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L’oblit en Homer. Leteu, de Harald Weinrich

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Harald Weinrich, en el seu tractat «Lethe. Kunst und Kritik des Vergessens», del que n’hi ha traducció al castellà de Carlos Fortea (Siruela), fa un interessant recorregut sobre l’oblit.

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En la presentació editorial del llibre se’ns indica:

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Si existe un arte de la memoria, la mnemotecnia, ¿no debería existir también un arte del olvido? Pero la pre­gunta crucial es ¿qué porcentaje de olvido necesita o tolera una cultura para su desarrollo? En este libro, Harald Weinrich desarrollará una larga reflexión his­tórica y filosófica para mostrarnos la forma en que la cultura occidental ha bebido de las aguas del Leteo, el río del olvido.

Harald Weinrich (Wismar, Alemanya, 1927)

Harald Weinrich (Wismar, Alemanya, 1927)

De Homero a Proust, de Cervantes a Borges, pasando por el Renacimiento, la Ilustración y el Romanticismo, Weinrich rastrea la relación entre la memoria y el olvi­do en la cultura de Occidente y especula sobre el de­seo de olvidar, sin excluir la necesidad de una crítica del olvido tras las trágicas experiencias de Europa de mediados del siglo XX. El resultado es una brillante pa­norámica de la historia de la cultura del olvido y un li­bro que demuestra que la erudición es absolutamente compatible con la pasión de escribir y leer.

Tras desempeñar cátedras en Kiel, Colonia, Bielefeld y Munich, Harald Weinrich (1927) es actualmente cate­drático de Romanística en el Collége de France, París. También ha sido profesor invitado en las Universida­des de Michigan y Princeton, así como en el Wissen-schaftkolleg de Berlín, y es doctor honoris causa por las Universidades de Bielefeld, Heidelberg y Augsburgo. Ha recibido numerosos premios y distinciones den­tro y fuera de Alemania y es miembro de varias acade­mias, así como del PEN-Club. Entre sus libros pueden destacarse El ingenio de Don Quijote (1956), Tempus: Mundo hablado y narrado (1964), Literatura para lectores (1971), Caminos de la cultura verbal (1985) o Gramática textual de la lengua alemana (1993).

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En un dels primers capítols, Weinrich ens recorda la presència reiterada de l’oblit en la peripècia d’Odisseu:

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2. Ulises habla del olvido (Homero)

En el canto séptimo de su Odisea, Homero cuenta cómo Ulises, en su dificultoso viaje de regreso de Troya, naufragó en las costas de la isla feacia de Esqueria. Mísero y agotado, es descubierto en la playa por la hija del rey, Nausícaa, y sus compañeras, y llevado al palacio de su padre Alcínoo. Allí se ofrece al náufrago la mejor hospitalidad que un extranjero pueda desear en el mundo de Homero. Tres días se queda Ulises entre los feacios, para volver des­pués, cargado de regalos, a su isla natal de ítaca, a bordo de un barco equipado por sus anfitriones.

Pero antes de que Ulises abandone la hospitalaria isla de los feacios, en la fiesta de despedida que se ofrece en su honor, se deja convencer por sus anfitriones y cuenta su historia a los asistentes y empieza: «Soy Ulises, hijo de Laertes…». La subsiguiente narra­ción llena cuatro cantos de la Odisea (IX-XII) y resume los obstácu­los que durante diez años se opusieron al retorno del héroe. Ulises había tenido que luchar con acantilados y tempestades, potencias hostiles habían atentado contra su vida, entre ellas no sólo el tuer­to Polifemo sino también el poderoso dios del mar, Posidón, que había causado su naufragio en las playas feacias. Sin embargo, los mayores y más peligrosos obstáculos que se opusieron a su retorno a Itaca habían sido para Ulises los ocasionados por las múltiples tentaciones del olvido a las que se había visto expuesto en las eta­pas de su largo extravío. Y de ellas habla a los feacios en tres epi­sodios de su relato. Tratan de los lotófagos, de Circe y de Calipso. De los lotófagos habla Ulises al principio mismo de su historia, en el canto noveno. Al hacerlo, se remonta muy atrás en el tiem­po; sus asuntos aún van bien, y su flota reúne doce barcos. Con ellos ancla frente a una costa desconocida —¿era quizá la isla de Meninx, hoy Djerba?— y envía unos cuantos hombres a tierra, a ex­plorar la isla. No regresan. ¿Habrán topado con habitantes hosti­les que los hayan apresado o incluso muerto? No ha ocurrido tal cosa. Antes bien, los habitantes de la isla han acogido cordialmente a los exploradores y los han atendido con hospitalidad. Les han dado también un fruto que olía agradablemente a miel, llamado loto, que ellos mismos solían tomar regularmente, por lo que se los llamaba lotófagos («comedores de loto»). Pero este fruto, ade­más de estar bueno, tiene la propiedad de otorgar el olvido. Así que después de tomar el fruto del loto los exploradores de Ulises no sólo han olvidado por completo el objetivo de su viaje, el regreso a Ítaca, sino también la orden de exploración de Ulises, y se han entregado por completo a la degustación de la sabrosa fruta y a la dulzura de la estancia entre los amistosos lotófagos.

Inquieto por la tardanza de los exploradores, Ulises manda a buscarlos. Los encuentran sumidos en la dichosa embriaguez del olvido, y se los llevan «llorando» de vuelta a los barcos, a pesar de su resistencia. Allí son encadenados a los bancos de los remeros, para que no regresen a los peligrosos disfrutes de los lotófagos. Ulises prohibe severamente, a sí mismo y a los otros marinos de su flota, probar esa droga. A toda prisa, hace levar anclas y proseguir el viaje.

Los filólogos homéricos y los farmacólogos han empleado mu­cho esfuerzo en averiguar con exactitud qué clase de planta puede haber sido la que producía esa droga del olvido. Se ha pensado en un determinado nenúfar o loto del que se sabe que tenía notable importancia en el culto egipcio a los muertos y que se consumía «en forma de flor». Sin embargo, hoy ya no se puede establecer de manera inequívoca su papel entre el recuerdo de los muertos y el olvido de los muertos, y no se sabe mucho más que lo que Ulises contó de ella. Además, de los versos de la epopeya no se despren­de con claridad si la droga causaba un olvido permanente o sólo pasajero. Lo único seguro es que el fruto del loto no sólo sabe dul­ce sino que también brinda un «dulce olvido», de manera que aquellos que lo prueban no desean más que seguir viviendo en las comodidades de ese hermoso presente.

El segundo episodio en el que Ulises habla del olvido trata de la hermosa pero pérfida diosa Circe. El episodio se encuentra en el décimo canto de la Odisea. Nuevamente Ulises arriba con sus compañeros a una costa desconocida, otra vez se envían explora­dores. En su búsqueda, llegan al palacio de Circe, de la que pron­to se descubre que dispone de toda clase de malignos poderes má­gicos. Los exploradores de Ulises lo experimentan en sus propias carnes, ya que la vara mágica de Circe los transforma en cerdos y son encerrados en una pocilga, sin perder sin embargo su concien­cia humana. Pero antes de que se produzca esa metamorfosis, Cir­ce ha dado a los incautos exploradores un bebedizo mágico que una vez más resulta ser una droga del olvido, que como el fruto del loto borra el recuerdo de la patria. La receta farmacológica de es­ta droga se describe incluso en detalle en los versos homéricos; se trata, según ellos, de una bien dosificada mezcla de vino de Pramnos, queso, harina y miel amarilla. También en el caso de Circe es­ta «droga fatal» (en griego pharmakon ligron) actúa de forma que los huéspedes que sin temor la prueban «pierden todo recuerdo de su patria»… lo que en este caso debe de haber aliviado un tan­to su destino de cerdos.

¿Cómo sigue la historia? Ulises se pone en camino para buscar a sus desaparecidos compañeros. Recibe la ayuda de Hermes, el mensajero de los dioses, que le advierte de las artes mágicas de su pérfida anfitriona y le da un antídoto. Con su fuerza y ayuda, Uli­ses consigue neutralizar la magia del olvido de Circe y persuadirla además de devolver la condición humana a sus marineros conver­tidos en cerdos.

Sin embargo, pronto el propio Ulises es víctima de otra magia del olvido contra la que no posee antídoto alguno. Se deja seducir por Circe y sucumbe en sus brazos a la magia del amor. Ulises pa­sa un año entero con Circe, y durante este tiempo, en que actúa la droga del olvido, olvida el regreso junto a Penélope. Finalmente, compañeros tienen que obligarle a continuar viaje, y Ulises abandona a la amada con el corazón oprimido.

El tercero de los episodios de olvido narrados por Ulises trata de las artes y astucias de la ninfa Calipso. Para ella, una vez más, el amor es, como en el caso de Circe, la más eficaz droga del olvido. Actúa siete años. Es un largo período, y hace mucho que para Uli­ses sediento de acción, el amor de la ninfa se ha convertido en una carga, aunque entre ellos exista la notable diferencia de con­dición de que él es un mortal y ella, en tanto que diosa, es inmor­tal. Entonces Calipso juega su última carta. Si la ama, ella hará in­mortal a Ulises, y entre néctar y ambrosía —la comida y la bebida de los dioses— éste olvidará para siempre todas las cosas terrenas y, naturalmente, también a su esposa Penélope.

Pero Zeus lo ha dispuesto de otro modo. A través del mensaje­ro Hermes, da a la ninfa Calipso la orden de dejar ir a Ulises de in­mediato. Abandona la isla en una balsa. Furioso con esa interven­ción del padre de los dioses en sus igualmente divinos derechos, Posidón hace que la balsa se quiebre. De este modo llega Ulises, náufrago, hasta los feacios, a quienes habla en seguida de la ten­tación del olvido, la más peligrosa.

[…]

Harald Weinrich

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Índex de l’obra:

Leteo

I.     El lenguaje del olvido

II.   Olvido mortal e inmortal

    1. Arte del recuerdo/Arte del olvido (Simónides, Temístocles)
    2. Ulises habla del olvido (Homero)
    3. Amor olvidadizo (Ovidio)
    4. Olvido trascendental y recuerdo terreno (Platón, san Agustín)
    5. Recuerdo y olvido ante Dios y ante los Hombres (Dante)

III. La astucia de la razón olvidadiza

    1. ¿Queda sitio en la cabeza? (Vives, Rabelais, Montaigne)
    2. ¿Cuánta memoria necesita el ingenio? (Cervantes, Huarte/Lessing, Cordemoy, Helvetius)

IV.  Olvido ilustrado

    1. Pensamiento racional, olvido metódico (Descartes, Thomasius)
    2. Experiencias regladas y no regladas con el olvido (Locke, Voltaire)
    3. Inútil aprender de memoria (Rousseau)
    4. ¿Por qué hay que olvidar completamente el nombre de Lampe? (Kant)

V.   De los riesgos del recuerdo y el olvido

    1. Amores olvidados, fielmente narrados (Casanova)
    2. Una oda al olvido (Federico el Grande)
    3. Casos y acasos del olvido (Tutti, con brío)
    4. Noticias sobre el «mascador» de París (Victorien Sardou)

VI.  Nuevas energías a partir del arte del olvido

    1. Sombra olvidada y nueva memoria (Chamisso)
    2. Un arte mefistofélico: el olvido de Fausto (Goethe)
    3. Precario proyecto de desmemoria (Nietzsche)
    4. Olvido aplacado y no aplacado (Freud)

VII.  De la poesía del olvido

    1. Oscuro recuerdo y abismal olvido, con una advertencia contra los papagayos (Mallarmé, Valéry)
    2. Poesía del recuerdo desde las profundidades del olvido (Proust)

VIII. ¿Derecho al olvido, paz mediante el olvido?

    1. Ficciones del yo olvidado (Pirandello, Sciascia)
    2. Olvidar para empezar de nuevo (Giraudoux, Anouilh, Sartre)
    3. Perdonar y olvidar (Jesús, Theodor Fontane)
    4. Amnesias, amnistías y el enigmático jubileo (Schiller, Kleist, Celan)

IX.   Auschwitz y nada de olvido

    1. Jamás olvidaré (Elie Wiesel)
    2. Luchar con el olvido (Primo Levi, Jorge Semprún)
    3. Recopilador de historias, olvidador de historias (Saúl Bellow)
    4. Escribir para extinguir (Thomas Bernhard)

X.   Almacenado, es decir, olvidado

    1. Una nueva profesión: desechador (Böll, Borges)
    2. Epílogo sobre el oblivionismo de la ciencia

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Harald Weinrich

Leteo. Arte y crítica del olvido

Biblioteca de ensayo Siruela

Ediciones Siruela. Madrid, 1999

ISBN: 9788478444687

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Les paraules d’Alcínous a Ulisses, a les quatre Odissees en català.

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El primer número de la revista ARIEL va aparèixer el maig de 1946, en plena postguerra.    ARIEL, Revista de les arts, fou promoguda per Josep Palau i Fabre, juntament amb Josep Romeu, Miquel Tarradell, Joan Triadú i Frederic-Pau Verrié.

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En el referit número inicial, recordem, de 1946, hi trobem en primícia un breu fragment de l’Odissea d’Homer, en la segona traducció de Carles Riba (que no es va publicar fins el 1948).   És el passatge on Alcínous, el rei dels feacis, es dirigeix a Ulisses, que plora al sentir Demòdoc cantar les gestes del dànaus, dels argius i del propi Ulisses a Troia.

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Vegem el referit fragment a les quatre Odissees en català:

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I digues també per què plores, per què dins ton cor et lamentes 

quan sents parlar de l’atzar dels Argius Danaus i d’Ilion.

Els déus ho faisonaren, ells han fusat la ruïna

dels homes, perquè hi hagués també un cant per als homes a néixer.

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Carles Riba, 1919

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Digues també per què plores i dins el teu cor et lamentes

quan sents parlar de la sort dels dànaus argius i de Troia:

l’han obrada els eterns, i són ells que a tants la ruïna 

han filat; perquè hi hagi cançons per als homes a néixer.

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Carles Riba, 1948

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Digues per què plores i et lamentes en l’interior del teu ànim quan sents parlar del destí dels argius, dels dànaus i d’Ílion. Això ho han fet els déus i ells són els qui han filat la desfeta per a aquells homes, perquè servís de tema de cant per a les generacions futures.

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Joan Alberich, 1998

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Digues què et feia plorar i per què el teu cor gemegava 

en escoltar el destí dels argius, dels dànaus i d’Ílion:

és com els déus decidiren, i varen filar per als homes

la destrucció perquè en el futur se’n cantaren poemes.

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Joan F. Mira, 2011

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ARIEL. Revista de les arts

1946 – 1951

Edició facsímil dels vint-i-tres números que aparegueren

Edicions Proa. Barcelona, 1978

ISBN: 8420974617

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Textos de Bizanzi en català: «La flor de Porfira». Homer a les Històries de Teofilacte Simocatta

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Des de fa uns mesos, la “xarxa” ens ofereix un nou luxe: poder llegir textos de la literatura de Bizanzi en català. Estem, doncs, d’enhorabona. Qui ho fa possible és Stefano Sanfilippo, amb el seu blog La flor de Porfira, on hi inclou les seves traduccions de textos d’escriptors de Bizanci inèdits en català. 

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A tall de presentació, ens permetem extreure del referit blog i reproduïr aquí un fragment de la traducció d’un fragment del pròleg de les  Històries, de Teofilacte Simocatta, on aquest fa referència a Homer i l’Odissea:

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[…] per a les ànimes inquietes no hi ha res més atractiu que la història, i per provar-ho n’hi ha prou amb un passatge de l’obra d’Homer. El fill de Laertes, tan bon punt va ser llançat a la riba pel vaivé de les ones del mar era acollit a la cort del rei Alcinoo. Odisseu va ser tractat amb gran amabilitat: nu i esgotat pel naufragi com estava, el vestiren amb la millor túnica i li va ser concedit l’honor de compartir taula amb el rei. Bé, aquell estranger disposà de la llibertat de paraula i de l’oportunitat de narrar històries i la narració agradà tant als Feacis que deixaren estar la beguda: aquell banquet els semblava més aviat un teatre; pararen l’oïda, embadalits mirant aquell home, i no es cansaren per la llarga durada de la història. Amb tot, les mirades eren melancòliques durant la major part de la narració, amb l’audiència atrapada pel sentiment d’aquelles enormes peripècies; les oïdes eren quelcom de voraç i insaciable, escoltant un extraordinari relat.

Per això no és estrany doncs que els poetes hagin estat els primers a fer-se una gran reputació per l’erudició. Perquè atrapaven les ànimes dels homes, deleroses d’aprendre, sempre plenes d’amor per al coneixement i assedegades d’històries insòlites; per elles fabricaven uns mites, afegien la paraula a la imatge, maquillaven l’engany amb el ritme, i amb uns versos com brodats i plens d’encant, adornaven la trampa. La seva seducció era tan fort, que se’ls considerava uns teòlegs, i que els déus estaven a prop seu, i a través seu il·luminaven els homes sobre les seves essències, tant si vivien en la bona o en la mala sort.
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Teofilacte Simocatta
Històries
Traducció al català de Stefano Sanfilippo
Extret del blog La flor de Porfira
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«Petja d’Ulisses», de Jaume Medina

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PETJA D’ULISSES

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Jaume Medina Casanovas (Vic, 1949)

Des que partires,

a l’íntim del reialme

l’Amor espera:

d’ell aguaitat tothora

recorres l’aventura.

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Ni per l’exili 

de tu mateix no fuges:

és aleshores

quan, vençuda la basarda,

reneixes al nou home.

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Viva deferra 

del mar, a l’arenosa

riba jagueres,

rebuig d’ona enfurida

mirall endins del somni.

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T’obre les portes

de l’alt palau del pare,

tot acollença,

la verge salvadora

sola de l’illa extrema.

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Ella somia:

les endurades sendes

són la mesura

d’un cor en pau profunda

i en ardorosa espera.

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A la memòria 

de tu mateixa tornaves

menat per ella,

rebrot d’un nom insigne

pascut de mar solcada.

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La vespertina

brisa del port abrusa:

tothom remembra

les gestes acomplertes

vora la nau varada.

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¿Sola per sempre

o ja també salvada?

Tu l’encamines

cap al bes pur quan contes

l’amor amb que l’amaves.

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Foscos, transporten

en ràpida travessa

l’hoste admirable,

servents de velam màgic

en plana de tenebra.

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T’abandonaves

al son en l’alta popa:

dolça, t’abraça

des del pregon del somni

la pàtria futura.

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Jaume Medina

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Jaume Medina

Dura llavor secreta

Els llibres de l’Óssa menor, 156

Edicions Proa. Barcelona, 1990.

ISBN: 847739105X

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“He navegat com Ulisses…”. Elegia VII. Elegies de Bierville, de Carles Riba

Introducció:Carles Riba

Presentació a càrrec del propi Carles Riba de l’Elegia de Bierville VII, en l’acte celebrat a la Cúpula del Coliseum el 8 de febrer de 1956:

Enllaç: Aula Màrius Torres, Corpus Literari Digital. Presentació de l’Elegia VII. Carles Riba.

 

Transcripció:


VII


He navegat com Ulisses pel noble mar que separa,
amb un titànic somrís d’obediència a l’atzur,
l’illa de l’últim adéu, on es va inclinà’ el meu migdia,
i el necessari ponent, dolç d’una glòria sagnant.
Sobre la rosa dels astres, set vents, atònits deixaven
que n’exultés un de sol, el decretat del retorn.
Si el magnànim heroi dormí dins la popa segura
més profundament que per cap vi ni per mort,
és contat com els ulls dels reials mariners ho veieren:
l’interior treball, ell va saber-lo amb els déus,
pel que jo sé de mi. Oh! com era nua, com era
abandonada, la fe que a favor meu va lligar
els dos mons, que em volien, de banda i banda de l’ombra!
No atreta pel fi: ans virginal a un impuls
que em travessava d’enllà de la meva innombrable aventura
i de mes pròpies arrels; com dins el ventre vivent
l’ésser que s’hi perfà és tot ell creixença amb les pures
forces originals, i no és seu el destí
que l’amara i l’empeny, talment una puja d’antigues
aigües, fins que ha nascut i que ha plorat i que ha vist;
i és llavors solament que ja li convenen els nostres
mots despert adormit. Entre nosaltres humans,
déus! els mots són només per a entendre’ns i no per a entendre’ls:
són el començament, just un senyal del sentit.
Semblen precedir-nos camí del misteri i ens deixen
foscos davant d’un brocat, tristos a un eco que fuig.
Cal la secreta clau: un record que ve de vosaltres,
déus! i que no ens ateny fins que ja hem arribat;
tal comparança potser, que ens queia de sobte com una
pedra brillant a les mans, dura en sa freda virtut,
i que guardàvem amb altres banals, fins que som a la viva
sorra a la fi de la mar -¿repatriats o arribats?
¿Com ho diria, germans, si no sé si parlo amb vosaltres?
¿Ni us parlaria tan sols? Sóc en l’espera d’un déu.
Entre el silenci i el curt sospir d’una onada tranquil.la
—una marcada en el temps, per a mi sol en el temps
anterior a la nit— em serà de cop a la vora,
simple i juvenil, coneixedor sense esclat
per la mà, coneguda invisible sobre ma espatlla:
el meu déu parcial, que m’ha elegit per orgull
fins a la injustícia —dic jo. Em donarà per als altres
l’aire d’un mendicant que és pacient als portals.
Ell i jo sol sabrem quin tresor desarem, que jo duia:
no els diamants del crit i de la presa i del foc
(negra escuma, tu els tens): dels meus dies d’errà’ i de conèixer,
un sol dia he salvat: el que em salvava; i dins ell,
com les figures per gràcia escollides que omplen un somni,
el tan divers amor dels qui per mi, al meu pas,
pel que em donaven d’ells han esdevingut una mica
més el que eren; i tot el que en el freu he comprès.
Oh tresor, tan real que podria comptar-lo i triar-lo!
Mentre, però, no seré rei de ma última pau,
me’l guardaran  les Nimfes gentils que teixeixen amb lenta
trama de porpra i cristall els pertinaços ordits
dels invisibles corrents, dins l’obac obrador subterrani
on l’abella de l’erm va, esmunyedissa, a fe’ el rusc.
Ítaca, regne petit, conec la cova profunda!
Olivereda amunt, fora camí, en el rocall;
closa i subtil com l’hora d’un sol pensament, per a entrar-hi
calen un front humil sota la llinda i un salt.

 

Carles Riba

Elegies de Bierville, 1943

 

El mateix episodi de l’Odissea, el darrer viatge d’Ulisses, des de l’illa dels feacis fins a la seva Ítaca, l’evoca també Riba a “El darrer freu“.