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Els Herois de Troia, a l’Elegia d’Atenes de Joan Rovira, en homenatge a Bartra

 

 

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Herois de Troia

Lletra de batalla als guerrers del futur

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(Termòpiles, 2016)

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Què sabran els altres de la nostra derrota,
de la negra batalla que lluitem a l’alba,
de l’hora en què acaba la tarda
i tornem a casa amb banderes esquinçades,
els peus nafrats, l’ànima bruta i vençuda.
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Què sabran de la lluita de l’endemà,
de l’endemà de l’endemà,
a la qual anirem quan encara no han guarit
les ferides del darrer combat
i tanmateix marxem amb el cap ben alt
al camp de batalla, portant les armes gastades
que abans eren poderoses i altives,
i així és com avancem, malgrat els negres presagis.
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No tenen final els dies, les llargues hores
d’una lluita sense esperança,
i mai no arriba l’hora última, fatal,
ni cau la bandera que portàvem
ni ens allibera la derrota definitiva.
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Demà encara tornarem,
combatents més cansats que avui,
i mirarem amb nostàlgia, des de la plana,
els murs de la ciutat condemnada.
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Un dia d’estiu obrirem les portes
als aqueus, ens deixarem enganyar
……..a l’alba
pel seu funest cavall de fusta
……..i al vespre
ens deixarem morir
mentre la ciutat la devoren les flames.
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Entendran la nostra agonia
els homes i dones del futur,
en ciutats noves,
i aquest dolor nostre
serà el seu,
combatents d’anònimes batalles,
herois més tristos que nosaltres.
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No els cantaran els poetes.
No els esperarà Troia al capvespre,
tan dolça i tan amarga.
Sense consol sortiran al matí de casa,
sense glòria cauran
i envejaran la nostra desgràcia.
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Joan Rovira
Elegia d’Atenes

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Epitafi del poeta adolescent
(fragment)
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Un migdia d’agost, a Grècia, al port de Vassiliki, aquell jove va quedar-se mirant, llunyana, la silueta blavosa de l’illa d’Ítaca. «Un dia tornaré», es va prometre, amb llàgrimes als ulls, quan va saber que acabava de salpar el darrer vaixell d’aquella setmana. Però han passat més de trenta anys i no sap encara si veurà Ítaca algun dia.
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Aleshores feia només tres estius que havia mort el seu mestre, el vell poeta que la primera tarda va rebre’l amb un somriure i una primera lliçó: «Ah, tu ets poeta? Doncs jo encara no en soc!».
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[…]

Atenes – Terrassa, estiu del 2016

(Joan Rovira i Miret. Manresa, 1962)

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Joan Rovira

Elegia d’Atenes

Pròleg de Vicenç Villatoro
XIII Premi Ciutat de Terrassa Agustí Bartra, 2016
Pagès editors. Lleida, 2017
ISBN: 9788499758640

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Maud Gonne no tenia una altra Troia per cremar; «No second Troy», de Yeats

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NO SECOND TROY
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Why should I blame her that she filled my days
With misery, or that she would of late
Have taught to ignorant men most violent ways,
Or hurled the little streets upon the great,
Had they but courage equal to desire?
What could have made her peaceful with a mind
That nobleness made simple as a fire,
With beauty like a tightened bow, a kind
That is not natural in an age like this,
Being high and solitary and most stern?
Why, what could she have done, being what she is?
Was there another Troy for her to burn?
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W. B. Yeats

».

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NO HI HA UNA SEGONA TROIA
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Com blasmar-la d’haver-me omplert els anys
d’afliccions, o d’haver, últimament,
llançat els carrerons contra els palaus
o ensenyat els vulgars a ser violents,
si almenys llur valor fos com llur anhel?
Què hauria pogut temperar-la si té
una ment noble i simple com el foc
i una bellesa com un arc tensat,
no natural en un temps com aquest,
tan solitària, alterosa i tenaç?
Què hauria pogut fer, essent com és?
Hi havia cap més Troia, per cremar?
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Traducció de Josep M. Jaumà

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yeatsIrlanda indòmita
150 poemes de W. B. Yeats
Traducció de Josep M. Jaumà

1984 poesia, 14
Edicions de 1984
Barcelona, novembre de 2015
ISBN: 978-84-15835-70-7

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Alba i José Emilio, a la riba de l’Escamandre, amb Helena, o no…

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Helena
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Salió del huevo con cuerpo de mujer y gracia de ave.
Por cada uno de sus poros cantaban la vida y la hermosura de sus triunfos y sus goces.
En el fondo de sus ojos claros, esperaba una montaña de guerreros muertos.
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Alba Omil
Con fondo de jazz

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Orillas del Escamandro
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Atravesaron en hondas naves el mar. Desembarcaron a orillas del Escamandro y durante diez años mantuvieron el sitio de la ciudad. Tras miles de combates y muertes penetraron en Troya mediante un ardid y la tomaron a sangre y fuego. Buscaron por todas partes a Helena. Al no encontrarla comprendieron que la causante de la guerra sólo había existido en la imaginación de un poeta ciego.
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José Emilio Pacheco
La sangre de Medusa y otros cuentos marginales

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«Adiós, Helena de Troya», de Germán Gullón

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Adiós, Helena de Troya

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A veces el destino juega con nosotros desde la misma cuna, a Helena de Troya se la hizo fina. Su madre eligió esa Helena con h, de tan escaso recibo, porque la señora de la casa donde había servido en Jerez usaba unos productos de Hele­na Rubinstein. La doméstica pasó siete años ad­mirando los anuncios de la susodicha firma en las revistas de doña Rosa, las señoras lindísi­mas, palabras del culebrón televisivo de sobre­mesa, qué porte, qué cutis, y todas parecían di­vinas. Además, como ella se llamaba Higinia, lo de ponerle una hachecita a Elena, ni se lo plan­teó dos veces. Al niñato del registro civil le tuvo que sacar el genio, porque salió con el patatín y el patatán que desde Homero y el código civil, y ella gritó con los bríos heredados de su madre, sardinera de Santander, que hizo al chupatin­tas repetirse acobardado toda la tarde aquello de por qué cono me meteré en camisa de once varas.

De harina de muy otro costal procedía el ape­llido. El hombre de la Ginia, un conocido zote, Lorenzo, nunca había servido para mucho. Ya en la mili el alférez de complemento de Zamo­ra, a quien servía de ayudante, le caló, Lorenzo, Lorenzete, tú sólo sirves para hablar de titis, eres un papanatas emporrado. El tal milite, doc­tor en medicina por Salamanca, le predijo así el futuro, como si leyera en la bola de cristal de Zu­que, el mago de Melilla. El Loren regenta ahora una mísera lechería, donde se despachaban las leches enteras, semis y des, y también cocas, fantas, yogures, y otras cuatro chucherías. La vida se le fue piropeando a las criadas del barrio. Jerónimo, un estudiante de derecho, que se pe­gaba atracones de Hacienda Pública por las no­ches, y residía en el primer piso en cuyos bajos tenía la cueva lechera el fulano, nunca se metía en la cama hasta las ocho de la mañana, cuan­do pasaba la primera oleada de furia piroperil del Lorenzo. Al igual que los fumadores al le­vantarse por las mañanas sufren accesos de tos, Lorenzo cuando levantaba el cierre de la leche­ría se le afinaba el pico. ¡Chica, qué guapa vie­nes! ¡Marisa, estás que lo derramas! ¡Adiós niña, hoy ni saludar, tendrás miedo a que el novio te vea conmigo! ¡Ay, si te cojo! Alguna vez, en la primavera o comienzos del verano, cuando la sangre corría con mayor desembarazo, el Lo­ren especificaba mejor los encantos femeninos, empleando una voz gorda, grave. En varias oca­siones, cuando se amostazó la patrona, se armó la de Troya.

Y hablando de Troyas. Todo fue culpa del pa­dre, de Manuel Antonio, el Tonete, progenitor del lechero de Higinia, que las palmó sin haberlo reconocido, y el Lorenzo estuvo a punto de morir en el arroyo, porque su mamá, Ángela, lo que menos necesitaba era un rorro, precisa­mente cuando el Loren asomó un cogollito de pelo negro grasiento por donde nacen los niños. En ese preciso momento la Gela se cagaba, entre ayes, ay, ay, ay, en todos los santos, diciendo lle­varos a eso de mi vista, pues lo único que ha he­cho es joderme, como el cabrito de su padre. To­tal, Lorenzo nació con la cruz en la frente.

Una amiga de la Gela se lo llevó a Sevilla, con el fin de colocarlo, porque tenía un corazón de oro, o mejor dicho, con el relleno que dicen tie­ne el de la sagrada familia. Tanta bondad y bue­na fe la condujo al Palmar de Troya, guiada por un tal Juan Izquierdo, sujeto avisado que llegó a ser medio obispo de un tinglado espíritu-religio­so. Gustaba de presentarse en público emulando a José (Juan), María (Gela), y el Niño (Lorenzo). Cuando la Guardia Civil vino un día exigiendo papeles, Loren quedó asentado con el nombre de Lorenzo de Troya, y de ahí el Helena de Troya.

Lo del nombre pasó desapercibido hasta que en la escuela un maestro, que había asistido a las clases de Agustín García Calvo en la Univer­sidad de Sevilla, buen conocedor de la literatura clásica, levantó la liebre. De nuevo ardió Troya, porque la Helena dijo que nanay de guerras y complicaciones, y trazó con tino seguro su ge­nealogía, de Higinia a los anuncios de la Rubinstein, una mujer que nunca envejecía, nunca se la conoció ningún lío, y que se la podía cono­cer mirando un retrato suyo en el escaparate de la farmacia de la plaza mayor. La cosa quedó ahí, únicamente el lechuguino, que una vez al mes peregrinaba a cierto piso de la calle de la Ballesta de Madrid a tomar clases de alemán del maestro García Calvo, cuando pasaba lista, tras leer Helena de Troya levantaba la cara hacia ella con una media risita; la alumna se decía para sí: vaya cara de gilipollas que pones, macho.

Con tales antecedentes nadie se sorprenderá de saber que Helena de Troya acabó siendo ofi­cial de aduanas, destinada en la frontera hispano-francesa. El trabajo era fácil; sólo cuando ha­bía alarma de droga, un día sí y otro también, o de atraco en un banco próximo a la divisoria, se complicaba la cosa; la verdad, los franceses le tienen miedo hasta a su sombra, y les gusta sa­car la autoridad, especialmente a los polis de in­tervención rápida, los fardones que van vestidos a lo estarwars. Desempeñaba sus funciones em­parejada con un compañero francés, Héctor Fournier, un rubito de ojos azules bastante majete, agradaba verlo con su uniforme bien plan­chado. Desde el primer día que les presentaron, Helena a partir de ahora trabajaremos en pare­ja, un aduanero español con uno francés, se ca­yeron bien, ella incluso dijo: encantada. Notó enseguida que Héctor la prestaba poca atención, y que ninguna postura, inclinarse hacia delan­te para que el culito quedara bien levantado, los infalibles, según la revista Cosmopolita, puñetacitos en el pecho (le faltaban los pelazos negros) para excitar al macho, o arrastrarle por el bra­zo para que perdiera el equilibrio y tuviera que agarrarse a algo sólido, nada. Héctor sonreía como los políticos, sin sentir ni frío ni calor.

El trabajo, aparte de las alertas de alijo de dro­ga, era sencillo: a los europeos, pista libre, al res­to registro e intimidación. Los que se aproxima­ban al perfil robot del sospechoso confeccionado por Europol, comprobación de la identidad y re­gistro de la persona y de las pertenencias. El procedimiento a seguir, repetido por los instruc­tores de la escuela de aduaneros millones de ve­ces, se reducía a: identificar a los sospechosos aplicando el perfil, cabello negro y rizado, sos­pechoso; si venía acompañado por ojos negros y mirada desafiante, a ésos interrogatorio; báje­se del camión, y pase a la oficina, por favor. Sen­tarles, pedir documentación, verificar su auten­ticidad, y pase a la habitación. Tras un par de minutos entrar y cachear al sospechoso.

Literalmente ardió Troya el día en que Helena y Héctor cacheaban a un tal París Maujab, un jovencito moreno, de mirada penetrante, que no se ajustaba al perfil, por tener el pelo liso y esca­so, pero que Héctor insistió en que sí. Sin discu­tir, Helena le dijo alce los brazos, y cuando em­pezó a cachear le miró a los ojos, notando que se le ponían brillantes, entonces vio que Héctor tenía los suyos cerrados y pasaba su mano ¡por el culo! del individuo en cuestión. ¡El muy mari­cón! Lo sospechaba, pensó Helena. ¿Por qué me lo ocultó? Sin pensarlo dos veces prosiguió el re­gistro, pero le metió la pierna entre las suyas al registrado, apretándole suavemente al bulto, y se acercó a él, hasta notar su agradecimiento.

Al terminar el cacheo, Héctor rellenaba parsi­monioso y funcionarial una forma. ¿Encontras­te algo? Ella miró a París Maujab, y no contestó. Puede irse, señor Maujab, dijo Héctor. Salimos al mismo tiempo de la oficina, y esa noche en Biarritz, en el aparcamiento para camiones, La Fleur d’Occident, durante un cacheo menos pro­fesional del sospechoso para entender por qué Héctor se detuvo donde lo hizo se escuchó: Yo tampoco discrimino, me gusta tanto lo que mira al sur como lo que mira al norte.

París insistió en que lo acompañara de rutera, ella contestó que la obligación la mandaba incor­porarse al trabajo, añadiendo que cada vez que cruzara la frontera preguntase por Helena de Troya, y que lo atendería con cariño y amistad.

El destino las juega que pa qué. París acabó convenciendo a Helena, y terminó llevándosela a su país. Hoy la conocen con el nombre de He­lena Maujab, y sus hijos se parecen al padre, he­redaron también el talento para las lenguas. El maestro recomienda que el mayor estudie latín y griego, enorme trastorno porque la única es­cuela está a quince kilómetros de la casa. Héc­tor, que también abandonó los líos de las fron­teras, y funge de administrador del negocio de transportes, Mercancías Maujab, se ofreció con su amabilidad habitual a llevarlo todos los días, o si no que lo haría Mohammed, su compañero. La pequeña Salomé de momento no se descose de las faldas de la madre.

París sigue cruzando fronteras, a veces des­cansa nostálgico en La Fleur d’Occident, y nun­ca deja de congratularse por la suerte de haber encontrado un talismán como Helena. Ella, a su vez, todavía se derrite cuando la llama por su nombre, y desde la cabina del camión, con el pelo algo más ralo y luciendo unas gafitas con marco de metal, con lo que recuerda a Salman Rushdie, le dice sonriendo moruno: Adiós, Hele­na de Troya.

(Una sesión continua de Los diez mandamien­tos y Le chien andalou complementan la lectura anterior. Si hubiese que poner una ilustración al cuento podría utilizarse alguna imagen abstracto-paródica pintada por Salvador Dalí o, me­jor, cualquiera de las imágenes de Salomé que tanto les gustaban a los modernistas.)

Germán Gullón (Santander, 1945)

Germán Gullón
(Santander, 1945)

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Germán Gullón
Adiós, Helena de Troya

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Adiós HelenaGermán Gullón

Adiós, Helena de Troya

Col. Ánfora y Delfín, 796
Ediciones Destino. Barcelona, 1997
ISBN: 9788423328482

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«…veig el vent sense ales ni plomatge i tinc paralitzades les barques a la platja…»; David Jou.

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Agamèmnon.- No hi ha remor ni d’ocells ni del mar,
en efecte, i el silenci dels vents s’estén per aquest
estret de l’Eurip.

Eurípides
Ifigenia a Àulida
Traducció de Maria Rosa Llabrés Ripoll

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VARIACIONS SOBRE EL TEMA
D’IFIGÈNIA A ÀULIDA

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Com una forma trista d’ocell en un cel baix,
anònim, veig el vent sense ales ni plomatge
i tinc paralitzades les barques a la platja
i el meu desig es migra de no poder marxar.
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Els ideals no saben a quin incert demà
estan predestinats, i volen aventura,
i giren dintre meu i em torben amb la dura
mirada de rancúnia d’un llarg ressentiment.
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Caldrà algún sacrifici, ja ho veig, per cridar el vent,
per envestir la sort i anar d’una vegada
a Troia i a la pura ciutat imaginada
dels versos impossibles d’un altre naixement.
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David Jou (Sitges, 1953)

David Jou
(Sitges, 1953)

David Jou
Mirall de vellut negre

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David Jou - Mirall de vellut negreDavid Jou

Mirall de vellut negre

Els llibres de l’Escorpí. Poesia, 67
Edicions 62. Barcelona, 1981
ISBN: 8429717447

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Comparació de Catalunya amb Troia (1641)

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Catalunya-Troya 2020El 1641, en el context de la Guerra dels Segadors, es va publicar a Barcelona, a la impremta (estampa) de Jaume Romeu, un fulletó amb un poema titulat Comparació de Cathalunya ab Troya. Aquesta publicació s’insereix en el context de la guerra de fullets propagandístics, en el marc del referit conflicte bèl·lic.

L’obra es pot consultar a la Biblioteca de Catalunya (al fons Bonsoms de fullets) i també es pot consultar el seu facsímil en línia.

Lídia Ayats Pedregosa en va fer i publicar, en un article, una anàlisi acurada, amb la transcripció del poema, també consultable en línia.

Ayats ens situa l’obra en el seu context històric i diu:

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Catalunya-Troya 2021

Des dels primers moments de la guerra es redactaren nombrosos papers propagandístics de l’un i l’altre bàndol. El comte-duc d’Olivares tenia la seva pròpia màquina de propaganda i a Madrid es publicaren diversos documents i pamflets justificant el comportament del govern. També la Diputació va desplegar la seva maquinària propagandística per tal de defensar-se… La guerra pamfletària va ser molt intensa. En són una bona mostra la col·lecció de proclames i pamflets catalans que es guarden al fons de fullets Bonsoms.

Aquestes obres propagandístiques no sempre es publicaven a càrrec de les corporacions oficials, sinó que moltes vegades eren impreses —i així es fa constar al colofó— a despeses dels llibreters, que en feien d’editors. Tampoc no hem de pensar que tota la propaganda del bàndol català era publicada en aquesta llengua; algunes d’aquestes obres van ser escrites en castellà (ja fos per raons polítiques o per raons de mercat).

La Comparació de Cathalunya ab Troya se situa, doncs, en el context del gran nombre de pamflets i manifests revolucionaris que a partir de 1640-1641 van circular per Catalunya, en un primer moment justificant l’aixecament i argumentant la licitud de l’enfrontament contra els castellans, i, més tard, exposant la necessitat de prendre consciència de la gravetat de la situació i proclamant l’obligació de restablir la justícia a través de la guerra. R. Garcia Càrcel cita el mític discurs de Pau Claris com a reflex del sentiment català en aquests primers moments de la guerra i com a «condensació literària de tot el bagatge ideològic de la literatura de combat en la conjuntura especifica de 1641».  En la Comparació de Cathalunya ab Troya retrobem les característiques essencials d’aquesta literatura política: l’exposició de les penalitats i injustícies que pateix Catalunya (agressions a la religiositat, la propietat i la família, les lleis de la nació), l’atac als responsables que s’hagi arribat a aquesta situació, la incitació a prendre les armes per defensar la pàtria.

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Vegem alguns fragments del poema:

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…, si tens tant desitg y tantes ganes

de saber lo succés que tu·m demanes

y com se va acabant aquesta terra,

per trobar-se invadida de tal guerra,

encara que és pesada y trista història,

y tinch los ulls plens de aygua ab sa memòria,

te vull anar dient que Cathalunya

de ser un·altra Troya no se allunya.

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De Troya·s diu que la perdé una poma,

de Cathalunya, una coloma.

Va’s judicar allà contra justícia,

no y ha·gut per así menos malícia.

Va-u fer Paris allà per Venus bella,

feren-ho assí ministres per Castella.

Prometé-se-li a Paris hermosura,

per así tot se feye a plata pura.

Del mal judici se enujà la diosa,

al Principat tocave aquexa cosa.

Alli deu anys hi va durar la guerra,

no se li espere menos a esta terra.

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Cathalunya és, donchs, vuy Troya perduda,

mes no del tot, que Déu li ve en ajuda.

Però está, segons vem, molt abrasada;

ab tot, no la veuran grechs acabada.


 

 

Catalunya-Troya 2021[Anònim]

Comparació de Cathalunya ab Troya

Estampa de Jaume Romeu

Barcelona, 1641

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Lidia Ayats Pedregosa
Comparació de Cathalunya ab Troya
Estudi general: Revista de la Facultat de Lletres de la Universitat de Girona, ISSN 0211-6030, Nº 14, 1994 , pags.137-157

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Troia vista des l’Islàndia. Gerður Kristný

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Gerdur_Kristny

Gerður Kristný (Reykjavík, Islàndia, 1970)

TRÓJA
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Borgarmúra ber við

blindan himin
guðirnir hafa snúið
við mér baki
þeir æsa gegn mér
ógnarher
hamstola múg
úr myrkri
Strengd um hælinn
húð yfir heitu blóði

brýni sverð mitt
á beinum óvina
svo hegg ég hælinn af

Tek fram hnífinn er sólin sest
sofið bara, nú tálga ég hest.
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Gerður Kristný

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TROY
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Battlements rise against

the blind sky
The gods have turned
their backs against me
a mighty army
a frenzied throng
of darkness

Skin stretched over
the heel’s hot blood

I whet my weapon
on the bones of my foes
then hack off the heel

Draw my knife as the sun sets
sleep now, I’ll hew you a horse
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Traducció de Victoria Cribb

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TROIA
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Les muralles s’alcen sota

el cel orb
Els déus
m’han girat l’esquena
un poderós exèrcit
una multitud frenètica
de fosca
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La pell tensa sobre
la sang calenta del taló
 
Esmolo la meva arma
en els ossos dels meus enemics
i li tallo el taló
 
Empunyo la daga quan el sol es pon
dorm, que et faré un cavall
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SIGURGLEÐI
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Bóndi ekur vígreifur

um sveitina
með dauða tófu á húddinu
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Hann sat um grenið
inni í jeppanum
svo dýrið fyndi bara
lykt af bensíni
ekki manni
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Enginn minnist á
Akkiles eða Hektor
og sjálf get ég
setið á mér
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Gerður Kristný
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TRIUMPH
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The farmer drives gloating
through the district
vixen dead on the hood

He laid siege to her lair
in his jeep
so the animal smelt
the stench of petrol
not man

No one mentions
Achilles or Hector
and I know how to
hold my tongue

Traducció de Victoria Cribb

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TRIOMF
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El conductor condueix exultant
a través del districte
amb una guineu morta sobre la capota
 
Ha posat setge al seu cau
en el seu jeep
i així l’animal ha flairat
l’olor de gasolina
i no la d’home
 
Ningú no menciona
Aquil·les o Hèctor
i jo sé com
mossegar-me la llengua

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Poetry in translationParnassus. Modern Poetry in Translation

Third series. Number Seventeen

Edited by Davis & Helen Constantine

Poetry Parnassus.London, 2012

ISBN: 9780955906497

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