Archive

Archive for the ‘Ecos de l’Odissea’ Category

Els bells papirs d’Alexandria de Lluís Alpera

.

.

.

PÒRTIC

Esquarterat el vidre a l’ull de ciclop,
et reflecteixes a través d’un minúscul fragment,
emmanillat a l’aventura d’arribar als teus.
Sense alè, i cada cop més escèptic,
t’encares, ara sí, al darrer viatge.
Albires a l’illa les oliveres xacroses
enmig d’una terra rebregada pel sol i la pols acumulada.
El gos orb amollarà algun lladruc esqueixat.
Tensa l’arc i proclama ja el llegat just
davant els habitants que no recordaran l’Ulisses.
Cap dona ni fill reconeixeran la teua mirada.
Davant el solemne, sempre romandràs tot sol.
.

Lluís Alpera
Els bells papirs d’Alexandria

.

.

.

[…]

En certa manera “Pòrtic”, el poema preliminar que precedeix les dues parts de què consta “Els bells papirs d’Alexandria”, ja delimita els àmbits argumentals del conjunt de l’obra. Novament, Lluís Alpera torna a ser l’Ulisses de les aventures estètiques i existencials que ell ha anat protagonitzant des de les primeres publicacions i que molts de nosaltres hem compartit amb esperit de lectors fidels. Torna a ser el mateix que ha enyorat tan­tes Ítaques com projectes personals li han avivat el desig o l’exuberància dels somnis. Però L’Ítaca sensual que l’havia alletat “amb pits d’orquídies”, l’ítaca casolana dels vinyars i les orenetes, l’ítaca interior dels neguits o de les possibilitats, la dels fracassos, la de les coses ínti­mes, la de les promeses d’amor, la pàtria enyorada i impossible, ha esdevingut, finalment, una illa amb “oli­veres xacroses/ enmig d’una terra rebregada pel sol i la pols acumulada” que el desvincula de qualsevol percep­ció que no sigui la de la pròpia soledat de navegant. Tots els poemes de la primera part del llibre vénen a ser res­postes a aquesta soledat, que el poeta haurà d’assumir definitivament perquè ja no li queden més viatges. D’una banda, perquè, de qualque manera, Ítaca no ha existit més enllà dels confins de la seva fantasia; de l’al­tra, perquè “la fera que esglaia/ els habitants dels rius i la mirada generosa” amenaça els seus dies mortals.

Entorn d’aquesta dialèctica, els signes d’extinció són incomptables. “Esquarterat el vidre a l’ull del cíclop”, sense cap Penèlope ni cap Telèmac amb qui compartir d’altre episodi ni d’altra aspiració, “enmig d’un espectre de boires i teranyines”, mentre “El zèfir broda per les arbredes el cant darrer” i qualsevol llum, la mateixa pas­sió, tot declina amb la cruel intervenció de la mort (“Accelerada declinació de la llum/ configurant el punt tèrbol del teu traspàs”), Lluís Alpera ha de recórrer a dos dels seus talismans més poderosos: “Viuràs tan sols del record i el desig”. De fet, no ha deixat de recordar ni de desitjar des dels versos inicials d’aquesta primera part d'”Els bells papirs d’Alexandria” (“Embolcallant som­nis amb fulles de plàtan,/ dibuixe els ametlers en flor a l’estany dels pares”) malgrat tot el que diluvia sobre els seus escenaris d’infantesa i sobre els de la ment, quan es disposa a transitar pels territoris de la pròpia “albereda biogràfica”.

Ara, que els vents de la realitat no siguin propicis no significa que Alpera desisteixi de celebrar o d’interrogar la vida ni que permeti que el derroti la nostàlgia ni que renunciï a seguir reivindicant noves passions o el seu dret a deixar escrita l’experiència acumulada durant el trajecte que l’ha duit a navegar sense treva cap a les grans ciutats de la utopia i cap a les illes interiors de l’ésser. Quan afirma “Cap bena ni ungüent poses a les ferides/ i sovint te’n refàs amb l’alegria de la mar/ i amb alguna que altra llepada d’anhel” fa, almanco, tres coses: afronta cara a cara l’amenaça de la mort, manté aquella constant de la seva lírica que celebra especial­ment el gaudi dels sentits, i prepara la segona part de l’obra, en què la mar, l’amor i la mort seran tres presèn­cies essencials, tres eixos metafòrics riquíssims entorn als quals s’ordenarà l’estructura del discurs. Abans, i amb els mateix capital poètic -la mar, l’amor, la mort—, Lluís Alpera retrà un bell homenatge a Ingmar Bergman, que també ho vol ser al mestratge i a la veu incessant de Salvador Espriu.

[…]

.

Antoni Vidal Ferrando
Introducció a “Els bells papirs d’Alexandria”

.

.

.

.

Lluís Alpera

Els bells papirs d’Alexandria

Balenguera. Col·lecció de poesia, 109
Editorial Moll. Palma (Mallorca), 2003
ISBN: 9788427351097

.

.

.

 

El “Proyecto Homero” de La Joven Compañía.

.

.

.

.

.

ILÍADA

.

.

I

EL LAMENTO DE AQUILES

.

AQUILES está completamente solo en el escenario. Su ropa y su espada están empapadas de sangre, su respiración es agitada. Podría decirse que acaba de masacrar a medio ejér­cito troyano él solo. Su tono no tiene nada de heroico.

AQUILES

(A público) La verdad.
La verdad es la primera víctima de cualquier guerra.
Y es la que más duele.
La sangre que mancha mis manos, los cuerpos que cubren el campo de batalla, los seres queridos que la lucha me ha arrebatado… todo eso es resultado de aque­lla primera muerte.
Del día que murió la verdad. De eso hace ya nueve años.
Nueve años de guerra contra Troya. Nueve años de ani­quilación y barbarie. Nueve años arrasando, saqueando y violando para borrar una ciudad de la faz de la tierra. Y aún no lo hemos conseguido.
Ya no pensamos en el precio que hemos tenido que pagar, porque nos volvería a todos locos.
Una profecía vaticinó que al décimo año la victoria sería nuestra. La llamaron la profecía de la serpiente. Pero ya no sabemos con certeza si se va a cumplir, porque nadie recuerda cómo empezó esta locura.
Dicen que todo fue culpa de Paris.
Paris, hijo de Príamo, rey de Troya, llegó a Esparta, donde reinaban Menelao y su esposa Helena, la mujer más bella del mundo. El príncipe se enamoró de ella al instante. La sedujo y se fugaron juntos. Tras ese agravio imperdonable, Menelao convenció a todos los caudillos griegos para mar­char sobre Troya bajo el mando del rey Agamenón.
Los griegos consiguieron reunir una flota de más de mil barcos.
Y yo, Aquiles, hijo de Peleo, rey de los mirmidones, me sumé a ellos.
Unos dicen que Helena fue raptada. Otros aseguran que se marchó por su propia voluntad. Incluso hay quien afir­ma que todo fue el resultado del enfrentamiento entre tres diosas, Afrodita, Hera y Atenea, que jugaron con el destino de los hombres tras una riña sobre cuál de las tres era la más hermosa.
Cientos de muertos. Miles de muertos. Todos caídos por el honor de Menelao.
O por la pasión de dos enamorados.
O por un concurso de belleza.
¿Fueron ésas las verdaderas razones o quizás todo fue una mala excusa para obtener el control comercial del Mar Egeo?
Quién sabe. Hay tantas verdades como personas dispues­tas a creerlas.
Hace tiempo que el mundo ha olvidado lo que ocurrió en realidad.
Porque con la verdad no se moviliza un ejército. Con la verdad no consigues que un hombre le corte el cuello a otro.
Con la verdad no rezas por la destrucción de países enteros.
Por eso lo primero que hace cualquier guerra es acabar con ella.
Y la sustituye por algo mucho más efectivo.
El mito.

.

II

EL RAPTO DE CRISEIDA
.

AQUILES abandona el escenario. Entran los demás actores.

ACTRIZ 3

Como ha dicho Aquiles, griegos y troyanos llevan nueve años en guerra.

ACTOR 9

Durante casi todo ese tiempo la ciudad de Troya ha esta­do sitiada.

ACTOR 3

En la costa, la flota griega ha construido un campamento que se ha acabado convirtiendo en una pequeña ciudad fortificada.

ACTOR 1

Los kilómetros que la separan de las murallas troyanas han sido escenario de incontables batallas.

ACTOR 8

Troya no está sola en su defensa. Cuenta con muchos aliados en la zona.

ACTOR 4

Aliados que los griegos no tardan en atacar, con el fin de debilitar el sitio.

ACTRIZ 1

Los ejércitos no tienen contemplaciones. Cuando toman una ciudad, la saquean, la destruyen y se llevan sus tesoros.

ACTRIZ 2

Y  entre esos tesoros están las mujeres.

ACTRIZ 3

El rapto de mujeres es algo muy habitual.

ACTRIZ 1

Paris raptó a Helena y ya hemos visto el problema que ocasionó.

ACTRIZ 3

Y no fue el único. La lista de raptos es interminable.

ACTRIZ 2

El dios Hades, rey del inframundo, raptó a Perséfone.

ACTRIZ 1

El dios Zeus raptó a Hera, a lo, a Europa y hasta a Ganímedes, que era un chico.

ACTOR 10

¿En serio?

ACTRIZ 2

A los dioses griegos les daba igual la carne que el pescado.

ACTOR 4

Y a muchos mortales también.

ACTRIZ 1

Pélope también era un chico y fue raptado por Poseidón.

ACTRIZ 3

Eos raptó a Orion, Clito, Céfalo y Titonio.

ACTRIZ 1

Teseo raptó a Helena antes que Paris. Y luego a Antíope.

ACTRIZ 2

Telamón raptó a Hesíone y dio comienzo a la enemistad eterna entre Troya y Argos.

ACTRIZ 3

Su hermano Peleo raptó a la ninfa Tetis y juntos engen­draron a Aquiles.

ACTRIZ 2

Y el propio Aquiles no podía ser menos. Durante la Guerra de Troya raptó a Briseida y se la llevó con él al campamento.

ACTOR 3

Todos los caudillos griegos acabaron con su botín femenino.

ACTOR 1

Todos menos uno: Agamenón.

ACTOR 9

El rey no se lo tomó nada bien. Y no se le ocurrió nada más que dirigir una incursión al pequeño asentamiento de Tebas y tomar cautiva a Criseida, la hija del sacerdote de Apolo de esa ciudad.

ACTOR 8

Y sin saberlo, esa decisión cambió para siempre el curso
de la guerra.

Entra AQUILES con la ropa limpia de sangre.

ACTOR 2

A los pocos días del rapto, la peste cayó sobre el campa­mento.

ACTOR 6

Empezó entre perros y yeguas, pero pronto se extendió entre los hombres.

ACTOR 7

Cada vez más soldados se contagiaban y morían. El olor a podrido y carne quemada lo invadía todo.

ACTOR 10

Y al décimo día de la peste, Aquiles ejerció su derecho a exigir una asamblea.

Todos ocupan sus posiciones en la tienda, excepto los acto­res que interpretan a personajes tróvanos, que salen.

[…]

Guillem Clua
Ilíada

.

.

.

.

ODISEA

.

.

PRÓLOGO

Todos los actores en escena excepto el que interpreta a ULISES.

.

CORO

¿Y entonces?
¿Entonces qué?
¿Cómo terminó?
¿Qué?
La guerra de Troya, ¿cómo terminó?
Homero no lo cuenta.
¿Tantas páginas y no cuenta el final?
¿Para qué? Todo el mundo sabe cómo acaba una guerra.
Matas y mueres, matas y mueres, y no hay más.
Eso es la guerra.
¡No! La guerra nunca termina.
Se terminan los hombres.
Y las mujeres. Y los niños. Y los ancianos.
Esta es la cosecha infinita de la guerra:
¡nuestros cuerpos!
Porque la guerra sigue. Nunca termina.
¿De verdad Homero no cuenta cómo termina la guerra?
En la llíada no. Entierran a Héctor y ya está.
Héctor, domador de caballos.
¡Héctor, matador de hombres!
No jodas. ¿Ese es el final?
Del libro.
¿Y lo del caballo?
Eso vino luego.
¡El caballo de Troya!
Pero eso no lo cuenta Homero.
En la Ilíada no.
¡Qué cabrón Homero!
Homero no existió.
¿Cómo que no?
¿Cómo no va a existir Homero?
Homero son los padres.
Dicen que era ciego.
Seguro que fue una mujer.
O peor: varias mujeres.
¡Estúpido!
Entonces, ¿qué ocurrió después?
¿Después de qué?
Después de Troya.
Vamos, lo del caballo de madera.
Ahora vamos.
¿Y el orgulloso Aquiles?
Muerto. Paris lanza la afilada flecha, Apolo la recoge, va recta, recta, y zas, en el talón.
Y la oscuridad cubrió sus ojos.
¿Empate? ¿Vamos empate? ¿Cuántos muertos en cada bando?
Imbécil. (Pausa.) ¡Vamos ganando!
Ha entrado ULISES.

CORO

¿Y Príamo?
Sacrificado. Zas, un tajo en el cuello.
Lo mató el hijo de Aquiles, después de besarle las manos.
Y la oscuridad cubrió sus ojos.
¿Y entonces? ¿Lo del caballo?
Fue a Ulises a quien se le ocurrió lo del caballo.
¿Por qué dices «Ulises»?
Es Odiseo. La Odisea y Odiseo. Está claro, ¿no?
Da igual. Suena mejor Ulises.
¿A quién le suena mejor?
A mí. Que lo estoy contando.
Los troyanos pensaron que la guerra había terminado
Y que los aqueos /
¿Quiénes?
Los otros, los griegos, Menelao, Aquiles, Agamenón, esos. Déjale seguir.
Y que los aqueos se habían retirado dejando allí una
ofrenda.
Un enorme caballo de madera.
¡Hay que temer a los griegos incluso cuando traen regalos!
Abren las murallas. Meten el caballo.
En el vientre del caballo se esconden los aqueos.
Cae la noche.
Y los troyanos celebran el final de la guerra.
El final de diez años de lágrimas y de mortajas. ¡La guerra ha terminado! ¡La guerra ha terminado! Alzan las copas. Ríen.
La primera noche en diez años en la que podremos dor­mir tranquilos.
Sin temer el cuchillo.
Sin temer el grito.
Sin temer la noche en las ventanas.
Y se echan a dormir. A lo lejos suena el mar. En la bóveda del cielo brillan las constelaciones. Por primera vez en diez años la vida se parece a la vida.
Y entonces los griegos salen del caballo,
como una plaga de hormigas,
todo lo arrasan, todo lo destruyen,
no queda nada, ¡fuego!, ¡fuego!
Nos disparan. Nos aniquilan. Las llamas nos devoran.
Dejan nuestros cadáveres en las calles para festín de los buitres.
Se confunden los gritos
por los muertos
con los gritos de
¡victoria!
Menelao, el cornudo,
acompañado de Ulises,
encuentran a Deífobo, hijo de Príamo, y amante de
Helena.
Porque Paris ya había muerto.
Lo había matado Filoctetes. De un disparo de arco. Zas, y la oscuridad cubrió sus ojos.
¿Dónde estábamos?
Ah, Menelao y Ulises encuentran a Deífobo.
Le cortan las manos.
Le cortan las orejas.
Le cortan la lengua.

ULISES

Basta.

CORO

Y la oscuridad cubrió los ojos.

ULISES

¿Por qué tenéis que contar eso?

CORO

¿Por qué no? Lo dejaron allí, desangrándose, como un cerdo.
Le cortan la nariz. Se le escapó el alma entre los dientes.
¡De Troya no quedó nada!
Ceniza. Ceniza. Ardió hasta los cimientos.
Te equivocas. Algo sí quedó.
Una buena historia para ser contada.

ULISES

¡Que te calles, joder!

CORO

¿Y quién eres tú para mandarnos callar?

ACTOR I / ULISES

Ulises. Yo hago de Ulises. Dejad eso. Es suficiente con lo del caballo. Ya está. La guerra terminó.

¿Quién la ganó?
Dirás: ¿quién no la perdió dos veces?
¿Y luego?
¿Qué fue de los que no murieron?
Regresaron.
Todos menos uno.

ULISES

Ulises. Hijo de Laertes y Anticlea.

CORO

¿No regresó?
Sí, pero tardó otros diez años.
Eso es la Odisea.
En Ítaca lo esperaban.
Su hijo.
Telémaco.
Y su mujer. Penélope.
Y su perro
¿Y dónde estuvo esos diez años?
¿Empezamos?
Ya era hora.
Háblame, Musa, de aquel hombre astuto que, después de destruir Troya, anduvo perdido mucho tiempo.
Háblame. Cuéntamelo. Sus aventuras en el mar.
Tratando de salvar su vida y la de sus compañeros.
Pero no los pudo librar, como deseaba, y todos perecie­ron tras cometer locuras.
Ya me has estropeado el final.
No, no es lo que ocurre sino cómo ocurre. Sigamos.
Cuéntanos, Musa, las aventuras de aquel varón.
Ulises, de gran ingenio, que después de destruir la ciudad sagrada de Troya
peregrinó errante muchos años.
Vio las ciudades, conoció las costumbres de muchos hombres
y en el mar padeció grandes calamidades.
Cuéntanos, oh, Musa,
con palabras que vuelen como pájaros.
El Cíclope, Circe, el descenso al Hades, la isla de Calipso, los pretendientes.
¿Todo?
¡Lo que se pueda!
Cuando la historia empieza Penélope y Telémaco esperan en Ítaca el regreso de Ulises.
Pero a él lo retiene la ninfa Calipso,
con dulces y tiernas palabras aturde su mente.
¿Lo retiene o está en sus brazos?
La diosa Atenea quiere que regrese.
Pero Poseidón lo odia por haber dejado ciego al Cíclope.
¡No adelantes!

[…]

Alberto Conejero
Odisea

.

.

.

Proyecto Homero

Ilíada (Guillem Clua) / Odisea (Alberto Conejero)

La Joven Compañía

Ediciones Antígona. Madrid, 2016

ISBN : 9788416923014

.

.

.

Ulisses i els seus companys, amb pell de salobre. Iban L. Llop

.

.

.

.

.

COMPANYS D’ULISSES

.

.

.

En l’horitzó poc clar de la nit
reposen els ventruts vaixells.
Mariners de pit tatuat recorden
entre olor d’oli i ferro
ports antics, ciutats
d’ambre i llum

.

.

.

.

.

ODISSEA, LLIBRE XXIII

.

.

.

Solament recordaràs la pols
i les pedres dels camins,
els tarongers en flor,
la mar lluenta d’estiu.
Retrobaràs les paraules
que ja no et serveixen,
les paraules que només tu recordes.
Retrobaràs, potser, l’estiu lluent,
la pols i les pedres, els camins,
els tarongers i la mar a l’alba,
però alguna cosa, imprecisa,
t’haurà fugit per sempre.

.
iban-l-llop-pell-de-salobre
.

.

.

.

Iban L. Llop
Llibre de Fèlix o els exiliats
Pell de salobre

.

.

..

.

 

iban-l-llop-pell-de-salobreIban L. Llop

Pell de salobre

Poesia, 191
Edicions 62. Barcelona, 1999
ISBN: 9788429746006

.

.

.

 

 

 

Helena balla sardanes a Sant Feliu de Guíxols, els anys 20

.

.

.

ohn-langdon-davies-1John Langdon-Davies (Eshowe, Zululàndia Sud-àfrica, 1987 – Shoreham, Gran Bretanya, 1971) fou un periodista i escriptor que va viure de molt a prop els esdeveniments històrics de Catalunya en el període que va de l’any 1929 al 1970. Fou testimoni i divulgador d’èpoques tan diferents de la Catalunya del segle XX com la monarquia d’Alfons XIII, la dictadura de Primo de Rivera, la República, la Guerra Civil i el franquisme. Amic de Marià Manent i de Josep Pla, John Langdon-Davies passà llargues temporades de la seva vida a Sant Feliu de Guíxols treballant en les seves obres i en la posada en marxa d’un hotelet, alhora que «descobria» racó darrere racó de la Costa Brava i de l’Empordà.

.

.

.

 

III. Penèlope

(Text complet a
Penèlope, de John Langdon-Davies a “Dancing Catalans”)

 

.

.

.

langdon-davies-mites-i-felicitat-dels-catalansDues dones mediterrànies han estat adoptades com a ideals pels poetes i els contistes: Helena i Penèlope. La raó perquè n’hi ha dues, i amb caràcters tan diferents, està ben clara: l’home sempre té dos ideals diferenciats segons es tracti del comportament de la seva dona o el de la dona d’un altre. Helena era «d’una alçada divina i una bellesa d’allò més divina»; la seva bellesa per a nosaltres és com aquelles barques nicenes d’antany, la seva fou «la cara que féu llançar mil vaixells i féu cremar les cases descobertes d’Ílion»; però Penèlope es va quedar a casa filant i va estar uns vint anys esperant que tornés el seu marit i rebutjant les propostes dels seus pretendents. Tot home intenta reconciliar dintre seu el paper doble de pretendent i marit i, com a pretendent, prefereix Helena i, com a marit, prefereix Penèlope.

Però aquesta no és més que una visió parcial d’Helena: la seva vida no començà pas amb l’arribada de Paris, ni amb la de Menelaus. Abans havia estat una noia, alta i bella ja, però no gaire sofisticada encara, d’emocions i experiències simples.

De fet, val la pena recrear mentalment l’existència d’aquesta altra Helena a través d’una mica de ficció dramàtica. Els japonesos escriuen obres de teatre sobre temes tradicionals, en les quals les paraules, la música i la dansa, mitjançant insinuacions i subterfugis, expressen idees o emocions relacionades amb els caràcters tradicionals de l’argument. Heus aquí una obra Noh sobre Helena, la jove Helena, i un endeví, i hi afegirem un cor per poder escoltar els seus comentaris. Aquí només hi ha el diàleg —la música, la dansa i la pantomima, les haurem d’imaginar. Helena, disfressada de filla de mercader, visita l’endeví i, quan ella arriba a la porta, ell s’està dient:

…..«Sóc endeví i visc aquí, en aquesta cambra fosca d’aquest carreró: que cansat que estic de preparar encanteris pels ximples. Mireu les teranyines que tapen la finestreta. En altres temps gaudia d’aquella llum suau damunt els arbres dels boscos de fora la ciutat, però els homes han d’aconseguir aliment i casa de la manera que sigui. Mireu, però:

Una ombra apareix a fora al carrer,
i algú empeny la porta.
Aviat se sentirà el cruixir de l’escala.
Ah! Ja el tenim,
com el mormolar del desmai,
quan gira vent.

Noia:

¿És aquest l’endeví
que em pot ensenyar
allò que totes les noies anhelen veure:
la cara del seu amant,
i el nom de la família d’aquest?
I els arbres i les muntanyes que veurà des de la finestra després del dia de noces?

Cor:

Aquesta és la cara que féu llançar mil vaixells
i féu cremar les cases descobertes d’ílion;
que jove que és encara.
Per què s’han de fer totes aquestes coses?
Les flors somnien al sol,
però vents rudes sacsejaran les baies;
i aquest foll d’endeví
no sap
qui és aquesta noia,
i el seu endevinament
no és més que una farsa.

Endeví:

Tinc un bol
ple d’una estranya aigua,
que em fou donat fa anys
per la filla d’un rei mort:
hi tiro una flor groga,
li tiro l’alè mentre sura,
i una ombra de l’ànima
de la filla del rei mort
es posa sobre l’aigua ondulada
i l’omple d’un estrany poder.
Mira fixament el bol mentre ballo lentament davant la deessa, i hi veuràs pintades les coses que s’han d’esdevenir.

Noia:

Tremolo de fascinació,
el pols em batega contra el front.
Pot ser veritat això?
Quasi no goso mirar.

Cor:

Com ens alegrem
pel fet que allò que ella veu
és un engany burleta,
Perquè si ella pogués saber què hi ha amagat darrera aquella cortina que es mou amb el vent, la seva joventut quedaria pansida com les flors d’un estiu eixut.

Noia:

Veig barques…

Cor:

Si sapigués les barques que es llançaran per ella… però això és un truc de l’endeví i no vol dir res.

Noia:

Veig exèrcits que lluiten…

Cor:

I moriran molts homes per ella, però això no ho sap, i quant a l’endeví, prou que sap que sempre hi ha exèrcits.

Noia:

Una ciutat amb grans muralles, i el fill d’un rei, i unes terribles flames, i tinc la sensació que potser hi sóc jo.

Cor:

És estrany!
Hi ha alguna cosa de veritat
en els trucs de l’endeví,
mireu com balla
com un nen captaire
per les monedes que li tiren;
però en aquest bol hi ha alguna veritat
que ell no hi ha pas posat.

Noia:

Veig dones que seuen
al costat dels seus telers i ploren:
(No vull mirar-ho)…
Les seves boques tremoloses
criden… no ho sento…
paraules… de… força
odi,
tinc la sensació que estan pensant en mi.

Cor:

Pot ser que hi hagi veritat al bol?
Per l’amor de Déu, la destrossarà!

Noia:

“Maleïda sigui”, diuen,
“Maleïda sigui la que manté els nostres homes
allunyats de nosaltres: i alguns són morts;
per aquesta núvia infidel
han mort,
infidel”… Maleït dia…
Si sóc jo! Em desmaio.

Endeví:

Però quina cosa tan terrible has vist? Havia enviat una visió que t’agradés.

Noia:

M’he vist odiada per les dones durant mil anys.

Cor:

Veieu com la sorpresa
omple la mirada de l’endeví;
aquesta veritat no prové d’ell.

Endeví:

Donzella,
et prego que em perdonis,
aquest somni
és fals: i tu seràs
feliç i estimada per tots el fills dels mercaders,
i tindràs riqueses.
Ha estat un esperit dolent
que t’ha molestat, i ara
el faré fora d’aquesta casa.

Noia:

Que estrany que pensi que sóc filla de mercader, si vaig disfressada; aquell que no coneix el present, com pot conèixer el demà? Però ja he oblidat aquell malson i un raig de sol entra per la finestra; torno, no fos que les criades em trobin a faltar.

…..[Se’n va]

Cor:

En els llunyans turons
cau la neu,
més enllà d’aquells espessos núvols
brilla el sol,
esclata, i la neu fosa
goteja per les roques i cau a la vall.
Abans, Helena xuclava el pit de la seva mare, i feia riure amb els seus jocs infantils, i aquesta Helena encara viu, a més d’aquella en qui tots pensem.
Que bonica que és la fulla que l’agalla ha fet brillar!»

Si ens podem imaginar aquesta Helena, aquesta bellesa tan divina, abans que es convertís en Helena de Troia, tindrem una imatge de les noies que ballen la sardana al nostre poble i, sobretot, de la més bonica de totes, que passa per davant de la finestra de casa quatre vegades al dia per anar i tornar de la feina a la fàbrica de taps. Aquesta comparació és més encertada que no pas la de Nausica, ja que també fa referència a la sort funesta que les espera; en aquest cas, no la sort de Paris i de Troia, sinó la sort menys espectacular però més segura que tenen de convertir-se un dia en Penèlope i passar la resta de la vida esperant els seus marits. De jove Helena a Penèlope: aquesta és la història de les nostres dansaires. I no entendrem la sardana si no podem entendre això.

[…]

La felicitat de les dones en el nostre poble s’acompassa com ho fan els integrants d’una rotllana de sardanistes: la individualitat està malvista i només es permeten determinats estils i formes. Els dansaires dediquen tota la intel·ligència a conformar-se a la convenció i assoleixen la màxima felicitat quan ho aconsegueixen; quan fallen, molesten els altres i s’incomoden ells mateixos. L’ideal que s’han fixat, es va inventar molt abans que nasquessin i continuarà molts anys després que hagin mort; al seu món, no es qüestiona enlloc i, per tant, és tan gratificant com ho és l’aire per un animal amb pulmons. Passa el mateix amb les dones i la seva felicitat; viuen en un univers en el qual no existeix la lliure voluntat; Helena està condemnada a convertir-se en Penèlope i, en fer-ho, se sent plenament realitzada. Per a nosaltres, és completament diferent: la felicitat és, en gran part, una qüestió d’escollir entre actituds alternatives sense tenir prou informació perquè l’elecció sigui raonable.

Continuo amb la feina o plego i em caso? Un camí porta a més felicitat, l’altre a menys, però ningú no sap quin escollir en cada cas concret. En el nostre poble mediterrani, no hi ha cap feina que pugui ser incompatible amb el marit; per tant, cap Helena no corre el risc d’equivocar-se. Tenim fills de seguida, i molts; o esperem un any i en tenim només dos? Al nostre poble, la pregunta resulta incomprensible: ningú no sabria de què parlàvem. Marie Stopes i Margaret Sanger figuren tan poc en els càlculs matrimonials com Einstein o Freud. ¿M’espero uns anys i ens casem quan ell tingui diners o ens fem amants ja? Helena mai no veu el seu marit en privat abans de casar-se, s’aparta instintivament si la mà d’ell li frega el braç mentre passegen: estaria sentenciada —no tan sols en els ulls dels altres sinó també en els seus i en els del seu xicot— si mai aquesta pregunta li passés pel cap. En tot cas, ja que la vida aquí és molt senzilla, per motius d’economia no hi haurà cap espera llarga. ¿Suavitzo els problemes i les incompatibilitats o els agreujo fins que es facin insuportables? Tampoc no cal que s’ho plantegi perquè aquí no existeix el divorci. En resum, no té tantes possibilitats de tirar la seva felicitat per terra, ni que la hi tirin, com una anglesa o una americana; de la mateixa manera que a un vegetal no se li fereixen els nervis tan sovint com a un animal.

Seguir aquest camí predestinat i tan poc ambigu per la vida té moltes conseqüències interessants. Helena sap què té al davant i sap que allò que s’ha d’esdevenir s’esdevindrà sense que ella no aixequi ni un dit. Com que viu en una comunitat on a ningú no se li acut de perdonar ni la més mínima llibertat sexual o sentimental, no desitja cap llibertat d’aquesta mena. Al passeig marítim de Bournemouth, si un home i una noia van a passejar plegats, la majoria dels homes amb els quals es creuen es miraran la noia, i la gran majoria de les noies es miraran l’home. A més a més, la noia es mirarà els homes amb molta més llibertat i amb un interès no tan dissimulat, perquè va acompanyada i no cal que estigui tan completament a la defensiva. Res d’això no es pot aplicar en el nostre poble mediterrani: les noies totes miren la noia i si algun home mira alguna cosa, en la majoria dels casos, serà l’altre home. Potser seria més exacte encara dir que les noies miraran la roba de la noia més que no pas la noia. Quan camina amunt i avall del Passeig, Helena dissimula molt bé l’interès que sent pels homes, encara que les coses de què parla amb les altres Helenes són una qüestió a part. No es preocupa de coses que li seran decidides al seu temps per la tradició i, abans que el clima l’hagi madurada massa, està casada.

A la vida de Penèlope, les coses són molt diferents. Com que no hi ha anat gaire, a l’escola, i com que mai no fa exercici, la vida consisteix tan sols en la feina de casa i dos plaers: el sexual i el maternal. Mai no es trobarà en privat amb un home, però si li passés, com que no hi hauria res de què parlar, només podrien passar l’estona d’una manera: aquesta, si més no, és la teoria, i afalaga molt els homes, ja que els suposa dotats d’una virilitat abundant i sempre a punt. A la pràctica, sens dubte, hi hauria moltes ocasions en les quals l’única cosa que s’esdevindria seria un avorriment mutu.

Però, per molt que aquesta existència estereotipada no causi tanta infelicitat o, si més no, no presenti tantes oportunitats de prendre una via equivocada, redueix al mínim les possibilitats d’un contacte imaginatiu entre els sexes. No és simplement que vas i parles amb els teus amics al cafè mentre la dona es queda a casa; és que hi ha una única relació entre tu i Helena, entre tu i Penèlope; no hi ha matisos i no hi ha tons. No hi ha sentiments ambigus i difícils d’explicar causats per alguna Helena amb la qual no vols fer ni de Menelaus ni de Paris. No hi ha amistats en les quals el contingut sexual es manté principalment al cap; no hi ha aquells migamors que, com que no tenen fonaments a la terra, semblen edificis construïts amb somnis i fantasies impossibles, que floten en l’aire, donant a la vida una fulgor de colors subtils: no pots ni tan sols fumar un cigarret amb una dona mentre llegiu el diari. No pots fer treballar la imaginació, ni les cames, ni el cervell, ni amb Helena ni amb Penèlope; no pots fer res amb elles ni mentalment ni físicament, tret de seguir un camí directe, el final del qual és de tots conegut.

I si l’amor entre home i dona es menciona o s’observa poc al Passeig, si els homes van al cafè i Penèlope es queda a casa, si Helena prefereix les seves companyes als joves més atractius, encara hi ha una altra cosa que cal assenyalar. L’amor entre l’home i la dona no és només l’amor entre mascle i femella, també hi ha l’amor de mare i fill i això és evident. Generalment, la relació natural entre mare i fill la destrueix la industrialització. Per a milers de persones a Anglaterra i Estats Units la llar no existeix, si no és en forma de vague record. Està molt bé això de ressuscitar la pietat amb l’establiment del «Dia de la Mare», però la vitalitat d’aquesta institució prové principalment de la cupiditat i el geni publicitari dels floristes i les companyies de telègrafs, més que no pas de fonts més autèntiques. Aquí, al nostre poble, no hi ha necessitat d’un dia de la mare.

Seria una generalització legítima dir que, a Anglaterra i Estats Units, la llar, tal com es presenta el matrimoni i els seus corol·laris, es basa més en el desig d’una companyia sexual, mentre que al nostre poble mediterrani es basa en la relació entre pares i fills i, sobretot, entre mare i fill. La relació sexual és un mitjà per aconseguir un fi i no pas un fi en si, i aquesta situació tan sols és possible quan les dones estan subjugades intel·lectualment, ja que la felicitat que obtenen de la relació sexual, en el sentit més ampli de la paraula, és igual a la dels homes, però els patiments que els causa la finalitat per la qual aquesta relació és un mitjà són infinitament superiors als patiments dels homes.

Però, amb tota seguretat, és pel fet de ser mares en lloc d’esposes que les seves vides són més estables i les seves emocions més tranquil·les. Els científics ens diuen que la família humana va sorgir de l’instint maternal i no pas del sexual; per tant, cal creure que allà on les mares són més importants que les esposes la família conservarà la seva força primitiva. I ben segur que aquests homes prefereixen les mares a les esposes, ja que permeten i fomenten una forma de vida que converteix les seves dones en velles tan bon punt sigui possible. Realment deuen preferir els cossos hipermaternals que desenvolupen les seves dones quan tenen trenta anys a la bellesa esvelta d’Helena quan va cap a la fàbrica de taps o en torna, perquè si desitgessin una companya prima i juvenil els seria molt fàcil de convèncer les seves dones perquè caminessin una mica més i mengessin una mica menys, perquè penses­sin una mica més i viatgessin per adquirir idees noves. Aquí, com arreu, existeix la prohibició primitiva: un home no es pot casar amb la seva mare, però no hi ha res que l’impedeixi de convertir la seva esposa en la seva mare pel que fa a la forma, els costums i, amb un matís, la funció.

Penèlope poques vegades balla sardanes: no seria correcte tenir un home a l’esquerra que no fos el seu marit i, a més, com que és quasi segur que estigui o bé prenyada o bé donant de mamar, normalment està incapacitada; deixa la rotllana per a Helena. I Helena, un cop s’hagi acabat la música, deixa anar les mans i, sense gairebé donar ni una ullada a cap banda, se’n va a buscar les seves companyes. Tot plegat és molt estrany.

[…]

[…] al nostre poble, és sorprenent que poc hipòcrita que és la gent. No hi ha cap dubte que no són perfectes: hi deu haver un petit bordell amagat pels afores del poble, més que res per a la diversió dels mariners, però res d’això no afecta de cap manera a la rotllana de la sardana. Allí, gairebé tot és senzillíssim; les Helenes ballen amb ben poques filigranes individuals, mentre Penèlope seu a casa, criant el darrer infant o esperant el següent: les mares són el ciment de la societat i no desitgen cap mena de vida intel·lectual perquè mai no han sabut el que representa tenir-ne: és impossible saber fins a quin punt tenen enveja d’Helena, la vellesa sempre té enveja de la joventut, però tard o d’hora els marits es converteixen en fills, per molt que la pàtria potestat continua tenint la mateixa força de sempre.

Mentrestant, han arribat el cine i el jazz: aquelles coses tan estranyes que fa la gent a Hollywood s’observen i es comenten, els cafès lloguen orquestres terribles que assassinen la síncope. Tot això deurà tenir el seu efecte algun dia, però de moment la sardana regna suprema, Helena va de casa a la fàbrica i de la fàbrica a casa, amb les espardenyes de cànem planes i sense cap imitació pseudoparisenca de barret sobre els seus cabells tan bonics. A més a més, quan Helena balla sardanes i prem la mà de l’home que té al seu costat, no significa allò que nosaltres ens podríem imaginar, sinó simplement que els propers passos han de ser tres cap a la dreta o cap a l’esquerra en lloc de dos.

I no obstant això, és gairebé impossible creure que l’actual generació d’Helenes realment es convertirà en un grup de Penèlopes com les seves mares; en deu anys han escombrat mil anys de disbarats en el vestir i, quan la roba canvia, tot el paisatge s’altera. Mentrestant, Penèlope continua sent, ara per ara, un model d’inèrcia, un monument al regne vegetal.
.

(Text complet a
Penèlope, de John Langdon-Davies a “Dancing Catalans”)

.

John Langdon-Davies

Penelope
[Penèlope]

a: Dancing Catalans  (1929)
[Mites i felicitat dels catalans]

Traducció al català d’Andrew Langdon-Davies

.

.

.

.

langdon-davies-mites-i-felicitat-dels-catalansJohn Langdon-Davies

Mites i felicitat dels catalans
Reflexions d’un escriptor britànic sobre la Catalunya dels anys 20

Col·lecció Guimet, 23
Pagès Editors. Lleida, 1998
ISBN: 9788479354558

.

.

.

Homer a la plaça del Diamant

.

.

.

rodoreda

..

 

.

[…] a La plaça del Diamant […] hi ha sobretot el personatge de la Colometa. Me’l va suggerir la protagonista d’un conte meu escrit feia temps, intitulat “Tarda al cinema”, que figura en el recull Vint-i-dos contes i està inspirat al seu torn en el Candide. Si Voltaire no hagués escrit Candide és possible que La plaça del Diamant no hagués vist mai la llum del sol. ¿Influència de James Joyce? És possible que el final de  la meva novel·la vingui del cèlebre monòleg d’Ulisses. Però seria més encertat de buscar la font del capítol XXIII de La plaça, el de la mort de la mare d’en Quimet, en algun dels contes de Dubliners.

Si no hagués llegit Bernat Metge, no se m’hauria acudit mai de fer fer a la Colometa la descripció física del seu flamant marit. Bernat Metge fa descriure a Ovidi gràcies a la seva estimada; d’aquest capítol, una pura perfecció d’estil i de llenguatge, se’n diu “Descripció de la donzella” Unes breus pàgines que poden rivalitzar amb les millors de la literatura universal. “Descripció de la donzella” de Bernat Metge em donà idea de la “descripció del donzell”, o sigui d’en Quimet, que el lector pot trobar al capítol VIII de la meva novel·la. Agraeixo a Bernat Metge que m’hagi donat més del que em mereixo. I li demano fervorosament que em perdoni per la llicència presa.

Moltes altres influències hauria de confessar; caldria comptar-hi totes les meves lectures la Bíblia en primer lloc. Vull afirmar, perquè algú ho ha negat, que La plaça del Diamant és una novel·la d’amor. De novel·les d’amor se n’han escrit moltes. Des de l’amor més espiritual i més cavalleresc a l’amor més carnal, una mica representat aquest darrer per una de les novel·les més cursis, i que han fet escolar més tinta, escrita per un gran escriptor, D.H. Lawrence. Em refereixo a L’amant de Lady Chatterley. Però el que s’ha escrit de més elevat i corprenedor en amor és la història de Francesca da Rimini al cant V de l’Infern, a la Divina Comèdia. Història que comença amb aquests versos meravellosos:

Siede la terra dove nata fui
su la marina dove’l Po discende
per aver pace co’ seguaci sui.

I l’amor d’Ulisses, no pas per Penèlope, no pas per la dolça Nausica, sinó el seu amor-passió per l’aven­tura. Dante, en el cant XXVI de l’Infern, el llença, amb quatre companys vells i esparracats, amb una nau que no s’aguanta, a l’última aventura: la de la mort.

Nè dolcezza di figlio, nè la pieta
del vecchio padre, nè’l debito amore
lo qual dovea Penelopè far lieta,
vincer poter dentro da me l’ardore
ch’i’ebbi a divenir del mondo esperto,
e delli vizi umani e del valore.

Després de la Bíblia i de Dante, entre les influèn­cies que crec que més m’han marcat i que ara vull confessar, posaria encara Homer.

.

Mercè Rodoreda
Romanyà de la Selva, 1982
Pròleg a La Plaça del Diamant

.

.

.

[…] la Colometa no fóra res, o únicament una de tantes Colometes que va haver-hi, sense els mots que la diuen, la fan more’s i enraonar, angoixar-se i esperar; i aquests mots, que a voltes semblen retalls de conversa, contenen l’engany que és la guerra, la trista sort dels vençuts i dels febles, coses respirades entre vers i vers de la Ilíada; […]

.

Carles Miralles
Presentació de
Mercè Rodoreda i els clàssics

.

.

plac%cc%a7a_diamantMercè Rodoreda
La plaça del Diamant

Club Editor Jove, 1
Club Editor. Barcelona, 2016
ISBN:978-84-7329-211-5

.

.

.

.

merce-rodoreda-i-els-classicsMercè Rodoreda i els clàssics

Avla Carles Riba
Publicacions i edicions de la Universitat de Barcelona
Barcelona, 2013
ISBN: 9788447537235

.

.

.

.

 

 

 

Un (altre) Ulisses de Miquel de Palol

.

.

.

ULISSES

.

He perdut els meus amics i el meu país
en aquest lloc tan lluny de casa;
m’he posat malalt per sempre més d’oblit i de deixadesa:
el meu passat s’ha dissolt
en l’esplanada nua, on gent estranya, solitària
com jo, parlen de mi sense gaire interès,
però es demanen d’on vinc, o què he fet;
en el seu mateix somriure, alimanya retreta,
desgraciadament, em trobo respost.

Palol

Miquel de Palol (Barcelona, 1953)

Miquel de Palol
Encara mor aquella primavera

.

.

.

.

.

Altres “Ulisses” de Miquel de Palol

.

.
miquel-de-palol-primaveraMiquel de Palol

Encara mor aquella primavera

Llibres del Mall, 54
Edicions del Mall. Barcelona, 1981
ISBN: 8474560853

.

.

..

.

 

.

Quignard i les nekuies

.

.

.

CHAPITRE XII

.

Héraklès, Admète, Dionysos, Orphée, Tirésias, Achille sont descendus aux Enfers et en sont revenus. A leur retour ils racontaient ce qu’ils y avaient vu. Ils racontaient comme ils pouvaient, avec des mots, les visages bouleversants qu’ils avaient rencontrés, la vieille lumière noire, toute l’ancienne tendresse. Jésus est descendu aux Enfers comme les autres héros. Mais on ne sait rien des Enfers de Jésus. C’est le seul héros qui n’a pas la force ou le courage de raconter aux vivants sa visite chez les morts.

Ariston fit remarquer aussi aux Grecs : « Quand Ulysse fut descendu chez ceux qui ne respi­raient plus, s’entretenant avec des ombres célè­bres et nombreuses, il ne désira pas voir leur reine. »

Pourquoi Ulysse ne voulut-il pas voir la Noc­turne?

Pourquoi Ulysse le Navigateur éprouva-t-il de la haine à rencontre de celle qu’aima avec tant de passion le chevalier Lancelot ?

Pourquoi Jésus ne voulut-il rien dire de ce qu’il avait vu chez les morts ?

Puis Dante prit le chemin d’Owein, de Tungdal, de Drychtelm, d’Enée, d’Ulysse, de Gilgamesh et il descendit à son tour.

.

Pascal Quignard
La barque silencieuse

.

.

Hèracles, Admet, Dionís, Orfeu, Tirèsias, descendiren a l’Hades i en retornaren. Al seu retorn contaren el que hi havien vist. Relataven tal com podien, amb paraules, les cares trasbalsadores que hi havien retrobat, la vella llum negra, tota l’antiga tendresa. Jesús va baixar als Inferns com els altres herois. Però no sabem res dels Inferns de Jesús. És l’únic heroi que no té ni la força ni el valor per explicar als vius la seva visita a l’estatge dels morts.

Aristó feu notar també als grecs: “Quan Ulisses va baixar a l’estatge dels que ja no respiraven, parlant amb ombres cèlebres i nombroses, no tingué el desig de veure la seva reina. “

Per què Ulisses no volgué veure la Nocturna?

Per què Jesús no va voler dir res del que havia vist entre els morts?

Perquè Ulisses el Navegant  va abominar de trobar-se amb aquella a qui amb tanta passió estimà Sir Lancelot?

Posteriorment Dant va emprendre el camí d’Owein, de Tungdal, de Drichtelm, d’Eneas, d’Ulisses, de Guilgameix i feu la seva davallada.

.

.

.

.

.

pascal-quignard-la-barque-silencieusePascal Quignard

La barque silencieuse
Dernier royaume, IV

Col. folio, 5.262
Gallimard. 2014
ISBN : 9782070437382

.

.

.