Arxius

Archive for Juny de 2012

Robert Saladrigas ens parla de Seferis, que ens diu que llegeix Homer

.

.

.

.

AL PIE DE LAS LETRAS

MONÓLOGO CON

GIORGIOS SEFERIS

.

Hace ya algún tiempo que tuve la oportunidad de mantener una prolongada charla con el poeta Giorgios Seferis, galardonado en 1963 con el Nobel de Literatura. Nos hallábamos en el apogeo de la estación veraniega. El verdor de la campiña había perdido ya el cromatismo intenso que ostenta en primavera. Los campos sedientos parecían suplicar el beneficio de la lluvia, angustiados bajo la fortaleza de un sol radiante, en rigor poco justiciero. Ha transcurrido un buen puñado de meses desde entonces. Ahora leo que el régimen griego ha negado el pasaporte a Giorgios Seferis, como represalia por la actitud hostil del poeta respecto a los cauces antidemocráticos seguidos por el Gobierno de los coroneles. Trato de imaginar de qué manera habrá reaccionado ante este nuevo golpe del infortunio político. Y tan sólo consigo reactualizar su vozarrón nervioso de hombre que rehuye el circunloquio, su hablar punzante y de inflexiones suaves, como si dominara su natural, por temor a dañar los oídos del interlocutor.

—Me separé de la política activa a raíz de los acontecimientos de mayo del 67. Aquello significó un revés brutal para todo hombre que ame la libertad, y yo no supe adoptar otra actitud que la de solicitar la excelencia. Desde entonces no le resulta fácil a un griego opinar en materia política. ¿A qué dedico tantas horas a mi disposición? Puede suponerlo. Bueno, quizá no. Escribo poco, prácticamente nada, y leo mucho. La poesía joven la conozco apenas. El poeta actual más joven que leo y releo una y otra vez, sin sentir la menor fatiga, es Homero, el único poeta auténticamente grande que ha dado la historia. Me viene a la memoria aquella frase de Chenier: «Han pasado tres mil años sobre las cenizas de Homero; y tras esos tres mil años, Homero sigue siendo respetado, sigue joven de gloria y de inmortalidad». No lo tome por chochez de viejo, pero no creo que esté usted ahora en condiciones de comprender el significado profundo que encierran estas palabras. Se necesitan años, muchos años de experiencia y sufrimientos para aprender a meditarlas pacientemente, noche tras noche, hasta dar con el secreto de su verdadera dimensión.

…..El señor Seferis estuvo adscrito durante la mayor parte de su vida a la carrera diplomática. Pasó por las cancillerías de El Líbano, Siria y Londres, y más tarde se refugió con su inconformismo en esta casita de dos plantas, de fachada encalada, que ostenta festones de ladrillo rojo en los marcos de balcones y ventanas, con un breve jardín que simula protegerla con parapetos de anémonas exuberantes, hortensias fastuosas, claveles de hojas anaranjadas y de un senderillo, que conduce hasta la verja, bordeado de rododendros floridos. Aquí medita el poeta la frase de Chenier, y relee a Homero, y se embebe con los poemas floreados de Claudel, y sus ojos negros y sus carnes ya fláccidas, restos de una orondez que va perdiendo paulatinamente sus rasgos más acusados, se estremecen al contacto con la atmósfera sólo límpida en apariencia.

—Mi poesía gira en torno a una temática obsesiva que encarna al hombre. Es así porque, a pesar de todo cuanto he vivido, creo en él, en su aptitud para transformar el mundo, para modelarlo y humanizarlo partiendo de sí mismo. El ser humano posee valores inalterables, indestructibles, que le elevan por encima de la naturaleza y le obligan a profesar, antes o después, la fe en su propia capacidad de redención. Esta fe es la única capaz de salvarlo y de salvarnos. No se trata de un sofisma, ni creo que olvido los factores negativos que condicionan al hombre, y que a juzgar por las circunstancias que coartan a mi pueblo, a las tierras vietnamitas, al martirizado Oriente Medio, a Camboya, África del Sur y tantos rincones de esta Tierra nuestra, parecen ser los únicos que gozan de poder suficiente para encauzar el destino trágico de la humanidad, pero me resisto  a creer que todo se halle irremisiblemente perdido y debamos pensar en la posibilidad de una catástrofe nuclear, que arrase nuestra civilización caduca para levantar sobre sus cenizas un mundo mejor. ¡No puedo admitirlo! ¡No puedo, eso es todo! 

…..Seferis se aferra con todas sus fuerzas al humanismo para defenderse del desaliento. Me hablaba del pueblo; de su pueblo. Y sus ojos adquirían un extraño fulgor acuoso. El sufrimiento y la humillación del pueblo le mantenían literalmente en vilo. Sabía que el lirismo constituía una pirueta inútil, un lujo improcedente en las circunstancias actuales. Me confesaba su impotencia material para escribir una sola letra. Lo entendí, naturalmente. Seferis es parte integrante del pueblo en esta su hora nona. Sufre en él y con él, y su pluma, como tantas otras, ha enmudecido para dejar que se perciba, con mayor diafanidad, el latido vehemente del pueblo griego.

.

Robert Saladrigas
Revista Destino. n º 1.750 (juny 1970)

.

Seferis a la Fira del Llibre (Feria del Libro) de Barcelona, del 1964
Foto: Kike Pérez de Rozas.
Destino, nº 1.415, 19setembre 1964

.
.
L’any següent, en la mateixa secció “Al pie de las letras”, de Destino, Robert Saladrigas feia l’obituari de Seferis i el concloïa amb les següents paraules:

.

.

…..Fue un admirador a ultranza de Homero, y, como Ulises, recorrió el mundo y extrajo de él las sustancias de las que había de nutrirse su poesía. Toda su vida, en la carrera diplomática dentro de la cual alcanzó las cotas más altas y en su comportamiento civil, constituye el claro testimonio de un liberal de secular tradición democrática. Theodorakis transformó muchos de sus poemas en canciones que el pueblo griego canta hoy con más pasión y lucidez que nunca lo hiciera. Giorgos Seferis, el Poeta, ha muerto. La nave de Ulises ha atracado una vez más en el puerto de la Isla Perdida. Grecia ha visto desaparecer un testimonio cívico de proyección internacional. Seferis, el Poeta, ha reencontrado a Homero.

.

Robert Saladrigas

.

.
.
.
.

.

.

Bécquer ens il·lustra les aventures d’Ulisses al Virolet.

.

.

.

Carles Bécquer Domínguez fou un dibuixant, il·lustrador i pintor català, nascut a Barcelona el 1889, on hi morí el 1968, nebot del poeta Gustavo Adolfo Bécquer.

La seva infància i joventut transcorregué a Sevilla i Madrid. A Madrid estudià a l’Academia de San Fernando i, ja a Barcelona, a l’Acadèmia de Sant Jordi. Posteriorment va estar-se uns dotze anys a Paris, on va publicar il·lustracions a la casa Hachette.

La seva obra com il·lustrador la va dur a terme, a casa nostra,  a revistes com el Patufet, el Virolet, o a Lecturas i El Coyote.

A la revista Virolet, en concret, en diversos números de l’any 1930 hi va publicar una sèrie relativa a les aventures d’Ulisses. 

En reproduïm a continuació  el primer lliurament i algunes vinyetes dels següents, on observem les seves habilitats com a il·lustrador.

La còpia completa de tots els capítols la podeu trobar en aquesta pàgina: Les aventures d’Ulisses, de Bécquer, al Virolet

 .

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

Sagarra saluda la primera Odissea de Riba

.

.

.

C A R L E S    R I B A

.

..

.

.

.

.

No mor el diamant, ni la paraula diamantina; els milers d’anys no són res per la paraula diamantina: es colga dins del mar, i mentre els cucs desfan les generacions humanes, apareix de nou la paraula diamantina amb aquell riure d’infant i aquella olor d’aigua salada, perquè tota la glòria ve del mar, tot lo més bell arriba dins les ones.

….Vetaquí que entre nosaltres s’ha produït el miracle de la paraula diamantina. Un dia en Joan Maragall, el mestre de tots, digué:

«Una a una, com verges a la dança,
entren lliscant les barques dins del mar…»

….Aleshores, aquestes paraules eren tan pures com la llum que acaricia la pell nua dels diodumeus.

….Avui, Carles Riba, el poeta de l’ànima i de la mort, i de la eternitat, el poeta de les estelles i del dolor, Carles Riba, l’estimat, el bon amic, el de les preocupacions i les inquietuts, de les rialles dolces i amargues, ens ha posat a flor d’orella aquest miracle de la paraula diamantina, la paraula que al mateix temps que la sentim sembla que ens volti el cos i l’ànima d’una clara lluiçor de diamant.

….La paraula ha vingut del mar, i l’heroi del mar per excel·lència, és Ulisses, i la seva paraula ha de ser la paraula marina per excel·lència, la paraula diamantina més lluent que totes les altres.

….Ulisses ha ressucitat, i nosaltres cristians adolorits, torturats o desenganyats, tristos burgesos de barret i americana, podem fruir —perquè en Carles Riba ens ho farà fruir amb la seva traducció homèrica— en el nostre silenci espiritual, el selvatge horror de Polifem i la joia núa de la cort dels Feacis.

.

Josep Maria de Sagarra

.

.

.

L’Instant

Revista quinzenal

Publicació de Joaquim Horta

Any II. núm. 5

(15 d’octubre de 1919)


.

.

.

.

Seferis i Espriu evoquen Andròmaca

..

.

Andromaque, je pense à vous!…
Carles Baudelaire. Le cygne

.

.

.

XVII

Astianacte

.

Ara que te’n vas emporta’t també el nen
que veié la llum sota aquell plàtan
un dia que ressonaven trompetes i lluïen armes
i els cavalls suats s’ajupien per tocar
la verda superfície de l’aigua
a la bassa amb llurs narius humits.

Les oliveres amb les arrugues dels nostres pares
les pedres amb la saviesa dels nostres pares
i la sang del nostre germà viva sobre la terra
eren una ferma alegria una fèrtil norma
per a les ànimes que comprenien llur prec.

Ara que te’n vas, ara que el dia de rendir comptes
sorgeix, ara que ningú no sap
a qui ha d’occir ni com ha d’acabar,
emporta’t el nen que veié la llum
sota les fulles d’aquell plàtan
i ensenya-li de meditar sobre els arbres.

.

Iorgos Seferis
Mithistòrima
Traducció de Carles Miralles

.

.

.

.

Comiat d’Hèctor i Andròmaca. Gravat de la paràfrasi de la Ilíada de Loukanis (Venècia, 1526). Gravats atribuïts a la familia d’impressors de Nicolini da Sabbio.

.

.

.

.

Salvador Espriu

ANDRÒMACA

.

Just en sortir del bany, una serventa l’ha assabentada de la mort de l’home que ella sempre va estimar, una mort que tots dos pres­sentien propera. La dona ha creuat els braços damunt el pit, inclina amb resignació el cap gairebé fregant l’espatlla dreta, tanca els ulls i recorda, endinsada en el seu íntim mirall, la serenor del passat. Però no s’hi aturarà gaire, perquè endevina el llarg i complex futur que l’espera. Sí, la vida pròpia és certament un rierol, però sovint triga molt, per al qui amb ell arrossega, a perdre’s en l’engolidora basarda del mar. La dona ha complert, fidel, tots els seus deures. Sap també que no trairà mai ningú, que es comportarà amb rectitud fins amb els que li imposarà per la força l’esclavatge que la seva clara estirp no hauria de tolerar. Però ella és massa intel·ligent per sentir-se enemi­ga dels vencedors. Admet només circumstancials adversaris, pobres nàufrags, com ella mateixa, en l’aiguabarreig darrer. Mirarà de salvar el fill que li queda. Procurarà de vetllar, sol·lícita, pels que tindrà d’altres unions que no desitja. Plora sense llàgrimes el seu infortuni. Després, de seguida, es vestirà i emprendrà de nou el rar i entrebancós camí. I nosaltres, admiradors d’aquesta bella i coratjosa figura, ens apressem a acompanyar-la amb un respectuós silenci.

.

Salvador Espriu
Les roques, i el mar, el blau

..

.

.

Iorgos Seferis

Mitihistòrima

Introducció i traducció de Carles Miralles

Poesia dels Quaderns Crema, 6

Edicions dels Quaderns Crema. Barcelona, 1980

ISBN: 9788485704057

.

.

.

Salvador Espriu.

Les roques i el mar, el blau.

Edició crítica a cura de Carmina Jori i Carles Miralles.

Centre de documentació i estudi Salvador Espriu.

Edicions 62. Barcelona, 1996.

ISBN: 9788429742008

.

.

.

Artur Masriera presenta la seva traducció de la Ilíada

.

.

Artur Masriera (1860 – 1929)

.

El 1903, segons publica el seu Butlletí, Artur Masriera va presentar a la Reial Acadèmia de les Bones Lletres de Barcelona la seva traducció de la Ilíada al català, i n’ofereix un fragment, el relatiu a l’episodi del Cant XVI, relatiu a la mort de Patrocle. Masriera afirma que ha traduït la Ilíada de forma completa i anotada, per més que, malauradament, no tenim notícia de que aquesta versió ens hagi pervingut.

Com a presentació de la seva traducció, Masriera fa una breu dissertació que titula Homer en Català, i que transcrivim tot seguit:

.

.

.

.

.

.

HOMER EN CATALÁ

.

.

Curiosa y llarga es l’historia de les versions é interpretacions del Pare y príncep de la poesia épica, en totes les llengues vives. Però més curiosa encara (y no cal dir que está pera fer), es la de les versions d’Homer en les llengues neo-llatines.

Lo primer punt de partida ha de ser sempre fixat en lo treball selectíssim, fill del gust més depurat y del coneixement perfet del poble y de l’época en que escribía l’autor que volia deixar á sos conterranis una epopeya propia y enmatllevada al mateix temps. Virgili, (que aquest es l’autor de qui fem menció), conseguí lo que en literatura y en lógica sol anomenarse paradoxa: ser original imitant, y á voltes quasi traduhint, al pare de la poesia universal, á Homer, de quals poemes feu surtir la Eneida tan llatinisada y tan grega ensemps, que la paradoxa ’s veu realisada. Expliquemse’n les causes.

Considerem á Virgili, en primer lloch, com á un veritable traductor d’Homer que vol y pot asimilarse la manera de dir, ample y magestuosa, propia y precisa, grafica y pintoresca, del autor de la Ilíada y la Odissea, L’ofici de traductor era petit y desayrat per l’autor (ó també interpretador) de les Geórgiques, y per açó al donar l’epopeya de la gent llatina, encarnada en la genealogia d’Octavi August, comensada ab Eneas escapat de Troya, il·lustrada ab los fets de la primitiva historia romana, ah les lluytes de Rótuls y Troyans, y acabada ah un hymne á les grandeses del segle d’August; Virgili no feu més que seguir, imitar y moltes traduhir á Homer, al épich verament origi­nal, al reconegut avuy, després de trenta ó més segles, com á pare y príncep de la poesia épica de tots los pobles,

Virgili enclou en una les dues accions épiques de l’Odissea y l’Iliada. No intenta tant directament despertar l’esperit de patria dels romans, com adular al emperador Octavi, fentlo net d’Eneas y donantli semi-deus per caps de brot de sa nissaga. Ab tot y aixó, la Eneida es un poema heroich de veritat, interessantissim per tota la gent llatina, que si no resplandeix per l’originalitat ni unitat, ha passat per totes les generacions, desde August fins a la nostra, com l’obra més selecta y plena de boniqueses de cisellador, de forma correcta, de sen­timent, de equilibri, d’inspiració, d’alló que’l gran Quintiliá ’n deya: affectu, castigatissima forma et omni pulchritudine, ac venustate in rebus singularibus, excellere videtur.

Lo segle barbre, la civilisació rudimentaria é incipient del poble grech, y lo segle urbá, ple de cultura y refinament artística del poble llatí, viuhen bellament retratats en los poemes d’Homer y de Virgili. Los fets dels héroes y semi-deus que Homer cantava en los hexámetres de la Iliada, eran encara d’una frescor recent; tothom á Atenas, á Corintho y á Tebas sabía qui era Cadmo, qui era Peleu, y ensenyavan uns grechs als altres lo lloch ahont Tethis infanta á Aquilles, y ahont Ulisses buydá l’ull de Polyphemo.

En cambi, entre ’ls romans del temps d’ August, ningú creya poch ni molt en Anquises ni Eneas, la faula del semi-deu y l’héroe s’había esfumat ab lo transcurs dels segles; per açó precisament los jochs, los funerals, los ritus dels áugurs, lo devallament al Infern d’ Eneas y altres pintures sublims del poema de Virgili, no tenían ja aquella vida ni aquell interés que la fe d’una societat primitiva y semi-barbre doná á lo sobrenatural y maravellós. L’errada capital de Virgili fou la de pintar en son poema héroes de mil anys enrera troyans y llatins primitius), que li sortiren parlant, pensant y obrant com á romans áulichs y cultíssims de la cort d’Octavi August. Dido, Amata, Lavinia y Juturna, no son dones del temps que Virgili les pinta; son dames romanes que ploran y declaman ab les passions y refinament que s’estilava entre les dames de les families Julia, Cornelia, Popea ó Sabina.

No parlarém de lo molt que Virgili traduhí mot á mot dels poemes d’Homer. Ne tenim fet un estudi, tan pacient com inútil, en nostre llibre inedit: Helenismos de concepto en la epopeya virgiliana. En aquest lloch dech no més dirvos que desde ’l conegut:  

 

Ubi tot Simois correpta sub undis
Scuta virum, galeas que et fortia corpora volvit

que Homer escrigué:

fins á les mes petites descripcions de casseres, de tempestats, de l’es­comesa de dos héroes y de les resolucions dels deus, portem anotats tres cents cinquanta tres  llochs virgilians que son versió tant ad verbum,  d’Homer, com aquest que més amunt he senyalat 

Després de Virgili, ja sabreu que en l’Edat mitjana Homer fou poch estudiat é interpretat. Lo Renaixement fou lo qui ’ns portá ’ls Henrich  Stéfanus, los Budaeus, los Scaliger, los Heyne, Dacier, Ahrens y tants brillantíssims comentaristes y escoliastes, Los que ’ns portaren á Homer á les llengües neo-romanes foren tan nombrosos com benemerits del helenisme y ’l romanisme; Ernesti, Villemain, Hermosilla, y ’l nostre may ben plorat Montserrat y Archs, marcan les fites del procés de la interpretació homérica en les llengues italiana, francesa, caste­llana y catalana. Nos referim a eixos escriptors perque son los que feren lo treball complert, no ab estudis parcials, per altre part molt apreciables, de Gail, Wolf, Montes de Oca, Menéndez y Pelayo, Roure y molts més.

Nostre Homer en catalá es fruyt de molts anys d’entussiasme per los estudis helénichs y de molt pochs de competencia y coneixements. Hem traduint sancera la Iliada d’Homer en catalá, després d’haber fet lo mateix ab lo teatre d’Æschyl, creyent ab aixó fer bon servey á nostres lletres regionals, creyent que tota literatura que posseheix traduhides les obres mestres y capdalts del pensament humá, es ja literatura feta y digna del estudi y consideració universal. Per amor á nostra terra y nostra llengua aixís ho hem fet, treballant en silenci, en una obra de tanta dificultat y de tan poch lluhiment. Vosaltres (bene­merits aymadors de la historia y de les bones lletres), estimareu mon treball que os oferesch ab l’amor del conterrani y l’adhesió ferma del consoci. En un temps en que per fer patria s’ha fet de moda cridar molt, jo os presento mon humil y pobre homenatge de ver amor á la patria, fet y concebut en lo silenci de la reflexió y del estudi.

No he fet un treball derudit ni de poeta genial, que interpreta. No tinch pretensions d’imitar á Virgili interpretant á Teocrit en les Églogas ni á Fra Lluís de León, a Horaci, en lo Beatus ille. He fet feyna d’hel·lenista entussiasta que agafa lo text original, l’hi dona la versió més escayenta y exacta, la enmotlla dintre la caixa de la forma métri­ca, y, ab llealtat d’artista y d’aymador de la veritat, confessa á cada pas, en una nota, la dificultat d’ensopegar una versió exacta ó de donar una idea fidel del pensament del original. L’estudi comparatiu dels ressorts y recursos valiosos d’abdues llengues, lo trobareu fet en les notes que acompanyan ma traducció.

Judiqueula per aquest fragment adjunt que os oferesch avuy del epissodi del llibre ó rapsódia XVI, que tracta de LA MORT DE PATROCLE.

.

.

.

A continuació, el Butlletí publica els versos 751-867 del Cant XVI de la Ilíada, en la traducció de Masriera, text que tenim recollit aquí en les nostres pàgines relatives a traduccions al català de la Ilíada.

.

.

.

.

.

.

Carles Riba i els Himnes homèrics d’en Maragall

.

.

Sóm a principis de 1918. Un jove Carles Riba està traduïnt en vers l’Odissea d’Homer. Anys després en farà, és ben sabut, una nova versió, que superarà de molt la primera.

Riba, en la seva tasca, té un clar referent. L’obra feta pel poeta Maragall en portar a versos catalans els Himnes homèrics. Riba, en fa una anàlisi apassionada en un seguit d’articles publicats a La Veu de Catalunya. A continuació en portem aquí alguns fragments. El text complet el podeu trobar, si voleu, aquí.

Diu Riba:

..

.

.

.

.

.

III

.

De res no és tan avara una poesia, com del timbre dels seus mots. I amb el timbre, el color; i encara allò que Joubert, aquest il·luminat del misteri dels mots, hi sentia: el volum, que els fa alats o flotants, feixucs o esvaïts.

Per reduir-ho a un sol terme: la música —ni més ni menys tal com Verlaine la volia, ans que tota cosa, pel seu vers—. D’anar oblidant que a la música també li cal un pur contorn —altrament allò que de més espiritu­al tenen les coses, s’és dit profundament a Catalunya— el credo verlainià ha degenerat, per no citar més que una sola cosa, fins a les cançons de Maeterlinck.

Música tota pur contorn fou la d’Homer, i àdhuc la dels lírics hel·lènics més apassionats. ¿Caldria preguntar si fou de por que el ressò prostituís el so, que amb prou feines a Grècia es gosà l’harmonia? ¿Si aquest musical res­sò no fou per als grecs, i per a llurs hereus d’arreu i de sempre, un afer pri­vat de la intimitat de cada esperit, que, si no és sota pecat d’impudor, nin­gú no gosaria publicar?

Per això el poeta ha de comptar amb una certa comunitat d’oïda en el seu públic, per poder comptar amb una certa comunió de ressò —llevat d aquell «dins del dins» que ja no compta.

Per això, cada època ha tingut la seva música; la té cada país: hi ha ha­gut una orella grega; hi ha una orella catalana; hi ha, més, una orella cata­lana del dia d’avui.

Per això, repetim, una llengua, una poesia és tan avara dels seus timbres, dels seus colors, dels seus volums, de la seva música, en un mot. Copsareu les molles cadences i els flonjos acords jònics: no allò altre que morí amb Homer i els seus oients. Així els francesos es guarden per a ells sols, per a ells tots sols llur Verlaine: i qui sap si ja se’ls comença d’esmunyir, avui.

Per això, qui voldrà traduir —quin trasbalsament, direu, fer passar la música d’una llengua a una altra llengua. Si no fos trasbalsament no seria traducció. Cal oblidar i fer-se lliure davant d’allò que per no ser esclau mi­llor s’esvairia: i aleshores recrear-ho. Cal deixar que l’esperit s’entengui de dret amb l’esperit.

Així féu En Maragall quan nostra els Himnes Homèrics; els cantà, en música tota pur contorn, per a l’orella catalana nostra.

Ell, que quan pintava, ho feia a masses crues, al fresc… Però, veieu? No es pot parlar, sinó per comparances, d’allò que cada poeta té de més per­sonal, i que ressona dins d allò que cada oient té de més personal. Som a la llinda mateix de l’inefable. Tota aquesta estona que hi estem rodant da­vant. Per entrar-hi, cal callar.

Escoltem, doncs, aquests himnes en silenci.

I després del silenci seguirem parlant.

.

IV

.

La vida dels mots, té molt d’humana. Tenen, sens dubte, una fesomia i tam­bé un seny; tenen una família: avior, germandat i fillada; neixen, poncellen i declinen; viuen, sobretot, cadascun a la seva manera, qui retret, qui voltat d’a­mics, qui plàcidament, qui corrent l’aventura, qui en servitud, qui governant.

Ens són hermètics fins que no hi hem lligat amistat; però aleshores, ca­da vegada que els trobem, mouen dins de nosaltres, com els cercles de l’ai­gua sota el patac d’una pedra, tota una vivor de records, d’associacions, de referències, de desigs. Tot això, tan ràpid, que és inconscient si es vol, però és. I cada nova vegada és rica de les vegades anteriors.

I igual que un mateix amic, essent sempre ell, la seva presència té diver­sa irradiació en cadascun dels seus amics, així cada mot pels homes d’una mateixa llengua. El mot «mar», per exemple, és sentit amb diversa emoció per qui hi és nat davant o pel terrassà, per qui ha navegat o per qui no ha entrat mai per les molles senderes, per qui hi ha festejat a la vora o per qui hi ha tingut negat algú que estimava, per qui sent en la seva raça la salabror incorrupta del mar veí, o per l’incurós de teories mediterrànies.

Veieu, doncs, quins fils tan subtils maneja el poeta, quan ajunta dolça­ment els mots. Cada mot, un món. El diví Edgar Poe, creia que cada mot dit amb passió crea un món en els espais siderals. Cada mot dit amb amor i escoltat amb amor, passa, certament, com una esfera rodolant per la in­finitat de l’esperit.

Cal que el poeta procedeixi dintre un sistema, perquè els camins d’uns mots no destorbin els camins d’altres mots.

Això es diu ordinàriament amb una paraula que fa una justíssima com­parança; cal que guardi un to. Així, dins un poema ben ordenat els mots estan els uns amb els altres en unes certes relacions definides de sonoritat i d’interval, com si diguéssim. El poeta us té presos en el seu corrent sug­geridor; modularà que ni en sentireu trasbals, us estremireu amb tal cro­matisme expressiu, però no perdonaríeu un cromatisme viciós, ja ni es­coltaríeu si teméssiu que pogués desentonar (tanmateix potser no s’és tan exigent en poesia).

Tal com dèiem en parlar de la música dels mots, el poeta no pot fer compte d’allò més personal de cadascun dels seus oients; però ha de conèi­xer, amb una sàvia intuïció, amb una adaptació humil, quins són els tons que suscitaran irradiacions de llum dintre les ànimes a ell atentes.

També és això alguna cosa avara i esvaïdissa, que fuig amb el temps i és retinguda per les fronteres.

El traductor, no pot transportar-ho. Ho ha de recrear.

Per això cada època ha fet la seva versió, d’Homer per exemple, puix que d’Homer parlàvem. Cada època ha volgut que Homer li parlés en el seu to. Però massa s’és oblidat que una versió es deu no solament a l’egoisme de l’època en què es fa, sinó també i més encara ha de ser fidel al seu senyor primer. Massa artificiós fou Pope, massa polida Mme. Dacier.

Per amor d’aquesta fidelitat, més val, si calia, arbitrar l’època.

Caldrà, per acabar, dir encara com fou així la magna conquesta del nos­tre Maragall, en una intuïció —sabem el que diem— miraculosa.

.

V

.

[…] Aquesta intuïció no s’adormissa un moment de cap a cap de l’obra d’En Maragall. No és un llenguatge de llibres, sinó de raça vivent sota un aire blau i damunt un terròs agre.

Parafrasejà Homer en Nausica, el traduí en els Himnes, i Homer continuà essent en català una cosa de raça vivent. I això fou el miracle.

Oblidem els calcs dels hel·lenistes de bona fe que comptaven amb llen­gües dòcils que feien la feina per ells; oblidem les pàl·lides versions conjuminades a còpia de paperetes erudites, i que sempre semblen improvisades en una aula de grec segon; oblidem les versions a la moda de la cort de la reina Anna, o a la moda marinista, o a la moda romàntica; oblidem tants de déus i d’herois, i tants de senzills mariners o serventes o dides, tots fent invariablement «les graves et les fiers».

No s’ha parlat tant dels déus amb forma i passions d’homes vius? Per què hem hagut d’esperar fins que el nostre Maragall fes parlar així a Apol·ló:

—Ah, mentideret! Que n’ets de dolent! Prou estic segur
que més d’una volta ficant-te per dintre els palaus, a la nit,
ben quietament t’ho enduràs tot, deixant an els homes
ni sols un llit per dormir; tal te saps valer!

O bé que Cal·lídica la franca digués a Demèter, del fill tardà de la mare:

……………………… … Si ara tu el criessis
i arribés a ser gran, ten veuries de rica i contemplada
i envejada de totes les dones, d’haver-li sigut dida.

O que el sorrut patró tirreni reptés així:

……………………… —Tu vés de cuidar-te
del vent i les veles i totes les coses de ta obligació:
d’aquest que se’n cuidin aquells que els pertoca.

En comptes de tirreni, no diríeu blanenc, i al costat d’Homer no pen­seu en En Ruyra?

.

*    *    *

.

Un ritme inestroncable, sempre renovant-se de la mateixa substància pròpia, i que com la passa dels déus avença mai las i no petja; una músi­ca que és una crua línia melòdica, lenta i somrient: un to que ens commou fins allò més íntim de les nostres entranyes catalanes: així, doncs, el gran Maragall veié aquests himnes, posthomèrics, diuen, però tan homè­rics encara.

I una segona florida, fou Nausica.

I no ens haurem de plànyer que la freda mort hagués, per ventura, afollat una terça florida magna: la versió perfeta de l’Odissea i de la Ilíada?

.

Carles Riba

.

.

.
.

Carles Riba

Obres completes. II. Assaigs crítics.

Introducció de Giuseppe E. Sansone

Edició a cura de J.Ll. Marfany.

clàssics catalans del segle xx

edicions 62, barcelona, 1967

.

.

.

Jordi Malé

Carles Riba i la traducció

Quaderns, 1

Punctum & Trilcat. Lleida, 2006

ISBN: 9788493480257

.

.

.

.

.

La Circe (Delia) de Cortázar

.

.

.

[…]

A Rolo le habían gustado los licores de Delia, Mario lo supo por unas palabras de Mañara dichas al pasar cuando Delia no estaba: “Ella le hizo muchas bebidas. Pero Rolo tenía miedo por el corazón. El alcohol es malo para el corazón.” Tener un novio tan delicado, Mario comprendía ahora la liberación que asomaba en los gestos, en la manera de tocar el piano de Delia. Estuvo por preguntarle a los Mañara qué le gustaba a Héctor, si también Delia le hacía licores o postres a Héctor. Pensó en los bombones que Delia volvía a ensayar y que se alineaban para secarse en una repisa de la antecocina. Algo le decía a Mario que Delia iba a conseguir cosas maravillosas con los bombones. Después de pedir muchas veces, obtuvo que ella le hiciera probar uno. Ya se iba cuando Delia le trajo una muestra blanca y liviana en un platito de alpaca. Mientras lo saboreaba -algo apenas amargo, con un asomo de menta y nuez moscada mezclándose raramente-, Delia tenía los ojos bajos y el aire modesto. Se negó a aceptar los elogios, no era más que un ensayo y aún estaba lejos de lo que se proponía. Pero a la visita siguiente -también de noche, ya en la sombra de la despedida junto al piano- le permitió probar otro ensayo. Había que cerrar los ojos para adivinar el sabor, y Mario obediente cerró los ojos y adivinó un sabor a mandarina, levísimo, viniendo desde lo más hondo del chocolate. Sus dientes desmenuzaban trocitos crocantes, no alcanzó a sentir su sabor y era sólo la sensación agradable de encontrar un apoyo entre esa pulpa dulce y esquiva.

[…]

.

De:  Circe, de Julio Cortázar
Bestiario

.

.

.

.

El 1963 el director de cinema Manuel Antín está preparant o ja rodant una película sobre el conte “Circe“, de Cortázar. Aquest li envia una “fonocarta” i en ella, entre moltes altres coses, li diu: 

Manuel Antín (Las Palmas, el Chaco, Argentina, 27 de febrer de 1926)

.

[…] ¿Vos sabés que me acuerdo muy bien de que cuando escribí “Circe” , hace como quince años, en ningún momento se me ocurrió ir a releer en La Odisea el episodio de Odiseo y de Circe? Ahora que la cosa es más sutil porque el diálogo me va haciendo pensar en montones de cosas, esta tarde me dio por buscar La Odisea. Aunque en general no creo que haya que acentuar las semejanzas en esta clase de trasposiciones de mitos como en el de un mito muy arcaico como el de “Circe” a un episodio contemporáneo, para que lo anotes y a lo mejor en el curso de tu versión definitiva encuentras dónde colocarlo, te señalo que hay un pasaje bastante sugestivo cuando los compañeros de Odiseo llegan por primera vez al palacio de Circe. Antes de que ella los convierta en cerdos, Homero dice: “Se detuvieron a las puertas de la diosa de hermosos cabellos y escucharon a Circe que cantaba con una hermosa voz en su morada mientras tejía una divina tela, tal como son las labores ligeras, graciosas y espléndidas de los dioses.” A veces la gente capta las analogías muy por debajo, por el subconsciente. Es muy posible que en algún momento te pueda convenir mostrar a Delia tarareando alguna cosa mientras teje algo, un pullover, una cosa así. No tiene absolutamente nada que ver con La Odisea pero es la repetición de una actitud y de una ocupación de la diosa.

[Tararea]

Julio Cortázar

Fonocarta a Manuel Antín

París, 17 de junio de 1963

.

.

Graciela Borges a Circe, de Manuel Antín

.
.

.

.
.
.
.
.
.
.

.

.

.

.

Julio Cortázar

Cartas 1955-1964 (2)

Edición a cargo de Aurora Bernárdez y Carles Álvarez Garriga

Biblioteca Cortázar

Alfaguara. 2012

ISBN: 9789870421405.

.

.

Aquil·les al gineceu (o Aquil·les i la mentida). Aprendre a ser mortal. J. Gomá i M. Yourcenar

.

.

.

Aquil·les descobert per Ulisses i Diomedes.
Rubens i taller de Rubens (en especial Van Dyck)
Museu d’El Prado. Madrid

.
.
.
.

.
.

Quien visite el Museo del Prado podrá contemplar un her­moso y enigmático cuadro de amplio formato resultado de la colaboración de un Rubens maduro y su discípulo Van Dyck, quien en 1618, cuando el cuadro fue pintado, era sólo un ado­lescente en el taller de su maestro. ¿Qué tema escogieron para su colaboración y cómo lo ejecutaron estos dos artistas emi­nentes, cada uno en una etapa distinta del camino de la vida, uno en el apogeo de su capacidad y de su fama, el otro un mu­chacho que ya destaca en su oficio, rebosante de promesas y de incierta emoción? El título del lienzo es Aquiles descubierto por Ulises y muestra a un Aquiles adolescente, de rostro afemi­nado, vestido como una doncella, que, en el centro de la escena, rodeado de mujeres y frente a dos griegos, uno de ellos el astuto Ulises, blande una espada con ademán furioso. ¿Qué hace de aquella guisa, travestido de mujer, en tan insólita compañía, el más grande guerrero de la Antigüedad, el que con razón fue lla­mado el mejor de los griegos, el héroe excelso de la guerra de Troya, cuyas hazañas fueron cantadas por Homero? La cuestión es sobremanera intrigante. Obsérvese además que el mito de Aquiles ha sido un tema poco frecuente en la historia de la pin­tura, y todavía menos las escenas de su época anterior a sus aventuras y lances del ciclo troyano, las de su infancia y juven­tud, de las que Homero prescindió deliberadamente en su epo­peya. Que no fue un hallazgo de la casualidad lo demuestra que el mismo Rubens dedicó a la vida de Aquiles unos años más tarde, entre 1630 y 1635, una serie entera de ocho maravillo­sos tapices. ¿Qué pudo atraer a los dos artistas de un tema se­mejante, tan insólito, tan centrado en un contraste a primera vista pintoresco, exagerado?

Javier Gomá Lanzón (Bilbao, 1965)

El mito cuenta que Tetis, la madre de Aquiles, fue alertada de que éste, aunque, como hijo de diosa, era inmortal, no sólo estaría expuesto a la muerte sino que de hecho moriría si par­ticipaba en la guerra de Troya. Ahora bien, el interés de los grie­gos en que Aquiles se sumara a la armada griega era máximo porque, a su vez, habían sido avisados por el oráculo de que sólo si se aseguraban esa participación del hijo de Tetis obtendrían la victoria militar contra los troyanos. La diosa, indiferente al resultado de la guerra y preocupada tan sólo de la vida de su hijo, ocultó al joven Aquiles donde a nadie se le ocurriría bus­carlo, en el gineceo de la corte de Licomedes en Esciros. Allí, es­condido entre las doncellas como una más de ellas, el futuro héroe pasó los años de su adolescencia meditando sobre su ex­traño destino: una vida corta con gloria o larga sin ella; per­manecer en Esciros para siempre, quizá sin personalidad definida, sin nombre, sin hazañas y sin fama, más bien cuidando de no destacar en nada para no ser descubierto, insolidario con la causa de los griegos, pero con larga vida o aun eterno como un dios; o bien salir del gineceo, ir a Troya, pelear contra los bár­baros asiáticos, contribuir decisivamente a la victoria, descollar entre los demás héroes griegos y merecer gran gloria, pero morir, como un hombre más, y además morir joven, en la primavera de su vida.

Al final, Aquiles decide ir a Troya aun a precio de ser mor­tal. La pregunta es obvia: ¿por qué? En efecto, ¿por qué un hijo de diosa, inmortal como ella, decide renunciar a su rango, ser tan mortal como los demás hombres y compartir con ellos su fatal destino? ¿Qué impulsó a Aquiles a abandonar ese privile­giado lugar, ese Olimpo terrenal, con rumbo a una Troya que será para él un camposanto? La respuesta no es ni mucho menos evidente. Ya en un estudio anterior se formulaba la misma cues­tión, que entonces quedaba provisionalmente pendiente en es­pera de un ensayo futuro, que es el que ahora se presenta. Se decía allí: “¿Por qué Aquiles, el héroe griego, que pasó su adoles­cencia en un gineceo, viviendo la existencia de un dios inmortal, al abrigo de toda necesidad y de todo dolor, decidió en cierto mo­mento ir a la guerra de Troya, sabiendo con toda certeza que allí encontraría la muerte?”.

El cuadro del Prado muestra precisamente el momento de la decisión trascendental de Aquiles, inducida por Ulises. Éste ha llegado a conocer dónde se oculta el joven héroe y, mien­tras la armada griega espera expectante, idea un plan para bur­lar la vigilancia y poder entrar en el gineceo, vestido de mercader. Una vez dentro, las alhajas que extiende sobre una manta atraen la atención de las mujeres que, excitadas, corren a rodearlo, seguidas del hijo de Tetis, momento que el astuto Ulises aprovecha para hacer sonar una trompeta llamándolo a la guerra. Ésa es la escena del cuadro, cuando Aquiles, domi­nado por un ardor bélico irresistible, empuña la espada, des­cubriendo su identidad al mismo tiempo que resolviendo el dilema a favor de una vida breve con gloria, a favor, en suma, de la finitud. Deidamía, la hija del rey y señora del gineceo, que en el cuadro aparece embarazada de Aquiles, comprende al ins­tante que ha perdido a su enamorado para siempre, y por eso es representada pálida y abatida, con la mirada baja y asistida en su desolación por otras damas, sin que el gesto de su mano izquierda, que amaga un intento de retenerlo, sea otra cosa que un reflejo que ella misma sabe inútil.

El mito nos enseña que la mortalidad no es algo connatu­ral al hombre, sino que debe ser objeto de personal apropia­ción. Se podría pensar —todos tenderíamos a hacerlo— que la finitud de nuestra condición nos es dada con nuestro ser, que es consustancial a nuestro vivir y que en consecuencia se ejer­cita sin necesidad de adquirirse. Nada menos cierto. La mor­talidad es el privilegio de las individualidades genuinas y, como tal privilegio, debe ser conquistado con esfuerzo: elegirse a un alto coste y luego aprenderse. No es dato sino empresa, y de hecho no hay otra que pueda comparársela en importancia y rigurosa seriedad. Como, a imagen de Aquiles, nacemos divi­nizados y en la adolescencia hacemos de nuestro yo un gineceo, la tarea de aprender a ser mortal exige la capacidad y las energías de toda una vida; para muchos, incluso la vida en­tera es demasiado breve para aprender la mortalidad. Porque esa larga “novela de formación” que es el paso del hombre sobre la tierra en rigor no termina nunca. Cada año, cada día, incluso cada hora, los hombres reiteramos, conmemoramos y actua­lizamos la decisión esencial de un Aquiles enardecido por el so­nido de la trompeta y alzando la espada, y confirmamos después esa decisión con nuestros esfuerzos por aprender ese difícil arte de ser mortal.

Este libro ensaya la combinación de dos materias que nor­malmente son objeto de investigación independiente: por un lado, el tratado de educación, con la descripción del progreso del pupilo desde un estadio estético-subjetivo hasta la objeti­vidad del estadio ético; y por otro, el análisis ontológico-existencial sobre el ser finito del hombre. Un intento, pues, de conjugar el Emilio de Rousseau con Ser y tiempo de Heidegger. La necesidad de ese trascendental aprendizaje sobre la vida hu­mana en general no plantea primeramente tanto las cuestio­nes psicológicas o sociológicas de la más común pedagogía, como un problema incuestionablemente metafísico, relacio­nado con el ser del hombre: pues si el hombre al final de sus días muere, esa circunstancia no se circunscribe a un acontecimiento último del tiempo biográfico sino que colorea de mortalidad todos los momentos de su devenir sobre la tierra. Y el hom­bre, que dispone de tantas lecciones a mano para instruirse sobre los más diversos ámbitos de la vida, carece con frecuencia de los rudimentos de un aprendizaje metafísico sobre su propio ser fi­nito, siendo así que en él se encuentra su única posibilidad de existencia genuina y auténtica. Igual que Aquiles fue a Troya para ser el héroe celebrado, el glorioso vencedor y merecer la palma de ser llamado “el mejor de los griegos”, así nosotros ha­llamos también en la mortalidad nuestro único destino indi­vidual.

.

Javier Gomá Lanzón
Aquiles en el gineceo

.

.

..

.

.

Marguerite Yourcenar (Brussel·les, Bèlgica, 1903 – Mount Desert Island, EUA, 1987)

On avait éteint toutes les lampes. Les servantes, dans la salle basse, tissaient à l’aveuglette les fils d’une trame inattendue qui devenait celle des Parques ; une inutile broderie pendait des mains d’Achille. La robe noire de Misandre ne se distinguait plus de la robe rouge de Déidamie ; la robe blanche d’Achille était verte sous la lune. Depuis l’arrivée de cette jeune étrangère ou toutes les femmes flairaient un dieu, ma crainte s’était introduite dans l’Île comme une ombre couchée sous les pieds de la beauté. Le jour n’était plus le jour, mais le masque blond posé sur les ténèbres ; les seins des femmes devenaient des cuirasses sur des gorges de soldats. Dés que Thétis avait vu se former dans les yeux de Jupiter le film des combats où succomberait Achille ; elle avait cherché dans toutes les mers du monde une île, un roc, un lit assez étanche pour flotter sur l’avenir. Cette déesse agitée avait rompu les câbles sous-marins qui transmettaient dans l’Île l’ébranlement des batailles, crevé l’œil du phare instruisant les navires, chassé à coup de tempêtes les oiseaux migratoires qui portaient à son fils des messages de frères d’armes. Comme les paysannes mettent des robes de filles à leurs garçons malades pour dépister la Fièvre, elle l’avait revêtu de ses tuniques de déesse qui dérouteraient la Mort. Ce fils infecté de mortalité lui rappelait la seule faute de sa jeunesse divine : elle avait couché prés d’un homme sans prendre la précaution banale de le changer en dieu. On retrouvait en lui les traits de ce père grossier revêtus d’une beauté qu’il ne tenait que d’elle, et qui devait un jour lui rendre plus pénible l’obligation de mourir. Gainé de soie, voilé de gazes empêtré de colliers d’or, Achille s’était faufilé par son ordre dans la tour de jeunes filles ; il venait de sortir du collège des Centaures : fatigué de forêts, il rêvait de chevelures, las de gorges sauvages, il rêvait à des seins. L’abri féminin ou l’enfermait sa mère devenait pour cet embusqué une sublime aventure ; il s’agissait d’entrer, sous la protection d’un corset ou d’une robe, dans ce vaste continent inexploré des Femmes ou l’homme, n’a pénétré jusqu’ici en vainqueur, et à la lueur des incendies de l’amour. Transfuge du camp des mâles, Achille venait risquer ici la chance unique d’être autre chose que soi. Il appartenait pour les esclaves à la race asexuée des maîtres, le père de Déidamie poussait l’aberration jusqu’à aimer en lui la vierge qu’il n’était pas ; les deux cousines seules ses refusaient de croire en cette fille trop pareille à l’image idéale qu’un homme se fait des femmes. Ce garçon ignorant des réalités de l’amour commençait dans le lit de Déidamie l’apprentissage des luttes, des râles, des subterfuges ; son évanouissement sur cette tendre victime servait de substitut à une joie plus terrible qu’il ne savait où prendre, dont il ignorait le nom, et qui n’était que la Mort. L’amour de Déidamie, la jalousie de Misandre refaisaient de lui le dur contraire d’une fille. Les passions ondoyaient dans la tour comme des écharpes tourmentées par la brise : Achille et Déidamie se haïssaient comme ceux qui s’aiment ; Misandre et Achille s’aimaient comme ceux qui se haïssent. Cette ennemie musclée devenait pour Achille l’équivalent d’un frère ; ce rival délicieux attendrissait Misandre comme une espèce de sœur. Chaque onde passant sur l’Ile apportait des messages : des cadavres grecs, poussés en pleine mer par des vents inouïs, étaient autant d’épaves de l’armée naufragée faute de secours d’Achille ; des projecteurs le cherchaient au ciel sous un déguisement d’astre. La gloire, la guerre, vaguement entrevues dans les brumes de l’avenir, lui faisaient l’effet de maîtresses exigeantes dont la possession l’obligerait à trop de crimes : il croyait échapper au fond de cette prison de femmes aux sollicitations de ses victimes futures. Une barque grosse de rois fit halte au pied du phare éteint qui n’était qu’un écueil de plus : Ulysse, Patrocle, Thersite, avertis par une lettre anonyme, avaient annoncé leur visite aux princesses ; Misandre, complaisante tout à coup, aidait Déidamie à fixer des épingles dans la chevelure d’Achille. Ses larges mains tremblaient comme si elle venait de laisser choir un secret. Les portes grandes ouvertes firent entrer la nuit, les rois, le vent, le ciel plein de signes. Thersite soufflait, fatigué par l’escalier de mille marches, frottant entre ses mains ses genoux pointus d’infirme : il avait l’air d’un roi qui par lésine se serait fait son propre bouffon. Patrocle, hésitant devant ce furet caché à l’intérieur des Dames, tendait au hasard ses mains gantées de fer. La tête d’Ulysse faisait penser à une monnaie usée, rognée, rouillée, ou se voyait encore les traits du roi d’Ithaque : la main en auvent sur les yeux, comme au sommet d’un mât, il examinait les princesses adossées au mur comme une triple statue de femme ; et les cheveux courts de Misandre, ses grandes mains, secouant celles des chefs, son aisance, la lui firent prendre d’abord pour la cachette d’un mâle. Les marins de l’escorte déclouaient des caisses, déballaient ; mêlées au miroir, aux bijoux, aux nécessaires d’émail, les armes qu’Achille sans doute allait se hâter de brandir. Mais les casques maniés pas les six mains fardées rappelaient ceux dont se servent les coiffeurs ; les ceinturons amollis se changeaient en ceintures ; dans les bras de Déidamie, un bouclier rond avait l’air d’un berceau. Comme si le déguisement était un mauvais sort auquel rien n’échappait dans l’Île, l’or devenait du vermeil, les marins des travestis, et les deux rois des colporteurs. Patrocle seul résistait au charme, le rompait comme une épée nue. Un cri d’admiration de Déidamie le désigna à l’attention d’Achille qui bondit vers cette vivante épée, prit entre ses mains la dure tête ciselée comme le pommeau d’un glaive, sans s’apercevoir que ses voiles, ses bracelets, ses bagues faisaient de son geste un transport d’amoureuse. La loyauté, l’amitié, l’héroïsme cessaient d’être des mots servant aux hypocrites à travestir leurs âmes : la loyauté, c’était ces yeux demeurés limpides devants cet amas de mensonges ; l’amitié serait leurs cœurs ; la gloire leur double avenir. Patrocle rougissant repoussa cette étreinte de femme : Achille recula, laissa pendre ses bras, versa des larmes qui ne faisaient que parfaire son déguisement de jeune fille, mais donnaient à Déidamie une raison nouvelle de préférer Patrocle. Des œillades, des sourires interceptés comme une correspondance amoureuse, le trouble du jeune enseigne à demi naufragé sous cette houle de dentelles changèrent le désarroi d’Achille en jalousie furieuse. Ce garçon vêtu de bronze éclipsait les images nocturnes que Déidamie conservait d’Achille, autant qu’un uniforme primait à ses yeux de femme le pâle éclat d’un corps nu. Achille se saisit maladroitement d’un glaive qu’il lâcha sur-le-champ, se servit pour serrer le cou de Déidamie de ses mains de fille envieuse du succès d’une compagne. Les yeux de la femme étranglée jaillirent comme deux longues larmes ; des esclaves intervinrent ; les portes se refermant avec un bruit de milliers de soupirs étouffèrent les dernies hoquets de Déidamie : les rois déconcertés se retrouvèrent de l’autre côté du seuil. La chambre des Dames s’emplit d’une obscurité suffocante, interne, qui n’avait rien à voir avec la nuit. Achille agenouillé écoutait la vie de Déidamie s’échapper de sa gorge comme l’eau du goulot trop étroit d’un vase. Il se sentait plus séparé que jamais de cette femme qu’il avait essayé, non seulement de posséder, mais d’être : devenue de moins en moins proche à mesure qu’il resserrait son étreinte, l’énigme d’être une morte s’était ajoutée chezelle au mystère d’être une femme. Il palpait avec horreur ses seins, ses flancs, ses cheveux nus. Il se leva, tâtant les murs où ne s’ouvrait plus aucune issue, honteux de n’avoir pas reconnu dans les rois les secrets émissaires de son propre courage, sûr d’avoir laissé fuir sa seule chance d’être un dieu. Les astres, la vengeance de Misandre, l’indignation du père de Déidamie s’unirait pour le maintenir enfermé dans ce palais sans façade sur la gloire : ses mille pas autour de ce cadavre composeraient désormais l’immobilité d’Achille. Des mains presque aussi froides que celles de Déidamie se posèrent sur son épaule : stupéfait, il entendit Misandre lui proposer de fuir avant que n’éclatât sur lui la colère de ce père tout-puissant. Il confia son poignet à la main de cette fatale amie, régla son pas sur celui de cette fille à l’aise dans les ténèbres sans savoir si Misandre obéissait à une rancune ou à une gratitude sombre, s’il avait pour guide une femme qui se vengeait ou une femme qu’il avait vengée. Des battants cédaient, puis se refermaient : les dalles usées s’abaissaient doucement sous leurs pieds comme le creux mou d’une vague ; Achille et Misandre continuaient de plus en plus vite leur descente en spirale, comme si leur vertige était une pesanteur. Misandre comptait les marches, égrenait à haute voix une sorte de chapelet de pierre. Une porte enfin s’ouvrit sur les falaises, les digues, les escaliers du phare : l’air salé comme le sang et les larmes jaillit à la face de l’étrange couple étourdi par cette marée de fraîcheur. Avec un rire dur, Misandre arrêta le bel être ramassant ses jupes, déjà prêt à bondir, lui tendit un miroir ou l’aube lui permettait de trouver son visage, comme si elle n’avait consenti à le mener au jour libre que pour lui infliger, dans un reflet plus effrayant que le vide, la preuve blême et fardée de sa non-existence de dieu. Mais sa pâleur de marbre, ses cheveux ondoyant comme la crinière d’un casque, son fard mêlé de pleurs collant à ses joues comme le sang d’un blessé rassemblaient au contraire dans ce cadre étroit tous les futurs aspects d’Achille, comme si ce mince morceau de glace avait emprisonné l’avenir. Le bel être solaire arracha sa ceinture, défit son écharpe, voulut se débarrasser de ses mousselines asphyxiantes, mais craignit de s’exposer davantage au feu des sentinelles, s’il avait l’imprudence de se laisser voir nu. Un instant, la plus dure de ces deux femmes divines se pencha sur le monde, hésitant si elle ne prendrait pas sur ses propres épaules le poids du sort d’Achille, de Troie en flammes, et de Patrocle vengé, puisque aussi bien le plus perspicace des dieux ou des bouchers n’aurait pu distinguer ce cœur d’homme de son cœur. Prisonnière de ses seins, Misandre écarta les deux battants qui gémirent à sa place, poussa du coude Achille vers tout ce qu’elle ne serait pas. La porte se referma sur l’ensevelie vivante ; lâché comme un aigle, Achille courut le long des rampes, dégringola des marches, dévala des remparts, sauta des précipices, roula comme une grenade, fila comme une flèche, vola comme une Victoire. Les points du roc déchiraient ses vêtements sans mordre sa chair invulnérable : l’être agile s’arrêta, dénoua ses sandales, offrit à ses plantes nues une chance d’être blessées. L’escadre levait l’ancre : des appels de sirènes se croisaient sur la mer ; le sable agité par le vent enregistrait à peine les pieds légers d’Achille. Une chaîne tendue par le ressac amarrait au môle la barque déjà toute trépidante de machines et de départ : Achille s’engagea sur ce câble des Parques, les bras grands ouverts, soutenu par les ailes de ses écharpes flottantes, protégé comme par un blanc nuage par les mouettes de sa Mère marine. Un bond hissa sur l’arrière du vaisseau de haut bord cette fille échevelée en qui naissait un Dieu. Les matelots s’agenouillèrent, s’exclamèrent, saluèrent de jurons émerveillés l’arrivée de la Victoire, Patrocle tendit les bras, crut reconnaître Déidamie ; Ulysse secoua la tête ; Thersite éclata de rire. Personne ne se doutait que cette déesse n’était pas femme.

.

Marguerite Yourcenar
Feux

.

.

.

Javier Gomá Lanzón

Aquiles en el gineceo

colección textos y pretextos, 869

Pre-textos. València, 2007

ISBN: 9788481918137

.

.

.

Marguerite Yourcenar

Feux

L’imaginaire Gallimard, 294

Gallimard, 2010

ISBN: 9782070733125

.

.

.

.

.

 

Edmund Spenser. Penelope for her Ulisses sake …

.

.

.

Amoretti XXIII

Penelope for her Ulisses sake

.

Penelope for her Ulisses sake,
……….Deviz’d a Web her wooers to deceave:
……….In which the worke that she all day did make
……….The same at night she did again unreave:
.
Such subtile craft my Damzell doth conceave,
……….Th’ importune suit of my desire to shnone:
……….For all that I in many dayes doo weave,
……….In one short houre I find by her undonne.
.
So when I thinke to end that I begonne,
……….I must begin and never bring to end:
……….For with one looke she spils that long I sponne,
……….And with one word my whole years work doth rend.
.
Such labour like the Spyders web I fynd,
……….Whose fruitless worke is broken with least wynd.
.
.
Edmund Spenser
.
.
..
..
.
Not so great wonder and astonishment,
did the most chast Penelope possesse, 
To see her Lord, that was reported drent,
And dead long since in dolorous distresse,
Come home to her in piteous wretchednesse,
After long trauell of full twenty yeares,
That she knew not his fauours likelynesse,
For many scarres and many hoary hears,
But stood long staring on him, mongst vncertaine feares.
.
.
Edmund Spenser
.
.
.
.
.
.
.

Edmund Spenser (Londres, c. 1552 – Londres, 13 gener 1599)

.

.
.
.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

Edmund Spenser’s Amoretti and Epithalamion
a critical edition
Kenneth J. Larsen.

Alfons el Magnànim vol llegir la Ilíada amb l’ajuda de Lorenzo Valla

.

.

.

.

.

Escultura d’Alfons el Magnànim
Palau Reial. Nàpols.

El dia 1 de març de 1441, Alfons el Magnànim s’està a Càpua i escriu, per la mà del seu escrivent Joan Olzina, una carta a Ludovico Sachano, Mestre racional de Messina, demanant-li un diccionari grec —liber de vocabulis grecis— que aquest darrer té al seu abast, i del que n’ha menester a fi de que el seu secretari Lorenzo Valla pugui completar —non tam ad pergendum maturandumque quam ad elimandum et expoliendum opus— la interpretació, la traducció, dels primers deu llibres de la Ilíada que, per ordre del rei, ha dut a terme. El rei li conta al mestre racional que és tant el que citen els escriptors, com a autoritat, a Homer, com el poeta conegut més antic i tantes les alabances que hom n’ha fet, així com que tantes vegades ha estat citada la guerra de Troia, que li ha entrat el desig d’escoltar, de boca d’Homer, la narració de la tan famosa guerra. A tal fi ha encarregat al seu secretari, Valla, la traducció de l’obra.

.

.

Rex Aragonum, etc.

Cum sepenumero apud omnes fere scriptores inveniamus Homerum poetam in testimonium, in auctoritatem, in ornamentum assumi, eundem tantopere in omni sapientie genere laudari, eundem antiquissimum non modo poetarum verum eciam scriptorum esse, eundem denique magnum illud et diuturnum bellum trojanum describere, cupido nobis incessit hunc tantum poetam cognoscendi et ab eo audiendi trojanum bellum, quod apud latinos etsi vulgatissimum tamen nulli pene est notum. Itaque Laurencio Vallensi uni de Secretaris nostris, viro ad hanc rem in primis ydoneo negocium dedimus ut hunc auctorem et hoc opus quod Ilias dicitur nobis e grego transferret. Is decem libros transtulit, quos eum vidimus vehemencius ad amorem reverenciamque auctoris sumus incensi; quo magis interpretem ipsum ut pergeret ac maturaret jussimus. Ceterum hic ait unam sibi rem esse impedimento, non tam ad pergendum maturandumque quam ad elimandum et expoliendum opus, quod caret libro de vocabulis grecis. Audisse autem illud penes te esse. Itemque penes abbatem Sancte Trinitate Messane. Quare abs te nostro jure pro tua in nostram majestatem fide, benivolencia, pietate poscimus ac petimus ut si opus illud penes te est ad nos mittas et mittas quam primum: sin penes te non est nostris verbis agas cum abbate ut nobis hac in re obsequatur gratumque faciat; ffecerit enim nobis rem gratissimam si ut speramus en uo quod petimus obsequetur. Tu vero vet tuum codicem mittendo, vel alienum mitti curando, certum habemus te ut soles industrium prebebis. Remittemus autem comodatum codicem et diligenter et cito, volumus namque illum breve ad tempus pro Lauretio nostro immo pro nobis, ut ait Plautus, usurarium. Datum in nostra fidelissima civitate Capue, primo die mensis Marci IV indicionis. Rex Alfonsus.

Dominis Rex mandavit mihi Johanni Olzina.

.

Font: Juan Ruiz Calonja. Alfonso el Magnánimo y la traducción de la Ilíada por Lorenzo Valla

.

.

.

HOMERI.POETARVM.SVPREMI.ILIAS.PER.LAURENTIUM.VALLENSEM.IN.LATINVM.SERMONEM.TRADUCTA.FELIC.INCIP.

Manuscrit conservat a la Biblioteca de la Universitat de València.

SCRIPTVRVS EGO quantam exercitibus Graiis cladem exercitauerit Achillis furens indignatio : ita ut passim aues feraeq; cadaueribus heroum ac principum pascerentur : te Calliopa, vosq; alie sorores Sacer musarum chorus : quarum hoc munus  est proprium : et que vatibus præsidetis inuoco oroq; ut hæc me edoceatis : quae mox docere ipse alios possim. Primum quaenam origo indignationis ac materia fuit. Nempre Achillis controuersia cum summo Graecorum principe Agamemnone. Deinde quis inter hos Deus controuersiam excitauit. Apollo Iouis & Latonæ filius. Postremo quis Graios ipsos eò calamitatis ob hanc indignationem deuenire pemisit. Iouis deorum summi uoluntas atque consilium. Hæc igitur quomodo gesta sunt exequamur. Controuersia autem inter Agamenomnem atque Achillem hinc originem sumpsit. Apolline prebente materiam. Erat eusdem dei Sacerdos quidam ex Chrysa insula : & ipse Chryses nomine, unicæ iam adultæ pater : quam et patriæ et patris nomine Chryseidam appelauit. Hanc Graeci cum Thebas euerterent : finitimaq; loca diriperent captam ut summo Rege dignam : uel dono : uel in suam portionem optulerunt. Vbi autem ad […]

Font: Biblioteca de la Universitat de València

..

.

.

.

.

Portada de l’edició de la Ilíada de Valla per Sébastien Gryphe, el 1541, a Lió.
És la darrera edició impresa de la traducció de Valla, que va quedar en desús a causa de la popularitat de la traducció llatina d’Andreas Divus.

.

.

.

.

.
.

Lorenzo Valla (Roma, 1405 o 1407 – Roma, 1 d’agost de 1457)

Nascut a Roma el 1407 (per bé que el seu pare, l’advocat Luca delia Valle, i la seva mare eren originaris de Piacenza), Valla va rebre la seva primera educació a Roma i a Màntua, a la famosa escola de Vittorino da Feltre, i a Florència, ciutat en la qual va aprendre grec amb Giovanni Aurispa i Rinuccio da Castiglione. Un cop acabats els estudis, el 1431, Valla va esdevenir prelat i, després d’haver intentat inútilment d’obtenir un càr­rec a la cancelleria pontifícia, va marxar primer a Venè­cia i posteriorment a Piacenza, on va impartir docència privada, i a Pavia. En aquesta darrera ciutat, on va ro­mandre fins al 1433, a més d’ocupar la càtedra de retòri­ca, Valla va redactar els tres diàlegs del De uoluptate (El plaer), obra posteriorment titulada De uero falsoque bono (Sobre el bé vertader i fals). Estructurat al voltant d’una discussió imaginària mantinguda a Roma entre Leonardo Bruni, Antonio Beccadelli (dit el Panormita) i Niccolò Niccoli, el tractat no és, com hom ha pensat tradicio­nalment, una defensa irreligiosa de l’hedonisme i de la filosofia epicúria. Ans al contrari, el De uoluptate pro­pugna la possibilitat de conciliar el cristianisme amb el pensament d’Epicur, per al qual tota la vida de l’home està enfocada al plaer, entès com un càlcul dels avantat­ges i els desavantatges consegüents a cada acció. Precisament, al final del seu text, Valla sosté que el suprem plaer per a l’home i la seva autèntica felicitat depenen de la gràcia divina..

Malgrat el to «profundament cristià, fins i tot evan­gèlic» del De uoluptate,algunes de les tesis defensades en el llibre van provocar censures per part de les autori­tats eclesiàstiques i van determinar que Valla hagués d’a­bandonar Pavia el 1435. Aleshores va entrar com a se­cretari reial al servei d’Alfons el Magnànim, amb el qual va romandre dotze anys. Fet presoner, juntament amb el monarca, a la batalla de Ponza del 5 d’agost d’aquell ma­teix any i retingut durant uns quants mesos a Milà, va se­guir el rei per tot Itàlia fins que el Magnànim va entrar a Nàpols el 1442. Tres anys abans, Valla havia redactat el tractat De libero arbitrio (Sobre el lliure arbitri), en el qual atacava la filosofia escolàstica i tomista. […]
.
Durant la primavera del 1440, en ple pontificat d’Eu­geni IV, Valla va escriure la seva oratio sobre la falsedat de la donació de Constantí. […]
.
[…]  l’obra més important de Valla [són] els sis llibres de les Elegantiae linguae latinae, […]. L’obra constitueix una anàlisi essencial de la llengua llatina, d’acord amb una rígida definició de l’usus loquendi de la llatinitat àuria, especialment de Ciceró i Quintilià. Segons confessa el mateix Valla en el pròleg, la finalitat del seu treball és alliberar la llengua llatina de qualsevol forma d’impuresa i de barbàrie, i restaurar un (vertader) llatí viu.  Abans i després de l’editio prínceps del 1471, l’obra de Valla va circular, en manuscrits o en edi­cions impreses, a bastament per tot Europa, i ben aviat va esdevenir un text canònic en les aules universitàries. A tall d’exemple, el pla d’estudis de la Universitat de Barcelona del 1532 establia l’estudi d’un poeta o histo­riador per a les hores de gramàtica i retòrica, combinat amb la lectura de les Elegantiae val·lianes.
.
[…]  A partir del 1445 Valla va dedicar bona part del seu temps a la composició dels tres llibres de la Història de Ferran, rei d’Aragó, sotmesos en anys successius a nom­broses reelaboracions.  […]
.
Alejandro Coroleu
Introducció a l’edició catalana de 
La falsa i inventada donació de Constantí
.
.
.
.
.
Homer
Laurentius Valla
Homeri, Poetarum Omnim Principis, Ilias (1541)
Kessinger Legacy Reprints
Kessinger Publishing
ISBN: 9781166258283
.
.
.
.
.
.
Lorenzo Valla
La falsa i inventada donació de Constantí
Introducció i traducció d’Alejandro Coroleu
Col. aetas, 14
adesiara editorial. Martorell, març de 2012
ISBN: 9788492405473
.
.
.
.
.
.
..
Lorenzo Valla
Historia de Fernando de Aragón
Edición de Santiago López Moreda
Clásicos latinos, medievales y renacentistas, 14
Akal ediciones Madrid, 2012
ISBN: 9788446013099
.
.
.
.
.
.
.
Virginia Bonmatí Sánchez
L. Valla: Apólogo contra Poggio Bracciolini (1452)
Poggio Bracciolini: Quinta invectiva contra Lorenzo Valla (1453)
Estudio y edición crítica con traducción
Ediciones griegas y latinas, 4
Universidad de León
León, 2006
ISBN: 8497732596
.
.
.
.