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El “Proyecto Homero” de La Joven Compañía.

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ILÍADA

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I

EL LAMENTO DE AQUILES

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AQUILES está completamente solo en el escenario. Su ropa y su espada están empapadas de sangre, su respiración es agitada. Podría decirse que acaba de masacrar a medio ejér­cito troyano él solo. Su tono no tiene nada de heroico.

AQUILES

(A público) La verdad.
La verdad es la primera víctima de cualquier guerra.
Y es la que más duele.
La sangre que mancha mis manos, los cuerpos que cubren el campo de batalla, los seres queridos que la lucha me ha arrebatado… todo eso es resultado de aque­lla primera muerte.
Del día que murió la verdad. De eso hace ya nueve años.
Nueve años de guerra contra Troya. Nueve años de ani­quilación y barbarie. Nueve años arrasando, saqueando y violando para borrar una ciudad de la faz de la tierra. Y aún no lo hemos conseguido.
Ya no pensamos en el precio que hemos tenido que pagar, porque nos volvería a todos locos.
Una profecía vaticinó que al décimo año la victoria sería nuestra. La llamaron la profecía de la serpiente. Pero ya no sabemos con certeza si se va a cumplir, porque nadie recuerda cómo empezó esta locura.
Dicen que todo fue culpa de Paris.
Paris, hijo de Príamo, rey de Troya, llegó a Esparta, donde reinaban Menelao y su esposa Helena, la mujer más bella del mundo. El príncipe se enamoró de ella al instante. La sedujo y se fugaron juntos. Tras ese agravio imperdonable, Menelao convenció a todos los caudillos griegos para mar­char sobre Troya bajo el mando del rey Agamenón.
Los griegos consiguieron reunir una flota de más de mil barcos.
Y yo, Aquiles, hijo de Peleo, rey de los mirmidones, me sumé a ellos.
Unos dicen que Helena fue raptada. Otros aseguran que se marchó por su propia voluntad. Incluso hay quien afir­ma que todo fue el resultado del enfrentamiento entre tres diosas, Afrodita, Hera y Atenea, que jugaron con el destino de los hombres tras una riña sobre cuál de las tres era la más hermosa.
Cientos de muertos. Miles de muertos. Todos caídos por el honor de Menelao.
O por la pasión de dos enamorados.
O por un concurso de belleza.
¿Fueron ésas las verdaderas razones o quizás todo fue una mala excusa para obtener el control comercial del Mar Egeo?
Quién sabe. Hay tantas verdades como personas dispues­tas a creerlas.
Hace tiempo que el mundo ha olvidado lo que ocurrió en realidad.
Porque con la verdad no se moviliza un ejército. Con la verdad no consigues que un hombre le corte el cuello a otro.
Con la verdad no rezas por la destrucción de países enteros.
Por eso lo primero que hace cualquier guerra es acabar con ella.
Y la sustituye por algo mucho más efectivo.
El mito.

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II

EL RAPTO DE CRISEIDA
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AQUILES abandona el escenario. Entran los demás actores.

ACTRIZ 3

Como ha dicho Aquiles, griegos y troyanos llevan nueve años en guerra.

ACTOR 9

Durante casi todo ese tiempo la ciudad de Troya ha esta­do sitiada.

ACTOR 3

En la costa, la flota griega ha construido un campamento que se ha acabado convirtiendo en una pequeña ciudad fortificada.

ACTOR 1

Los kilómetros que la separan de las murallas troyanas han sido escenario de incontables batallas.

ACTOR 8

Troya no está sola en su defensa. Cuenta con muchos aliados en la zona.

ACTOR 4

Aliados que los griegos no tardan en atacar, con el fin de debilitar el sitio.

ACTRIZ 1

Los ejércitos no tienen contemplaciones. Cuando toman una ciudad, la saquean, la destruyen y se llevan sus tesoros.

ACTRIZ 2

Y  entre esos tesoros están las mujeres.

ACTRIZ 3

El rapto de mujeres es algo muy habitual.

ACTRIZ 1

Paris raptó a Helena y ya hemos visto el problema que ocasionó.

ACTRIZ 3

Y no fue el único. La lista de raptos es interminable.

ACTRIZ 2

El dios Hades, rey del inframundo, raptó a Perséfone.

ACTRIZ 1

El dios Zeus raptó a Hera, a lo, a Europa y hasta a Ganímedes, que era un chico.

ACTOR 10

¿En serio?

ACTRIZ 2

A los dioses griegos les daba igual la carne que el pescado.

ACTOR 4

Y a muchos mortales también.

ACTRIZ 1

Pélope también era un chico y fue raptado por Poseidón.

ACTRIZ 3

Eos raptó a Orion, Clito, Céfalo y Titonio.

ACTRIZ 1

Teseo raptó a Helena antes que Paris. Y luego a Antíope.

ACTRIZ 2

Telamón raptó a Hesíone y dio comienzo a la enemistad eterna entre Troya y Argos.

ACTRIZ 3

Su hermano Peleo raptó a la ninfa Tetis y juntos engen­draron a Aquiles.

ACTRIZ 2

Y el propio Aquiles no podía ser menos. Durante la Guerra de Troya raptó a Briseida y se la llevó con él al campamento.

ACTOR 3

Todos los caudillos griegos acabaron con su botín femenino.

ACTOR 1

Todos menos uno: Agamenón.

ACTOR 9

El rey no se lo tomó nada bien. Y no se le ocurrió nada más que dirigir una incursión al pequeño asentamiento de Tebas y tomar cautiva a Criseida, la hija del sacerdote de Apolo de esa ciudad.

ACTOR 8

Y sin saberlo, esa decisión cambió para siempre el curso
de la guerra.

Entra AQUILES con la ropa limpia de sangre.

ACTOR 2

A los pocos días del rapto, la peste cayó sobre el campa­mento.

ACTOR 6

Empezó entre perros y yeguas, pero pronto se extendió entre los hombres.

ACTOR 7

Cada vez más soldados se contagiaban y morían. El olor a podrido y carne quemada lo invadía todo.

ACTOR 10

Y al décimo día de la peste, Aquiles ejerció su derecho a exigir una asamblea.

Todos ocupan sus posiciones en la tienda, excepto los acto­res que interpretan a personajes tróvanos, que salen.

[…]

Guillem Clua
Ilíada

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ODISEA

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PRÓLOGO

Todos los actores en escena excepto el que interpreta a ULISES.

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CORO

¿Y entonces?
¿Entonces qué?
¿Cómo terminó?
¿Qué?
La guerra de Troya, ¿cómo terminó?
Homero no lo cuenta.
¿Tantas páginas y no cuenta el final?
¿Para qué? Todo el mundo sabe cómo acaba una guerra.
Matas y mueres, matas y mueres, y no hay más.
Eso es la guerra.
¡No! La guerra nunca termina.
Se terminan los hombres.
Y las mujeres. Y los niños. Y los ancianos.
Esta es la cosecha infinita de la guerra:
¡nuestros cuerpos!
Porque la guerra sigue. Nunca termina.
¿De verdad Homero no cuenta cómo termina la guerra?
En la llíada no. Entierran a Héctor y ya está.
Héctor, domador de caballos.
¡Héctor, matador de hombres!
No jodas. ¿Ese es el final?
Del libro.
¿Y lo del caballo?
Eso vino luego.
¡El caballo de Troya!
Pero eso no lo cuenta Homero.
En la Ilíada no.
¡Qué cabrón Homero!
Homero no existió.
¿Cómo que no?
¿Cómo no va a existir Homero?
Homero son los padres.
Dicen que era ciego.
Seguro que fue una mujer.
O peor: varias mujeres.
¡Estúpido!
Entonces, ¿qué ocurrió después?
¿Después de qué?
Después de Troya.
Vamos, lo del caballo de madera.
Ahora vamos.
¿Y el orgulloso Aquiles?
Muerto. Paris lanza la afilada flecha, Apolo la recoge, va recta, recta, y zas, en el talón.
Y la oscuridad cubrió sus ojos.
¿Empate? ¿Vamos empate? ¿Cuántos muertos en cada bando?
Imbécil. (Pausa.) ¡Vamos ganando!
Ha entrado ULISES.

CORO

¿Y Príamo?
Sacrificado. Zas, un tajo en el cuello.
Lo mató el hijo de Aquiles, después de besarle las manos.
Y la oscuridad cubrió sus ojos.
¿Y entonces? ¿Lo del caballo?
Fue a Ulises a quien se le ocurrió lo del caballo.
¿Por qué dices «Ulises»?
Es Odiseo. La Odisea y Odiseo. Está claro, ¿no?
Da igual. Suena mejor Ulises.
¿A quién le suena mejor?
A mí. Que lo estoy contando.
Los troyanos pensaron que la guerra había terminado
Y que los aqueos /
¿Quiénes?
Los otros, los griegos, Menelao, Aquiles, Agamenón, esos. Déjale seguir.
Y que los aqueos se habían retirado dejando allí una
ofrenda.
Un enorme caballo de madera.
¡Hay que temer a los griegos incluso cuando traen regalos!
Abren las murallas. Meten el caballo.
En el vientre del caballo se esconden los aqueos.
Cae la noche.
Y los troyanos celebran el final de la guerra.
El final de diez años de lágrimas y de mortajas. ¡La guerra ha terminado! ¡La guerra ha terminado! Alzan las copas. Ríen.
La primera noche en diez años en la que podremos dor­mir tranquilos.
Sin temer el cuchillo.
Sin temer el grito.
Sin temer la noche en las ventanas.
Y se echan a dormir. A lo lejos suena el mar. En la bóveda del cielo brillan las constelaciones. Por primera vez en diez años la vida se parece a la vida.
Y entonces los griegos salen del caballo,
como una plaga de hormigas,
todo lo arrasan, todo lo destruyen,
no queda nada, ¡fuego!, ¡fuego!
Nos disparan. Nos aniquilan. Las llamas nos devoran.
Dejan nuestros cadáveres en las calles para festín de los buitres.
Se confunden los gritos
por los muertos
con los gritos de
¡victoria!
Menelao, el cornudo,
acompañado de Ulises,
encuentran a Deífobo, hijo de Príamo, y amante de
Helena.
Porque Paris ya había muerto.
Lo había matado Filoctetes. De un disparo de arco. Zas, y la oscuridad cubrió sus ojos.
¿Dónde estábamos?
Ah, Menelao y Ulises encuentran a Deífobo.
Le cortan las manos.
Le cortan las orejas.
Le cortan la lengua.

ULISES

Basta.

CORO

Y la oscuridad cubrió los ojos.

ULISES

¿Por qué tenéis que contar eso?

CORO

¿Por qué no? Lo dejaron allí, desangrándose, como un cerdo.
Le cortan la nariz. Se le escapó el alma entre los dientes.
¡De Troya no quedó nada!
Ceniza. Ceniza. Ardió hasta los cimientos.
Te equivocas. Algo sí quedó.
Una buena historia para ser contada.

ULISES

¡Que te calles, joder!

CORO

¿Y quién eres tú para mandarnos callar?

ACTOR I / ULISES

Ulises. Yo hago de Ulises. Dejad eso. Es suficiente con lo del caballo. Ya está. La guerra terminó.

¿Quién la ganó?
Dirás: ¿quién no la perdió dos veces?
¿Y luego?
¿Qué fue de los que no murieron?
Regresaron.
Todos menos uno.

ULISES

Ulises. Hijo de Laertes y Anticlea.

CORO

¿No regresó?
Sí, pero tardó otros diez años.
Eso es la Odisea.
En Ítaca lo esperaban.
Su hijo.
Telémaco.
Y su mujer. Penélope.
Y su perro
¿Y dónde estuvo esos diez años?
¿Empezamos?
Ya era hora.
Háblame, Musa, de aquel hombre astuto que, después de destruir Troya, anduvo perdido mucho tiempo.
Háblame. Cuéntamelo. Sus aventuras en el mar.
Tratando de salvar su vida y la de sus compañeros.
Pero no los pudo librar, como deseaba, y todos perecie­ron tras cometer locuras.
Ya me has estropeado el final.
No, no es lo que ocurre sino cómo ocurre. Sigamos.
Cuéntanos, Musa, las aventuras de aquel varón.
Ulises, de gran ingenio, que después de destruir la ciudad sagrada de Troya
peregrinó errante muchos años.
Vio las ciudades, conoció las costumbres de muchos hombres
y en el mar padeció grandes calamidades.
Cuéntanos, oh, Musa,
con palabras que vuelen como pájaros.
El Cíclope, Circe, el descenso al Hades, la isla de Calipso, los pretendientes.
¿Todo?
¡Lo que se pueda!
Cuando la historia empieza Penélope y Telémaco esperan en Ítaca el regreso de Ulises.
Pero a él lo retiene la ninfa Calipso,
con dulces y tiernas palabras aturde su mente.
¿Lo retiene o está en sus brazos?
La diosa Atenea quiere que regrese.
Pero Poseidón lo odia por haber dejado ciego al Cíclope.
¡No adelantes!

[…]

Alberto Conejero
Odisea

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Proyecto Homero

Ilíada (Guillem Clua) / Odisea (Alberto Conejero)

La Joven Compañía

Ediciones Antígona. Madrid, 2016

ISBN : 9788416923014

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