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Una història decimonònica de Grècia, traduïda per Joan Cortada i Sala

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El 1840 es publicava a París l’obra Histoires de Grèce et d’Italie, depuis les temps plus reculés jusqu’en 1840, obra d’Agustin Amédée Duponchel (“Médecin de l’École Polytechnique, ex-médecin en chef des troupes françaises en Grèce et en Italie, membre de plusieurs Sociétés savantes, Chevalier de la Légion d’Honneur, de l’Ordre Grec du Sauveurs, etc., etc.”). Constituïa el volum cinquè de l’obra “Le Monde. Histoire de tous les peuples”, sota la direcció d’A. Houzé.

Aquesta obra col·lectiva, fou traduïda al castellà, a Barcelona, per Joan Cortada i Sala.

“Després de dimitir del càrrec d’agent fiscal del crim de l’Audiència de Barcelona (setembre de 1840) va abandonar el conreu de la novel·la històrica i es va concentrar en un projecte editorial d’envergadura: la traducció d’El Mundo. Historia de todos los pueblos, dirigida per A. Houzé, que competia a les llibreries catalanes amb el Panorama Universal, editat per A. Bergnes de las Casas. Segons Vidal i Valenciano, Cortada era el director del projecte, que incloïa nou títols en disset volums, l’editor del qual era A. Brusi i la traducció es realitzava del francés. El primer estava dedicat a Historia de la tierra Santa, i va aparèixer el 1840; el segon tractava de França, i sortí entre 1840 i 1841. Cortada en redactà expressament els volums dedicats a Espanya i Portugal, que van aparèixer entre 1841 i 1844. Els altres títols van aparèixer entre 1844 i 1845.”

Albert Ghanime
Joan Cortada: Catalunya i els catalans al segle XIX

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Uns anys abans, Joan Cortada havia participat en la confecció d’un Diccionari català-castellà-llatí-francès-italià, compost per una «Societat de catalans», la qual se sap que estava formada per Antoni Matamala, Ferran Patxot, Joan Cortada i Lluís Bordas. El Pròleg d’aquest diccionari comença amb un lament:

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Vergònyos y lamentable es per cert l’olvid en que jau de tèmps immemorial la llèngua catalana, la hermòsa llèngua en que foren escrites las sapientíssimas Constituciòns de Catalunya, que son la admiració del univers, y en que concebiren y expressaren sos gallards é ingeniòsos pensamènts lo facundíssim Ausias March, y lo inimitable Dr. García. ¿Quí, al véurer la falta de Diccionaris de aquesta llèngua no creuria que èlla, lluny de ser sensilla, clara, concisa, precisa, exacta, enérgica, numerosa y flúida, es una gerga de una provincia bárbara, destituida de lleys y de lletras, indigna de alternar, é incapas de competir ab los pobles mès civilisads de Euròpa?

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Tornant a l’obra El Mundo. Historia de todos los pueblos, el volum relatiu a les Historias de Grecia é Italia, desde los tiempos más remotos hasta 1840, de Duponchel, traducció del llibre al que ens hem referit al principi, aparegué el 1844, en traducció, com hem dit, de Joan Cortada.

En reproduïm a continuació el relat que fa de la guerra de Troia, conjuntament amb les tres planxes de gravats relatius a la Grècia antiga.  Com a curiositat, es pot observar que, al mencionar la còlera i la retirada d’Aquil·les, Cortada (o el tipògraf…) s’equivoca i substitueix Aquil·les per Ulisses. Aixi, on Duponchel diu “…la colère et la retraite d’Achille, exaltèrent le courage des Troyens…”, en el text de Cortada hi posa: “…la cólera y marcha de Ulises exaltaron el valor de los troyanos…”:

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Joan Cortada i Sala (Barcelona, 1805 – Sant Gervasi de Cassoles, 1868)

Gobernaba en Lacedemonia Tyndaro, cuya esposa Leda seduci­da por Júpiter transformado en cisne tuvo cuatro hijos, á saber, Castor, Polux, Helena y Clytemnestra. Helena era tan estraordinariamente hermosa que Teseo la robó cuando apenas era nubil y tuvo de ella una hija llamada Ifigenia; pero descubierto por los hermanos el lugar en que el raptor la tenia oculta la restituyeron á la casa de su padre. Sus gracias crecian con los años, y como todos los príncipes griegos aspiraban á casarse con ella, de común acuerdo convinieron en dejarle la elección y juraron defender los derechos de aquel á quien ella escogería. Helena concedió su ma­no á Menelao, quien vino á partir con ella el trono de Esparta, vacante por muerte de Castor y de Polux. Nada turbó durante al­gún tiempo la unión de estos dos esposos; mas habiendo ido á la corte de Menelao Páris hijo de Príamo rey de los troyanos, le robó la muger y los tesoros pagando asi con una perfidia atroz la hospitalidad mas generosa. Tal vez este rapto no fue mas que la represalia de un ultrage semejante cometido por Hércules ó por algún otro héroe griego; mas como quiera esta ofensa conmovió á toda la Grecia como antes la habia conmovido la injuria hecha á Polynice, y los príncipes griegos comprometidos con juramento á defender los derechos de Menelao tomaron las armas y la guer­ra de Troya quedó decidida. A este justo deseo de venganza se unió la antigua animosidad entre los troyanos de raza pelásgica que habitaban el Asia y los griegos de raza helénica que vivían en Europa.

Cincuenta y siete estados de la Haemonia, de la Grecia cen­tral , del Peloponeso, de las islas de Grecia, de Creta, de Rodas, y de algunas del Asia menor, tomaron parte en aque­lla empresa nacional. Agamenón rey de Mycenas fue decorado con el título de rey de los reyes, y elegido gefe del ejercito grie­go, no solo porque era hermano del príncipe ofendido sino por­que tenia mas poder que cualquier otro soberano de la Grecia. Entre los héroes que militaban á sus ordenes son dignos de men­tarse Aquiles, brillante héroe de la Ilíada, Diomedes hijo de Tydeo, Stelenus hijo de Capaneo, el sabio Néstor rey de Pylos, Podalyro y Machaon hijos de Esculapio que al valor de guerreros reunían la ciencia de su padre, Mnestheo usurpador del trono de Atenas, Ayax hijo de Oileo y rey de los locrios, Epeus hábil constructor del caballo de Troya, Philoctetes amigo de Hércules, el prudente Ulises, Palamedes inventor del ajedrez, Ayax hijo de Telamón príncipe de Salamina, y su hermano Teucer, Idomeneo iey de Creta, y Nerco que después de Aquiles era el mas hermo­so entre todos los griegos. La escuadra compuesta de mil ciento ochenta y seis buques y montada por mas de cien mil guerreros, se reunió en el puerto de Aulis en donde los vientos contrarios la detuvieron durante mucho tiempo, mas al fin se hizo á la vela después de haber sacrificado según algunas tradiciones á Ifigenia hija de Agamenón y de Clytemnestra, ó bien de Teseo y de Helena. Como los preparativos de los griegos duraron muchos años, los troyanos tuvieron tiempo para prepararse á una obstinada de­fensa, para la cual les sirvió grandemente el ausilio de algunas naciones vecinas. Los mas celebres guerreros del ejército troyano fueron Héctor, Heleno, famoso adivino, y Deifobo, hijos los tres de Príamo, Eneas hijo de Anquises y de Venus, Sarpedon rey de Lycia, y Memnon hijo de la Aurora. Nueve años duraron con muy varia fortuna las hostilidades, mas en el décimo la peste que asoló el campo de los griegos y la cólera y marcha de Ulises exaltaron el valor de los troyanos vaticinándoles al parecer el triunfo cuan­do la muerte de Patroclo restituyó al hijo de Peleo al ejército de los griegos. Cayó Héctor y con él cayó Troya en el año 1270 antes de J. C, y Príamo muerto con su familia al pie de los alta­res, y Polixena degollada por Neoptolemo sobre la tumba de su padre, y Hécuba, y Casandra y Andrómaca y el hijo de Héctor reducidos á servidumbre espiaron cruelmente el delito del pérfido Páris. Eneas seguido de algunos fugitivos ganó las costas de Italia, y desembarcando en las márgenes del Tiber echó la base de un reino que fue la cuna del poder romano, mientras otros troyanos escapados de la ruina de su patria fundaron en Sicilia la ciudad de Segesto.

Los griegos aunque vencedores compraron el triunfo caro. En efecto sus mejores guerreros sucumbieron durante la guerra, otros como Mnestheo rey de los atenienses murieron al volver á su patria; algunos, entre ellos Ulises, arrojados por las tempestades á paises bárbaros y desconocidos retornaron á su tierra después de mil fatigas y peligros; el mayor numero encontraron sus tronos y sus tálamos ocupados por usurpadores á cuyas manos perecieron cual le aconteció á Agamenón, ó les fue preciso buscar una nueva pa­tria bajo un cielo estrangero.

Si la guerra de Troya tuvo un resultado funesto para los prín­cipes que en ella tomaron parte ejerció un influjo muy saludable en la Grecia, pues desarrolló en ella el espíritu nacional que á pe­sar de las disensiones y de las guerras casi continuas no se estinguió nunca. Desde aquel sitio memorable los helenos se conside­raron como partes de un solo pueblo, y en los grandes peligros se reunieron siempre para hacer frente al común enemigo.

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Historias de Grecia é Italia

desde los tiempos más remotos hasta 1840

A.A. Duponchel

Traducidas por Juan Cortada

Imprenta de A. Brusi. Barcelona, 1844

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Diccionari

catalá-castellá-llatí-frances-italiá

per una Societat de catalans

Barcelona

En la imprèmpta de Joseph Torner, 1839

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