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La Ilíada de César Brie (Teatro de los Andes). Una visió argentino-boliviano-italiana.

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Anna Banfi
Desaparecido: Omero in Sud America
Il teatro necessario di César Brie

ennagramma

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Escena 1

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Prólogo

Hécuba: Me llamo, me llaman, me llamaban Hécuba.
Un tiempo fui feliz en tierra de Troya.
Ahora, de tanto sufrir, me he vuelto perra.
En la llanura entre los restos de la ciudad quemada,
buscando un hueso que roer,
tal vez el de los hijos degollados,
sacrificados, muertos en batalla.

Quien pierde el padre es huérfano.
Y viudo quien entierra a su esposa,
pero no hay palabra que nombre al triste
padre o a la madre del hijo muerto.
No hay modo de nombrar un tal dolor,
tal vez: innatural, inútil, vano, eterno.
La guerra, viudas crían huérfanos, madres paren muertos.
Un tiempo fui feliz y de ese tiempo recuerdo a Polidoro
el más pequeño y tierno de mis hijos.
El inocente, el cordero, Polidoro…
que nunca supo cómo era Troya.

Polidoro: Yo, Polidoro, hijo de Hécubay de Príamo,
las puertas de las tinieblas, el reino de los muertos donde habita Hades,
lejos de los dioses, las dejé para venir aquí.
Yo las dejé para venir aquí.
¡Tío!
Mi madre temiendo por mi suerte…
Me mandó a un pueblo que ama los caballos…
Mira, mira los caballos que corren, cuántos…
Yo era el más joven cuando me alejaron de la patria:
No tenía fuerzas para sostener la coraza, para lanzar la jabalina…
Un huésped de mi padre, mi tío, prometió cuidarme
y yo crecía en su casa como un retoño, como un retoño.
Por sed de oro…
¡Tío!
Cuando Troya cayó, quemada
exterminada usurpada violada,
él me asesinó y abandonó en el mar mi cadáver.
Tendido en la arena, me sacude el flujo de las olas,
en el juego alterno de las mareas.
Y no tengo sepulcro ni duelo y no tengo sepulcro ni duelo.
¡Tío!
He abandonado mi cuerpo, soy el fantasma de mí mismo,
me elevo, fluctúo en torno de Hécuba, mi madre,
esposa de Príamo, padre de Héctor, París, Casandra, Polixena. ¡Aquiles!
¡Aquiles reclama para su tumba, como señal de honor un sacrificio;
lo obtendrá, no le negarán sus amigos este regalo, no se lo negarán.
¡El destino hoy mismo empuja hacia la muerte a Polixena mi hermana!
Y yo, desventurado, por obtener un sepulcro afloraré, afloraré en la orilla.
¡Tío!
He rezado a los dioses, los dioses que cuentan,
para que me concedan una tumba,
y me conduzcan entre los brazos de mi madre,
aterrorizada por mi sombra.
¡Tío!
Aquello que pedí, va a serme concedido.
¡Tío!
El agua, el agua, me lleva, el agua… mamá, mamá…

Hécuba: Polidoro…

Polidoro: Mamá… ¿cómo era mi casa? ¿Cómo era Troya?

Hécuba: Como todas las ciudades cerca de la costa.
Tenía torres, pájaros, y viento del oeste.
Y  tú te bañabas a orillas del mar.
Hasta que los griegos trajeron la guerra.

Polidoro: ¿La guerra? ¿Cómo fue la guerra?

Hécuba: La guerra… Duró diez años la guerra…

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1) Coro

Ahora cantamos la furia de Aquiles
que infinitos dolores provocó a los griegos
tantas almas de héroes bajaron al Hades
tantos cuerpos devorados por buitres y perros.

La guerra de Troya llevaba diez años.
Los griegos sitiaban la vasta ciudad.
Aquiles era el guerrero más fuerte
de los invasores, pero no luchaba.

Había peleado con Agamenón.
El rey de los griegos lo había ofendido,
le había quitado su esclava Briseida,
botín de otra guerra. Por eso Aquiles
se queda en las naves, dejando a los griegos
el asedio de Troya y la lucha contra Héctor.

Apolo, el dios de las flechas
que amaba a Troya, y ayudaba a Héctor
envió la peste a los griegos.
Estaba furioso contra Agamenón
que había profanado uno de sus templos,
había secuestrado su sacerdotisa,
la había violado y vuelto su esclava.

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2) La peste
Apolo, los griegos

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Apolo: bajé del Olimpo enfurecido,
parecido a la noche, con el arco en la mano.
Las flechas sonaban cerradas en la aljaba.
Lejos de las naves tomé puntería y lancé una flecha.
Siniestra vibró la cuerda del arco y alguien cayó.
Primero le di a los perros y a los mulos, luego a los hombres.
Caían como moscas, como ratas,
como insectos enfermos de peste.
Ardían las hogueras quemando a los muertos

[…]

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Acto 2

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1) Rodolfo Walsh
Rodolfo Walsh, Victoria, perros.

Walsh: Rodolfo Walsh, escritor, periodista. Asesinado en Buenos Aires en 1977.
Seis meses antes había muerto Victoria mi hija. (Abre un libro.) La Ilíada:
“Junto a su padre luchaba Arpalión,
una flecha aguda se hundió en su nalga
partió la vejiga, se incrustó en el hueso.
Mojaba la sangre los brazos del padre
mientras lo llevaba a Troya y lloraba.
Por un hijo que muere no hay recompensa”.

Aparece el espectro de Victoria.

¡Victoria! Aquí me ves, leo La Ilíada, la guerra de Troya.
Hay una hija de Príamo, Polixena. Te le parecías tanto hija mía: rebelde, obstinada, orgullosa.
A Polixena la degollaron en honor a Aquiles.

Tenía veinte y seis años mi hija Victoria.
Argentina se parecía cada vez más a un barrio de Troya.
Como tantos chicos que repentinamente
se hicieron adultos, mi hija andaba a los saltos
huyendo de casa en casa por todo Buenos Aires.
No se quejaba, sólo su sonrisa se volvía desvaída.
Nos veíamos cada quince días
caminando en una calle o alguna plaza.
Hacíamos planes para vivir juntos,
pero ambos presentíamos que no iba a ser posible,
que uno de esos encuentros podía ser el último.
Y nos despedíamos simulando valor
consolándonos de la anticipada pérdida.
Más de cien soldados rodearon la casa
con tanque, helicóptero, ametralladoras.
Victoria, en camisón, corrió hasta la azotea.
El combate duró una hora y media.
Mi hija conocía el trato que ejército y marina
dispensaban a los prisioneros, y pensaba
que el pecado no era hablar, sino caer viva.
De pronto hubo silencio, Victoria se levantó,
se acercó a la cornisa.
Flaca, de pelo largo, en camisón de noche,
Alicia en el país de las pesadillas.
“No nos matan ustedes”, dijo a la tropa.
“Nosotros elegimos morir” y luego
llevó una pistola a la sien, y apretó el gatillo.

Por la radio supe que habías muerto,
entonces me santigüé como cuando era un niño.
Se me detuvo el mundo. “Era mi hija”, dije.
Tenía miedo por ti y vos por mí
ahora el miedo es dolor. Te quise tanto…
No pude despedirme, en lo oscuro se mueren
los perseguidos. Nos queda la memoria
como único cementerio. Ahí te guardo
te acuno, te celebro y quizás te envidio.
“Mojaba la sangre los brazos del padre.
Mientras lo llevaba a Troya y lloraba.
Por un hijo que muere no hay recompensa”.

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César Brie
La Ilíada

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I GRECI SIAMO NOI

César Brie

César Brie (Buenos Aires, Argentina, 1954)

Avete visto nell’ultima scena Priamo che porta sulle proprie spalle il cadavere di Ettore, il quale a sua volta porta un manichino con le sue stesse sembianze. Ettore è doppio perché nell’Iliade si racconta che durante il giorno Achille distrugge il suo cadavere, mentre alla sera Afrodite e soprattutto Apollo lo ricompongono. Quando Priamo chiede il corpo ad Achille, questi prende un drappo che il re ha portato tra i tanti doni del riscatto e avvolge il corpo di Ettore perché, dice Omero, non vuole che il padre veda come lui ha ridotto il cadavere del figlio. Ciò significa che, agli occhi di Achille, Ettore è un cadavere distrutto. Eppure quando quel cadavere arriva, poche ore dopo, a Troia, la madre gli dice: «Sei tornato, sei intatto come uno che è morto sognando i suoi cari».

E un testo che io faccio dire ad Andromaca, e i filologi qui presenti si tapperanno le orecchie. Ho pensato che in realtà c’è una visione del cadavere che corrisponde allo sguardo di chi lo ammazza e una visione che proviene dallo sguardo di chi lo ricorda. È un tema molto vicino a quello dei desaparecidos, e tale vicinanza è stato il primo motivo per cui ho deciso di lavorare su l’Iliade. Così abbiamo costruito questo doppio di Ettore, un doppio che viene quasi distrutto in scena, sul quale si può esercitare la violenza. Come avete visto nella sequenza in cui Achille prende il manichino, che è identico all’attore, fatto con un calco dell’attore, e lo scaraventa contro il muro. Esattamente quello che pochi giorni fa in Tv ho visto fare a dei talebani morti, quando i soldati dell’Alleanza del nord prendevano a calci i cadaveri, che non potevano sentire più niente. E questo per me è il paradigma di ciò che sono la guerra e ogni esercizio della violenza.

L’Iliade è un testo che per fortuna non ho letto a scuola. L’ho letto prima, l’ho letto da me. Leggevo molto da bambino, mio padre era libraio, quindi io potevo leggere quello che volevo, divoravo i libri. Divoravo i libri e giocavo a calcio, le due cose che amavo e ancora oggi amo fare.

Quando ho riletto il poema ho provato una grande commozione. Ero qui in Italia, durante una tournée, a casa di un amico. La figlia, studentessa di Lettere, aveva lasciato il libro sul comodino della sua stanza, che mi aveva ceduto per la notte. Come ogni libro che si sfoglia, l’ho aperto a caso, e ho cominciato a leggerlo dalla fine. Ho preso l’ultimo capitolo, dove si racconta la ricerca del cadavere di Ettore da parte del padre Priamo. Proprio l’ultima scena che avete visto. E mi sembrava che parlasse dei desaparecidos e dell’America Latina di oggi. Ero molto colpito. Quella che avevo tra le mani era la traduzione in versi di Rosa Calzecchi Onesti, una versione straordinaria.

Ho aperto un’altra pagina a caso e ho cominciato a leggere un altro frammento: la descrizione di una battaglia, con teste tagliate, occhi che saltano, cervello che cola… un orrore. Prendo ancora un brano: un dialogo d’amore tra Andromaca ed Ettore – che è poi l’unico dialogo d’amore tra i due. Ed era troppo. Erano tre frammenti che leggevo e tutti mi arrivavano dritti al cuore. Allora ho comperato il libro. Dato che ero in Italia, ho preso sia la traduzione libera di Maria Grazia Ciani, sia la versione della Calzecchi Onesti. E le ho divorate. Poi ho acquistato anche un’edizione spagnola. Con lo spagnolo noi latinoamericani abbiamo dei problemi, perché il nostro castigliano è molto diverso da quello della Spagna e le traduzioni spagnole spesso le sentiamo troppo lontane. Ne ho confrontate diverse, prese in Messico, in Argentina, in Spagna, ma in realtà mi sono servite di più le due traduzioni italiane.

[…]

[…] mi ricordo l’impressione di una persona che normalmente non va a teatro e che alla fine dello spettacolo mi ha detto: «Appena è cominciata la canzone in quechua —è la canzone di Polidoro fantasma— ho capito: i Greci siamo noi». E io ho pensato: allora ci sono riuscito.

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César Brie
Conferència Riflessioni su un’Iliade andina a la Facultat de lletres de la Universitat dels Estudis de Siena. 5 de desembre de 2001.
Inclosa a: César Brie. L’Iliade del teatro de los Andes. Ed. Titivillus.

Introducció (primeres 17 pàgines): Titivillus.it

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Iliada - César Brie

Iliade - DVD -  César Brie.
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Iliade - DVD -  César Brie - 3.

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Iliada - César BrieCésar Brie

Teatro I – La Ilíada / Las Abarcas del Tiempo
En un sol amarillo / Otra vez Marcelo
Presentación de Jorge Dubatti
Estudio crítico y edición de Marita Foix

Editorial Atuel. Buenos Aires, Argentina, 2013
ISBN: 9789871155842

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Iliade - DVD -  César BrieCésar Brie

L’Iliade del Teatro de los Andes
A cura de Fernando Marchiori
Traduzzioni di Silvia Raccampo

Teatrino di Fondi / Titivillus Mostre Editoria. Corazzano (Pisa), 2010
ISBN: 9788872182987

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Iliade - DVD -  César Brie - 3Hacienda del teatro

Un film-documentario di Reinhard Manz,
Matthias Rebstock e Daniel Ort

Point de vue-doc
Svizzera, 2003
DVD – Video

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«L’uomo d’ingegno multiforme, o Musa, dimmi, …» La invocació de l’Odissea segons Giovanna Bemporad

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Giovanna_Bemporad

Giovanna Bemporad (Ferrara, 1928 – Roma, 2013)

L’uomo d’ingegno multiforme, o Musa,

dimmi, che a lungo errò dopo che l’alta

sacra roca di Troia ebe distrutta;

che vide le città, conobbe l’indole

di molte genti; che soffrì, correndo

sul mare, in cuore suo molti dolori,

lottando per salvarsi e ricondurre

salvi i compagni. Ma gli fu negato

di ricondurre i suoi, come voleva:

per la propria follia tutti perirono,

stolti! che i buoi del Sole Iperione

mangiarono empiamente, ed egli tolse

per semple a loro il tempo del ritorno.

Da dove vuoi, narra anche a noi qualcosa

di questi eventi, o dea, figlia di Giove.

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Ilíada, I, 1-10

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Versió poètica de Giovanna Bemporad

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 Giovanna Bemporad segons Andrea Cirolla 

L’amicizia tra Pier Paolo Pasolini
e Giovanna Bemporad
Nei libri di Enzo Siciliano e Barth David Schwartz

 

 

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Odissea - Giovanna BemporadOmero

Odissea

Nella versione poetica di Giovanna Bemporad
titti i canti, per intero o a frammenti
Introduzzione di Maurizio Perugi

Casa Editrice Le Lettere. Firenze, 1992 (2ª ed.)

ISBN: 8871660331

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Giovanni Pascoli. La pala. El darrer viatge – I

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I

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LA PALA

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I el timó al fogar penjà
a Ítaca l’Heroi navegant.

Fatigat arribava d’un errar terrenal,
cansat de cames, que havia acomplert
portant sobre l’ampla espatlla un rem.
Aquells cercava que no saben el mar
ni naus negres de proes roges,
i sense adobar amb sal tenen viandes.
I ja més llunes s’havien escolat
darrera isardes roques, cercant en va
la blava mar on banyar-hi la llum;
i feia molt que no sentia el cel
l’olor de sal, sinó l’olor del verd:
quan es creuà amb un altre vianant,
que digué; i el vent que udolà nocturn,
es debatia, al seu voltant, als cims,
com un ós en un fossat pregon caigut:

Home estranger, vers el rei vas? Oh! tardà!
Al rei, ja batut és al graner el gra.
Un déu envià aquest oratge, que bufa
avui encara, i ahir ventà la bolla.
Avui, oh tasca tardana, vana és la teva pala.

Digué; però el cor li reia tot de sobte
a l’Heroi que pensava en els mots
del mort, cec, del ceptre d’or.
Que és cec i hi veu, i tot ho sap per mort:
entre els alts àlbers i els salzes estèrils,
en la calitja, ell, beguda a la fossa
la sang, diu: Míser, tindràs pau
quan el rem amanós de la nau
te l’anomenin una ventadora de palla.
I ara, el cor, amb aquell pensament, li riu.

I diu: Home terrenal, hala! no és pala!
Però sia. Bé que ara plantar-la jo vull
a la compacta aridesa del sòl.
Tot té una fi. Odiat per un déu fa temps
jo volo fulla amb qui es rabegen els vents.

I l’altre encara a Odisseu parlava:
Qui ets i de quins homes? vingut
com, entre nosaltres? No ja per l’aire erm,
com algun dels cignes de coll larg,
sinó movent, un rere l’altre, els genolls.
Parla’m, i narra el que és ver sense falla.

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Giovanni Pascoli
El darrer viatge
Poemes convivials
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220px-Giovanni_Pascoli

Giovanni Pascoli (San Mauro di Romagna, 1855 – Bologna, 1912)

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I

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LA PALA

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Ed il timone al focolar sospese
in Itaca l’Eroe navigatore.
 
Stanco giungeva da un error terreno,
grave ai garretti, ch’egli avea compiuto
reggendo sopra il grande omero un remo.
Quelli cercava che non sanno il mare
né navi nere dalle rosse prore,
e non miste di sale hanno vivande.
E già più lune s’erano consunte
tra scabre rupi, nel cercare in vano
l’azzurro mare in cui tuffar la luce;
né da gran tempo più sentiva il cielo
l’odor di sale, ma l’odor di verde:
quando gli occorse un altro passeggero,
che disse; e il vento che ululò notturno,
si dibatteva, intorno loro, ai monti,
come orso in una fossa alta caduto:
 
Uomo straniero, al re tu muovi? Oh! tardo!
Al re, già mondo è nel granaio il grano.
Un dio mandò quest’alito, che soffia
anc’oggi, e ieri ventilò la lolla.
Oggi, o tarda opra, vana è la tua pala.
 
Disse; ma il cuore tutto rise accorto
all’Eroe che pensava le parole
del morto, cieco, dallo scettro d’oro.
Che cieco ei vede, e tutto sa pur morto:
tra gli alti pioppi e i salici infecondi,
nella caligo, egli, bevuto al botro
il sangue, disse: Misero, avrai pace
quando il ben fatto remo della nave
ti sia chiamato un distruttor di paglie.
Ed ora il cuore, a quel pensier, gli rise
 
E disse: Uomo terrestre, ala! non pala!
Ma sia. Ben ora qui fermarla io voglio
nella compatta aridità del suolo.
Un fine ha tutto. In ira a un dio da tempo
io volo foglia a cui s’adira il vento.
 
E l’altro ancora ad Odisseo parlava:
Chi, donde sei degli uomini? venuto
come, tra noi? Non già per l’aere brullo,
come alcuno dei cigni longicolli,
ma scambiando tra loro i due ginocchi.
Parlami, e narra senza giri il vero.
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Giovanni Pascoli
L’ultimo viaggio
Poemi conviviali
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La Circe-sirena de Dant

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«Io son», cantava, «io son dolce serena
che ‘ marinari in mezzo mar dismago;
tanto son di piacere a sentir piena!
Io volsi Ulisse del suo cammin vago
al canto mio; e qual meco s’ausa
rado sen parte; sì tutto l’appago!»

Dante
Purgatorio, XIX, 19-24

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[…]
em vingué en somnis una dona balba,
guerxa dels ulls, i amb peus i cames torts,
mans sense dits, i pell sense color.
Jo la mirava; i com el sol reanima
les membres freds i entumits per la nit,
el meu esguard, igualment, li soltava
la llengua, feia que es posara dreta
en un moment i, a la cara apagada
li tornava el color que vol l’amor.
Quan ja pogué parlar sense entrebancs,
es va posar a cantar tan bé, que jo
me n’hauria apartat amb molta pena.
«Sóc», cantava, «sóc la dolça sirena
que en la mar esgarria els mariners;
tan gran és el plaer dels que m’escolten!
Amb el meu cant vaig desviar Ulisses
del seu vagarejar; i el qui ve amb mi
l’encise tant que rarement se’n va!»
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Dant
Purgatori, XIX, 7-24
Traducció de Joan F. Mira (2000)

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…..I feia així: «Jo sóc la dolça sirena
que esgarrio en el mar els mariners,
tant de l’irresistible goig sóc plena!
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…..D’Ulisses desviava els rems lleugers
amb el meu cant, i qui al meu pit s’aboca,
tant li plau, que no el pot deixar mai més.».
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Traducció de Josep Mª de Segarra (1947-52)

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Deia el seu cant: —Só una sirena dolça,
i els nauxers de llurs rutes esgarrio:
tan abundosa sóc de plers gaudibles!
Amb el meu cant jo fiu torçar a Ulisses
el seu camí; i ben rarament se’n torna
qui amb mi se’n ve: talment de goigs l’empleno!—
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Traducció de Narcís Verdaguer Callís (1918)

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Cantava: Io son la dolça Serena,
Qui’ls marines mig de la mar sinay:
Tant son de dolç plazer á sentir plena.
Io Ulixes volté del camí lay
Al meu dolç cant: é qui ab mi s’ausa
Si’n tot li plag tard; se’n pertira may.
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Traducció d’Andreu Febrer (1429)

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Il verso 22 significa appunto: “Io fui colei che invertì la rotta dell’eroe, pur così desideroso, prima di conoscermi, di raggiungere la sua meta (cioè Itaca)”. L’identificazione della sirena con Circe è la chiave di volta del complesso edificio mitico che Dante ha costruito intorno alla figura di Ulisse, e che ci permette poi di capire bene il senso del significato proiettivo che ha Ulisse nella Commedia, ed il suo ruolo di alter ego del poeta. La fusione dei due episodi omerici, e dei personaggi femminili che ne sono protagonisti, si produce a partire dai due tratti semantici che hanno in comune, secondo la tradizione, Circe da una parte e le sirene dall’altra, e cioè l’ufficio di prostitute che tutte loro svolgevano ed il canto come strumento di seduzione. D’altra parte la connessione fra la seduzione sirenica del canto e il desiderio di conoscenza, Dante la riscontrava in due testi a lui noti, cioè nel De Finibus di Cicerone, che rilegge (e traduce) il testo omerico ipotizzando che le sirene sedussero Ulisse promettendogli un piacere di tipo conoscitivo, e nella boeziana Consolatio, che contrappone   la filosofia,   incarnata da una donna veneranda ed autorevole,   alle   sirene-prostitute   (“scenicas   meretriculas”)   che avvelenano l’anima con le loro seduzioni . Quest’ultimo brano non solo ha fornito l’idea della contrapposizione fra l’“antica strega” e la “donna santa” che si contendono la mente e l’amore del poeta in Purg. XIX; esso spiega anche, negativamente, il rapporto fra Ulisse e Circe in Inf. XXVI, giacché ciò che manca ad Ulisse è appunto l’assistenza di una “donna santa” che squarci le vesti della prostituta svelandone la natura orripilante. E ciò spiega il fatto che egli si lasci sedurre dalla strega ed inverta la sua rotta.

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Raffaele Pinto
Universitat de Barcelona
Societat Catalana d’Estudis Dantescos

Circe e la rotta di Ulisse
«Tenzone», 7, 2006, pp. 111-136

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Dante Alighieri

Divina Comèdia

Versió de Joan F. Mira

Proa. Barcelona, 2000

ISBN: 9788484370024

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Divina Comèdia Dante SagarraDante Aliguieri

Divina Comèdia I

Versió de Josep Mª Sagarra

Les millors obres de la literatura universal, 50
Edicions 62 i La Caixa. Barcelona, 1986
ISBN: 9788429724059

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Divina Comèdia Dante Vergaduer CallísDant Alighieri

La Divina Comèdia
Purgatori

Posada en català per N. Verdaguer i Callís

Altés, impressor. Barcelona, 1921.

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Divina Comèdia Dante FebrerLa Comedia
de Dant Allighier (de Florença)
traslatada de rims vulgars toscans en rims vulgars cathalans per
n’Andreu Febrer

Dála á´luz, acompañada de ilustraciones crítico-literarias
D. Cayetano Vidal y Valenciano
Librería de D. Álvaro Verdaguer. Barcelona, 1878

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Dario Fo: Omero era un bugiardo

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OMERO ERA UN BUGIARDO

Di Dario Fo

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Monologo trasmesso a “Lascia o Raddoppia” il 10 luglio 1958

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DarioFo

No, Omero non lo dovete tirar fuori… perché Omero è un bugiardo, come tutti i Poeti, del resto. Che pur di infiorare o di far diventare bella qualsiasi cosa, tirano fuori tante e tante di quelle bugie che, al confronto, quelle che dicono le donne fanno ridere…

Tanto per fare un esempio: il Schiller, quello che ha scritto la storia del Guglielmo Tell, dice che questo Guglielmo era bravissimo a tirare le frecce e che beccava in pieno la mela che aveva in testa suo figlio… E invece non è così: il bravo era suo figlio che, quando il padre tirava la freccia, anche se sbagliava di un metro… lui, con lo scatto di testa, riusciva lo stesso a infilzare la mela.

Ma ad ogni modo, il più bugiardo di tutti resta sempre Omero. Infatti lui comincia la storia dell’Iliade con: “Cantami o diva del pelide Achille…”, ma invece la storia non comincia mica così.

Comincia così:

“ Tutte le mattine, quando i soldati greci andavano alla battaglia, gridavano: “Achille! Achille!” saltava fuori un tipo con la barba nera e gli occhi cattivi che diceva: “Se gh’è?!”… ecco quello lì che aveva detto: “ Se gh’è?!” era l’Achille.

Se gh’è, che in greco antico – che sarebbe poi come il milanese moderno – vuol dire: cosa c’è… è tutta questione di cultura, insomma.

Come tutti sanno, L’Achille era invulnerabile dappertutto, meno che sul tallone d’Achille… che poi, gira e rigira, è sempre il calcagno. Ma lui, a dir la verità, non era delicato solo sul calcagno, ma anche nel resto dei piedi per via che ci aveva i piedi piatti… così che per prenderlo in giro i maligni lo chiamavano piè veloce o addirittura pelide, che è ancora più offensivo.

Ed era così delicato sul pelide, che un giorno un certo Alinunte, che poi si è saputo che era di Padova, gli è andato vicino e TAK!, gli ha mollato una gran scarpata sul ditone. “Porco qui, porco là! – s’è messo a gridare l’Achille – Ah, basta! Se mi pestano anche il ditone, io non ci sto più… fatela voi la guerra… io ritorno dalla mia mamma!”

La sua mamma, che come tutte le mamme ci aveva cuore per i pelidi di suo figlio, un giorno è andata da Vulcano e gli ha ordinato mica una corazza come dice l’Omero!, ma un paio di scarpe corazzate contro i pestoni.

Ed erano così belle quelle scarpe che tutti gliele invidiavano, tanto che il suio amico Patroclo gli ha detto: “Accidenti!, che belle che sono! Come mi piacerebbe farci un giro con quelle scarpe!”

L’Achille, che per gli amici faceva questo ed altro, gliele ha prestate e il Patrocolo le ha lasciate fuori, sul marciapiede… in sosta vietata. Era passato di lì un vigile troiano e gliele ha subito requisite.

Achille è andato subito a reclamare dai troiani… e siccome quelli non mollavano, ha preso la mascella di un asino che passava di lì e giù mascellate! Sotto a chi tocca! E ha rotto tante di quelle teste, ma tante di quelle teste che se lo ricordano ancora oggi a Bergamo.

Il fatto è che sul più bello salta fuori il Paride con un gran mantello e TAK!, una martellata sul mignolo del pelide d’Achille che TRAK!, cade per terra bell’e morto… povero pelide.

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Font: Archivio Francarame

Pdf del text original

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La lleva de les fulles i la dels homes. De Simònides, via Leopardi, a Shakespeare

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Tutto si è perfezionato da Omero in poi, ma non la poesia.

Giacomo Leopardi
Zibaldone

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«Fill de Tideu, magnànim: ¿què em preguntes pel llinatge?
És com la lleva de les fulles, la dels homes.
Unes fulles el vent les escampa per terra, i unes altres el bosc
en esplet les fa néixer, i ve la primavera.
El mateix amb les lleves dels homes: l’una neix, l’altra s’acaba».
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Glauc a Diomedes, al cant sisè de la Ilíada

Versió de Jordi Cornudella (Les bones companyies)

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«Aquesta és la cosa més bella de l’home de Quios:
com la generació de les fulles, és igual la dels homes.»
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(Simònides, frag. 19 West)
Versió de Jaume Pòrtulas

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XLI
DELLO STESSO

[Traducció de Simònides]

Umana cosa picciol tempo dura,
e, certissimo detto
disse il veglio di Chio,
conforme ebber natura
le foglie e l’uman seme.
Ma questa voce in petto
raccolgon pochi. All’inquieta speme,
figlia di giovin core,
tutti prestiam ricetto.
Mentre è vermiglio il fiore
di nostra etade acerba,
l’alma vota e superba
cento dolci pensieri educa invano,
né morte aspetta né vecchiezza; e nulla
cura di morbi ha l’uom gagliardo e sano.
Ma stolto è chi non vede
la giovinezza come ha ratte l’ale.
E siccome alla culla
poco il rogo è lontano.
Tu presso a porre il piede
in sul varco fatale
della plutonia sede,
ai presenti diletti
la breve etá commetti.

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Giacomo Leopardi
Canti

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DEL MATEIX AUTOR
.Leopardi - Cants - Maseras
Que tota cosa humana poc temps dura
és certíssima dita
de l’ancià de Quios,
car una igual natura
tenen les fulles i l’estirp humana.
Els pits on eixa veritat habita
són, però, pocs. A l’esperança vana
filla del jove cor
tots donen acollença.
Mentre és vermella i d’or
la rosa de la nostra vida acerba,
l’ànima, sense angoixes i superba,
cent dolços pensaments nodreix debades
sense esperar ni mort ni senectut;
no té cura del mal qui té salut.
I estult és qui no veu
com fuig la joventut quan pren el vol
i no sap que el bressol
no és llunyà del taüt.
Tu que aviat avançaràs el peu
sota el fatal trespol
on Plutó té la seu,
als béns i goigs del dia
ta vida breu confia.
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Versió d’Alfons Maseras (1938)

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XLI

DEL MATEIX

.Leopardi - Cants - Comadira
Qualsevol cosa humana mai no dura,
va dir aquell vell de Quios;
també va deixar dit
que era igual la natura
de l’home i de la fulla.
Pro aquesta dita, al pit,
guarden ben pocs. Quan l’esperança ulla,
filla de jovenesa,
tots li donen hostal.
Mentre la flor és encesa
del nostre temps tendral,
l’ànima enorgullida
cent dolços pensaments congria en va,
ni bellesa ni mort no espera en vida;
cap malaltia tem qui és fort i sa.
I és neci qui no veu
com té la joventut un ràpid vol
i com, prop del bressol,
la pira ja l’espera.
Tu, a punt de posar el peu
sobre el llindar fatal
de la porta darrera,
al goig fugaç del dia,
la vida breu confía.
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Traducció de Narcís Comadira (2004)

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SONNET XII

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When I do count the clock that tells the time,
And see the brave day sunk in hideous night;
When I behold the violet past prime,
And sable curls, all silvered o’er with white; 
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When lofty trees I see barren of leaves,
Which erst from heat did canopy the herd,
And summer’s green all girded up in sheaves,
Borne on the bier with white and bristly beard,
.
Then of thy beauty do I question make,
That thou among the wastes of time must go,
Since sweets and beauties do themselves forsake
And die as fast as they see others grow;
.
  And nothing ‘gainst Time’s scythe can make defence
  Save breed, to brave him when he takes thee hence.

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William Shakespeare

Sonnets

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Sonets Shakespeare - Magí Morera

Quan compto els tocs que són del temps la mida,
i veig caure en la nit el jorn potent;
quan veig la violeta ja marcida,
i en cabells negres blanquejar l’argent;
.
quan els arbres superbs veig sense les fulles
que daven ombra en la xardó als remats;
i els verds d’istiu, a feixos, fets despulles,
en un baiard, com per fossers, portats;
.
llavors ta gentilesa’, fa pensâ
que’l torb del temps se l’endurà també,
puig, beutats i dolçors, tot se desfà
i’s mor, de cara al nou encís que ve.
.
Contra la falç del temps no hi val ningú,
si no engendres qui’t valgui al ‘nar-t’en tu.
.

Versió de Magí Morera i Galícia (1913)

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Sonets Shakespeare - Montoriol

Quan consider com és, de breu, la vida,
i veig com cau vençut el jorn potent;
com la gentil viola jeu marcida,
i en negres rulls com lluen fils d’argent;
.
quan veig ben nus els arbres, sens les fulles
que en la xardor cercaven els ramats;

i els verds d’estiu, a feixos, fets despulles
i, en un baiard, a llur fossat portats;
.
se’m fa present llavors ta gentilesa,

que el torb del Temps ben tost s’emportarà,
puix mor beutat d’avui, i mor dolcesa,
davant l’encís, més fresc, d’un nou demà.
.
I em dic que res podrà del Temps salvar-te

sense un teu fill que surti a defensar-te.
.

Versió de Carme Montoriol Puig (1928)

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Sonets Shakespeare - Gerard Vergés

Quan vaig comptant les hores de la vida
i veig morir en la nit el dia ardent,
quan veig la violeta ja marcida
i els foscos rulls coberts de blanc argent,
.
quan veig robustos arbres sense fulles
que ahir van ser l’ombria dels ramats,

i els blats d’estiu, garbats i fets despulles
i en carros mortuoris traginats,
.
jo em pregunto, llavors, pel teu encant
i em dic que el teu destí és l’enrunament,

ja que dolçor i bellesa et trairan
quan les dels altres vagin en augment.
.
De la dalla del temps podrà salvar-te

només un fill que vingui a defensar-te.
.

Versió de Gerard Vergés (1992)

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Sonets Shakespeare - Oliva

Quan sento que el rellotge les hores va tocant
i veig el dia clar dins l’odiosa nit;
quan contemplo la flor que ja s’ha mig marcit
i els rínxols negres sobre els polsos blanquejant;
.
quan els arbres més alts veig despullats de fulles,
ells, que abans protegien contra el sol el ramat,
i a l’estiu el blat tendre dins les garbes lligat,
i després al damunt d’un taüt amb despulles,
.
jo penso en el destí del teu present tresor
i que el temps t’arrossega de pressa al seu rebuig,
i que tot el que és dolç i bell es perd i fuig,
i, a mesura que veu els altres créixer, mor.
.
Contra la falç del temps res no et pot defensar,
tret dels fills, que s’hi encaren, quan et vingui a segar.
.

Versió de Salvador Oliva (2002)

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Sonets Shakespeare - Txema Martínez

Quan compto el pas del temps que diu l’agulla
i cau el dia brau en nits de sang,
quan veig la violeta que s’esfulla
i els rínxols negres platejats de blanc,
.
i quan veig l’arbre enorme desfullat,
que al ramat li era abans un cobricel,
i el gavell de l’estiu que lliga el blat,
i l’espiga al taüt, blanc i aspre el pèl,
.
llavors et poso la bellesa en dubte,
tu que has d’anar amb el temps que et desballesta,
perquè el que és dolç i bell serà corrupte
i ràpid mor veient com creix la resta.
.
Res no et defèn quan ve el temps amb la dalla,
tret dels fills, que s’hi encaren quan et talla.
.

Versió de Txema Martínez (2010)

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Més a: La lleva dels homes és com la de les fulles.
Glauc a Diomedes, al cant sisè de la Ilíada

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Jordi Cornudella.

Les bones companyies. Poetes i poemes.

I Premi Internacional d’Assaig Josep Palau i Fabre

Galàxia Gutemberg / Cercle de Lectors. Barcelona, 2010.

ISBN: 9788481098662

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Jaume Pòrtulas

Introducció a la Ilíada

Editorial Alpha. Barcelona, 2009

ISBN: 9788498591354

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Leopardi - Cants - MaserasGiacomo Leopardi

Cants

Versió d’Alfons Maseres

Edicions “Oasi”

Barcelona, 1938

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Leopardi - Cants - ComadiraGiacomo Leopardi

Cants

Traducció i notes de Narcís Comadira
Edició bilingüe

Edicions 62 – Empúries: Barcelona, 2004
ISBN: 8429754717

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Sonets Shakespeare - Magí MoreraSelecta de Sonets de Shakespeare

Traducció catalana per M. Morera i Galícia

Oliva · Impressor

Vilanova i Geltrú, 1913

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Sonets Shakespeare - MontoriolEls sonets de Shakespeare

Traducció completa de Carme Montoriol Puig

Llibreria Verdaguer

Barcelona, 1928

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Sonets Shakespeare - Gerard VergésGerard Vergés

Tots els sonets de Shakespeare

Ed. Columna (3ª edició). Barcelona, 2001

ISBN: 8466400923

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Sonets Shakespeare - OlivaWilliam Shakespeare

Els sonets

Versions en prosa i en vers de Salvador Oliva
Edició bilingüe

Edicions 62 · Empúries. Barcelona, 2002
ISBN: 8475969909

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Sonets Shakespeare - Txema MartínezWilliam Shakespeare

Sonets

Traducció de Txema Martínez

Jardins de Samarcanda, 58
Cafè Central / Eumo editorial. Barcelona, 2010
ISBN: 9788497663823

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Per què Homer i Leopardi no estan contents de pagar els impostos. Pietro Citati

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Pietro Citati - Ulises y la OdiseaPietro Citati - Leopardi.

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PERCHE’ OMERO E LEOPARDI NON SONO FELICI DI PAGAR LE TASSE
di Pietro Citati

[Diari La Repubblica, 12/11/2007]

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Pietro_Citati

Pietro Citati

Conosco poco il ministro Tommaso Padoa-Schioppa. Ci siamo stretti qualche volta la mano, a Roma e ad Acquisgrana; e poi abbiamo taciuto, non sapendo cosa dirci. Mi ha sorriso. Ha un bel sorriso, che gli accarezza timidamente la superficie del viso, gli vela gli occhiali, si perde tra i capelli; e non riesce a penetrargli nel cuore, perché il cuore è abitato dalla malinconia. È delicatissimo e candido.

Non conosce la realtà: non sa che esistono i pomodori, gli zucchini, le caciotte, le bistecche di maiale; ed ignora cosa sia il danaro. Qualche tempo fa, ha pronunciato la frase più famosa della recente storia italiana: «Pagare le tasse è bellissimo».

Quando pago le tasse, al contrario di Tommaso Padoa-Schioppa, non sono felice. Credo che pagarle sia un atto doveroso, doloroso, fatale: mentre le paghi, le Parche tessono il loro filo ferrigno sul fuso. Bisogna pagare le tasse, per tenere aperte le scuole (sebbene la sinistra alleanza tra Luigi Berlinguer e Letizia Moratti abbia gettato le scuole italiane ad un livello lievemente superiore a quello del Mali, ma inferiore a quello del Ghana).

Bisogna pagare le tasse per far correre i treni (sebbene i treni siciliani, nei loro voli più folli, non riescano a superare i trenta chilometri all’ora). Bisogna pagare le tasse perché le automobili sfreccino sulle strade (sebbene le strade di Roma siano una sola, interminabile successione di buche). Bisogna pagare le tasse per assicurare le pensioni e l’assistenza medica e l’apertura dei musei e dei cimiteri e dei giardini pubblici e delle biblioteche rionali, e per mille altre ragioni, reali ed immaginarie, che i cittadini italiani conoscono molto meglio di me.

Sono, ahimè, un contribuente onesto: anche se volessi evadere le tasse non potrei, perché le dichiarazioni dei miei datori di lavoro formano, riunite insieme, un cappio così fitto attorno al mio collo che, se non le pagassi, mi impiccherei con le mie mani. Le pago prima possibile: a metà maggio e a metà ottobre, con lo stesso sentimento di uno che si leva un dente anzitempo, per tener lontano il dolore.

Il mio commercialista sta in piazza Tacito: una donna precisa, dolcissima e inflessibile, che si chiama Teresa, prepara i moduli. Il giorno prima dell’appuntamento, vengo assalito da una specie di torpore ed intontimento al capo, alle braccia, alle mani e ai piedi. L’occhio si oscura, l’orecchio non sente, la mano non palpa, la mascella cala sfiorando la parte superiore del petto. Penso ai miei carissimi libri, dai quali traggo la possibilità di pagare le tasse. Non sono io, ma Omero, Goethe, Leopardi, Kafka, Musil, Alice Munro, che finanziano lo Stato a mio nome.

E provo una sofferenza acutissima al pensiero che Omero e Alice Munro permettano all´onorevole Alessandra Mussolini di farsi fare gratis la messa in piega, all’onorevole Buttiglione di mangiare quasi gratis i moscardini e le mazzancolle, all´onorevole Diliberto di pronunciare gratis sciocchezze, e all’onorevole Massimo D’Alema di veleggiare, rapido ed elegante come un airone, tra le isole che tremiladuecento anni fa scorsero il viaggio disperato dell’ultima nave di Ulisse.

Non sono un uomo di sentimenti profondi; e la mia tristezza non dura mai a lungo. Il giorno fatale vado a Piazza Tacito, suono il campanello, entro nell’ufficio, firmo innumerevoli fogli di carta, e tre assegni; uno, enorme, per l’Irpef, uno più esiguo per l’Ici, e uno, esilissimo, per il commercialista. Consegno gli assegni nelle mani di Teresa; e in quel preciso momento, non so per quale ragione, il dolore si consuma e si volatilizza.

Torno a casa sollevato e quasi lieto. Penso che l’unica cosa bella del denaro non è accumularlo, né consumarlo, ma gettarlo via dalla finestra, come un uccello che ha appena appreso a volare. E poi, la testa dell’onorevole Mussolini ha davvero bisogno della sua messa in piega, lo stomaco dell’onorevole Buttiglione deve venire irrorato dai succhi dei moscardini e delle mazzancolle, l’onorevole Diliberto deve dire sciocchezze per la nostra gioia, mentre siamo lieti che l’onorevole D’Alema ascolti estasiato il canto delle Sirene, senza venire legato all’albero di Ulisse.

Provo una grande ammirazione per i ministri delle Finanze, le commissioni parlamentari, i legislatori, i tecnici del Ministero e dei Comuni e degli innumerevoli Enti e sovra-Enti e sotto-Enti, e per tous ces puissants qui nous gouvernent. Posseggono una fantasia inesauribile nell’inventare tasse: come oggi non conosce nessun romanziere o regista.

Prima c’è la trattenuta del venti per cento alla fonte: tassa quasi indolore, perché il cuore percepisce appena il vuoto lasciato nel conto corrente. Poi c’è l’immenso Irpef e l’Ici e la nettezza urbana e l’addizionale comunale e l’addizionale regionale e l’imposta per l’acquedotto del Fiora, che versa nei tubi della mia casa al mare una torbida acqua rugginosa; e poi tutte le piccole imposte, quando compro una matita, le lamette, il dentifricio, il sapone da barba, lo spazzolino da denti, l’inchiostro stilografico, la detestabile medicina.

Come tutti gli abitanti della Maremma, ho il privilegio di versare una tassa in più: quella per la Bonifica Maremmana. Settant´anni fa, il nonno dell’attuale onorevole Mussolini bonificò la Maremma: ora non ci sono più né paludi né zanzare: i maremmani non s’ammalano di malaria; eppure devo pagare una tassa per mantenere in vita i nipoti dei nipoti degli eroici bonificatori.

Infine, ci sono le tasse postume. Ogni anno, il ministero delle Finanze o l´assessore del Comune o il funzionario di qualche Ente o sotto-Ente si risveglia all’improvviso dal torpore e mi comunica minacciosamente che nel 2001 o 2002 o 2003 non ho pagato una tassa, e che devo pagarla ora, subito, maggiorata da spaventosi interessi di mora. Non ricordo più nulla. E telefono a Teresa, terrorizzato.

Sobria e tenera, Teresa mi assicura: «Non si preoccupi, signor Citati. Certamente sono loro che hanno sbagliato». Difatti, è uno sbaglio: non devo pagare nulla. Allora sorrido, mi guardo allo specchio, infilo il cappotto, esco di casa, fiero di vivere sotto la protezione del migliore dei ministri delle Finanze possibili, sotto il manto del migliore dei Governi possibili, nel migliore dei mondi possibili.

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