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Duelo homérico, de Carmen Jodra

DUELO HOMÉRICO

 

El pelo rizado cubierto de polvo, en desorden la túnica blanca,

Antípator llega corriendo a la tienda de Aquiles. Aquiles, sentado,

se muerde los labios y le duele el alma

Es cosa terrible lo crueles que pueden llegar a ser las palabras.

 

—La tierra está mojada y huele a tierra

bajo su peso. Han roto los cristales

en su sangre, violado los umbrales

del templo y saqueado cuanto encierra.

 

En las más altas cimas de la sierra

hay nieve. Sus heridas son iguales

que rosas… Quien escriba los anales

“guerra” dirá sin conocer qué es guerra.

 

Verás la cara cruel del basilisco,

y el viento es frío. Pero las ovejas

aguardan el cayado y el aprisco.

 

No llores. Déjalo para las viejas.

Tan dulce yace, que ante su obelisco

la Muerte misma enarcará las cejas.

 

Aquiles rompió en alaridos, maldijo la muerte, la vida, la guerra, a

Dios y a sí mismo,

desoyó consejos y durante horas lloró haciendo estrago a su paso.

Pero por la noche, agotado, con los ojos secos y los labios rotos,

sólo se le oía en lento susurro: “Patroclo, Patroclo, Patroclo…”.

 

Carmen Jodra Davó

 

 

Carmen Jodra Davó. Las moras agraces.

Poesía Hiperión, 357.

Edicioines Hiperión. Maxdid, 1999.

ISBN: 9788475176246

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