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Posts Tagged ‘Isaiah Berlin’

Les sirenes del jove Karl Marx

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Siren Song

A Ballad

Karl Marx

Karl Marx (Trèveris [Trier] (Alemanya), 1818 – Londres (Anglaterra), 1883)

The wave, soft murmuring,
With the wind frolicking,
Leaps up into the air.
You see it tremble, hover,
Tumble and topple over,
It is the Sirens’ lair.

They pluck the lyre to enthrall
In heavenly festival,
In melody divine.
They draw both near and far,
Earth and distant star
Into their song sublime.

Its charm is so profound
One cannot chide the sound
That soars so radiantly.
As if great spirits there
Would lure the listener
Into the dark blue sea.

As if there swells and grows
From waves a world that flows
Loftily, secretly.
As if in waters deep
The Gods are all asleep
Down in the dark blue sea.

A little boat draws near,
The waves are charmed to hear
A gentle bard exalted,
His looks so frank and free,
Image and melody
Like love and hope transfigured.

His lyre rules o’er the deep.
Naiads that were asleep
Lend him their song-charmed ear.
And all the waves resound
With song and lyre’s sweet sound
And dance high in the air.

But hear the sad refrains,
The Sirens’ far-off strains
Of sweet melodiousness.
The poet to enthrall,
The Goddesses shine all
In sound and loveliness.

“O youth, soar up and play,
Rule o’er the listening sea;
The goal you seek is high,
Your breast swells rapturously.

“Here, sumptuous water-halls
Your song alone surprises,
And as the great tide falls,
Ev’n so your music rises.

“Sportive waves bear it up
And send it surging high.
The eye, bright, full of hope,
Encompasses the sky.

“Enter our Spirit-Ring;
Magic your heart shall gain,
Hear the waves dance and sing,
They sound like True Love’s pain.

“Worlds came from the Ocean,
Spirits were borne on the tide
Which dared to cradle the High Ones,
While the All was void.

“As Heaven and star-glow
Look downwards, ever glancing
Into the waves below,
Into the blue waves’ dancing—

“As droplets, shivering, shaking,
Enfold the Worlds in pride,
The spirits’ life, awaking,
Emerges from the tide.

“Seeking the All inspires you?
You’d burn in song away?
The lyre’s sweet music stirs you?
You’d blaze in Heaven’s ray?—

“Then come down to us all,
And tender us your hand;
Your limbs shall Spirit be,
You’ll see the deep, deep Land.”

They rise up from the sea,
Hair weaving in roundelay,
Heads resting on the air.
Their eyes flash blazing fires,
And, shooting sparks, their lyres
Glow through the waters fair.

The Youth yields to Delusion,
His tears flow in profusion,
His heart pounds in his breast.
He cannot turn away,
Held captive in Love’s sway,
To burning passion lost.

Deep thoughts stir in his soul,
It fights to gain control,
Soars higher, ever higher,
Looks up with prideful bearing,
In God’s own image daring,
And this the Sirens hear:

“In your cold depths below
Nothing that’s High can go,
Nor God burn deathlessly.
You glitter but to ensnare,
For me you have no care,
Your songs are mockery.

“You lack the bosom’s beat,
The heart’s life-giving heat,
The soul’s high flight so free.
The Gods in my breast rule,
And I obey them all;
I mean no treachery.

“You shall not captivate
Me, nor my love, nor hate,
Nor yet my yearning’s glow.
It shoots like lightning shafts
That gentle power uplifts
In melodies that flow.

The Sirens all sink down
Before his blazing frown
In weeping springs of light.
They seek to follow him,
But ah, the Flood so grim
Engulfs them all from sight.

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Karl Marx
A Book of Verse (1837)
Trad. a l’anglès: Clemens Dutt

 

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“[Karl Marx] left the Trier school at the age of seventeen and, following his father’s advice, in the autumn of 1835 became a student in the faculty of law in the University of Bonn. Here he seems to have been entirely happy. He announced that he proposed to attend at least seven courses of weekly lectures, among them lectures on Homer by the celebrated August Wilhelm Schlegel, lectures on mithology, on Latin poetry, on modern art. He lived the gay and dissipated life of the ordinary German student, played an active part in university societies, wrote Byronic poems, got into debt, and on at least one occasion was arrested by the authorities for riotous behaviour. At the end of the summer term of 1836 he left Bonn, and in the autumn was transferred to the University of Berlin.”

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Isaiah Berlin
Karl Marx, pàg. 31

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Isaiah Berlin tracta de Giambattista Vico, que tracta d’Homer

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…..riverrun, past Eve and Adam’s, from swerve of shore to bend of bay, brings us by a commodious vicus of recirculation back to Howth Castle and Environs.

James Joyce
Finnegans Wake

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LA CONTRA-ILUSTRACIÓN

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De acuerdo con Vico nuestras vidas y actividades, colectiva o in­dividualmente, son expresiones de nuestros intentos por sobrevivir, satisfacer nuestros deseos, comprendernos unos a otros y el pasado del cual emergemos. Una interpretación utilitaria de las actividades humanas más esenciales es engañosa. Son, en primer lugar, pura­mente expresivas; cantar, danzar, adorar, hablar, luchar, y las ins­tituciones que encierran estas actividades, comprenden una visión del mundo. El lenguaje, los ritos religiosos, los mitos, las leyes, las instituciones sociales, religiosas, jurídicas, son formas de autoexpresión, de deseo de exteriorizar lo que uno es y por lo que uno lucha; obedecen a patrones inteligibles y por esta razón es posible reconstruir la vida de otras sociedades, aun aquellas remotas en tiempo y lugar y absolutamente primitivas, preguntándose uno mis­mo qué clase de estructura de ideas humanas, sentimientos, accio­nes, pudo haber generado la poesía, los monumentos, la mitología que fueron su expresión natural. Los hombres crecen individual y socialmente; el mundo de hombres que compuso los poemas ho­méricos era claramente diferente del de los hebreos a quien Dios había hablado a través de sus libros sagrados, o del de la república romana, o la cristiandad medieval, o Napóles bajo los Borbones. Los patrones de crecimiento son localizables.

Los mitos no son, como creen pensadores ilustrados, falsas ma­nifestaciones acerca de la realidad corregidas por la crítica racio­nal posterior, ni es la poesía un mero embellecimiento de lo que igualmente se pudo haber expresado en prosa ordinaria. Los mitos y la poesía de la antigüedad encarnan una visión del mundo tan auténtica como la de la filosofía griega, el derecho romano o la poesía y la cultura de nuestra propia ilustrada edad más temprana, más cruda, más remota que nosotros, pero con su propia voz, como la oímos en la Ilíada o en las Doce Tablas, pertenecientes sólo a su cultura particular y con una sublimidad que no puede ser reprodu­cida más tarde por ninguna cultura más elaborada. Cada cultura expresa su propia experiencia colectiva, cada escalón en el ascenso del desarrollo humano tiene sus propios medios de expresión igual­mente auténticos.

La teoría de Vico de los ciclos del desarrollo cultural se hizo célebre, pero no es su contribución más original para la compren­sión de la sociedad o la historia. Su acción revolucionaria es haber negado la doctrina de una ley natural intemporal, cuyas verdades pudieron haber sido conocidas en principio por cualquier hombre, en cualquier tiempo, en cualquier lugar.   Audazmente Vico negó esta doctrina, que constituyó el núcleo de la tradición occidental, desde Aristóteles hasta nuestros días. Predicó la noción de la unici­dad de las culturas, pese a lo mucho que pudieran parecerse una a otra en relación con sus antecedentes y sus consecuentes, y la noción de un estilo único que se difunde a todas las actividades y manifestaciones de las sociedades de seres humanos en una etapa particular de desarrollo. De esta forma, fundamentó las bases de la antropología cultural comparada, y de la lingüística, estética y jurisprudencia históricas comparadas; el lenguaje, los rituales, los monumentos y especialmente la mitología fueron las únicas claves confiables que críticos y eruditos posteriores concibieron como for­mas cambiantes de la conciencia colectiva. Tal historicismo era claramente no compatible con la opinión de que había sólo una nor­ma de verdad o belleza o bondad, a la que algunas culturas o in­dividuos se acercaban más íntimamente que otros, y que era ocu­pación de los pensadores establecerla y de los hombres de acción llevarla a cabo. Los poemas homéricos eran una obra maestra in­superable, pero sólo podían brotar de una sociedad brutal, severa, oligárquica, “heroica”; posteriores civilizaciones, pese a su superio­ridad en otros aspectos, no produjeron y no podían producir un arte necesariamente superior al de Homero. Esta doctrina propinó un golpe poderoso a la noción de las verdades intemporales y al progreso sostenido, interrumpido por periodos ocasionales de regre­sión a la barbarie, y trazó una clara línea entre las ciencias natu­rales, que tratan con la relativamente inalterable naturaleza del mundo físico visto desde “afuera”, y los estudios humanísticos, que ven la evolución de la sociedad desde “dentro”, a través de una espe­cie de perspicacia empática en la cual el establecimiento de textos o fechas por medio de la crítica científica era una condición necesa­ria, pero no suficiente.

Isaiah Berlin (Riga, 6 de juny de 1909 – Oxford, 5 de novembre de 1997)

[…]

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Isaiah Berlin

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VICO Y EL IDEAL DE LA ILUSTRACIÓN

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Nàpols

En el tercer libro de la Nueva Ciencia, llamado “El Descubrimien­to del Verdadero Homero”, Vico nota que “Escalígero se indigna al hallar que casi todas las comparaciones (de Homero) son tomadas de bestias y otras cosas salvajes”, pero esto es parte de su genio poético:

Obtener tal éxito en ellas —pues sus comparaciones son incompa­rables— no es ciertamente lo característico de una mente pulida y civilizada por alguna filosofía. Ni podría el estilo salvaje y trucu­lento en que describe tantas, tan variadas y tan sangrientas batallas, tantas y tan extravagantemente crueles tipos de carnicerías como envuelven toda la sublimidad de la Ilíada en particular, haberse ori­ginado en una mente tocada y humanizada por cualquier filosofía.

Sin embargo, este poeta bárbaro hizo difícil, de acuerdo con Ho­racio, inventar cualquier nuevo personaje después de él. Esto es así, declara Vico, porque “Homero, que precedió la filosofía y las artes poéticas y críticas, fue sin embargo el más sublime de todos los poetas sublimes”, así que “después de la invención de las filo­sofías y de las artes de la poesía y de la crítica no hubo poeta que pudiera estar ni aun a una larga distancia para competir con él”. Los sentimientos y los “modos del discurso” y las acciones de tales “naturalezas sublimes” pueden ser “salvajes, crudas y terribles”, y esto puede producirse sólo en la edad heroica —al final de una de las cuales se crearon los poemas homéricos—; posteriormente esto ya no será posible.

De acuerdo con Vico esto es así porque esta clase de sublimidad “es inseparable de la popularidad”. Los personajes poéticos de Homero son “universales imaginativos” a los que se les caracteriza con todos los atributos del género. Son tipos genéricos (no com­pletamente disímiles a los tipos ideales de Weber), por lo que para estos hombres Aquiles es valor heroico, temperamento vivo, orgullo, honor, y tendencia a la ira y la violencia, la fuerza como derecho; Ulises es la sabiduría heroica “cautela, paciencia, disimulo, dupli­cidad, engaño”. Una vez que conceptos verdaderos —universales abstractos— son creados por la razón civilizada y no la imaginación de toda una sociedad, esta clase de sublimidad llega a su fin. Esto es así porque, antes que se inventara la escritura, el hombre poseía “sensación vivida”, “imaginación fuerte”, “ingenio agudo”, “memo­ria robusta”, que posteriormente se pierden.

Homero es “el padre y príncipe de todos los poetas sublimes”. Es “celestialmente sublime”, posee una “ardiente imaginación”. “El horror de las muertes y las batallas homéricas dan a la Ilíada toda su maravilla”. Esto no podría haber brotado de “un filósofo tran­quilo, cultivado y amable”. Esto es lo que hace de Homero el más grande de los poetas, para Vico. Lo que lo convierte en un amo de “salvajes y bárbaras comparaciones”, o “crueles y espanto­sas descripciones de batallas y muertes” y “sentencias llenas de pasiones sublimes”, con “expresividad y esplendor” con un estilo imposible en las edades de la filosofía, la crítica, y la poesía como un arte civilizado, en lo que se convertiría después.

El punto central de Vico es que el sentimiento poético, “que debe hundirse profundamente en los particulares”, no puede existir cuando los hombres piensan en conceptos; los cantores inspirados, de los que Homero es el más grande, no pueden coexistir con los fi­lósofos. Lo que estas épocas posteriores, más suaves, más raciona­les —la edad de los hombres— pudieran crear, esto es, las artes y las ciencias de civilizaciones elaboradas, no pueden darnos, dentro del mismo “ciclo”, “imaginación ardiente” o sublimidad celestial. Esto ha desaparecido. Podemos darnos cuenta del esplendor de esta poesía primitiva sólo entendiendo el mundo “salvaje, crudo y terri­bel” del cual brota; podemos lograrlo sólo si abandonamos la idea de la superioridad artística de nuestros propios “tiempos magní­ficos”.

[…]

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Isaiah Berlin

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Giambattista Vico (Nàpols, 1668 – Nàpols, 1744)

Giambattista Vico (Nàpols, 1668 – Nàpols, 1744),”Nè da un’animo da al­cuna Filosofia umanato, ed impietosito potrebbe nascere quel­la truculenza, fierezza di stile; con cui descrive tante, sì varie, e sanguinose battaglie, tante, sì diverse, e tutte in istravaganti guise crudelissime spezie d’ammazzamenti; che particolarmente fanno tutta la sublimità dell’Iliade.”

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Giambattista Vico
La discoverta del vero Omero

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James Joyce

Finnegans Wake

Faber and Faber, Ltd.

London, 1975

9780571217359

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Isaiah Berlin

Contra la corriente

Ensayos sobre historia de las ideas

Fondo de Cultura Económica. México D.F., 1986

ISBN: 9788437503189

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Giambattista Vico

La discoverta del vero Omero

seguita dal Giudizio sopra Dante

a cura di Paolo Cristofolini

Edizioni ETS. Pisa, 2006

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