El triomf d’Aquil·les, de Louise Glück, de la mà de Salvador (Voro) Ortells

.

.

.

Voro Ortells tria Louise Glück

.

.

No recorde en quin conte d’El Aleph de Borges vaig llegir que qualsevol destí consta, en realitat, d’un sol moment: el moment en què un sap per a sempre qui és. En aquest poema, Louise Glück (Nova York, 1943) ens mostra «el moment» que forjarà el destí mític d’Aquil·les. Sense grandiloqüències retòriques, amb un estil epigramàtic, de tan sec i punyent. Dubte que de cap altra manera podria haver esbossat el retrat íntim de l’heroi que s’esquinça l’ànima per la pèrdua del seu amic ama(n)t. Homer invocava a la musa per cantar la ira funesta d’Aquil·les Pelida. Louise Glück, en canvi, no invoca res. Simplement ens deixa veure per una escletxa l’home que batega sota l’heroi a punt de consagrar-se a l’eternitat. No li calen epítets homèrics, sols les paraules justes, sempre tan difícils de trobar.

Voro Ortells

.

.

THE TRIUMPH OF ACHILLES
.
In the story of Patroclus
no one survives, not even Achilles
who was nearly a god.
Patroclus resembled him; they wore
the same armor.
.
Always in these friendships
one serves the other, one is less than the other:
the hierarchy
is always apparent, though the legends
cannot be trusted—
their source is the survivor,
the one who has been abandoned.
.
What were the Greek ships on fire
compared to his loss?
.
In his tent, Achilles
grieved with his sole being
and the gods saw
.
he was a man already dead, a victim
of the part that loved,
the part that was mortal.
.

louise_gluck

Louise Glück New York City, 1943

Louise Glück

.

.

.

.

.

EL TRIOMF D’AQUIL·LES
.
En la història de Patrocle
ningú no sobreviu, ni tan sols Aquil·les
que era quasi un déu.
Patrocle se li assemblava; portaven
la mateixa armadura.
.
Sempre en aquestes amistats
un serveix l’altre, un és menys que l’altre:
la jerarquia
sempre és evident, encara que en les llegendes
no es pot confiar—
provenen del supervivent,
de qui ha estat abandonat.
.
Què fou l’incendi de les naus gregues
en comparació d’aquesta pèrdua?
.
A la seua tenda, Aquil·les
es planyia amb tota la seua ànima
i els déus veien
que ja era un home mort, una víctima
de la part que estimava,
la part que era mortal.
.

voro-ortells

Salvador (Voro) Ortells (Sueca, 1977)

(Traducció de Salvador [Voro] Ortells)

.

Revista Caràcters

Publicacions de la Universitat de València

 

.

.

.

.

.

.

Mortal i fúnebre. Una lectura atenta i rigorosa de la Ilíada de la mà d’Aida Míguez Barciela

.

.

.

.aida-miguez-mortal-y-funebreTodos somos hijos de eso que llamamos «Grecia», pero bajo la condición de ya no poder ser griegos nosotros mismos. Una engañosa familiaridad disfraza el abismo que nos separa del fenómeno griego, que por eso se nos aparece siempre también como un misterio. En ningún lugar se hace esto más evidente que en nuestro trato con los clásicos: la Ilíada y la Odisea confirman el núcleo de nuestra tradición literaria, pero ¿cuánto hey de griego en nuestra experiencia como lectores de Homero?

En Mortal y fúnebre, Aida Míguez Barciela trata de medir esa distancia. Elaborando una lectura atenta y rigurosa del lenguaje de la Ilíada, la autora nos plantea entre otras cosas el problema de Aquiles —figura que solo en muerte consiste y a quien la muerte acompaña— como una cuestión acerca de la esencia misma del poema: el brillo y la fama de la muerte. Son Aquiles y su relación con la muerte nuestra piedra de toque para preguntarnos cómo hemos dejado de ser (pero seguiremos siempre siendo) griegos.

.

(De la presentació editorial)

.

.

.

 

.

.

.

.

.

VI: El sabio ve el «mundo»

.

.

Entre cielo y tierra

.

La écfrasis empezaba con el verso: «En [el escudo] la tierra hizo, y el cielo, y el mar» (18.483). Tierra, cielo y mar delimitan el ámbito en el que sucede todo lo que sucede. «Tierra» se dice en griego khthón, gê, (g)aîa-, también ároura es «tierra», pero vista como tierra de labranza. El sustantivo epikhthónios, algo así como «que está sobre la tierra», es una manera habitual en la Ilíada de referirse al hombre: el que mora en asentamientos situados «bajo el sol y el cielo estrellado», aquel ser terrestre y no celeste (4.44-45). Apolo recuerda a Diomedes su condición mortal: «puesto que nunca de estirpe semejante | son los inmortales dioses y los hombres que marchan sobre el suelo» (5.441-442). Los mortales son los que comen el fruto de la tierra (6.142) y sobre ella ven brillar la luz del sol. Cuando alguien quiere referirse al hecho mismo de vivir puede decir, como Aquiles, «Nadie, mientras yo viva y sobre la tierra tenga visión…» (1.88). Los que pisan la tierra y sobre ella ven la luz la llaman «la que a muchos nutre» (3.89), la que «hace crecer», la que «dona vida» (physízoos: 3.243, zeídoron: 8.486). Crecer es abrirse y romperse, es lucha. Uno pide que se abra la tierra cuando quiere —o dice querer— morir: khaíno es «abrirse», «entreabrirse» en el sentido del inglés yawn y el alemán gähnen: separarse descomunalmente, como una boca que bosteza, de ahí kháos y khásma: abertura, grieta, herida, bostezo, abismo. Perder el suelo bajo los pies es morir; morir es hundirse en la tierra, que oculta y retiene a los muertos. Cuando un guerrero es muerto en combate puede desplomarse como un álamo al suelo (4.482-483). En la tierra —la que los nutre, la que hace surgir vida— se apoyan los hombres en la hora de la muerte. Ella es el umbral y la bisagra, la puerta que se abre y que se cierra. Ser terrestre, dice Apolo, es ser mortal (21.464-466). La tierra es el «aquí» de todo «estar aquí» y de todo «haber sido» (Rilke, Duineser Elegien IX). Arrojar a un hombre al suelo es confrontarlo con su mortalidad; que la tierra te «tenga» es una manera de decir que estás muerto (2.699). La tierra es el retorno, así como una diosa relacionada con los pagos y las retribuciones. No casualmente la erinis camina en la oscuridad y vive «bajo tierra» (19.87, 259); la erinis y las erinias, esas guardianas del orden de las cosas de las que Heráclito (B 94) dice que descubrirían al mismísimo sol si este traspasase la medida. En las profundidades de la tierra están las casas de Hades, el reino de las sombras, de la muerte, que por eso es también espacio de humedad y podredumbre (el Hades es euróeis: mohoso, podrido). Aquiles ironiza sobre la posibilidad de « aprender» si realmente los muertos resurgirán del Hades (de allí) igual que Licaón ha resurgido otra vez ante su vista (21.54-64). Y bajo la tierra se oculta todavía el abismo, el Tártaro lejano y nebuloso (8.13-16).

La tierra es el escenario de cada una de las actividades de los mortales, así como el espacio de proyección de espa­cios distintos. Al amanecer, «el lucero del alba anuncia la luz sobre la tierra» (23.226); cuando el sol se hunde en el Océano, arrastra sobre la tierra «oscura noche» (8.485-486). Noche y día se esparcen sobre todo lo terrestre una y otra vez, marcando así los ritmos y los tiempos de la vida humana. Por algo los astros son los constantes compañeros de los hombres, los que señalan el tiempo de sembrar y de cosechar, de brotar y de extinguirse. Al cielo se extienden las manos de los que suplican, y al cielo conducen los vientos el humo de los sacrificios que los mortales realizan en la tierra, humo que asciende al cielo a través del aire, espacio interme­dio que separa a la vez que comunica con los dioses inmor­tales. Respecto a los fenómenos celestes, Hölderlin dice en una versión del poema Griechenland:

Alltag aber wunderbar zulieb den
Menschen Gott an hat ein Gewand.

(«Todos los días pero maravillosamente por amor a los hombres dios lleva un vestido».)

Y en el comienzo de otro poema

Was ist Gott? unbekannt, dennoch
Voll Eigenschaften ist das Angesicht
Des Himmels von ihm.

(«¿Qué es dios? Desconocido, pero de sus cualidades está lleno el rostro del cielo».)

El vestido de los dioses son los astros: lo cotidiano-inex­plicable, eso que de puro simple y cercano, de puro familiar, nos pasa desapercibido, siendo así vestido del dios: lo más lejano, lo desconocido para los terrestres. El cielo es cotidiano-pero-prodigioso den Menschen zuliebe, es decir, el cielo es cielo por amor a la tierra, en cuanto cielo de la tierra. Por esta interacción, los dioses son también los que en el cielo hacen «señales» (2.308) y muestran «portentos» (teírea son la estrella fugaz, el arco iris o las constelaciones); por esta reciprocidad, el cielo tiene sus límites y las Horas custo­dian sus puertas (8.393). El cielo es el espacio de los astros porque es el espacio de mostrar, brillar, centellear, ilumi­nar; es el ámbito de Zeus, el éter, el fuego que parte en dos y muestra el cielo. Por esto la tormenta, el rayo, la nieve, la lluvia, el trueno, las estrellas, el día y la noche son para los hombres y son algo del cielo.

A diferencia de la consistencia de la tierra, el mar (thálassa, póntos, pélagos, halós) es una negrura, una oscuridad, una inmensidad, un cierto borrarse los límites, el abismo del que uno nunca sabe realmente si podrá volver. El mar es el espacio en el que uno siempre pierde pie: es «profundo» y es «estéril» (1.532, 15.27). Su violencia —ruido y olea­je— constituye en cierta ocasión una imagen de la dureza de Aquiles («te parió el reluciente mar | y las escarpadas ro­cas»: 16.34-35). El aullido de dolor de Aquiles hacía emer­ger del fondo submarino el séquito fúnebre que acompaña a Tetis. Los treinta y tres nombres de nereides entrelazan en forma de catálogo los múltiples aspectos del mar; la espu­ma, las olas, los puertos, las grutas, las islas, los destellos: la brillante y la floreciente y la que calma la ola, la isleña y la cavernosa y la rápida y la marina de ojos grandes, y la ola-rá­pida y la costera y la pantanosa, y la meliflua y la veloz y la asombrosa, y la donadora y la primera y la que trae y la capaz, y la que protege y la que da y la que todo-ve y la muy conocida espumosa, y la verdadera y la sin-engaño y la bella-señora, y la famosa, y la centelleante y la de hermosos cabellos arenosa, y todas cuantas nereides eran bajo el profundo mar (18.39-49; omitimos, entre otros, los nombres oscuros en cuanto a significado).

Sobre la vastedad del mar se pierde la mirada de Aquiles humedecida por las lágrimas (1.348-350). Navegar el mar no es sino el proyecto de desarraigo en el que se han embar­cado los aqueos, siendo precisamente el mar la distancia que los separa de la «tierra de los padres», en la que muchos ya no morirán. Los bramidos del mar en tormenta se hacen eco del resonar de la tierra igual que esta lo hace del trueno del cielo. Seres primordiales, seres cósmicos, el mar, el cielo y la tierra perpetúan su existencia a otras escalas, que no son las de los hombres. Dioses protagonistas en Hesíodo, cielo es esposo de tierra, ambos son los padres de Rea y de Crono, los ancestros de Zeus. Los tres ámbitos fundamentales los pone Hefesto en el círculo interior del escudo —o eso pare­ce: solo de la corriente circular del Océano se hace explícito que adorna el borde exterior—, quizá porque el centro es lo que determina posiciones y está por eso en cierto modo en todas partes.

El verso siguiente —«y el sol incansable y la luna llena» (18.484)— pone el día y la noche, así como los meses y las estaciones. A continuación: «y todas las señales [figuras de estrellas: teírea], con las que está adornado [coronado, ro­deado] el cielo» (485). El verbo estephánotai contiene para nosotros una ambigüedad: ¿circundan las estrellas el círculo interior del escudo o circundan el cielo «real»? Tal vez la pregunta sea ociosa: el sol y las constelaciones rodean el cie­lo en el arte porque lo rodean en la vida. En cualquier caso, lo visto a propósito de la ambigüedad de la mímesis es aho­ra relevante: verbos con marca de presente se emplean allí donde la cosa aparece: el sol, la luna, las estrellas aparecen o parecen cosa; los aoristos y pretéritos apuntan en cambio al peculiar «hacer» de Hefesto; son, pues, recuerdos del esta­tuto artístico —productos de tékhne— de sol, luna y estrellas. La inmersión en la mímesis se observa en el verso 488: y allí mismo gira y persigue a Orión. «Ella», la Osa, «persigue» a Orión —en presente, siempre, en cada caso: siempre per­sigue la Osa a Orión—; luego se explica qué es particular en esta constelación: «Es la única sin parte en los baños del Océano» (o sea, no desaparece nunca del horizonte sino que es visible todo el año).

Preguntemos ahora: la ambigüedad del arte y la vida (¿acecha la Osa a Orión en la obra o en la vida?, ¿rodean los astros el cielo en la vida o solo en el escudo?), ¿qué tipo de ambigüedad es? ¿Cómo tenemos que tomárnosla?

No tenemos que tomarla como la ambigüedad inherente al «arte» en cuanto «representación» opuesta a la «reali­dad». Ya hemos visto que Hefesto no «representa» cosas sobre el escudo, sino que las «hace» o las «pone»: son las cosas mismas lo que se muestra en el escudo, no sus represen­taciones. Por lo demás, si en este estudio nos hemos servido alguna vez de conceptos procedentes de la crítica literaria no ha sido porque aspirásemos a describir meramente recursos literarios ni ninguna otra cosa que resultase de separar la for­ma del contenido. No hay un análisis de la forma del poema por un lado y por otro un análisis de sus ideas, conceptos, valores o como se le quiera llamar a eso que «quedaría» si la forma pudiese desprenderse del contenido. Si el análisis de la forma del poema nos dice a la vez cosas sobre cómo ve y comprende el mundo ese decir que los griegos llaman sencillamente la «palabra», es porque el estilo es el mundo; porque en eso que llamamos el estilo de un poema está a la vez, como hemos visto, su ontología, ese preciso estar-en-el-mundo que el poema da por supuesto. En este sentido, si comentando la écfrasis hablamos, por ejemplo, de una se­lección de contenidos no arbitraria sino esencial, poniendo simetría en la composición; o bien resaltamos (nosotros o quien sea) una selección de contenidos por contraposición, ni la forma es algo al margen del contenido ni este nada al margen de la forma, sino que lo que hay en el fondo es una sola cosa.

La secuencia de ciertas escenas y las correspondencias entre escenas en la écfrasis no son problemas formales en un sentido restrictivo; las correspondencias y las parejas de contrarios están en la obra que es el escudo en la medida en que están en el mundo, mundo que la obra tiene como co­metido hacer aparecer. En la obra está el día y está la noche, está el cielo y está la tierra; las mujeres están en una parte y los hombres en otra; los animales domésticos en un sitio y las fieras salvajes en otro, y esto no es casualidad, sino que es así —en la obra es así— en la medida en que en Grecia todavía hay tiempos y espacios cualificados, y no resulta to­davía arbitrario quién hace qué y en qué orden se hace cada cosa. Y si el río Océano aparece adornando el borde exterior de un escudo circular no es por puro capricho poético: el Océano es límite extremo en el cosmos finito de los griegos, y el canto lo hace aparecer como tal. Poner «la gran fuerza de la corriente del Océano» en el último de los cinco cír­culos concéntricos es, pues, una cuestión de ontología, una operación fenomenológica.

.

Aida Míguez Barciela
Mortal y fúnebre
Leer la Ilíada

.

.

.

.

.

.

.

aida-miguez-mortal-y-funebreAida Míguez Barciela

Mortal y fúnebre
Leer la Ilíada

Ed. Dioptrías. Madrid, 2016
ISBN: 9788494297373

.

.

.

Un (altre) Ulisses de Miquel de Palol

.

.

.

ULISSES

.

He perdut els meus amics i el meu país
en aquest lloc tan lluny de casa;
m’he posat malalt per sempre més d’oblit i de deixadesa:
el meu passat s’ha dissolt
en l’esplanada nua, on gent estranya, solitària
com jo, parlen de mi sense gaire interès,
però es demanen d’on vinc, o què he fet;
en el seu mateix somriure, alimanya retreta,
desgraciadament, em trobo respost.

Palol

Miquel de Palol (Barcelona, 1953)

Miquel de Palol
Encara mor aquella primavera

.

.

.

.

.

Altres “Ulisses” de Miquel de Palol

.

.
miquel-de-palol-primaveraMiquel de Palol

Encara mor aquella primavera

Llibres del Mall, 54
Edicions del Mall. Barcelona, 1981
ISBN: 8474560853

.

.

..

.

 

.

L’Odissea en romanx. Duri Gaudenz

.

.

.

…..I til respuondet la prudainta Penelopeia:
Uossa teis let es bei e pront, be cur cha giavüschast,
Ouramâ cha’ls dieus permettettan infin cha tü tuornast
In ta chasa stupenda, sül prövi da teis patrimoni.

…..Al seu torn la molt discreta Penèlope va respondre: «El llit tindràs quan el teu cor ho desitgi, ara que els déus han permès que tornessis al teu casal ben construït i a la terra paterna.

Siond ch’ün dieu perö, meis char, da quai at algorda,
Di eir a mai dals cumbats! Eu pens ch’eir eu ünsacura
Stopcha gnir a dudir; il meglder saraja dalunga.

 Però, ja que n’has parlat i una deïtat ho ha posat en el teu cor, explica’m aquesta prova, perquè igualment més endavant l’hauré de conèixer i és molt millor que me n’assabenti ara mateix».

…..I till’ha respus l’indschignaivel e furber Odisseus:
Povra muglier, perche am giavüschast ch’eu quai at quinta?
Bain, schi at voglia quintar e nüglia zoppantar via.

…..Aleshores, contestant-li el molt enginyós Odisseu va dir: «Desassenyada. ¿Per què em demanes amb tanta insistència que t’ho expliqui? Bé, t’ho diré, no vull amagar-te res

Tscherta, da quai teis cour dalet nu varà; neir eu svessa
Nun ha dalet. Perquai cha a mai il vidaint am cumonda
D’ir danöv pel muond, aint in man il rembel glischüras,

El teu cor no se n’alegrarà, com tampoc me n’alegro jo mateix, peruqè Tirèsias m’ordenà que anés per moltíssimes ciutats des mortals portant a les mans un rem manejable

Fin ch’eu riva infin pro glieud chi’l mar nu cugnuoscha,
Chi nu mangia spaisa cun sai insalad’o cundida,
Chi nu cugnuoscha neir las barchas culs bels picals cotschens,
Neir ils rembels glischüras, neir las alas da barchas chi filan.

 fins que arribés a pobles que no coneixen la mar ni tasten el menjar barrejat amb la sal, que no tenen notícia de les naus de proes rogenques ni dels rems manejables, que són les ales de les embarcacions.

Fich exaet m’ha’l tuot indicha, ch’in errur eu nu giaja.
Sch’ün viandant ch’eu inseuntr a l’ester ün di ünsanua,
Disch ch’eu port’üna pala sün mia giagliarda güvella,

I em donà aquest senyal ben clar, que no t’amagaré: quan un altre caminant, en topar-se amb mi, em digui que porto una ventadora a l’espatlla gloriosa,

Lura dessa francar illa terra il rembel glischüras
Ed offrir olocausts a Poseidon, il mar chi guverna,
Ün bümatsch ed ün tor ed ün curaschus püerch sulvadi;

llavors, sí, m’ordenà que clavés a terra el rem i que fes sacrificis esplèndids al sobirà Posidó, un moltó, un brau, i un verrot que ja munti les trujes,

Lura tuornar a chà e far là sonchas offertas
Als dieus immortals, als avdants d’las vastezzas süsura,
Indavorouda a tuots. Ün di gnarà’la be seuzza,
Bricha our dal mar, la mort; lomin pigliarà’l
Mai chi sun scholt dad ota età, cur ch’intuorn tuot ils pövels
Sun furtünats e cuntaints. Uschè fuo la profezia.

que retorni cap a casa i ofereixi hecatombes sagrades als déus immortals, que posseeixen el cel espaiós, a tots per ordre. Aleshores, lluny del mar, m’arribarà una mort molt suau, la qual em llevarà la vida, aclaparat per una vellesa plaent, i al meu voltant la gent serà feliç. Tot això m’assegurà Tirèsias que s’acompliria».

…..Lura al respuondet la prudainta Penelopeia:
Bain, scha’ls dieus t’destinettan età fürtünad’ed allegra,
Lura sperain cha tü glivrast cuntaint eir tuot tias painas.

…..Al seu torn, la molt discreta Penèlope va respondre: «Si els déus et concedeixen una vellesa millor, hi ha esperança, almenys, estarem lliures de desgràcies».

…..Güst uschè radschunaivan eis duos e trattaivan insembel.
Euricleia ed Eurinomé rasaivan e traivan
Pons fich loms pel let, pro la glüm da cleras fuschellas.

…..Així anaven conversant l’un i l’altre, mentre Eurínome i la dida preparaven el llit amb la roba delicada a la llum de torxes enceses.

Ed aviond pardert la cuntscha choda in prescha,
Schi la vegliett’as retret a posar in sia chombretta.

Així que van parar el llit massís amb diligència, la vella se’n tornà cap a la seva cambra a dormir;

Eurinomé però condüet al rai e sa duonna
Pro la cuntscha parderta, portond la fuschella glüschainta;

i la cambrera Eurínome anava davant d’ells portant una torxa a les mans, mentre es dirigien al llit.

Cur ch’els staivan sül glim, svanit’la. Lura muntet’na
Tuot allegers lur let, consacrà als buorfs d’amur vierschla.

Tan bon punt els hagué acompanyat a la cambra, ella es va retirar. Llavors tots dos es disposaren de bon gran a fer us del seu tàlem antic.

.

.

Odissea. Cant XXIII (fragment)
Traducció en romanx per Duri Gaudenz
a partir de la versió alemanya de J.H. Voss

Versió en català de Joan Alberich i Mariné

.

.

VegeuOdissea da Homer : tradüt da Duri Gaudenz tenor J.H. Voss

.

.
.

.

.

.

.

.

.

.

Bartra: Poesia i mite

.

.

.

.

POESIA I MITE

(Fragments)

.

bartra-poesiaUn dels miracles de la poesia és que no es deixa definir, la qual cosa significa que no sabem què és la poesia, bé que ningú no ignora que és, que exis­teix, ens transforma, ens aixeca i ens enlluerna, ens arrenca de la realitat del món per embolcallar-nos de somni, fa que donem l’esquena a la història i, ensems, ens temporalitza, ens aspida de solitud sofrent i repòs, o ens lliga al furor i a la fraternitat de l’èpica que ens agermana als altres homes; ens vulnera i esparpalla, ens unifica en la nostàlgia i la melodia, ens llança a l’angoixa de l’aventura còsmi­ca i ens aïlla en l’alegria de l’amor que posseeix; ens fa creure que el llenguatge no és un instrument sinó l’ésser radical que ens metamorfosa en la glòria i la misèria del temps, el temps que estima poques co­ses, a l’inrevés de l’esperit, que anhela tot allò que neix, que s’embriaga de naixença…

Potser mai ningú com Arnim, fa dos-cents anys, no ha arribat a tocar amb tanta lucidesa el punt cen­tral de la poesia: «La realitat espiritual —digué— és l’única que podem comprendre enterament, i, quan s’encarna, s’enfosqueix ensems. Si l’escola de la terra fos inútil a l’esperit, ¿per què hauria d’encar-nar-s’hi? Però si alguna vegada l’espiritual pogués fer-se completament terrestre, ¿qui abandonaria la terra sense desesperació? Diem això, amb tota gra­vetat, al nostre temps, que creu possible de santi­ficar la seva pròpia realitat temporal, conferir-li una missió eterna, fer guerres santes, una pau universal, la fi del món.»

Mallarmé digué una vegada, en una conversa, que la poesia s’havia extraviat d’ençà de la «gran aber­ració d’Homer». Quan li preguntaren què hi havia abans d’Homer, contestà: «Orfeu.» És a dir, lligava la poesia al mite, però fugint de l’èpica, trobava el radicalisme del cant en la poesia feta pensament, ciència de la vida i misteri. El cantor o poeta per excel·lència seria, doncs, Orfeu, el nom del qual ve­nia de la paraula fenícia composta de aur (llum) i rofae (curació, guariment). Orfeu era, palesament, aquell que curava per la llum.

Sí, la poesia no es deixa definir, repeteixo. O mi­llor, encara: mostra una decidida aversió a deixar-se autopsiar, perquè no és un cadàver, ans al contrari: és la cosa més viva del món, la realitat que vol inse­rir-se contínuament a la comunitat eterna de l’home i als simulacres de la naturalesa. Quan en el nostre segle, tan marcat per la mania de les redefinicions, l’esperit d’anàlisi s’exerceix sobre —m’arriscaria a dir contra— la poesia, els bisturís implacables no­més poden tallar i aïllar, però el resultat de la seva tasca és decebedor: la passió científica no arriba mai al cor del fet poètic que s’obre sempre com un esde­veniment d’un univers on es lliguen l’inefable de la terra i de l’esperit, el cant meravellós i salvatge de la humanitat. Aquests enderiats de lògiques intel·lectuals mai no podran explicar per què el didal d’una nena arribà un dia a ser el Bon Déu, segons un bell conte de Rilke.

… «De terra es fan les gerres —diu Lao Tsé—. Però és allò que no existeix dins la gerra el que li dóna la qualitat de gerra.» Semblantment, podríem dir del poema, de la poesia. El poema és la cosa de bellesa i de comunicació; la poesia és l’inefable que no es deixa atènyer. Paradoxalment hom podria dir que l’interior buit de la gerra és un buit ple, un buit que s’ha tancat per tal de poder obrir-se a la forma de l’atuell, a totes les infinites formes possi­bles. Dins aquest buit, l’ànima, l’ésser de l’home diu: «Jo sóc», jo sóc un que és més gran que ell mateix, servidor, pare i fill de les virtualitats humanes que volen desocultar-se i esdevenir centre i totalitat. I vol vessar la seva còsmica eternitat, per a la qual cosa cal, de totes passades, decantar la gerra per­què el borboll surti cantant i avanci cap a la dura­ció, i allargui el seu braç d’aigua per estrènyer amb amor la terra, sense por de les trampes del cel…

Si la poesia detesta la definició, en canvi esti­ma el símbol, el qual tendeix cap al mite, que és sempre la proclamació d’un valor revolucionari que fuig de les mandíbules de ferro de la lògica. Quan un nou cant neix, a la poesia li és indiferent ser compresa. La poesia vol alguna cosa més que ser compresa, en la seva desconfiança envers la histò­ria, perquè ella mateixa és història, però una his­tòria bastida sobre els símbols de l’ésser profund i essencial i les dades que prefiguren el futur. Ve a tomb que conti la meva primera experiència en ter­res d’Amèrica, a la República Dominicana, on, fa quaranta anys, vàrem desembarcar la meva muller Anna i jo, en començar un exili. Una nit vàrem en­trar en una cabana de camperols pobres, atrets per una música i una veu que cantava. A dins, assegut a terra, em vaig adonar que no entenia ni un mot de la cançó que escoltava. I vaig preguntar a l’home que seia al meu costat: «¿Qué dice?» I l’home, sen­se girar-se a mirar-me, contestà: «No dice nada: canta…» Quina meravella! Només, només cantava!

Quan les idolatries temporals d’ús i abús s’esfon­dren perquè trinxen l’home social, el poeta del nos­tre temps alça els seus mites radiants i convulsos o revitalitza els vells somnis encarcarats per les me­càniques del costum i eixampla la gran estrofa de l’esdevinença humana en funció de l’Ésser i de l’Es­perit, i acata l’aurora indivisa.

Ni en els moments de més alienat historicisme, o de malatís encavorcament, no ha perdut la poesia la seva consciència mítica, les representacions de la qual eren, a Grècia, una praxis de la noblesa ètica o bé tenien un valor objectiu de força que tendia a fer del símbol una perfecció. Parafrasejant Nietzsche, podríem dir: «Tenim el mite per tal de no morir a causa de la veritat.» Mite i poesia es trenen. Si bui­déssim Homer dels seus mites, quedaria com una casa buida, com un esquelet d’or.

Els mites hel·lènics bé podrien ser entesos com una vasta biografia simbòlica de múltiples conno­tacions que van de la innocència a la brutalitat, del material a l’espiritual, del somni a la necessitat, de la devoció a la rialla, del grandiós al grotesc: una explicació del món que es resolia en poemes, està­tues, imatges… En tot mite batega una dinàmica auroral, una creació viva i incitadora. Els sistemes envelleixen, però els déus són immutables àdhuc en llurs metamorfosis, en llurs canvis per a esdevenir la mateixa cosa; quan llur vigència s’ha evaporat, resten com a exponents essencials de l’imaginari fun­dat en la història i la religió.

Hi ha tot un corrent —potser el més cabalós— de la poesia moderna que tendeix a prescindir de les operacions de la consciència, la qual es complau a mutilar-se així de les comunicacions i comunions dels sentiments i del diàleg entenedor de l’esperit i de l’ànima dels homes: en té prou amb soscavar les cavernes oníriques i aixecar les banderes de la febre per damunt de l’últim gemec de l’amor. Hom ha dit que la darrera parella humana que sobrevisqués a la destrucció del món es faria potser l’amor, però que el darrer artista no crearia; nogensmenys, Faulkner va afirmar que les grans obres renaixeran, quan la por hagi cessat. Sóc dels qui creuen que el mite de l’inconscient, en darrer terme, desemboca a l’espe­rança i a la llibertat, i que també hi ha una bellesa i una tendresa de la follia que ens ve de Gerard de Nerval i dels seus mites, de les seves quimeres de l’ombra.

La poesia espera. El mite dura. Ambdós engen­dren el futur que contribuiran a fer, malgrat llurs contradiccions. Victor Hugo no es cansava de repe­tir que Stendhal «no havia tingut mai la menor idea de quina cosa podia ser escriure», i li va interessar poc Baudelaire. Ells amb ells no es necessitaven, però varen crear una posteritat que no pogué pres­cindir ni de l’un ni de l’altre. Victor Hugo no va poder crear, malgrat el seu titanisme, el mite de l’univers. En canvi, Baudelaire va crear el mite de la ciutat de París, i Stendhal fou el gran èpic de la no­vel·la psicològica, i engendrà Tolstoi.

… Deixem el mite i tornem a la poesia, que tot just ha començat i és plena de virtuts inconegudes, com va dir Maragall. La poesia és una deu que sem­pre està naixent. La poesia és una naixença que mai no s’atura, que no aprendrà a morir, perquè poden morir les paraules —i moren—, però no la veu que es vol fer eternitat amb el destí de l’home sobre la terra, i àdhuc m’atreviria a dir, acceptant la possi­bilitat de la destrucció, de la mort de la terra, que la veu meravellosa tornaria a alçar-se, amb lentitud còsmica, de l’herba sobrevivent i, unida a la llum, ajudaria a la represa dels cicles dels retorns de la vida, sota el piuleig de l’alosa de les resurreccions…

Agusti_Bartra.

Agustí Bartra

(Del discurs de cloenda llegit per
l’autor el dia 19 d’abril de 1980,
a la Universitat de Yale, en el
«Segon Col·loqui d’Estudis Catalans
a Nord-Amèrica», organitzat per la NACS.)

.

.

.

.

.

bartra-poesiaAgustí Bartra

Sobre poesia

Pròleg de Miquel Desclot

Col. Les eines , 64
Editorial Laia. Barcelona, 1980
ISBN: 8472229335

.

.

.

L’Ulisses d’Ángel Olgoso

.

.

.

ULISES

.

 

Yo, el paciente y sagaz Ulises, famoso por su lanza, urdidor de engaños, nunca abandoné Troya. Por nada del mundo hubiese regresado a Ítaca. Mis hombres hicieron causa común y ayudamos a reconstruir las anchas calles y las dobles murallas hasta que aquella ciudad arrasada, nuevamente populosa y próspera, volvió a dominar la entrada del Helesponto. Y en las largas noches imaginábamos viajes en una cóncava nave, hazañas, peligros, naufragios, seres fabulosos, pruebas de lealtad, sangrientas venganzas que la Aurora de rosáceos dedos dispersaba después. Cuando el bardo ciego de Quíos, un tal Homero, cantó aquellas aventuras con el énfasis adecuado, en hexámetros dactílicos, persuadió al mundo de la supuesta veracidad de nuestros cuentos. Su versión, por así decirlo, es hoy sobradamente conocida. Pero las cosas no sucedieron de tal modo. Remiso a volver junto a mi familia, sin nostalgia alguna tras tantos años de asedio, me entregué a las dulzuras de las troyanas de níveos brazos, ustedes entienden, y mi descendencia actual supera a la del rey Príamo. Con seguridad tildarán mi proceder de cobarde, deshonesto e inhumano: no conocen a Penélope.

.

Ángel Olgoso (Cúllar Vega, Granada, 1961)

Ángel Olgoso (Cúllar Vega, Granada, 1961)

Ángel Olgoso
La máquina de languidecer

.

.

.

.

.

.

.

olgoso-la-maquina-de-languidecerÁngel Olgoso

La máquina de languidecer

Páginas de espuma. 2009
ISBN: 9788483930458
.

.

.

.

.

Categories:Uncategorized

Quignard i les nekuies

.

.

.

CHAPITRE XII

.

Héraklès, Admète, Dionysos, Orphée, Tirésias, Achille sont descendus aux Enfers et en sont revenus. A leur retour ils racontaient ce qu’ils y avaient vu. Ils racontaient comme ils pouvaient, avec des mots, les visages bouleversants qu’ils avaient rencontrés, la vieille lumière noire, toute l’ancienne tendresse. Jésus est descendu aux Enfers comme les autres héros. Mais on ne sait rien des Enfers de Jésus. C’est le seul héros qui n’a pas la force ou le courage de raconter aux vivants sa visite chez les morts.

Ariston fit remarquer aussi aux Grecs : « Quand Ulysse fut descendu chez ceux qui ne respi­raient plus, s’entretenant avec des ombres célè­bres et nombreuses, il ne désira pas voir leur reine. »

Pourquoi Ulysse ne voulut-il pas voir la Noc­turne?

Pourquoi Ulysse le Navigateur éprouva-t-il de la haine à rencontre de celle qu’aima avec tant de passion le chevalier Lancelot ?

Pourquoi Jésus ne voulut-il rien dire de ce qu’il avait vu chez les morts ?

Puis Dante prit le chemin d’Owein, de Tungdal, de Drychtelm, d’Enée, d’Ulysse, de Gilgamesh et il descendit à son tour.

.

Pascal Quignard
La barque silencieuse

.

.

Hèracles, Admet, Dionís, Orfeu, Tirèsias, descendiren a l’Hades i en retornaren. Al seu retorn contaren el que hi havien vist. Relataven tal com podien, amb paraules, les cares trasbalsadores que hi havien retrobat, la vella llum negra, tota l’antiga tendresa. Jesús va baixar als Inferns com els altres herois. Però no sabem res dels Inferns de Jesús. És l’únic heroi que no té ni la força ni el valor per explicar als vius la seva visita a l’estatge dels morts.

Aristó feu notar també als grecs: “Quan Ulisses va baixar a l’estatge dels que ja no respiraven, parlant amb ombres cèlebres i nombroses, no tingué el desig de veure la seva reina. “

Per què Ulisses no volgué veure la Nocturna?

Per què Jesús no va voler dir res del que havia vist entre els morts?

Perquè Ulisses el Navegant  va abominar de trobar-se amb aquella a qui amb tanta passió estimà Sir Lancelot?

Posteriorment Dant va emprendre el camí d’Owein, de Tungdal, de Drichtelm, d’Eneas, d’Ulisses, de Guilgameix i feu la seva davallada.

.

.

.

.

.

pascal-quignard-la-barque-silencieusePascal Quignard

La barque silencieuse
Dernier royaume, IV

Col. folio, 5.262
Gallimard. 2014
ISBN : 9782070437382

.

.

.