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Archive for Juny de 2013

L’Ulisses (…i la Penèlope!!) de Marin Sorescu

Marin Sorescu Antologia

Marin_Sorescu

Marin Sorescu
(n. 29 februarie 1936, Bulzești, județul Dolj – d. 8 decembrie 1996, București)

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ULISSES
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Quan penso el que m’espera també a casa,
aquells desgraciats de pretendents,
borratxos perduts, embrutint les meves armadures penjades,
jugant a dames tot el sant dia
fins que se’ls estoven i barregen músculs i daus,
que ja no són bons ni per maridar-se
encara que s’esposessin amb una vella
i menys amb Penèlope.
(Deu haver envellit de debò?)
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I aquella dona, d’altra banda queixosa,
que teixeix i teixeix de nervis,
de bruixa que és, mira que embolicar tots els fils del món!
Com si la veiés esbroncar-me només d’arribar:
—I ara on t’havies ficat!
—Vaig fer la guerra de Troia, no siguis harpia.
—Però Agamèmnon, el de la Clitemnestra,
com és que va poder acabar abans, que fins i tot està criant malves?,
no vau fer tots la mateixa guerra?
—Vaig errar durant deu anys  pels mars, ja que Neptú…
—Deixa estar Neptú, si us plau, i digues clar
amb qui?
I fins ara?
Just fins ara?
I quins mars eren?
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Uf, i si em faig una caseta
aquí sobre les ones
o em munto una tenda en aquest raconet
apartat
entre Escil·la i Caribdis?
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Marin Sorescu
I l’aire
Traducció de Corina Oproae i Xavier Montoliu Pauli

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ULISE

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Când mă gândesc ce mă aşteaptă şi acasă,
Porcii aceia de peţitori,
Beţi chiori, slinoşi pe armurile din cuier
Jucând toată ziua table
Până li se înmoaie şi muşchii şi zarurile,
de-a valma,
Că numai de însurătoare nu mai sunt buni
Chiar de-ar cere în căsătorie o babă
Mai ceva decât Penelopa
(O fi îmbătrânit, într-adevăr şi ea?)

Şi femeia aceea, plângăreaţă, pe de altă parte,
Care ţese-n neştire, de nervi,
De zgripţuroaică ce este, să încurce ea toate
firele de pe lume!
Parcă văd că mă ia de la poartă-n primire:
– Unde-ai putut să fii până acum?
– Am făcut războiul Troii, nu fii scorpie…
– Bine, bine, dar Agamemnon al Clitemnestrei
Cum de-a scăpat mai devreme, că a şi putrezit
până acuma,
N-aţi avut toţi acelaşi război?
– Am rătăcit zece ani pe mare, întrucât Neptun…
– Fără Neptun, te rog, spune clar
Cu cine?
Şi chiar până acum?
Chiar până acum?
Ce mare-a fost aia?

Of, să-mi fac o căsuţă
Aici pe valuri,
Să-mi ridic un cort în colţişorul ăsta
Mai ferit
Între Scyla şi Caribda.

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Marin Sorescu

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Marin Sorescu AntologiaMarin Sorescu

Per entre els dies. Antologia poètica

Traducció de Corina Oproae i Xavier Montoliu Pauli

L’obriülls, 7
Lleonard Muntaner, Editor
Palma (Mallorca), febrer de 2013
ISBN: 978841592495

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Cees Noteboom escriu a Posidó i Kafka observa com fa càlculs al seu escriptori

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Ovidio, Homero, todos hablan de ti. Te colaste en los gran­des relatos, aunque en el mundo real fueras invisible. Habrá voces que sostengan que eso fue precisamente el motivo de tu ocaso. A Ulises le hiciste la vida imposible durante su viaje a ítaca; junto con Atenea, apoyaste a Aquiles cuando se enfrentó a Apolo en las orillas del furioso río Escamandro. Ahora bien, ¿hasta qué punto amaste a los griegos de los siglos posteriores que continuaron adorándote pero que ya no protagonizaban ninguna obra maestra? ¿Dónde estabas en el año 338, cuando Filipo II de Macedonia venció a los atenienses y tebanos en Queronea anunciando así el fin de la antigua civilización grie­ga? ¿Es propio de los dioses manifestarse exclusivamente en for­mas de ficción y, a la hora de la verdad, dejarnos en la estacada? ¿Tantas oraciones y sacrificios para nada? Queronea, ciudad de Beocia, ahí deberías haber estado. La batalla se describe en la historia universal de Polibio, una historia que podría figurar en cualquier periódico de hoy. Movimientos de tropas, legacías, alianzas, traición, enfrentamientos… Siempre ha sido así, nada ha cambiado: Siria, Egipto, Libia. La historia de Polibio es de una gran actualidad, pues en nuestros días tampoco existe nin­gún dios que se preocupe de los mortales. Demóstenes acusó a los arcadios de haber traicionado Grecia por luchar en el bando de Filipo de Macedonia. ¿Hasta cuándo persiste la traición y su memoria? Han transcurrido casi dos mil años y la infortunada Grecia actual se opone a que la Macedonia independiente de hoy lleve el nombre de entonces, puesto que todavía posee una parte de su territorio. Polibio se pronuncia claramente sobre la acusación de Demóstenes: «Al traer a Filipo al Peloponeso y humillar a los lacedemonios (espartanos), lograron que los habitantes del Peloponeso respiraran de nuevo y volvieran a sentir lo que es la libertad». El dolor de la grandeza perdida no se manifestará hasta más tarde, en Kavafis, quien, en un juego de espejos de anacronismos, presagió la llegada de los bárbaros y la decadencia del helenismo, un futuro disfrazado de pasado. Tú no quisiste detener esa decadencia. Tal vez porque ya no se trataba de un mito, sino de la realidad, de la historia, de hechos. Quien ostenta el poder impone a sus dioses, quien pierde el poder, los abandona. Visto desde esta perspectiva, los templos consagrados a ti que se han conservado son la prueba de tu im­potencia. Vainas vacías de mármol por las que penetra el viento. Solo en la ficción fuiste capaz de sobrevivir, y yo me pregunto: ¿qué dios se impondrá cuando lleguen los bárbaros?

Cees Noteboom

Cees Nooteboom (La Haia, Països Baixos, 1933)

Cees Nooteboom
(La Haia, Països Baixos, 1933)

Poseidón XII

Cartas a Poseidón

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Omnividente. Omnipresente. Así se califica a nuestro Dios. La comparación contigo sigue siendo inevitable, por mucho que te fastidie. En tu caso, el don de la ubicuidad y la omnivi-dencia se limitan al mar, aunque yo sé que no es así. Ya en la Ilíada te adentraste en tierra firme para participar en la batalla y más adelante hiciste de todo con el mar con tal de perjudicar a Ulises. Según Kafka, en cambio, siempre permaneciste en tus dominios. La imagen que Kafka ha transmitido de ti se ha im­puesto a la de Homero, por lo que no logro desprenderme de ella. Leí en cierta ocasión que Borges durante una travesía en barco, mientras este recorría lentamente la desembocadura del Río de la Plata después de zarpar del puerto de Buenos Aires, lanzó una moneda al agua desde la cubierta más alta, tal vez como suele hacer la gente en la Fontana de Trevi de Roma, con la esperanza de poder regresar alguna vez. […]

Cees NoteboomNapoli_05_12_ 362

Poseidón XI

Cartas a Poseidón

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Poseidón hacía cálculos sentado a su escritorio. La adminis­tración de todas las aguas le daba un trabajo infinito. Podía disponer de cuantos colaboradores quisiera y, en efecto, te­nía muchos, pero como se tomaba su cargo tan en serio, vol­vía a calcularlo todo, de suerte que de poco le servían los co­laboradores. No podía afirmarse que su trabajo le resultara placentero; de hecho, solo lo realizaba porque le había sido impuesto, y lo cierto es que ya había solicitado en varias ocasiones un trabajo más ameno, como solía expresarse, pero cada vez que se le hacían diversas propuestas se demos­traba que, a pesar de todo, nada le gustaba tanto como el cargo ostentado hasta el momento. Por cierto, era muy di­fícil conseguirle algo diferente. Y lo que resultaba imposible, desde luego, era asignarle un mar determinado, pues, con independencia de que en tal caso los trabajos de cálculo no serían menores sino simplemente más minuciosos, al gran Poseidón solo se le podía adjudicar, como mínimo, un pues­to de mando. Cuando se le ofrecía un puesto fuera del ám­bito acuático, la mera idea le provocaba malestar, su res­piración divina se trastocaba, su férreo torso se agitaba. Además, sus quejas no eran tomadas en serio, a decir ver­dad; cuando un poderoso martiriza, es preciso ceder en apa­riencia, aunque el asunto no tenga visos de poder resolver­se; nadie pensaba en desposeer realmente a Poseidón de su cargo, había sido nombrado dios de los mares en los oríge­nes y así debía seguir.

Franz Kafka  (Praga  1883 – Kierling 1924)

Franz Kafka
(Praga 1883 – Kierling 1924)

Cuando más se enfadaba -y esta era la principal causa de su descontento con el cargo- era cuando se enteraba de la idea que se hacían de él, a quien imaginaban con el tridente, surcando las olas sin cesar en un carro. Lo cierto es que per­manecía sentado en las honduras del océano y no paraba de hacer cálculos, algún viaje para ver a Júpiter era la única interrupción de la monotonía, un viaje, por cierto, del que casi siempre regresaba furioso. Así pues, apenas había visto los mares, solo fugazmente durante los presurosos ascensos al Olimpo, y nunca los había recorrido de verdad. Solía decir que esperaría hasta el fin del mundo, que entonces sin duda se produciría un momento de calma que aprovecharía para, poco antes del final, después de revisar la última cuenta, rea­lizar a toda prisa una breve gira.

1920

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Franz Kafka

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Cees Noteboom Cartas a PoseidonCees Noteboom

Cartas a Poseidón

Nuevos Tiempos, 251
Ediciones Siruela. Madrid, 2013

ISBN: 9788498419993

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Kafka - SirenasFranz Kafka

El silencio de las sirenas
Escritos y fragmentos póstumos

Traducción de Juan José del Solar,
Joan Parra Contreras y Adan Kovacsics
Prólogo de Jordi Llovet

Random House Mondadori. Barcelona, 2005
ISBN: 9788497937900

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Wallace Stevens medita com Penèlope. «The world as meditation»

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THE WORLD AS MEDITATION

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J’ai passé trop de temps à travailler mon violon, 
à voyager. Mais l’exercice essentiel du compositeur
— la médiatation — rien ne l’a jamais suspendu en
moi … Je vis un rêve permanent, qui ne s’arrête
ni nuit ni jour.

Georges Enesco

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Is it Ulysses that approaches from the east,
The interminable adventurer? The trees are mended.
That winter is washed away. Someone is moving

On the horizon and lifting himself up above it.
A form of fire approaches the cretonnes of Penelope,
Whose mere savage presence awakens the world in which she dwells.

She has composed, so long, a self with which to welcome him,
Companion to his self for her, which she imagined,
Two in a deep-founded sheltering, friend and dear friend.

The trees had been mended, as an essential exercise
In an inhuman meditation, larger than her own.
No winds like dogs watched over her at night.

She wanted nothing he could not bring her by coming alone.
She wanted no fetchings. His arms would be her necklace
And her belt, the final fortune of their desire.

But was it Ulysses? Or was it only the warmth of the sun
On her pillow? The thought kept beating in her like her heart.
The two kept beating together. It was only day.

It was Ulysses and it was not. Yet they had met,
Friend and dear friend and a planet’s encouragement.
The barbarous strength within her would never fail.

She would talk a little to herself as she combed her hair,
Repeating his name with its patient syllables,
Never forgetting him that kept coming constantly so near.

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Wallace Stevens
The Rock

Wallace_Stevens

Wallace Stevens
(Reading (Pennsylvania), 1879 – Hartford (Connecticut), 1955)

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EL MÓN COM A MEDITACIÓ

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J’ai passé trop de temps à travailler mon violon,
à voyager. Mais l’exercise essentiel du compositeur
—la méditation— rien ne l’a jamais suspendu
en moi… Je vis un rêve permanent, qui ne
s’arrête ni nuit ni jour.

Georges Enesco

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¿És tal volta Ulisses que s’apropa per llevant,
l’aventurer inacabable? Els arbres estan arreglats.
L’hivern ja s’ha escolat. Algú es mou

en l’horitzó i s’hi dreça al damunt.
Una forma de foc s’apropa a les cretones de Penèlope,
la seva salvatge presència desvetlla per si sola el món en el que ella s’estatja.

Ha composat, de fa molt, un jo amb el que acollir-lo,
company del jo d’ell per a ella, que ella ha imaginat,
dos en un refugi amb bons fonaments, amiga i estimat amic.

Els arbres han estat arreglats, com un exercici essencial
en una meditació inhumana, més àmplia que la d’ella.
Sense vents que com gossos vetllessin per ella de nits.

No volia res que ell no pogués dur-li venint tot sol.
No volia tresors percaçats. Els braços d’ell serien el seu collaret
i el seu cinyell,  la fortuna final del desig d’ambdós.

Però era Ulisses? O era tan sols l’escalf del sol
en el seu coixí? El pensament seguia bategant en ella tal com el seu cor.
Els dos seguien bategant alhora. Tan sols era de dia.

Era Ulisses i no ho era. I malgrat tot s’havien trobat,
amiga i estimat amic i un encoratjament del planeta.
La força bàrbara de dins d’ella no fallaria mai.

Parlaria una mica amb si mateixa mentre es pentinava,
repetint  el nom d’ell amb les seves síl·labes pacients,
no oblidant mai aquell qui seguia apropant-se constanment.
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Pere_GimferrerjpgPoetes americans, certament. Però el més secret, aquí ­i, ja que cal dir-ho, el “meu” poeta americà­ no és potser tan conegut. Era un senyor obscur, distret, subscriptor assidu de revistes franceses, que tanmateix no va viatjar mai a Europa ni es va moure gaire de la localitat on vivia. Era vice-president d’una companyia d’assegurances i es deia Wallace Stevens. Aquesta tardor va fer cent anys de la seva naixença; l’estiu que ve en farà vint-i-cinc de la mort. De la seva vida, no volia que se’n sabés res, ja que ­deia­ simplement havia estudiat lleis i vivia a Hartford, fets que no li semblaven ni divertits ni reveladors.

L’àmbit català no té a l’abast, que jo sàpiga, cap volum mínimament ampli de versions de Wallace Stevens. L’àmbit hispànic, tanmateix, va tenir fa ben bé una dotzena d’anys una breu antologia bilingüe feta a l’Argentina. Ara, a Barcelona Plaza & Janés ha publicat una altra tria, també bilingüe, i molt més extensa: Poemas, a cura del poeta canari ­molt vinculat, per cert, a Catalunya­ Andrés Sánchez Robayna. La mostra hi és representativa de Stevens, poeta absolutament exquisit, el·líptic, fet de detalls, subtilment retallats en un fons de nuesa absoluta. Res de giragonses: aquí els mots del poeta fan diana directament en el nucli essencial, tan viu i bellugadís que de vegades ni el copsem al primer cop d’ull, com si fos una il·lusió òptica. Aquest nucli és ­com en els més grans poetes­ alhora purament mental i estrictament sensitiu: o bé visions lluminoses, exòtiques, fosques, o abstractes, deslligades de tot el que no sigui la seva pura existència com a imatge i com a suggestió de so, o bé esgrima ­fúlgida­ d’idees i conceptes esmolant-se en la càmara obscura de la ment que inventa el poema. Al capdavall, tot conflueix: el poema és l’espectacle ­mental i sensitiu­ del procés de creació de la poesia, semblant al procés de revelat d’un negatiu fotogràfic, on el contrast ­pàl·lidament platejat­ del blanc i el negre virarà, en una mutació progressiva, cap a l’esclat concís i suau, o fort i colpidor, dels colors límpids. La claror de la intel·ligència perfecta, de la sensitivitat més afinada, tansa en l’aire pur i enlluernador.

Pere Gimferrer

Dietari Complet, 1 (1979-1980), Barcelona: Edicions 62, 1995: 233-234

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Agusti_BartraWallace Stevens va néixer a Reading, Pennsylvania, el 2 d’octubre de 1879. Estudià a la Universitat de Harvard i a la New York Law School. L’any 1904 començà a exercir d’advocat a Nova York. Dotze anys més tard ingressà a la Hartford Accident & Indemnity Co., de la qual esdevingué vice-president l’any 1934.

Malgrat que els seus primers poemes començaren a aparèixer en revistes l’any 1913, Wallace Stevens trigà encara deu anys a donar a la impremta el seu primer llibre, Harmonium, on el pur joc de la fantasia és dit amb una màgia que revela l’estilista. La seva tendència a crear explosions musicals rares recorda les audaces orquestracions de Gerard Manley Hopkins. Però la poesia de Wallace Stevens és predominantment visual; flota i giravolta com una baldufa de cristall dins el món acolorit que s’ha creat el propi poeta, un món on és possible representar la mort com l’emperador dels gelats. La imaginació i els sentits no es rendeixen a l’intel·lecte, sinó que creen el seu independent reialme i s’exfolien en associacions d’herència impressionista. És una poesia flotant, no arrelada enlloc, d’absurditat riallera i gest iridescent, que si bé usa sovint de la ironia, no arriba mai a la paròdia.

Agustí Bartra

Una antologia de la lírica nord-americana (1951)

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