Arxius

Arxiu d'Autor

«Énée racontant à Didon les malheurs de la ville de Troie», de Guérin, via «A Postcard from John Ashbery» de Frank O’Hara

.

.

Pierre-Narcisse Guérin

Énée racontant à Didon les malheurs de la ville de Troie

Oli sobre tela, 1815

 

A POSTCARD FROM JOHN ASHBERY

.

What a message! what a picture!

all pink and gold and classical,

a romantic French sunset for a

change. And the text could not

but inspire—with its hint

of traduction, renaissance, and

Esperanto: verily, The Word! By

what wit do we compound in an

eye «Enée racontant à Didon les

malheurs de la Ville de Troie»

(suburban sexuality and the

milles fleurs that were Rome!)

with «Äneas erzählt Dido das

Missgeschick der Stadt Troya»

(truisms and immer das ewig

Weibliche!) and (garlic oscura,

balliamo! balliamo, my foreign

lover!) «Enea che racconta à

Didone le disgrazie della Città

de Troia» followed by yet an-

other, yet wait! in excess perhaps

but as gleaming as the fandango

that echoes through all of Ravel

“Eneas contando a Dido las desgracias

de la Ciudad de Troya”? (let me

dance! get your hands off me!)

for Guérin was thinking of Moors

and Caramba! flesh is exciting,

even in empirical pictures! No?

.

Frank O’Hara

 

Lectures addicionals:

Iriarte, Fabián O. “Emitido con estática : Los poemas interferidos de Frank O’Hara

.

.

.

Frank O’Hara

The Collected Poems

Edited by Donald Allen

University of California Press. 1995

ISBN: 9780520201668

.

.

 

 

«En las tiendas griegas», el manuscrit trobat de «La pesquisa», de Juan José Saer. Superestructura i infrastructura a la guerra de Troia

 

“… durant una o dues hores, el nostre heroi no tingué gaire consciència del que passava al voltant d’ell. […]

De sobte, el sergent cridà als homes:

—Que no veieu l’Emperador, carallots?

Tot d’una l’escorta cridà visca l’Emperador!, a plena veu. No cal que diguem que el nostre heroi obrí uns ulls com unes taronges, però no veié sinó generals que galopaven, seguits també per una escorta. Les llargues crineres voleiadisses que duien als cascs els dragons del seguici li impediren distingir les cares. «O sigui, que no he pogut veure l’Emperador en un camp de batalla, per culpa d’aquests maleïts gots d’aiguardent!» […]

La Cartoixa de Parma

Stendhal

Traducció de Pere Gimferrer

 

.

     

[…]

      –No me refiero a la veracidad de la historia, sino a la mía –dice Pichón–. Si no me creen, les mando los diarios.

     Indeciso, Soldi escupe el carozo de la aceituna en la palma de su mano, y después lo deja en un cenicero. Tomatis advierte su vacilación.

     –No le hagas caso –dice–. Es un lugar común de la crítica francesa. Pichón se echa a reír.

     –No, de veras –dice–. Salió en todos los diarios. Y, además, pasó a la vuelta de mi casa.

     –Argumento irrefutable –dice Soldi con desdén, recuperando su aplomo y entrando nuevamente en el tono de la discusión, que consiste en definitiva en formular, de manera irónica, objeciones o aprobaciones, sin estar nunca demasiado seguro de que han sido aceptadas o siquiera comprendidas por los otros–. Desgraciadamente, el autor de En las tiendas griegas ya se ha abocado a ese problema.

     De manera un poco ostentosa y convencional, Pichón enarca las cejas y asume una expresión interrogativa, destinada a significar más o menos: por lo que me transmitieron de ese texto, no me parece haber entendido que tratara de esa cuestión.

     –Los dos soldados –dice Soldi–. Los dos soldados de guardia en la tienda de Menelao.

     Y ante el interés de Pichón y de Tomatis, que lo estimula y lo embriaga levemente, y que transparenta mucho –tal vez un poco demasiado– en sus expresiones, Soldi explica que del Soldado Viejo y el Soldado Joven –los dos personajes principales de la novela–, el Soldado Joven, que acaba de llegar de Esparta hace apenas unos días, es el que más sabe de la guerra. El Soldado Viejo, que está desde hace diez años en la llanura de Escamandro –la mayor parte de la novela transcurre la noche que precede la introducción del Caballo y por lo tanto la destrucción de la ciudad– no ha visto nunca un solo troyano, en todo caso de cerca, debido quizás a que forma parte del personal de Menelao, que se ocupa de los problemas de intendencia y de seguridad en retaguardia, y para él esa palabra, troyano, evoca únicamente unas figuras humanas diminutas, debatiéndose contra los griegos en un punto de la llanura, y después en otro, y más tarde en un tercero, y así sucesivamente. Cuando Menelao, al comienzo del sitio, encabezando una embajada, había entrado en la ciudad para ir a reclamar a Helena (a la que él nunca había visto), le había tocado quedarse de guardia en el campamento. Y si venía alguna embajada troyana a parlamentar, era siempre en la tienda de Agamenón que la recibían. Para él, Troya era una muralla gris que se elevaba a lo lejos y en la cual, de tanto en tanto, veía pasearse una silueta vagamente humana. En cuanto a las hazañas del héroe cuyo sueño estaban protegiendo en ese mismo momento, el Soldado Viejo no sabía casi nada, tal vez porque en todos los años que había estado a su servicio, su jefe apenas si le había dirigido dos o tres veces la palabra. El Soldado Joven, en cambio, estaba al tanto de todos los acontecimientos, hasta el más insignificante, que habían tenido lugar desde el comienzo del sitio. Y no únicamente él, sino toda Grecia, lo que equivalía a decir el universo entero. Todos los hechos relativos a la guerra les eran familiares hasta al más oscuro de los griegos. Incluso las criaturas que habían nacido cuatro o cinco años después del comienzo de las hostilidades, remedaban los hechos más salientes en sus juegos: todos querían ser Aquiles, Agamenón, Ulises, y únicamente contra su voluntad aceptaban el papel de Paris, de Héctor, de Antenor. 

Hasta los que todavía gateaban querían ir a recoger el cadáver de Patroclo, lo mismo que los hombres hechos y derechos que, erguidos sobre sus miembros vigorosos, adoptaban en la plaza pública actitudes que creían imitar de Filoctetes o de Ayante, o los viejos que, ayudándose con un bastón, que solían revolear en la fiebre de sus relatos, andaban por los caminos repitiendo las hazañas que todo el mundo conocía de memoria y que sin embargo nadie se cansaba de escuchar. En las noches de invierno, cuando caía la nieve en las montañas solitarias, familias enteras, señores y criados, amos y esclavos, hombres y mujeres, adultos y criaturas, se apretujaban alrededor del fuego para escuchar, por milésima vez, los relatos. Si un viajero atravesaba algún lugar desierto, y se cruzaba con un algún desconocido, o con algún pastor que cuidaba su rebaño desde hacía meses en algún valle perdido, apenas habían intercambiado un saludo convencional, el tema de la guerra se instalaba en la conversación. De vuelta de una de esas temporadas, un pastor pretendió que una mañana sus cabras, inexplicablemente, se habían puesto a gemir desconsoladas, y que él se había enterado un poco más tarde por un viajero de que había sido el día de la muerte de Patroclo. 

Al Soldado Viejo, todos esos nombres de héroes se le mezclaban en la cabeza, porque tenía muy poco contacto con ellos e ignoraba la mayor parte de las hazañas que al Soldado Joven le parecían tan gloriosas. Los pocos efectos palpables de la guerra para el Soldado Viejo, se resumían en dos o tres hechos concretos: un día, por ejemplo, después de una batalla de la que todo el mundo comentaba que había sido muy violenta, pero de la que él no había visto más que una nube de polvo en un punto lejano de la llanura, su jefe había vuelto ligeramente herido, y varias veces también había podido deducir del humor de Menelao, si el curso de los acontecimientos era favorable o adverso a los griegos. Una cosa parecía segura: había una guerra, porque alguno de sus viejos camaradas que habían sido seleccionados para la acción nunca volvieron al campamento, y porque a veces faltaban el pan y el aceite –nunca en la mesa de los jefes desde luego– y otras cosas similares, lo que era signo de tiempos difíciles. Si se hubiese topado con Ulises o Agamenón, el Soldado Viejo no los hubiese reconocido. Cuando los otros jefes venían a la tienda de Menelao, siempre lo hacían en grupo, y cuando venían solos, al Soldado Viejo le costaba igualmente distinguirlos. De todas maneras, a su edad –en realidad apenas si tenía cuarenta años– ya había aprendido desde hacía tiempo que al soldado raso le conviene ser ciego, sordo y mudo y tratar de pasar completamente desapercibido. Para el Soldado Joven era exactamente lo contrario: tampoco él había visto nunca a Helena, pero conocía todas las historias, anécdotas y leyendas que circulaban sobre ella. Sabía de ella probablemente más que su marido y que el amante troyano –el nombre de Paris al Soldado Viejo no le decía nada– que, infringiendo las leyes de la hospitalidad, la había seducido y secuestrado en ausencia de Menelao. Más aún: afirmaba que Helena era la mujer más hermosa del mundo, y la consideraba también como la más casta, porque un rey de Egipto que había dado alojamiento a la pareja durante un alto en su viaje hacia Troya, cuando descubrió el secuestro, expulsó a Paris y, gracias a manipulaciones mágicas, fabricó un simulacro de Helena tan semejante al original que Paris se la había llevado consigo a Troya creyendo que era la verdadera, la cual, según el Soldado Joven había oído decir, seguía todavía en Egipto, donde había envejecido considerablemente, esperando la vuelta de su marido. A lo cual el Soldado Viejo contestó (según Soldi memorablemente, y en la novela con mejores palabras que las que él estaba transmitiéndoles en forma sucinta) que, si todo eso era cierto, la causa de esa guerra era un simulacro, lo cual en cierto modo no cambiaba nada para él, porque teniendo en cuenta lo poco que sabía de ella, no únicamente su causa, sino también la guerra misma era un simulacro y que, si algún día volvía a Esparta y alguien le pedía que contase la guerra, se encontraría en una situación delicada, pero si le quedaba algún ocio en su vejez, lo dedicaría a informarse de todos esos acontecimientos tan conocidos en el mundo entero y que el Soldado Joven acababa de referirle.

Satisfecho de la larga explicación de Soldi, Tomatis deja de mirarlo y ausculta con cierta expectativa la cara de Pichón, para ver si las palabras de Soldi han producido el efecto que él desearía, a saber que Pichón esté tan interesado en la novela como en la personalidad del albacea literario –designado por la hija gracias a las maniobras del propio Tomatis– de Washington. Y como considera que de ese efecto depende también un poco su propia reputación, la sonrisa pensativa de Pichón lo tranquiliza. Él conoce bien, desde hace más de treinta y cinco años, esa sonrisa, en la que hay al mismo tiempo reconocimiento, simpatía y reflexión, y que anuncia siempre una réplica, precedida de un corto silencio. Y la réplica llega:

     –El Soldado Viejo posee la verdad de la experiencia y el Soldado Joven la verdad de la ficción. Nunca son idénticas pero, aunque sean de orden diferente, a veces pueden no ser contradictorias –dice Pichón.

     –Cierto –dice Soldi–. Pero la primera pretende ser más verdad que la segunda.

[…]  

Juan José Saer

La pesquisa

 

En Marxismo y forma Frederic Jameson definía un “tropo histórico,, como aquella operación mental que “permite poner en contacto dos realidades distintas e inconmensurables, una en la superestructura y la otra en la base, una cultural y la otra socioeconómica”

En su inquietante novela La pesquisa, el escritor Argentino Juan José Saer nos ofrece un ejemplo esquemático y un tanto alegórico de esta “inconmensurabilidad” que vale la pena explorar un momento.

Con una prosa marcadamente existencialista que, sin embargo, empuja una trama de novela negra, Saer nos refiere la historia de un extraño y viejo manuscrito encontrado por los protagonistas de la novela. Estos, mientras intentan determinar su autoría, nos van desvelando diferentes pasajes de la historia que contiene dicho manuscrito: un Soldado Joven y un Soldado Viejo (griegos ambos) montan guardia en el campamento levantado ante las murallas de la ciudad de Troya justo la noche antes de que el mítico caballo de madera precipite su, también mítica, destrucción. Esa noche, mientras montan guardia frente a las tiendas de sus superiores, el Soldado Joven recién llegado de Esparta le explica al Soldado Viejo, quien lleva ya 10 años frente a las murallas, todos los detalles y vicisitudes de una guerra que él no ha vivido pero que, sin embargo, parece conocer mucho mejor que el Soldado Viejo (y no sólo el Soldado Joven, sino que toda Grecia conocen todos los hechos relativos al sitio y a la guerra de Troya). El Soldado Viejo escucha con atención: las hazañas de Aquiles, Agamenón, Ulises, Héctor… Toda Grecia vive atravesada por dichos relatos y hazañas que el Viejo desconoce.

Ocupado en problemas de intendencia y seguridad en la retaguardia para el Soldado Viejo la guerra apenas ha significado una nube de polvo que se levanta en la llanura cuando empiezan las batallas, y sus superiores apenas le han dirijo cuatro palabras en 10 años de sitio a la ciudad. Sorprendido por esas historias que le cuenta el Joven, el Viejo decide que cuando vuelva a su Esparta natal dedicará el poco tiempo que le quede de vida y de ocio a informarse sobre todos esos héroes y acontecimientos tan conocidos sobre los cuales (reales o falsos) él nada sabía…

En la magnífica novela de Saer se nos ofrece, pues, una representación esquemática entre, por un lado, la “superestructura” —el Soldado Joven que, más allá de su realidad inmediata, consume sin reservas las representaciones patricias de la historia, de héroes y gestas que se baten por el honor y la gloria de sus pueblos— y, por otro, la “infraestructura” —el Soldado Viejo cuya experiencia real y vivida se consume en una cotidianeidad de explotación y trabajo vacía de todo valor y sentido—.

Para nuestro propósito, en esta introducción, queremos hacer dialogar brevemente esta escena con la que abre lo que se ha venido a llamar la “gran novela épica del siglo XX”, La estética de la resistencia. En esta novela, el escritor y dramaturgo alemán Peter Weiss dotará de una interesante fluidez dialéctica estos dos órdenes de la realidad, “el Soldado Joven” y el “Soldado Viejo”, la “infraestructura” y la “superestructura”, que en Saer aparecen tan absolutamente contrapuestos.

En el texto de Weiss nos situamos en la Alemania de los años 30. Unos obreros comunistas dedican el poco tiempo que consiguen arañar al trabajo en la fábrica a ir al Museo de Berlín y estudiar el friso de Pérgamo donde se representa el triunfo de Zeus y de Atenea frente a sus enemigos los gigantes.

Lo que ven en el friso imperial estos obreros en medio de la Alemania nazi imperialista de los años 30 dista mucho de la mirada crédula y sin reservas del Joven Soldado frente a las representaciones de la guerra de Troya que veíamos en la novela de Saer; muy distinta es también la relación de “inconmensurabilidad” que se establece entre dichas representaciones y la experiencia inmediata de lucha cotidiana por la existencia que veíamos en el Viejo Soldado espartano.

Los obreros de La estética de la resistencia enseguida reconocen en los hijos de Gea que se enfrentan a los dioses del Olimpo un hilo rojo compartido. Y entre los fragmentos desprendidos de la piedra y sus huecos ven a los ausentes, los que han perecido en esta lucha. Lo que retuerce la piedra en gestos y muecas de dolor no es un simple “conflicto de intereses económicos”, el efecto mecánico de unas determinaciones económicas. En la escena, la lucha de clases aparece como una confrontación de sistemas éticos y estéticos (una economía moral) que comprende deseos, emociones y valores que estructuran también las razones de sus protagonistas, “una visión del mundo” que historiza el presente y politiza el pasado; abriendo las puertas a un futuro diferente.

Los titanes a punto de perecer en ese instante esculpido en la piedra de Pérgamo refractan, pues, la lucha actual contra el fascismo que emprenden los protagonistas de la novela de Peter Weiss. Una lucha irreconciliable con la barbarie fascista y capitalista (con su mundo) a punto de triunfar nuevamente sobre los hijos de la tierra, y ello moviliza valores, experiencias de lucha y solidaridad que constituyen el “punto de vista”, el punto de partida de la reflexión teórica y del conocimiento práctico de una clase, de los oprimidos en lucha.

Marc Casanovas

Una Rayuela revolucionaria para el siglo XXI

Prólogo a: El Marxismo olvidado, de Michael Löwy

 

 

Stendhal La Cartoixa de Parma

Traducció de Pere Gimferrer

Les millors obres de la literatura universal, 8

Edicions 62 i la Caixa. Barcelona, 1981

ISBN: 842971782X

 

 

Juan José Saer

La pesquisa

Rayo verde editorial. Barcelona, 2012

ISBN: 9788415539001

 

 

 

Michael Löwy

El marxismo olvidado

Pròleg de Marc Casanovas

Editorial Fontamara. Barcelona, 1978

ISBN: 9788494833908  

 

 

Amb motiu de l’aparició de «La ira», de Raül Garrigasait. La primera passió d’Europa

.

Achilles’ banefull wrath resound, O Goddesse, that imposd
Infinite sorrowes on the Greeks, …

Traducció a l’anglès de George Chapman (1611)

.

¡Canta, diosa, la ira de Aquiles, el de Peleo!,
ira maldita, que echó en los Aquivos tanto de duelos,

Traducció al castellà d’Agustín García Calvo (2003)

.

Canta, deessa, la ira perniciosa d’Aquileu Pelida, que causà dolors sense nombre als aqueus …

Traducció al català de Lluís Segalà i Estalella (1930)

.

Vreden, Gudinde! besyng, som greb Peleiden Achilleus
Rædsomt, og Qvaler i tusinde Tal Achaierne voldte.

Traducció al danès de Christian Wilster (1836)

.

Ialki ezazu, Urtzemel Akile Pelesemearen erresumiña,
Akayar’entzako beñolako atsekabe samiñen iturburu izan zana.

Aithris, a bhan-dia nam fonn !

Traducció a l’euskera de Salbador Bariandaran (1956)

.

Fearg mhic Pheleuis nan glonn àigh,
Fearg mhillteach a chiùrr a’ Ghréig

Traducció  al gaèlic escocès d‘Ewen MacLachlan (1816)

.

Canta, deusa, a xenreira de Akhileus Peleiades,
tan funesta, que infinitas dores ós Akhaiói impuxo,

Traducció al gallec d’Evaristo de Sela (1990)

.

Cantami, o Diva, del Pelida Achille
L’ira funesta che infiniti adusse
Lutti agli Achei, …

Traducció a l’italià de Vincenzo Monti (1812)

.

Bibêje, Xwedawend, hêrsa Akhîlleûsê kurê Peleûs bibêje.
Ji Akhayan re êsên li dû hev ew hêrsa ku qehr dike anî,

Traducció al kurd de Fecri Polat i Kamuran Demir (2015)

 

L’ahiranço  d’Achille, o divo Muso, chanto
Que tant n’en fèc patir de maus afrous ei Grèc,

Traducció a l’occità de M.F. Pascal (1884)

 

Canta-me, ó deusa, do Peleio Achilles
A ira tenaz, que, luctuosa aos Gregos,

Traducció al portuguès de Manoel Odorico Mendes (1874)

 

*   *   *   *   *   

 

.

.

.

.

II

.

La primera passió d’Europa

.

Tot va començar amb uns homes orgullosos i susceptibles que feien la guerra a Troia. Tots ells, sobretot els més forts, sobretot els més admirats, tenien allò que els grecs en deien un gran thymós, una paraula de traducció difícil. El thymós era la vida, la força, el desig: però era sobretot la font de tots els impulsos vitals. […] De vegades la paraula thymós també significava ‘ira’. Els millors guerrers havien de saber fer néixer la ira dins seu. El millor de tots els aqueus, Aquil·les, era el més irascible de tots. Quan li demanaven que dominés el seu thymós, ell encara s’encastellava més en la seva passió, i ho va acabar pagant. Perquè el thymós era una potència ambivalent, causa de la glòria més alta i de la desolació més extrema. Tot i que ho sabien, els herois no hi podien renunciar. Els quinze mil versos de la Ilíada, crus i plens de belleses que encara fan més crua la guerra, giren al voltant d’aquesta vida problemàtica dels herois, d’aquesta tensió que els fa admirables i temibles i desgraciats. Així arrenca la literatura escrita a Europa.

[…]

L’ímpetu, el furor, la ràbia, la ira, el rancor, la indignació: el grec de la Ilíada té paraules per dir totes aquestes coses, paraules que surten una vegada i una altra, gairebé a cada escena, i que no cobreixen mai el mateix camp semàntic que les nostres. «La ira, canta, deessa, la ira maleïda d’Aquil·les», comença el poeta, anunciant el tema dels milers d’hexàmetres que vindran. Aquí, en la primera posició del vers i de l’obra i de la literatura grega, l’original diu mênis, una paraula solemne […]

 

Raül Garrigasait
La ira

.

.

.

.

.

  *   *   *   *   *   

.

Gazophylacium Catalano-Latinum de Joan Lacavalleria (Barcelona, 1696)
«IRA»

.

.

.

  *   *   *   *   *   .

.

Ira
.

Només per avui em permetré odiar-te.
Engrunaré el desig de fer-te mal,
en posaré les molles al morter
i esperaré que la veïna esclati
la forquilla en el plat a l’hora de la truita
per ofegar el batec d’aquesta ira.

Avui dormirem bé,
el meu fantasma i jo.
.
Sònia Moll

.

.

 

J. V. Foix ressenya un estudi homèric. La Publicitat, 21 de desembre de 1929.

.

.

 

J. V. Foix – Fundació J. V. Foix

.

.

.

MERIDIANS

per

FOCIUS

** Homer. — Un excel·lent treball d’erudició de la moderna escola italiana és el de la senyoreta L. Stella Ecchi di civiltà preistoriche nei poemi d’Omero (Società Editrice Unitas.— Milà). En aquest llibre, l’autor intenta d’establir la part de realitat que hi ha en els poemes homèrics. No pas la gènesi de l’epopeia homèrica, ans bé els senyals i els records de les civilitzacions prehistòriques de l’Egeu que es troben en aquesta epopeia. El cant d’Homer no senyalaria l’alba d’una civilització, sinó que traduiria, segons Stella, al començament de l’edat mitjana hel·lènica, els darrers ecos d’una gran civilització desapareguda.  La Ilíada i l’Odissea serien, doncs, una epopeia de la prehistòria mediterrània. Per a l’autor d’aquest llibre, els Schliemann, els Halbherr, els Dorpfeld, els Evans, etcètera, han desterrat objectes i monuments descrits per Homer. Les cases de Circè i d’Ulisi reproduirien, respectivament, els tipus de les cases minoena i micènica. Les armes, els utensilis, els ornaments, la religió, la vida social, els costums, descrits per Homer, serien aquesta d’aquesta manera revelats per les exhumacions arqueològiques. L. Stella dedica alguns capítols referents a la dona en la poesia homèrica i en el món egeu, la vida social i l’activitat marítima. Estudia la vasta bibliografia sobre Homer i sobre l’arqueologia prehistòrica de l’Orient mediterrani i registra sobrevivències actuals dels costums primitius a Grècia i a Creta.

.

Focius [J. V. Foix], La Publicitat, 21 de desembre de 1929

.

.

.

STELLA, Luigia Achillea. – Nacque a Pavia, il 16 dicembre 1904, da Augusto, ingegnere minerario e geologo, e da Cesarina Monti (1871-1937, più nota come Rina Monti), biologa, fisiologa e zoologa, prima donna a ottenere una cattedra universitaria nel Regno d’Italia.

Crebbe in un ambiente familiare ricco di stimoli culturali per lo più scientifici (lo zio materno Achille Monti, cui fu molto legata, era anatomopatologo). Dopo la formazione liceale si iscrisse all’università della sua città, frequentando le lezioni di letteratura greca di Ettore Romagnoli (all’epoca molto noto per la polemica contro la filologia classica di area germanica) e quelle di storia della filosofia antica di Adolfo Levi. Di Romagnoli Stella divenne allieva e collaboratrice; dopo essersi laureata a Pavia il 14 dicembre 1925 si perfezionò a Roma, intensificando i contatti con lo storico delle religioni Raffaele Pettazzoni; contemporaneamente intraprese un viaggio di studio in Grecia per documentare direttamente la sua prima ricerca, pubblicata all’età di ventidue anni: Echi di civiltà preistoriche nei poemi di Omero (Milano 1927).

Fu lo stesso Romagnoli a ricordare nella Prefazione che l’autrice, dopo aver esaurito la bibliografia sull’argomento, aveva visitato personalmente tutti i siti archeologici della Grecia arcaica. […]

Michele Curnis – Dizionario Biografico degli Italiani – Volume 94 (2019)

.

.

 

«Rododactilos». Aurores i solixents

.«»

Tota aurora m’ullprèn…

J. V. Foix

Al primer traspuntar d’un ventós solixent
d’alta cella vermella,

Josep Carner
Nabí (inici)

.

.

.

.

Quan es mostrà en el matí, amb dits de rosa, l’Aurora

Homer. Odissea. Trad. (2ª) de Carles Riba (1953)

.

.

.

.

Presenta l’aurora sas faixas vermellas,
Y brincan joyosas las cabras y auvellas,
Y tot es alegre graciós y eixarit.

Josep Galiana
Rimas catalanas (1862)

.

.

.

L’aurora apunta, ‘l ventijol ja besa
la rosa tota encesa
de voloptuosos colors vivificants;

Francesch Ubach i Vinyeta
Celistias (1866)

.

.

.

Los ayres eran glops de perfum;
primaverenca rosa de llum,
rèyans la aurora.

Jacint Verdaguer.
Jesús infant. Nazareth (1890)

.

.

.

Tal l’aurora empapa
sa rojó’en la neu,
donantli una capa
de coloràm lleu.

Joaquim Ruyra
El país del Pler (1918)

.

.

.

És un dels meus primers records, suau com un núvol llevantí d’aquells que l’Aurora tiny amb els seus dits de rosa.

Llorenç Riber
La minyonia d’un infant orat (1935)

.

.

.

I la frescor divina del matí
com venguda del cel banya les coses,
i de l’aurora, en l’aigua del jardí,
es reflecteixen les primeres roses.

Miquel Forteza
L’íntim recer (1936)

.

.

.

Les mans de l’Aurora entreobrien les portes del dia i la resplendor del sol, llunyà encara, posà un tremolor de llum en la nit i començaren d’apagar-s’hi les estrelles.

Josep Pous i Pagès
Prometeu i l’àguila
De la pau i del combat
(1948)

.

.

.

El sol, efectivament, surt —cosa que en determinats moments de la meva vida em semblà impossible—, es produeix la rosada matinal —l’aurora amb els seus dits de rosa— i l’aire és d’una frescor i limpidesa agradabilíssima.

Josep Pla
Les hores (1953)

.

.

.

¿Et veuré rosat d’aurora,
món darrer?
Vine amb mi, l’amic de sempre:
sense tu,
no podria volar gaire
ni segur.

Clementina Arderiu
És a dir (1959)

.

.

.

Mirada de ginesta de l’aurora, esveltesa d’esperes de
l’aurora, braços argollats d’or d’aquesta aurora
que sosté la gavina interior als aeris jardins.

Agustí Bartra
L’home auroral (1977)

.

.

.

Jo estimava les galtes fresques, les gropes turgents, la mel dels pits, les cuixes color d’aurora, els peus de neu i nacre.

Mercè Rodoreda
Quanta, quanta guerra… (1980)

.

.

.

Quan els dits de l’aurora
llepen el rostre dur del cel
i entreobren la cleda del dia que ja en fuig,

Carles Miralles
La mà de l’arquer (1990)

.

.

.

Pels pètals
a penes
una gota lentíssima de rosada
lliscava
quan, suaus les mans,
collíem la rosa
al ritme
de l’aurora creixent
desclosa.

Emili Rosales
Els dies i tu (1991)

.

.

.

Fes caure suaument les mànigues amples
del teu quimono fosc, nit d’amor,
dins que el pit rosat de l’aurora
entinti de desig la fràgil porcellana
dels llençols rebregats on descansa el seu cos.

Francesc Parcerisas
Focs d’octubre (1992)

.

.

.

L’ocell perfila
el contorn incopsable de l’aurora
que madura, sucosa de promeses.

Joana Raspall
Llum i gira-sols (1994)

.

.

.

 *  *  *  *  *

.

.

.

Jonàs

[…]

Tu, ¿què mai adoraves en l’aurora,
que tot seguit no és?

Dona

Servia l’alba amb la libació
de les rosades,
i amb flors no encara a bastament badades
i sense taca ni pugó.
Car l’alba inspira en fonedís auguri
l’avís de cada recomençament,
la sorpresa de cada pensament
i l’encís de l’amor abans no duri.
Oh delicada, decebuda fe!
Oh inútil cura de sos dits de rosa!
De tota bella cosa,
tant com llarg el desig, és curt l’alè.
I sort si, com l’aurora, la bellesa
traspunta i fina sobre el món esquiu,
mai abastada ni escomesa.
És ben pitjor si viu.
Marcida al bat de l’aire,
ella, l’alada, d’immortal costum,
acabarà com la captaire
que s’humilia o maleeix la llum.
Arran del tracte, la viltat comença.
Tu sola ets pura, tu que passes lleu,
oh gràcia fugint sens defallença,
gemec dels homes i sospir d’un déu.

Jonàs

L’aurora tem de viure i es preserva
del goig, que la prendria adelerat;
¿qui es fiarà de la rosada en l’herba,
nada en secret i morta d’amagat?
I el celatge amb color d’enamorada,
i, a contrasol, el degotís lluent,
nasqueren una matinada
d’aquella immensa força pacient
que fa una serralada
on cal un roc per a la font planyent.
El llamp, el tro, la majestat revelen
de Iahvè corrugat. La seva amor
envia missatgers que el món encelen
en esperança i en enyor.
I havent temut dels àngels les espases,
m’esllangueixo la posta en contemplant,
car Iahvè dura pel camí de brases
roentes que es desfan.—

Josep Carner
Nabí (VI) (1941)

.

 

 

Joaquim Torres-García. «…els grecs, podem dir que pensaven amb imatges, i que lo més abstracte, en ells se tornava figura, color, cosa tangible…»

«».

.

.

.

.

.

.

 

.

VII

.

 

Ha passat l’hora forta del Sol; és temps, ja, de que emprenguem el camí. — ¿No creieu que enmig d’aqueixes oliveres, de copa platejada, estaria bé un altar o un petit temple? — ¿Suposeu que estaria bé, per son aspecte plàstic o bé pel significat…? — Per les dues coses, ja que les considero inseparables. — Com? — Ja sabeu que els grecs, podem dir que pensaven amb imatges, i que lo més abstracte, en ells se tornava figura, color, cosa tangible, de manera que la imatge d’un déu, un petit monument o un altar, en un lloc així, era quelcom que responia a l’esperit d’aquell lloc. I jo suposo que si ara, modernament, els homes no haguéssin invertit les coses, tornaríem a una mitología , i aquí, a ben seur, no mancaria un altar o un temple, és a dir, quelcom que fos obra de l’esperit. — ¿Creieu, doncs, que en tota la mitologia hi ha quelcom de veritat? — No tan sols quelcom de veritat, sinó veritat absoluta, doncs no hi ha res més verdader que la poesia. — Admetiríeu, doncs, els déus de la mitología hel·lènica. — ¿I qui, que se senti poeta, no els ha d’admetre? Ells, avui, reponen tant a tot lo que en nosaltres és entusiasme per les coses belles de la vida, com en temps d’Homer. Són creacions de l’esperit, que per ser verdaderes, viuran eternament en els homes. Com en aquells benaurats temps, avui, Afrodita somriu amb la mateixa gràcia. Zeus, com allavores, domina des de dalt  l’Olimp. Poseidó regna en el blavós mar. Les Muses inspiren als homes, i Demèter prodiga encara sos dons abundosos. Canvieu, si voleu, aqueixos noms, ja que tant se val, lo que no podreu canviar és la figura, que és la veritat continguda. — No puc menys de convenir, amb vós, de que això és cert, però me sembla que confoneu la veritat i la poesia, quelcom que sembla que ha de venir de la raó , amb lo que és producte de l’emoció, del sentiment o de la fantasia. — Us parlo d’una cosa viva, i aneu malament si voleu destriar les parts de què es composa. ¿A on acaba la veritat, a on comença la poesia, a on lo moral…? Tot això són paraules vanes Ja us he dit, abans, que aqueixes coses són inseparables. — Mes a Grècia, aqueixa mitologia era una religió. — O Art. Digueu, més bé, que ells havien arribat a un viure tan equilibrat que permetia la fusió de totes aqueixes coses.

.

Joaquim Torres-García
Diàlegs

.

.

Retrat de Joaquim Torres García (1874-1949) per Ramon Casas (MNAC)

 

.

.

.

.

.

.

.

.

.

 

.

.

.

.

.

.

Joaquim Torres-García
Detall de temple del quadre La Filosofia presentada per Pal·les al Parnàs. 1911.
Institut d’Estudis Catalans

.

.

Joaquim Torres-García
Detall del templet del quadre La Filosofia presentada per Pal·les al Parnàs. 1911.
Museu Reina Sofía de Madrid.

.

.

.

.

Joaquim Torres-García
Diàlegs

Tipografia Mulleras
Terrassa, 1915

.

.

.

.

Fascinació per Grècia
L’art a Catalunya als segles XIX i XX

Museu d’Art de Girona. 2008
ISBN 9788439379706

.

.

.

 

 

 

 

Els mites grecs a les rondalles mallorquines, d’Antònia Soler i Nicolau

.

.

“… trobam a l’apartat de Llegendes i supersticions: «A Felanitx de vegades guaita a sa banda de ponent un nígul gruixat, que fa figures de cases i campanars i denota mal temps. Sa gent li diu sa ciutat de Troia».”

Antònia Soler
Els mites grecs a les rondalles mallorquines, p. 23

.

.

.

.

.

.

.

[…]

D’aquí cap a l’illa d’Eea, que és on habita Circe, una fetillera envoltada d’animals salvatges ximples com menets de cordeta que no són altres que els homes desgraciats que un bon dia varen tenir la dissort d’arribar al seu palau. Primer els ofereix hospitalitat i, quan s’asseuen a taula i prenen el menjar, els toca amb la seva vareta i els converteix en bèsties. Odisseu s’escapa d’aquest destí funest perquè pel camí li compareix Hermes i li dona l’an­tídot, l’herba moli, una planta de flor blanca i arrels negres. Un paral·lelisme es troba amb la rondalla Es tres patrons, que són tres germans de bona família que, un darrere l’altre, demanen a son pare que els armi una barca. El pare els comana sobretot que mai no vagin al Port de la Reina d’Ongria, però tanmateix ells hi van. En general, les prohibicions sempre s’incompleixen a les ronda­lles. La reina els fa una rebuda molt amable, els convida al seu palau, els dona dinar i sopar i llavors posa unes messions: qui pri­mer doni el bon dia a l’altre, es queda amb tot. Posa dormissons dins el vi del sopar als dos primers, però el tercer es posa un budell embolicat pel coll i dissimulat amb la barba i d’aquesta manera el vi no va a parar al seu cos «i així guanya reina i reinat».

A Es set ceros els protagonistes tornen cérvols perquè una feti­llera els dona una nou a menjar, fent-los creure que és per a uns altres usos: «Qui les se menjarà, pus roba es seu cos no espellarà». Finalment, en beure el brou fet del fetge d’aquesta mateixa mala bruixa, recobren la seva forma humana.

Antònia Soler
Odisseu
Els mites grecs a les rondalles mallorquines, p. 122

.

.

.

.

Antònia Soler i Nicolau

Els mites grecs a les rondalles mallorquines

Menjavents, 139
Edicions Documenta Balear. Palma, gener 2020
ISBN: 9788417113841

.

.

.

.

 

 

La guerra homèrica de les formigues als boscos de Walden (Concord, Commonwealth of Massachusetts). H. D. Thoreau

.

..

.

Un dia, quan vaig sortir a la llenyera, o més aviat a la meva pila de llenya, vaig observar dues formigues grosses, una de vermella i l’altra, molt més grossa, de gairebé mitja polzada de llarg, negra, que lluitaven ferotgement. S’havien agafat i no es deixaven anar sinó que lluitaven i es barallaven i rodolaven pels trossets de fusta sense parar. En mirar-m’ho amb més deteniment vaig veure que els trossos de fusta estaven coberts d’aquelles lluitadores, que no era un duellum sinó un bellum, una guerra entre dues races de formigues, les vermelles sempre enfrontades a les negres i, amb freqüència, dues de vermelles per cada negra. Les legions d’aquells mirmidons cobrien tots els turons i les valls del meu llenyer i el territori estava farcit de morts i moribunds, vermells i negres. Va ser l’única batalla que vaig presenciar, l’únic camp de batalla que vaig trepitjar mentre la batalla s’estava duent a terme; una guerra anihiladora; els rojos republicans d’una banda i els negres imperialistes de l’altra. Pertot arreu n’hi havia de lliurades al combat mortal, encara que sense fer cap soroll que jo pogués sentir, amb més resolució que no hagin tingut mai soldats humans. Vaig veure una parella enganxada amb força en una vall assolellada entre els trossos de fusta, disposada a barallar-se a ple migdia fins que el sol es pongués o se’ls escapés la vida. La campiona vermella, més menuda, s’havia agafat com un vici al front de la seva adver­sària, i anant d’un cantó a l’altre per aquell camp en cap moment no va deixar de mossegar-li la base de l’antena, després d’haver-li arrencat l’altra; mentrestant, la negra, més forta, el feia anar d’un cantó a l’altre i, quan m’ho vaig mirar més de prop, vaig veure que ja li havia arrencat diversos dels seus membres. Lluitaven amb més obstinació que els gossos. Cap d’ells manifestava la més mínima intenció de retirar-se. Era evident que el seu crit de guerra era «Conquerir o morir». Mentrestant, una formiga vermella va arri­bar a la vessant de la vall, evidentment plena d’excitació, que o bé havia liquidat el seu enemic o bé encara no havia pres part de la batalla, probablement aquesta segona opció, perquè conservava totes les extremitats. La seva mare li havia ordenat que tornés amb l’escut. Potser era un Aquil·les, que havia nodrit la seva ira a part i ara venia a venjar o salvar el seu Pàtrocle.

.

Henry David Thoreau
Walden o la vida als boscos
Trad.: Anna Turró

.

.
.
.

.

.

.

.

My books I’d fain cast off, I cannot read,
‘Twixt every page my thoughts go stray at large
Down in the meadow, where is richer feed,
And will not mind to hit their proper targe.

Plutarch was good, and so was Homer too,
Our Shakspeare’s life was rich to live again,
What Plutarch read that was not good nor true,
Nor Shakspeare’s books, unless his books were men.

Here while I lie beneath this walnut bough,
What care I for the Greeks, or for Troy town,
If juster battles are enacted now
Between the ants upon this hummock’s crown.

Bid Homer wait till I the issue learn,
If red or black the gods will favor most,
Or yonder Ajax will the phalanx turn,
Struggling to heave some rock against the host.

[…]

Henry David Thoreau
A Week on the Concord and Merrimack Rivers (1849)

.

.

.

Replica_of_Thoreau's_cabin_near_Walden_Pond_and_his_statue

Rèplica de la cabina de Thoreau al llac Walden

.

..

“… un altre episodi de metamorfosi és compartit pels personatges d’Èac i Peleu. Habitualment hom atribueix l’origen del poble dels mirmídons a Èac; en sol·licitar aquest a Zeus que li donés un poble per a la deserta illa d’Egina, el déu hauria fet sorgir homer de la terra, com formigues (μύρμηκες) o bé hauria convertit les formigues en homes.”

Jaume Almirall
Notícies preliminars a
Recull de metamorfosis d’Antoní Liberal

.

.

.

“Atabalat per aquell gavadal de fets miserables, “Júpiter, oh”, vaig dir, “si els relats no són enganyosos quan expliquen que vas abraçar l’Asòpida Egina ni et sap greu haver estat, pare magne, l’origen dels nostres, torna’m de nou els meus, o tanca’m també en un sepulcre.” Ell el senyal del seu llamp, seguit d’un tro, va donar-me. “Doncs accepto”, vaig dir, “i espero que això un bon auguri sigui del teu voler; assumeixo els signes que em dones.” Era allà a prop, per atzar, una alzina de branques esteses de les llavors de Dodona que a Júpiter fou consagrada: vaig observar-hi un seguit de formigues, que el gra transportaven arrossegant un gran pes amb la seva boca petita i mantenint per l’escorça arrugada les files en ordre; jo, pel seu nombre admirat, vaig dir-li: “Oh pare magnífic, dona’m uns súbdits semblants i repobla les buides muralles.” Sense que el vent bufés s’estremí el brancam de l’alzina i se sentí un soroll: jo estava astorat, amb els membres rígids i tots els cabells de punta; malgrat aquest tràngol, beso la terra i el tronc, i no em vaig confessar l’esperança, tot i que estava esperant i l’anhel abraçava el meu ànim. Ve la nit, i la son penetra en els cossos per treure’ls la inquietud; al davant dels meus ulls crec veure l’alzina amb unes branques semblants i animals semblants per les branques, i el mateix moviment d’abans l’estremeix, i l’exèrcit que carreteja els grans davalla als seus peus i s’escampa; sembla llavors que, de cop, més i més comencin a créixer, i que s’aixequin de terra, i que sobre el tronc es redrecin, i que la seva magror, color negre i nombre de potes vagin perdent, i els seus membres en forma humana es refacin. Fuig el meu somni i, despert, maleeixo el que he vist i em lamento que els immortals no ajudin en res; per tota la casa sonen remors, però, i em sembla que senti veus d’home que ja havia oblidat. Sospito també que és un somni quan Telamon arriba corrents i obrint portes per dir-me: “Pare, vine i veuràs una cosa difícil de creure. Apa, surt!” I quan surto, igual que en la imatge del somni, veig els homes que allà havia vist, i tots al seu rengle els reconec i me’ls miro, i em diuen rei i em saluden. Júpiter cobra els meus vots i entre els nous pobladors reparteixo la ciutat i els seus camps, privats d’aquells que els llauraven, i perquè el nom no en menteixi l’origen els poso Mirmídons. Ja els seus cossos has vist; pel que fa a l’esperit, el conserven tal com abans: són de raça amant del treball i l’estalvi, porfidiosa en els guanys i que sap guardar els beneficis. Aptes pels anys i el valor, ells amb tu aniran a la guerra…”

Ovidi
Les metamorfosis
(Trad. de Jordi Parramon)

.

.

.

.

.

.

Henry David Thoreau
Walden o la vida als boscos

Introducció de Ramon Alcoberro
Traducció d’Anna Turró

Símbol editors, octubre de 2019
ISBN: 9788415315681

.

..

Antoní Liberal
Recull de metamorfosis

Introducció general, notícies preliminars, traducció i notes de
Jaume Almirall i Sardà
Història de la transmissió i text grec establert per
Esteban Calderón Dorda

Fundació Bernat Metge – Editorial Alpha. Barcelona 2012
ISBN: 9788498592061

.

.

Ovidi
Les metamorfosis

Traducció de Jordi Parramon

Quaderns Crema. Barcelona, 2000
ISBN: 9788477271581

.

.

Blog“The Diversity of Insects” Alex Wild: “Ants Fighting”

.ting/i-zhGgd6Q

Navegar és necessari, viure no és necessari: L’Ulisses (suposadament) nietzscheà de D’Annunzio, amb un contrapunt de Gozzano (i una anotació de Pijoan sobre l’heroi en Maragall)

 

Estant per salpar, es desferma un gran vent i els pilots vacil·len;
però ell [Pompeu] s’embarca el primer i, donant ordre que llevin l’àncora,
exclama: «Navegar és necessari, viure no és necessari!»

Plutarc
Vides Paral·leles, III, V : Pompeu (51.2)
Traducció de Carles Riba

 

.

EXPLICIT LAUS VITÆ

Madre, Madre, fa che più forte
e lieto io sia, quando la voce
del dèspota ch’io ben conosco,
che udii tante volte, la maschia
voce nel mio cor solitario
griderà: “Su, svegliati! È l’ora.
Sorgi. Assai dormisti. L’amico
divenuto sei della terra?
Odi il vento. Su! Sciogli! Allarga!
Riprendi il timone e la scotta;
ché necessario è navigare,
vivere non è necessario.

Gabriele D’Annunzio
Laudi

.

.


.

Gabriele d’Annunzio (1863 – 1938)

Incontrammo colui
che i Latini chiamano Ulisse,
nelle acque di Leucade, sotto
le rogge e bianche rupi
che incombono al gorgo vorace,
presso l’isola macra
come corpo di rudi
ossa incrollabili estrutto
e sol d’argentea cintura
precinto. Lui vedemmo
su la nave incavata. E reggeva
ei nel pugno la scotta
spiando i volubili venti,silenzioso; e il pìleo
tèstile dei marinai
coprìvagli il capo canuto,
la tunica breve il ginocchio
ferreo, la palpebra alquanto
l’occhio aguzzo; e vigile in ogni
muscolo era l’infaticata
possa del magnanimo cuore.

E non i tripodi massicci,
non i lebeti rotondi
sotto i banchi del legno
luceano, i bei doni
d’Alcinoo re dei Feaci,
né la veste né il manto
distesi ove colcarsi
e dormir potesse l’Eroe;
ma solo ei tolto s’avea l’arco
dell’allegra vendetta, l’arco
di vaste corna e di nervo
duro che teso stridette
come la rondine nunzia
del dì, quando ei scelse il quadrello
a fieder la strozza del proco.
Sol con quell’arco e con la nera
sua nave, lungi dalla casa
d’alto colmigno sonora
d’industri telai, proseguiva
il suo necessario travaglio
contra l’implacabile Mare.

“O Laertiade gridammo,
e il cuor ci balzava nel petto
come ai Coribanti dell’Ida
per una virtù furibonda
e il fegato acerrimo ardeva
“o Re degli Uomini, eversore
di mura, piloto di tutte
le sirti, ove navighi? A quali
meravigliosi perigli
conduci il legno tuo nero?
Liberi uomini siamo
e come tu la tua scotta
noi la vita nostra nel pugno
tegnamo, pronti a lasciarla
in bando o a tenderla ancóra.
Ma, se un re volessimo avere,
te solo vorremmo
per re, te che sai mille vie.
Prendici nella tua nave
tuoi fedeli insino alla morte!„
Non pur degnò volgere il capo.

Come a schiamazzo di vani
fanciulli, non volse egli il capo
canuto; e l’aletta vermiglia
del pìleo gli palpitava
al vento su l’arida gota
che il tempo e il dolore
solcato aveano di solchi
venerandi. “Odimi„ io gridai
sul clamor dei cari compagni
“odimi, o Re di tempeste!
Tra costoro io sono il più forte.
Mettimi alla prova. E, se tendo
l’arco tuo grande,
qual tuo pari prendimi teco.
Ma, s’io nol tendo, ignudo
tu configgimi alla tua prua.„
Si volse egli men disdegnoso
a quel giovine orgoglio
chiarosonante nel vento;
e il fólgore degli occhi suoi
mi ferì per mezzo alla fronte.

Poi tese la scotta allo sforzo
del vento; e la vela regale
lontanar pel Ionio raggiante
guardammo in silenzio adunati.
Ma il cuor mio dai cari compagni
partito era per sempre;
ed eglino ergevano il capo
quasi dubitando che un giogo
fosse per scender su loro
intollerabile. E io tacqui
in disparte, e fui solo;
per sempre fui solo sul Mare.
E in me solo credetti.
Uomo, io non credetti ad altra
virtù se non a quella
inesorabile d’un cuore
possente. E a me solo fedele
io fui, al mio solo disegno.
O pensieri, scintille
dell’Atto, faville del ferro
percosso, beltà dell’incude!

G. D’Annunzio
Maia, canto IV

.

.
.

.

L’Iddio che a tutto provvede
poteva farmi poeta
di fede; l’anima queta
avrebbe cantata la fede.

Mi è strano l’odore d’incenso:
ma pur ti perdono l’aiuto
che non mi desti, se penso
che avresti anche potuto,

invece di farmi gozzano
un po’ scimunito, ma greggio,
farmi gabrieldannunziano:
sarebbe stato ben peggio!

Buon Dio, e puro conserva
questo mio stile che pare
lo stile d’uno scolare
corretto un po’ da una serva.

[…]

Guido Gozzano
L’altro

.

.

.

Guido Gozzano (1883 – 1916)

Ulisse naufraga…a bordo d’un yacht


Il Re di Tempeste era un tale

che diede col vivere scempio
un bel deplorevole esempio
d’infedeltà maritale,
che visse a bordo d’un yacht
toccando tra liete brigate
le spiagge più frequentate
dalle famose cocottes.
Già vecchio, rivolte le vele
al tetto un giorno lasciato,
fu accolto e fu perdonato
dalla consorte fedele…
Poteva trascorrere i suoi
ultimi giorni sereni,
contento degli ultimi beni
come si vive tra noi…
Ma né dolcezza di figlio,
né lagrime, né la pietà
del padre, né il debito amore
per la sua dolce metà
gli spensero dentro l’ardore
della speranza chimerica
e volse coi tardi compagni
cercando fortuna in America…
-Non si può vivere senza
danari, molti danari…
Considerate, miei cari
compagni, la vostra semenza!-
Vïaggia vïaggia vïaggia
vïaggia nel folle volo:
vedevano già scintillare
le stelle dell’altro polo…
Vïaggia vïaggia vïaggia
vïaggia per l’alto mare:
si videro innanzi levare
un’alta montagna selvaggia…
Non era quel porto illusorio
la California o il Perù,
ma il monte del Pirgatorio
che trasse la nave all’in giù.
E il mare sovra la prora
si fu richiuso in eterno.
E Ulisse piombò nell’Inferno
dove ci resta tuttora…

.

Guido Gozzano

.

.

.

Josep Pijoan (1879 – 1963)

He dit amb tota intenció que l’Oda a Barcelona i el Cant espiritual van ésser les últimes poesies verament maragallianes, perquè encara va publicar altres coses, però semblen més aviat una recaiguda que un progrés. Em refereixo especialment a la Nausica i els Himnes homèrics. En la Nausica la gran figura d’Ulisses queda disminuïda, sembla un bon burgès, que té ànsia de tornar a casa a envellir-se a la vora del foc amb la dona i les criatures. No hi ha tragèdia, doncs, en l’enamorament de la Nausica. I això és més lamentable perquè l’Ulisses modern ja no és el de l’Odissea, sinó que ha passat pel cant 26 de l’Infern de Dant; és l’heroi del Tennyson i del D’Annunzio, que no poden aturar ni la dolcesa dels fills ni la pietat del pare, ni el degut amor a la muller. Vol tornar-se expert del món, mai no en té prou:

e degli vizi umani e del valore

I li diria a l’Ulisses d’en Maragall:

Joan Maragall (1860 – 1911)

considerate la vostra semenza
fatti non foste a viver come brutti
ma per seguire virtude e conoscenza.

Aques Ulisses romàntic és l’únic que avui podia enamorar Nausica encara que fos vell i amb el cos cobert de nafres. Navigare è necessario — vivere non è necessario, diu D’Annunzio; l’Ulisses d’en Maragall està tip de córrer món. Sorprèn un tal error d’en Maragall… Herois, homes i déus segueixen la mateixa marxa ascendent, viuen en la consciència de la humanitat i canvien com ella; els poetes han de donar-los canviats segons corren les centúries. Tot l’antic era nou mentre vivia... tot el viu ha d’ésser nou dia per dia.

[…]

Josep Pijoan
El meu Joan Maragall

.

 

Umberto Saba, un Ulisses de Trieste

.
.


Trieste té una gràcia
esquerpa. Si voleu,
és com un xicotot aspre i voraç,
amb els ulls blaus i les mans massa grosses
per regalar una flor;

.
Umberto Saba
Trieste
trad.:  N. Comadira

.

.

ULISSE

.

Nella mia giovinezza ho navigato
lungo le coste dalmate. Isolotti
a fior d’onda emergevano, ove raro
un uccello sostava intento a prede,
coperti d’alghe, scivolosi, al sole
belli come smeraldi. Quando l’alta
marea e la notte li annullava, vele
sottovento sbandavano più al largo,
per fuggirne l’insidia. Oggi il mio regno
è quella terra di nessuno. Il porto
accende ad altri i suoi lumi; me al largo
sospinge ancora il non domato spirito,
e della vita il doloroso amore.

Umberto Saba
El Canzoniere (1900 – 1945)

.

.

.

 

.

ULISSES

De jove he navegat moltes vegades
seguint les costes dàlmates. Illots
a flor d’aigua emergien, on estrany
un ocell viatjava la presa
coberts d’algues, relliscosos, al sol
bells com maragdes. Quan la marea alta
i la nit els anul·lava, les veles
sotavent s’escampaven mar endins,
fugint dels seus paranys. Ara el meu regne
és allà, en terra de ningú. El port
encén pels altres els seus llums; a mi
m’empeny encara endins l’ànima esquerpa
i de la vida el dolorós amor.
.

Traducció de Narcís Comadira

.

.