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Archive for Abril de 2015

Gospodinov i Cortázar, dues visions pròpies del Minotaure

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LA MADONNA COL MINOTAURO

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Madonna col Minotauro

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Un bambino sta seduto in grembo alla mamma. Lei lo sostiene con la mano sinistra, probabilmente ha appena finito di allattarlo e sta in attesa del ruttino. Il bambino è nudo. La scena è una classica icona, infinitamente nota e ripetuta in tutte le raffigurazioni dopo la nascita del Bambino Gesù. C’è però una differenza che rende l’immagine davvero unica. Il bambino ha una testa di toro. Piccole corna, orecchie allungate, occhi disposti lateralmente, muso. Testa di vitello. Pasifae col Minotauro bambino. Secoli prima della Madonna.

L’immagine è unica. È stata trovata nei dintorni nell’antica città etrusca di Vulci, nell’odierno Lazio. Si può vedere tra le collezioni della Biblioteca Nazionale di Parigi. Qualcuno ha avuto il coraggio di ricordare quello che è evidente e che il mito dimentica con facilità. Si tratta di un neonato. Tenuto in grembo e partorito da una donna. Si tratta di un lattante, non di una belva. Un piccolo che sarà presto relegato in un sotterraneo. Probabilmente c’è voluto tempo, mesi, forse uno o due anni, prima che Minosse decidesse di nascondere agli occhi del mondo un bambino marcato a quel modo. Se osserviamo attentamente le espressioni della mamma e del figlio, scopriremo che entrambi ne sono già consapevoli.

Potrebbe essere anche il momento della separazione? La sua mano sinistra già non lo abbraccia più, di distacca e si agita lievemente da dietro il dorso del bambino per dargli l’addio.

In seguito il mito avrebbe tramutato questo bambino in un mostro, per giustificare il peccato della sua reclusione, un peccato estensibile a tutti i futuri bambini che saranno abbandonati.

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Георги Господинов (Georgi Gospodinov)
ФИЗИКА НА ТЪГАТА 
 (Fisica della malinconia)

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THE MADONNA WITH MINOTAUR

A child is sitting in his mother’s lap. She is holding him in her left arm, she has most likely just nursed him and is now waiting for him to burp. The child is naked. The scene is iconic, so well known and repeating in all images after the birth of the Christ Child. There is one difference, however, which makes this drawing unique. The child has a bull’s head. Little horns, long drawn-out ears, wide-set eyes, a snout. The head of a calf. Pasiphaë with the Minotaur Child. Centuries before the Virgin Mary.

The image is one of a kind. It was discovered near the erstwhile Etruscan city of Volci, in present-day Lazio. It can be seen in the collections of the Parisian National Library. Someone dared to recall the obvious, which the myth would quickly forget. We’re talking about a baby. Carried and delivered by a woman. We’re talking about an infant, not a beast. A child, who will soon be abandoned (sent to the basement). Most likely Minos needed time, months, even a year or two, to decide what to do, how to hide this marked child from the world. If we peer at the faces of the mother and the son, we can see that both of them already know.

Perhaps this is the very moment of separation? Her left arm no longer embraces him, but pulls away, waving farewell gently behind the child’s back.

Later the myth will transform the child into a monster, so as to justify the sin of his abandonment, the sin against all children, whom we will abandon in the future.

Georgi Gospodinov
The physics of sorrow

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Se ve entrar a los atenienses precedidos por Teseo. Con ademán liviano, casi indiferente, el héroe lleva en la mano el extremo de un hilo brillante. Ariana deja que el ovillo juegue entre sus curvados dedos. Al quedar sola frente al laberinto, sólo el ovillo se mueve en escena.

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ARIANA

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En la fresca solemnidad de las galerías, su frente será más roja, de un rojo denso de sombra, y como lunas enemigas se enhiestarán los cuernos luminosos. Envuelto en el silencio vacuno que ha presidido su amargo crecimiento, paseará con los brazos cruzados sobre el pecho, mugiendo despacio.

O hablará. Oh sus dolidos monólogos de palacio, que los guardias escuchaban asombrados sin comprender. Su profundo recitar de repetido oleaje, su gusto por las nomenclaturas celestes y el catálogo de las hierbas. Las comía, pensativo, y después las nombraba con secreta delícia, como si el sabor de los tallos le hubiera revelado el nombre… Alzaba la entera enumeración sagrada de los astros, y con el nacer de un nuevo día parecía olvidarse, como si también en su memoria fuera el alba adelgazando las estrellas. Y a la siguiente noche se complacía en instaurar una nueva nominación, ordenar el espacio sonoro en efímeras constelaciones…

No sabré ya nunca por qué su prisión alza en mí las máquinas del miedo. Tal vez entonces comprendí que estaba envuelto en una existencia ajena a la del hombre. Los hermanos parecen menos hombres y menos vivos, imágenes adheridas a la nuestra, apenas libres. Duele decir: hermano. ¡Lo es tan poco, turbio anochecer de nuestra madre! ¡Oh Minotauro, no quiero pensar en Pasifae, tú eres el Toro, el cabeza de toro recogido y amargo! Y alguien marcha contra ti mientras mi ovillo decrece, vacila, brinca como un cachorro en mis manos y bulle quedamente…

Los ojos de Teseo me miraron con ternura. “Cosa de mujer, tu ovillo; jamás hubiera hallado el retorno sin tu astucia.” Porque todo él es camino de ida. Nada sabe de nocturna espera, del combate saladísimo entre el amor a la libertad, ¡oh habitante de estos muros!, y el horror a lo distinto, a lo que no es inmediato y posible y sancionado.

Me dijo del triunfo, de su nave y del tálamo. Todo tan claro y manifiesto. A su lado era yo algo maligno e impuro, lácteo punto turbio en la claridad de la esmeralda. Entonces ordené las palabras de la sombra: “Si hablas con él dile que este hilo te lo ha dado Ariana.” Marchó sin más preguntas, seguro de mi soberbia, pronto a satisfacerla. “Si hablas con él dile que este hilo te lo ha dado Ariana…” ¡Minotauro, cabeza de purpúreos relámpagos, ve cómo te lleva la liberación, como pone la llave entre las manos que lo harán pedazos!

El ovillo es ya menudo y gira velocísimo. Del laberinto asciende una sonoridad de pozo, de tambores apagados. Pasos, gritos, ecos de lucha, todo se confunde en el uniforme murmullo como de mar espeso. Sólo yo sé. ¡Espanto, aleja esas alas pertinaces! ¡Cede lugar a mi secreto amor, no calcines sus plumas con tanta horrible duda! ¡Cede lugar a mi secreto amor, no calcines sus plumas con tanta horrible duda! ¡Cede lugar a mi secreto amor! ¡Ven, hermano, ven amante al fin! ¡Surge de la profundidad que nunca osé salvar, asoma desde la hondura que mi amor ha derribado! ¡Brota asido al hilo que te lleva el insensato! ¡Desnudo y rojo, vestido de sangre, emerge y ven a mí, oh hijo de Pasifae, ven a la hija de la reina, sedienta de tus belfos rumorosos! El ovillo está inmóvil. ¡Oh azar!

[…]

 

Julio Cortázar
Los Reyes (fragment)

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Gospodinov - MalinconiaGeorgi Gospodinov

Fisica della malinconia

a cura di Giuseppe Dell’Agata

Voland. Roma, 2013
ISBN: 9788862431408

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Gospodinov - SorrowGeorgi Gospodinov

The physics of sorrow

Translated from de Bulgarian by Angela Rodel

Open Letter. Rochester, NY, 2015
ISBN: 9781940953090

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reyes-cortazarJulio Cortázar

Los Reyes

Alfaguara

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Cortázar: Menelao mira hacia las torres

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Menelao mira hacia las torres

.P1120489 - Version 3

Las manos que quiero torpes de una nodriza troyana
lavan sus muslos, y el dorado correr de su garganta esta noche,
a la hora en que una esclava de ojos viles
alza un espejo sediento hacia su rostro.
Cunden las flautas del festín de los hombres, el recuento
de los fastos. El aire es un yelmo en estas sienes, pero bajo las tiendas
ronca el olvido. Sólo yo soy un puente.

Ahora humillan las antorchas, y una apagada lumbre dejan para su noche.

Helena alisa
la piel de león que incendia el tálamo
y crece como un humo de ámbar.
La caracola de su cuerpo bebe el eco
de los pasos de Paris en la torre. Afuera sigue
el tiempo en las murallas.

Y yo, esta negra ráfaga
que me arrasa los ojos, este fantasma inútil
sólo capaz de ir hasta ellos a mezclarse
llorando en su maraña de caricias.

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Julio Cortázar
De Pameos y meopas
IV. Cantos italianos. Roma, 1953

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Cortázar - PoesíaJulio Cortázar

Poesía y poética

Obras completas IV

Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores. Barcelona, 2005

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Ànite de Tegea. L’«Homer femení»

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Per a Filenis

Moltes vegades prop d’aquesta tomba, tristament Clínia,
la mare, plorà la mort malaguanyada de la filla,
l’ànima invocant de Filenis, que en comptes del casament
travessà el verd corrent de l’Aqueront.

Ànite de TegeaGermanes de Safo

Versió de Maria Àngels Anglada
Les germanes de Safo
Antologia de poetes hel·lenístiques

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Ánite, a la que los antiguos se refirieron como θῆλυν Ὅμηρον, «Homero femenino» (Antípatro de Tesalónica, Antología Palatina IX 26) introdujo importantes innovaciones en el género epigramático. Entre sus poemas más celebrados están aquellos dedicados a la muerte de doncellas en los que centraremos nuestra atención.

Πολλάκι τῷδ᾽ ὀλοφυδνὰ κόρας ἐπὶ σάματι Κλείνα
μάτηρ ὠκύμορον παῖδ᾽ ἐβόασε φίλαν,
ψυχὰν  γκαλέουσα Φιλαινίδος, ἁ πρὸ γάμοιο
χλωρὼν ὑπὲρ ποταμοῦ χεῦμ᾽ Ἀχέροντος ἔβα

Muchas veces junto a la tumba de la joven, Clina,
mater dolorosa, lamentó el rápido destino de su querida hija,
invocando el alma de Filenis, que en lugar del matrimonio
atravesó las húmedas aguas del río Aqueronte

Antología Palatina, VII, 486

Se trata, probablemente, de un epigrama genuino, compuesto para ser grabado en una estela fúnebre. Los ecos homéricos, como es habitual en Ánite, son muy claros. En este poema esas referencias se corresponden con pasajes en los que Aquiles lamenta la suerte de Patroclo, o bien Tetis la de su propio hijo.

En primer lugar, encontramos el término ὀλοφυδνὰ, que, según señalan todos los editores, recuerda el lamento de Aquiles (ἔπος ὀλοφυνδόν, Il. 23.102) cuando se va el alma de Patroclo. Inmediatamente después, en el verso segundo, el término ὠκύμορον «rápido destino» es el mismo empleado cuatro veces en Ilíada por Tetis en referencia a Aquiles. Finalmente, y sobre todo, tiene interés señalar la clarísima imitación (imitatio cum uariatione) que se lee en el verso tercero: ψυχὰν γκαλέουσα Φιλαινίδος, ἁ πρὸ γάμοιο, eco evidente del pasaje en el que Aquiles invoca el alma de su amigo en Il. 23. 220: ψυχὴν κικλήσκων Πατρπκλῆος δειλοῖο.

La muchacha a la que su madre Clina llora aparece ya en el primer verso, κόρας, se repite en el siguiente, παῖδ᾽, y conocemos su nombre en el tercero, Φιλαινίδος. Su madre la llora repitiendo su nombre, γκακλέουσα, exactamente igual que Aquiles hacía con Patroclo: de nuevo, una llamativa concentración en cuatro versos de invocaciones muy explícitas incluídos los nombres propios tanto de la madre como de la hija.

Parte de la crítica entiende que las referencias homéricas vienen a señalar un claro contraste con el contenido del epigrama de Ánite:

Los lamentos de Aquiles y Tetis claramente difieren, en una manera profunda, del de Clina. Aunque tanto Aquiles como Tetis pueden ser considerados madres, sus lamentos no expresan meramente una pérdida personal. Aunque Homero enfatiza un tremendo pathos en su expresión del dolor, sus lamentos están, sin embargo, enmarcados en un contexto en el que la memoria de las gloriosas hazañas de los que han perecido ofrecen una compensación a la pérdida personal. Tanto Patroclo como Aquiles han muerto sirviendo a su ejército o por su gloria personal. Sus muertes, aunque presentadas como trágicas, serán mitigadas por el kleos que recibirán, kleos al que el poema de Homero constantemente se refiere (particularmente en el caso de Aquiles). Aunque el lamento de Aquiles por Patroclo está entre los elementos más extravagantes del poema, su queja, en fin, lo lleva a la acción —un apasionado deseo de venganza que lo conducirá a la muerte y asegurará su kleos. (Greene Ellen (2005), «Playing with Tradition: Gender and Innovation in the Epigrams of Anyte», en E. Greene, (ed.), Women Poets in Ancient Greece and Rome. University of Oklahoma Press, pp. 142-143).

Quizá haya que matizar estas palabras porque, tanto o más que el contraste, lo que se consigue con tal concentración de referencias homéricas en cuatro versos, referencias que van mucho más allá del empleo de tal o cual forma épica, es colocar la muerte de una doncella, que sólo parece importar a su madre —la joven ni siquiera ha dejado hijos o, al menos, muerto ella misma en el parto— sobre el fondo de la muerte gloriosa.

[…]

Marta González González
El lamento de las madres en los epitafios griegos: una mirada a la Antología Palatina

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Germanes de SafoMaria Àngels Anglada

Les germanes de Safo
Antologia de poetes hel·lenístiques

Edhasa
Barcelona, 1983

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