment de la vida depenia cada cop més de la regularitat dels fenòmens còsmics i meteorològics, i la imaginació afectiva, funció predominant de la psique primitiva, incitava als homes (tot just sortits de l’era premítica) a veure forces intencionals, benèfiques o hostils. Tals forces es trobaven personificades per divinitats del dia i de la nit, solars i lunars… A l’època de l’expansió de les cultures agràries, la psique humana va evolucionar cap a una complexitat bastant allunyada del primitivisme i animisme, i fins i tot de l’al·legorisme còsmic. La imaginació ja no és tan sols afectiva i divagant, sinó també expressiva i simbolitzant. És capaç, ara, de crear símbols, és a dir, imatges de significació precisa que tenen per finalitat el destí de l’home.»  Els mites, doncs, no valien com a veritables, sinó com a significants, i es metamorfosaven d’acord amb les mutacions que dictava el temps. Una figura borrosa de la mitologia grega ens dóna idea del mecanisme de mutació exercit per la imaginació de l’home arrelada en el seu instint de fabulació. Es tracta d’Anaxèrete. Primer es va trobar la misteriosa estàtua que representava una noia, a la que s’anomenà Venus Prospiciens, la Venus que mira cap endavant.  Aquesta estàtua fou trobada en un temple de Salamina de Xipre, i ningú sabia què significava en la seva estranya posició inclinada. Però la faula anà creixent sola, per juxtaposicions que pretenien treure una realitat viva d’un misteri. Així, la noia de l’estàtua es convertí en la filla d’una família noble de Xipre, de la qual estava desesperadament enamorat Ifis. Com que ella el negligia, Ifis es penjà a la porta de la casa de la donzella, però aquesta, sense commoure’s pel suïcidi del noi, va voler presenciar per simple curiositat el pas de l’enterrament, quan el nombrós seguici passà per sota la seva finestra. Però Afrodita, irritada per la crueltat d’Anaxèrete, la transformà en estàtua de pedra, fixant-la en la mateixa posició que tenia en inclinar-se des de la finestra de casa seva. Aquí podem veure la llavor d’un mite. Podríem dir, amb Nietzsche: «Tenim l’art per a no morir a causa de la veritat».

Charles Péguy (1873 - 1914)

Si buidéssim la mitologia grega de l’aportament torrencial d’Homer, quedaria com una casa buida. Els mites hel·lènics trobaren en ell una genial expressió literària, mai igualada. No esgotà tots els mites que circulaven en el seu temps. No fou un mitòleg, com Hesíode, ni un codificador religiós. No va tocar amb mans fredes les arrels d’allò ctònic, nocturn, eròtic, no registrà allò interrogant existencial: a penes parla de Dionís, però no acaba mai amb Apol·lo. Es diria que només li interessava allò arquetípic atemporal i que estava fascinat per la realitat dels sentiments i les coses i els objectes. Formà espiritualment un món que encara ens enlluerna. Subscrivim el consell inefable de Charles Péguy: «No us digueu: és gran. No, no us ho digueu. No digueu res. Preneu el text. No us digueu: és Homer. És el més gran. És el més vell. És l’amo. És el pare. És el mestre de tots… Preneu el text. I que no hi hagi res entre vosaltres i el text. Sobre tot que no hi hagi memòria. Llegiu-lo sense cap interferència, sense cap preparació, sense cap cerimònia, sense cap intercalació… Com si fos la darrera novetat…»

.

Agustí Bartra..

.

.

.

Agustí Bartra

Diccionario de Mitología

grijalbo/referencia

Edicions Grijalbo. Barcelona, 1982

ISBN: 8425314313

.

.

.

Homer als Camps Elisis de Lluís Valeri

.

.

.

HOMER

.
.

Fremeix el son profund del gran silenci
a la prada que es perd a l’infinit;
abans que el joc de l’alba no comenci
s’entelen els brillants de l’alta nit.

De lluny ve una ombra lívida embolcada
amb les glasses espesses de la Mort;
la llum la va aprimant com una albada
que les proes perfila dins un port.

Pels dèdals irisats de mareperla,
cerca els estanys blavencs al mig del cel;
el firmament a l’horitzó s’esberla
i una rosada boira esquinça el vel.

Hi ha un tremolor de rou damunt la gespa
que desensonya unes tendrals verdors;
ve de la mar com un brunzit de vespa
en ondes que debanen les clarors.

I de sobte la prada treu florida,
recamant de ponzelles sa amplitud:
un alè gloriós dóna embranzida
a un orb d’aureolada senectut.

Lluís Valeri Sahís (Barcelona, 1891 - Barcelona, 1971)

Homer: la majestat de ta presència
féu estremir la pau dels prats eterns;
les aures transmetien la cadència
d’uns himnes que alenaven els Inferns.

Dalt de poltres alats, nascuts a l’Ida
de les egües muntades a l’Olimp,
la teva egrègia imatge és enaltida
pel vent que Eol desferma a cops de vim.

Més que no el torb que brum dins el temperi,
un bleix arrombollà els fèrvids alens
dels teus herois, que al tenebrós imperi
per tu congrien nuvolats d’encens.

Fins a la vora de l’elísia prada
oneja el ritme ardent que fa la sang,
dins les venes profundes enfonyada,
dels guerrers que blegaren el seu flanc.

Pul·lulen per l’entranya de la terra
amb el deler que en ells mai no morí;
voldrien averanys de nova guerra
per ser cridats de nou pel teu clarí.

Encara bromereja al fons de l’Hades
aquella ira que ta veu cantà;
per l’urc d’Aquil·les salten les cascades
roges de sang del seu rancor insà.

Canta amb to funeral la negra Parca
la gesta d’Hèctor que Patrocle occí,
víctima pura que en la fonda barca
és l’heroi més magnànim del Destí.

Si fou venjat pel magne Peleíada,
cap túmul podrà fer-li just honor;
Homer diví! dels ritmes de ta Ilíada
aquest et bressa dins el ventre sonor.

I d’Andròmaca els plors i l’esclavatge,
la virtut de Penèlope, lleial,
i de Nausica pura, l’albergatge
que al nàufrag nu donà en el seu casal.

I dels teus càntics tota la tendresa
i totes les virtuts: l’honor guerrer,
els filials amors, la fortalesa,
el bàlsam del conhort i el goig del bé;

les magnànimes paus; els ritus sacres
pels morts que honoren fins els enemics,
i els nobles parlaments que amb termes acres
blasmaven les rancors i els fets inics.

I les teves jocoses burleries
dels déus malignes i dels déus clements;
la nafra d’Afrodita, i les follies
dels celestes dardant-se a juraments.

Tots aquests ritmes dins els Camps Elisis
són la joia inefable dels beats,
mentre per veus del món, i pels desficis
que cremen els inferns, són corejats.

Homer feliç! Si con el diví Orfeu
poguessis davallar al regne del foc,
domant Parsafonea, el fill d’Atreu
vindria a tu rabent com el xaloc;

i recordant el crim que el llançà a l’Hades,
clamaria venjança amb l’arma als dits,
per tots els adulteris que a les prades
del món corrupte fan sagnar les nits.

Si al fúlgid firmament es perpetua
el nom dels déus en astres rutilants,
els teus herois en triomfal corrua
dins el vent eternitzen els teus cants.

.

Lluís Valeri

.

.

.

.

.

A CARLES RIBA

.

Aquest treball que efusivament et dedico, amic entranyable, altíssim poeta i hel·lenista il·lustre, no és altra cosa que un simple i pacient exercici. Si l’arpegiar agilita els dits que sovint s’enterquen, el versificar es perfecciona en l’exercici de la sava mecànica, complicada i difícil.

Reconec que el «tema» que ha servit de base a les meves «variacions», és arriscat i esllavissadís. Audaciós, m’he llençat a l’aventura, no sense témer que siguin ofesos aquells que, nimbats de la resplendor dels segles, presents, sempre, per llur immortalitat, han absorbit el meu pensament, gràcies a tu que, magistralment, els has fet nostres. Malgrat el meu esforç estic segur que, com al virtuós que se li glacen els dits, m’haurà fallat més d’una nota.

En aquest parèntesi d’una modesta obra poètica, la teva amical indulgència sabrà perdonar-me en constatar la meva obstinada aplicació a una disciplina de la qual tu ets mestre insigne.

.

LLUÍS VALERI

.

.

.

(…) Ha arribat l’hora d’entrar de ple en el local que des que vaig abandonar el col·legi es convertí en el meu segon domicili. Em refereixo a l’“Ateneu Barcelonès”. Vaig ingressar-hi com a soci al mateix temps que Carles Riba; Lluís Valeri ja feia un any que n’era; ell ens en cantava les excel·lències i ell i Joaquim Borralleres signaren la meva sol·licitud d’entrada, el mes d’octubre de l’any 1910.

Josep Maria de Sagarra. Memòries

.

.

.

11 de març de 1919

Havent dinat, trobo Alexandre Plana a la Biblioteca. M’agafa pel braç i em porta a la penya de l’Ateneu per antonomàsia, que és la coneguda també per la penya del doctor Borralleres. Baixem l’escala del primer pis, travessem la sala de premsa estrangera i entrem al local, tan baix de sostre, de la cèlebre tertúlia.

Plana em presenta al doctor Borralleres, que seu al fons del local. M’acull amb una cordialitat que em demostra que Plana m’ha fet el llit. Després, Borralleres em presenta als presents. Recordo el doctor Dalí, Enric Jardí, Eugeni d’Ors, Francesc Pujols, Camps Margarit, Josep M. de Sagarra, Pere Rahola, Antoni Homar, Andreu Barber, el doctor Mainou, Lluís Valeri, Lluís Llimona, Estanislau Duran, Teodor Saló, Màrius Aguilar, el pintor Labarta, el professor Tayà, Solé de Sojo, Miró i Folguera, Magí Sandiumenge, el mestre Pahissa, Joan Creixells, Josep Barbey…

Josep Pla. El quadern gris

,

.

Lluís Valeri

Camps Elisis

Ritmes

Impremta Altés.

Barcelona, 1954

.

INDEX

I.- Preludi
II.- A Orfeu
III.- L’Elisi
IV.- Homer
V.- Hesíode
VI.- Pericles
VII.- Heràclit
VIII.- Pitàgoras
IX.- Parmènides
X.- Zenó d’Elea
XI.- Píndar
XII.- Sòcrates
XIII.- Pltó
XIV.- Aristòtil
XV.- Èsquil
XVI.- Sófocles
XVII.- Eurípides
XVIII.- Teòcrit
XIX.- Demòstenes
XX.- Escoli

.

.

.

L’aveugle, d’André Chénier

.

.

.

.

L’AVEUGLE

.

.

André Marie Chénier (Gàlata, avui Istambul, 30 d'octubre de 1762 - París, 25 de juliol de 1794)

« Dieu dont l’arc est d’argent, dieu de Claros, écoute ;
O Sminthée-Apollon, je périrai sans doute,
Si tu ne sers de guide à cet aveugle errant. »
C’est ainsi qu’achevait l’aveugle en soupirant,
Et près des bois marchait, faible, et sur une pierre
S’asseyait. Trois pasteurs, enfants de cette terre,
Le suivaient, accourus aux abois turbulents
Des molosses, gardiens de leurs troupeaux bêlants.
Ils avaient, retenant leur fureur indiscrète,
Protégé du vieillard la faiblesse inquiète ;
Ils l’écoutaient de loin, et s’approchant de lui :
« Quel est ce vieillard blanc, aveugle et sans appui ?
Serait-ce un habitant de l’empire céleste ?
Ses traits sont grands et fiers ; de sa ceinture agreste
Pend une lyre informe ; et les sons de sa voix
Émeuvent l’air et l’onde, et le ciel et les bois. »

Mais il entend leurs pas, prête l’oreille, espère,
Se trouble, et tend déjà les mains à la prière.
« Ne crains point, disent-ils, malheureux étranger,
Si plutôt, sous un corps terrestre et passager,
Tu n’es point quelque dieu protecteur de la Grèce,
Tant une grâce auguste ennoblit ta vieillesse !
Si tu n’es qu’un mortel, vieillard infortuné,
Les humains près de qui les flots t’ont amené
Aux mortels malheureux n’apportent point d’injures.
Les destins n’ont jamais de faveurs qui soient pures.
Ta voix noble et touchante est un bienfait des dieux ;
Mais aux clartés du jour ils ont fermé tes yeux.

— Enfants, car votre voix est enfantine et tendre,
Vos discours sont prudents plus qu’on n’eût dû l’attendre ;
Mais, toujours soupçonneux, l’indigent étranger
Croit qu’on rit de ses maux et qu’on veut l’outrager.
Ne me comparez point à la troupe immortelle :
Ces rides, ces cheveux, cette nuit éternelle,
Voyez, est-ce le front d’un habitant des cieux ?
Je ne suis qu’un mortel, un des plus malheureux !
Si vous en savez un, pauvre, errant, misérable,
C’est à celui-là seul que je suis comparable ;
Et pourtant je n’ai point, comme fit Thamyris,
Des chansons à Phoebus voulu ravir le prix ;
Ni, livré comme Œdipe à la noire Euménide,
Je n’ai puni sur moi l’inceste parricide ;
Mais les dieux tout-puissants gardaient à mon déclin
Les ténèbres, l’exil, l’indigence et la faim.

— Prends, et puisse bientôt changer ta destinée !
Disent-ils. » Et tirant ce que, pour leur journée,
Tient la peau d’une chèvre aux crins noirs et luisants,
Ils versent à l’envi, sur ses genoux pesants,
Le pain de pur froment, les olives huileuses,
Le fromage et l’amande et les figues mielleuses ;
Et du pain à son chien entre ses pieds gisant,
Tout hors d’haleine encore, humide et languissant,
Qui, malgré les rameurs, se lançant à la nage,
L’avait loin du vaisseau rejoint sur le rivage.

« Le sort, dit le vieillard, n’est pas toujours de fer ;
Je vous salue, enfants venus de Jupiter ;
Heureux sont les parents qui tels vous firent naître !
Mais venez, que mes mains cherchent à vous connaître ;
Je crois avoir des yeux. Vous êtes beaux tous trois.
Vos visages sont doux, car douce est votre voix.
Qu’aimable est la vertu que la grâce environne !
Croissez, comme j’ai vu ce palmier de Latone,
Alors qu’ayant des yeux je traversai les flots ;
Car jadis, abordant à la sainte Délos,
Je vis près d’Apollon, à son autel de pierre,
Un palmier, don du ciel, merveille de la terre.
Vous croîtrez, comme lui, grands, féconds, révérés,
Puisque les malheureux sont par vous honorés.
Le plus âgé de vous aura vu treize années :
A peine, mes enfants, vos mères étaient nées,
Que j’étais presque vieux. Assieds-toi près de moi,
Toi, le plus grand de tous ; je me confie à toi.
Prends soin du vieil aveugle. — O sage magnanime !
Comment, et d’où viens-tu ? car l’onde maritime
Mugit de toutes parts sur nos bords orageux.

— Des marchands de Cymé m’avaient pris avec eux.
J’allais voir, m’éloignant des rives de Carie,
Si la Grèce pour moi n’aurait point de patrie,
Et des dieux moins jaloux, et de moins tristes jours ;
Car jusques à la mort nous espérons toujours.
Mais pauvre et n’ayant rien pour payer mon passage,
Ils m’ont, je ne sais où, jeté sur le rivage.

— Harmonieux vieillard, tu n’as donc point chanté ?
Quelques sons de ta voix auraient tout acheté.

— Enfants ! du rossignol la voix pure et légère
N’a jamais apaisé le vautour sanguinaire ;
Et les riches, grossiers, avares, insolents,
N’ont pas une âme ouverte à sentir les talents.
Guidé par ce bâton, sur l’arène glissante,
Seul, en silence, au bord de l’onde mugissante,
J’allais, et j’écoutais le bêlement lointain
De troupeaux agitant leurs sonnettes d’airain.
Puis j’ai pris cette lyre, et les cordes mobiles
Ont encor résonné sous mes vieux doigts débiles
Je voulais des grands dieux implorer la bonté,
Et surtout Jupiter, dieu d’hospitalité,
Lorsque d’énormes chiens à la voix formidable
Sont venus m’assaillir ; et j’étais misérable,
Si vous (car c’était vous), avant qu’ils m’eussent pris,
N’eussiez armé pour moi les pierres et les cris.

— Mon père, il est donc vrai : tout est devenu pire,
Car jadis, aux accents d’une éloquente lyre,
Les tigres et les loups, vaincus, humiliés,
D’un chanteur comme toi vinrent baiser les pieds.

— Les barbares ! J’étais assis près de la poupe.
« Aveugle vagabond, dit l’insolente troupe,
Chante, si ton esprit n’est point comme tes yeux,
Amuse notre ennui ; tu rendras grâce aux dieux. »
J’ai fait taire mon coeur qui voulait les confondre :
Ma bouche ne s’est point ouverte à leur répondre ;
Ils n’ont pas entendu ma voix, et sous ma main
J’ai retenu le dieu courroucé dans mon sein.
Cymé, puisque tes fils dédaignent Mnémosyne,
Puisqu’ils ont fait outrage à la muse divine,
Que leur vie et leur mort s’éteignent dans l’oubli,
Que ton nom dans la nuit demeure enseveli !

— Viens, suis-nous à la ville ; elle est toute voisine,
Et chérit les amis de la muse divine.
Un siège aux clous d’argent te place à nos festins ;
Et là les mets choisis, le miel et les bons vins,
Sous la colonne où pend une lyre d’ivoire,
Te feront de tes maux oublier la mémoire.
Et si, dans le chemin, rapsode ingénieux,
Ta veux nous accorder tes chants dignes des cieux,
Nous dirons qu’Apollon, pour charmer les oreilles,
T’a lui-même dicté de si douces merveilles.

— Oui, je le veux ; marchons. Mais où m’entraînez-vous ?
Enfants du vieil aveugle, en quel lieu sommes-nous ?
— Syros est l’île heureuse où nous vivons, mon père.
— Salut, belle Syros, deux fois hospitalière !
Car sur ses bords heureux je suis déjà venu :
Amis, je la connais. Vos pères m’ont connu.
Ils croissaient comme vous ; mes yeux s’ouvraient encore
Au soleil, au printemps, aux roses de l’aurore ;
J’étais jeune et vaillant. Aux danses des guerriers,
A la course, aux combats, j’ai paru des premiers.
J’ai vu Corinthe, Argos, et Crète et les cent villes,
Et du fleuve Egyptus les rivages fertiles ;
Mais la terre et la mer, et l’âge et les malheurs,
Ont épuisé ce corps fatigué de douleurs.
La voix me reste. Ainsi la cigale innocente,
Sur un arbuste assise, et se console et chante.
Commençons par les dieux : “Souverain Jupiter,
Soleil qui vois, entends, connais tout, et toi, mer,
Fleuves, terre, et noirs dieux des vengeances trop lentes,
Salut ! Venez à moi, de l’Olympe habitantes,
Muses ! vous savez tout, vous, déesses, et nous,
Mortels, ne savons rien qui ne vienne de vous. »

Il poursuit ; et déjà les antiques ombrages
Mollement en cadence inclinaient leurs feuillages ;
Et pâtres oubliant leur troupeau délaissé,
Et voyageurs quittant leur chemin commencé,
Couraient. Il les entend près de son jeune guide,
L’un sur l’autre pressés, tendre une oreille avide ;
Et nymphes et sylvains sortaient pour l’admirer,
Et l’écoutaient en foule, et n’osaient respirer,
Car en de longs détours de chansons vagabondes
Il enchaînait de tout les semences fécondes,
Les principes du feu, les eaux, la terre et l’air,
Les fleuves descendus du sein de Jupiter,
Les oracles, les arts, les cités fraternelles,
Et depuis le chaos les amours immortelles ;
D’abord le roi divin, et l’Olympe, et les cieux,
Et le monde ébranlé d’un signe de ses yeux,
Et les dieux partagés en une immense guerre,
Et le sang plus qu’humain venant rougir la terre,
Et les rois assemblés, et sous les pieds guerriers
Une nuit de poussière, et les chars meurtriers,
Et les héros armés, brillant dans les campagnes
Comme un vaste incendie aux cimes des montagnes,
Les coursiers hérissant leur crinière à longs flots,
Et d’une voix humaine excitant les héros ;
De là, portant ses pas dans les paisibles villes,
Les lois, les orateurs, les récoltes fertiles ;
Mais bientôt de soldats les remparts entourés,
Les victimes tombant dans les parvis sacrés,
Et les assauts mortels aux épouses plaintives,
Et les mères en deuil, et les filles captives ;
Puis aussi les moissons joyeuses, les troupeaux
Bêlants ou mugissants, les rustiques pipeaux,
Les chansons, les festins, les vendanges bruyantes,
Et la flûte et la lyre, et les noces dansantes.
Puis, déchaînant les vents à soulever les mers,
Il perdait les rochers sur les gouffres amers ;
De là, dans le sein frais d’une roche azurée,
En foule il appelait les filles de Nérée,
Qui, bientôt à ses cris s’élevant sur les eaux,
Aux rivages troyens parcouraient les vaisseaux.
Puis il ouvrait du Styx la rive criminelle,
Et puis les demi-dieux et les champs d’asphodèle,
Et la foule des morts : vieillards seuls et souffrants,
Jeunes gens emportés aux yeux de leurs parents,
Enfants dont au berceau la vie est terminée,
Vierges dont le trépas suspendit l’hyménée.
Mais, ô bois, ô ruisseaux, ô monts, ô durs cailloux !
Quels doux frémissements vous agitèrent tous,
Quand bientôt à Lemnos, sur l’enclume divine,
Il forgeait cette trame irrésistible et fine
Autant que d’Arachné les pièges inconnus,
Et dans ce fer mobile emprisonnait Vénus,
Et quand il revêtait d’une pierre soudaine
La fière Niobé, cette mère thébaine ;
Et quand il répétait en accents de douleur
De la triste Aédon l’imprudence et les pleurs,
Qui d’un fils méconnu marâtre involontaire,
Vola, doux rossignol, sous le bois solitaire !
Ensuite, avec le vin, il versait aux héros
Le puissant népenthès, oubli de tous les maux ;
Il cueillait le moly, fleur qui rend l’homme sage ;
Du paisible lotos il mêlait le breuvage :
Les mortels oubliaient, à ce philtre charmés,
Et la douce patrie et les parents aimés.
Enfin l’Ossa, l’Olympe et les bois du Pénée
Voyaient ensanglanter les banquets d’hyménée,
Quand Thésée, au milieu de la joie et du vin,
La nuit où son ami reçut à son festin
Le peuple monstrueux des enfants de la nue,
Fut contraint d’arracher l’épouse demi-nue
Au bras ivre et nerveux du sauvage Eurytus.
Soudain, le glaive en main, l’ardent Pirithoüs :
« Attends ; il faut ici que mon affront s’expie,
Traître ! » Mais avant lui, sur le centaure impie
Dryas a fait tomber, avec tous ses rameaux,
Un long arbre de fer hérissé de flambeaux.
L’insolent quadrupède en vain s’écrie ; il tombe,
Et son pied bat le sol qui doit être sa tombe.
Sous l’effort de Nessus, la table du repas
Roule, écrase Cymèle, Évagre, Périphas.
Pirithoüs égorge Antimaque et Pétrée,
Et Cyllare aux pieds blancs, et le noir Macarée,
Qui de trois fiers lions, dépouillés par sa main,
Couvrait ses quatre flancs, armait son double sein.
Courbé, levant un roc choisi pour leur vengeance,
Tout à coup, sous l’airain d’un vase antique, immense,
L’imprudent Bianor, par Hercule surpris,
Sent de sa tête énorme éclater les débris.
Hercule et la massue entassent en trophée
Clanis, Démoléon, Lycotas, et Riphée
Qui portait sur ses crins, de taches colorés,
L’héréditaire éclat des nuages dorés.
Mais d’un double combat Eurynome est avide,
Car ses pieds, agités en un cercle rapide,
Battent à coups pressés l’armure de Nestor ;
Le quadrupède Hélops fuit ; l’agile Crantor,
Le bras levé, l’atteint ; Eurynome l’arrête ;
D’un érable noueux il va fendre sa tête,
Lorsque le fils d’Égée, invincible, sanglant,
L’aperçoit, à l’autel prend un chêne brûlant,
Sur sa croupe indomptée, avec un cri terrible,
S’élance, va saisir sa chevelure horrible,
L’entraîne, et, quand sa bouche, ouverte avec effort,
Crie, il y plonge ensemble et la flamme et la mort.
L’autel est dépouillé. Tous vont s’armer de flamme,
Et le bois porte au loin des hurlements de femme,
L’ongle frappant la terre, et les guerriers meurtris,
Et les vases brisés, et l’injure, et les cris.

Ainsi le grand vieillard, en images hardies,
Déployait le tissu des saintes mélodies.
Les trois enfants émus, à son auguste aspect,
Admiraient, d’un regard de joie et de respect,
De sa bouche abonder les paroles divines,
Comme en hiver la neige aux sommets des collines.
Et, partout accourus, dansant sur son chemin,
Hommes, femmes, enfants, les rameaux à la main,
Et vierges et guerriers, jeunes fleurs de la ville,
Chantaient : « Viens dans nos murs, viens habiter notre île ;
Viens, prophète éloquent, aveugle harmonieux,
Convive du nectar, disciple aimé des dieux ;
Des jeux, tous les cinq ans, rendront saint et prospère
Le jour où nous avons reçu le grand HOMÈRE. »

.

André Chénier

.

.

.

Categories:Homer Etiquetes: , , ,

Petrarca ens parla d’Homer a l’«Elogi de la vida solitària».

.

.

.

Francesco Petrarca (Arezzo, 20 de juliol de 1304 - Arquà Petrarca, Pàdua, 19 de juliol de 1374)

.

¿Què et diré d’Homer, pare dels poetes? Certament, d’aquells qui el precediren, a saber, d’Orfeu, de Linus, de Museu —els quals considerem o bé poetes o bé músics, o tal volta poetes i músics alhora, atesa la proximitat entre aquestes dues arts que tant agrada a uns quants—, amb prou feines ens n’han arribat simplement els noms. Homer, doncs, va descriure amb tanta exactitud no tan sols les terres solitàries de Grècia, sinó també les d’Itàlia, que «va aconseguir fer-nos veure», tal com diu Ciceró, «allò que ell mateix no podia veure» —diu la tradició que era cec—; així, el que veiem néixer del seu talent «no és poesia, ans autèntica pintura». ¿Hem de creure, doncs, que hauria pogut fer quelcom semblant si no hagués tingut l’ocasió d’observar atentament aquells indrets abans de quedar cec i conservar-los així dins la memòria?

.

Francesco Petrarca

.

.

Francesco Petrarca

Elogi de la vida solitària

Traducció de Núria Gómez Llauger

Edició i introducció de Jordi Llovet

Col·lecció El far, 19

Angle Editorial. Barcelona, 2011

ISBN: 9788415002253

.

.

Carles Riba sobre la “qüestió homèrica”

La qüestió homèrica ha fet córrer rius i més rius de tinta. En algun moment ens hi referirem, encara que sigui puntualment.

Volem ara, només, aportar una breu reflexió de Carles Riba entorn d’aquest assumpte.

 

 

LA RESURRECCIÓ D’HOMER

 

 

La crítica romàntica, amb tota la seva fúria d’alliberació, no ha sabut ser mai ben lliure; amb tot el seu fervor idealístic, no ha pogut emprar armes sinó dins de mesquins racons de la immensa realitat. El nou-cents no hauria canviat gaire cosa, tanmateix, si no hagués retrobat allò que és la llibertat única de pensament: l’adhesió sincera a la descoberta nova, però sense renunciar a l’agilitat de fer un pas avant —o dos passos enrera— quan s’esdevindrà la descoberta novíssima. Per dir-ho amb un terme de filosofia catalana: la ironia.

Vegeu, si no, la qüestió d’Homer. A base de tres, quatre famoses troballes, idealitzant hom arribà a erigir la producció èpica com una màquina de moviments constants, determinats; grans mots amb majúscula n’eren les rodes impalpables: Poble, Raça, Consciència nacional i així més; una divina abstracció, la Natura, en movia els ressorts —esclava ella de la màquina, tanmateix.

Les epopeies homèriques hagueren també d’entrar en el sistema; hom torçà, hom tallà per això el que calgués. L’«orb de Quios rocosa», no era ja doncs sinó una bella fantasma.

Què hi feu que aviat es descobrís que, per exemple, l’Ossian no era sinó una mistificació? El mal ja era fet. La reparació no era possible sinó dins el mateix ordre del pecat: per camins d’arqueologia, per cruïlles de filologia, altra vegada rigorosament.

M. Victor Bérard acaba d’exposar entre nosaltres les seves constatacions en un camp de recerca ben real: l’itinerari d’Ulisses. Arbres, roques, aigües, tot perdura ací i allà del Mediterrani etern com en els dies del sofert navegador d’Ítaca. Uns ulls individuals havien així vist i detallat. Si la imaginació donà vida humana al detall de la geografia, no en perdè però el sentit precís.

No el símbol vague, doncs, l’home fonent la seva vida amb la de les coses, sinó vestint les coses de forma i vida humanes. Un pur arbitrarisme, que és com dir una màxima llibertat absolutament concreta per no emanar sinó de concrets individus: el més alt —Homer.

Ell ressuscita en el nou-cents, després d’un segle de mort. Qui ara tot just ens repetia el bon anunci, M. Bérard, passava per alt, somrient, tota prova que no fos positiva. Cloïa la seva recerca geogràfica, però enllà, irònicament, s’obria una altra mar infinita a aquests Ulisses de l’erudició: les fonts homèriques.

No hi vol dir res. L’expiació s’és acomplida. Homer ha ressorgit amb un valor pujat: ara el sabem ordenant els seus poemes amb plena consciència d’artista, «assegut a la seva taula de treball, amb la seva biblioteca a l’esquena». Ara estem segurs que aquella sàvia disposició de l’Odissea, preparant l’escena en què Ulisses comencia cantar ell mateix les seves aventures, no és pas —i així s’havia gosat dir— que un traçut compilador hagués fet passar tots els verbs de la terça persona a la primera persona.

Ara Homer, per exemple, ens explica millor Goethe —qui sense gairebé adonar-se’n no es resignava tanmateix a renunciar a un Homer de carn i ossos; i així mateix, Goethe ens explica millor Homer.


Carles Riba


 

Carles Riba

Obres completes. II. Assaigs crítics.

Introducció de Giuseppe E. Sansone

Edició a cura de J.Ll. Marfany.

clàssics catalans del segle xx

edicions 62, barcelona, 1967

Núria Perpinyà recorda menysteniments, en el passat, d’Homer

Núria Perpinyà en el seu llibre «Gabriel Ferrater: recepció i contradicció» amb motiu de situar la recepció de l’obra de Gabriel Ferrater, dedica un capítol a les «Contradiccions en la fortuna d’altres escriptors: Homer, Shakespeare, Voltaire, Wordsworth, Whitman, Hemingway» i, al parlar d’Homer, diu:

 

Sembla increïble saber que l’obra d’Homer ha estat menystinguda i parodiada durant molt de temps. La nostra època la considera tan inqüestionablement com a una obra mestra! Tanmateix, en altres moments de la Història, l’obra homèrica ha estat arraulida en l’oblit i en el menyspreu.  Durant el segle XVII i principis del XVIII, Homer viu en el descrèdit. És parodiat per Tassoni i per Boileau. Perrault se’n riu perquè permet que una princesa se’n vagi al riu a fer bugada. Lord Chesterfield li retreu que els seus herois s’expressin «amb un llenguatge de criats». L’abat d’Aubignac condemna l’Odissea pel seu mal gust i la seva execrable moralitat. A l’època barroca es rebutja l’Odissea pel seu realisme vulgar, pels mateixos arguments que ara, al segle XX, l’honoren i la fan més preuada que la grandiloqüent Ilíada: el seu heroi no du armes marcials, ni vestits onerosos, no té serfs ni vaixell i consenteix a disfressar-se com a porquer; Homer parla de coses tan «vulgars» com gossos, ases o vaquers, i, en un moment donat, durant la descripció del palau d’Ulisses, ens dirà amb gran (¿excessiva?) senzillesa que Ulisses, un rei, té «el femer al costat de la porta».

 

Núria Perpinyà

 

 

Núria Perpinyà Gabriel FerraterNúria Perpinyà

Gabriel Ferrater: recepció i contradicció

Les naus d’Empúries.

Editorial Empúries. Barcelona, 1997.

ISBN: 9788475965468


 

 

 

Follow

Get every new post delivered to your Inbox.

Join 127 other followers