Arxius

Archive for the ‘Ecos de l’Odissea’ Category

El capità Ulisses, d’Alberto Savinio

.

.

.

ULISSE: La sede precisa del mio destino, io, alla fine, l’ho scoperta: il destino noi ce lo portiamo qui, con noi, tra il panciotto e la camicia…

ULISSES: La seu precisa del meu destí, jo, finalment, l’he descoberta: el destí el portem ací, amb nosaltres, entre l’armilla i la camisa…

.

.

La nave di Ulisse
Giorgio De Chirico

LA VERDAD SOBRE EL ÚLTIMO VIAJE

JUSTIFICACIÓN DEL AUTOR

.

El sentido de estas páginas debe ser entendido como una obra de beneficencia. Ésta es la clave que abre mi “Historia de Ulises”. La filantropía es practicada de manera bestial. Chalecos de lana y so­pas calientes no resuelven el problema de la infelicidad. Entre la humanidad que sufre, los tipos más interesantes jamás acudirán a un patronato de damas que ya superaron la crisis de la menopausia. Hay un destino de la muerte así como hay un destino de la vida. Los comités y ese dinerito que gotea de los bolsillos demasiado lle­nos se encargan de socorrer al estómago y a los sabañones. Pero ¿quién se hace cargo de auxiliar al hombre que no encuentra des­canso y de echar una mano a aquel que no logra morir? Éste es el bien que hice al hombre de las muchas vidas. Ésta es la razón de “Capitán Ulises”.

Lo que comprometió enormemente el buen nombre de Ulises es el atributo de Héroe que el registro civil de la historia tontamente antepuso a su nombre. Héroe y Ulises, estas dos antinomias no coinciden más que en los documentos oficiales, en los textos interpolados por cuarenta siglos de incomprensión. A Ulises le falta el requisito esencial del héroe: la inteligencia del buey así como el daltonismo de perspectiva propio de las facultades de este mamífe­ro superior. Demonio una vez era el nombre dulcísimo de los ánge­les. Potager le dicen en Piamonte a la estufa de carbón. Tiempo y variaciones del clima afectan desastrosamente a las palabras. Las deforman, borran hasta la sombra de su significado original. Héroe tiene para nosotros el significado corto y ruidoso de un disparo de bombarda. Cuando Ulises tenía una edad entre la juventud y la madurez, el valor de Héroe no iba más allá de aquellas condecora­ciones que se otorgan de oficio a quienes alcanzan la debida anti­güedad de servicio. Los héroes de Homero eran algo entre el Comendador y Chevalier de la Legión d’Honneur. ¿Acaso podía yo dejarle a Ulises una nariz de cartón y un disfraz de carnaval? Quise volver a escuchar la voz de mi amigo abandonado por todos, contar los latidos de su corazón. Un corazón de bronce suena hueco, como el odioso sonido de las campanas. Era necesario devolverle al co­mendador Ulises su estatura natural.

Al perro fiel le gusta que le saquen fotos a los pies del cazador. En las pequeñas enciclopedias, a los famosos les encanta que los retraten en compañía de la cosa que justificó su ingreso al panteón de la fama. El violín explica la figura de Paganini, que de otra ma­nera confundiríamos con un ejemplar rarísimo de hombre araña. La Venus de Milo puede prescindir de los brazos, pero el certificado de belleza le es necesario como el sello en el pasaporte. Y si junto al retrato de la Patti no encontráramos la inscripción enmarcada por un redondel: Voz de ruiseñor, Adelina volvería a ser aquella inverosí­mil figura que efectivamente es: protagonista de sueños para los números de la lotería y muerta que canta. Pasemos a la letra U. Ulises está fotografiado con el paladio en la mano y la barba postiza. A la derecha, en un bonito medallón, el retrato de la Infelicidad. Peque­ño como una miniatura, pero tan parecido que te deja sin aliento.

Lo studio di Telemaco
Giorgio De Chirico

También Ulises es un gran infeliz, un incomprendido. Grandes infelices e incomprendidos integran una especie particular, se les re­conoce como al cuervo entre las palomas. Job, Camóes, Werther, Jacopo Ortis. Hicimos mención de algunos entre los más ilustres miembros de la tribu de las caras largas, de los cuellos torcidos, de los rostros asimétricos, de los ojos bizcos. Entre las leyendas de la pintura éstos fueron canonizados por Theotokopulos, por Amedeo Modigliani y por la Época Negra de Picasso. El tenebroso club de estos solitarios oculta una muy estudiada coquetería. Excepto los iniciados, nadie más sospecha que en este círculo tan cerrado se halla el verdadero nido de la felicidad más íntima, más celosa. ¡Ay de quién se atreva a tocar a un gran infeliz en su preciosa infelicidad. ¡Ay de quien le sugiera el modo de deshacerse de ella, de reintegrar­se a la vida de todos! Eso sería como privarlo de sus rentas, títulos y honores. Esta consagrada infelicidad, este apartarse y formarse un grupo cerrado, como en la colonia los blancos apartados de los ne­gros, es la forma más exquisita de la felicidad. Ulises tiene los pape­les en regla, toda la documentación habida y por haber, cumple con los requisitos más gloriosos para ser admitido entre los grandes infelices. Sin embargo —¡mira nada más qué salado está y qué mala suerte tiene este hombre!— en el club de los grandes infelices, así como en todas las demás asociaciones, congregaciones y sociedades de este mundo, Ulises no entrará ni en pintura. En sus narices sen­sibles y carnosas, en sus narices orientadas hacia la exploración del humor del viento, en sus narices siempre en búsqueda en el aire inerte de una brizna, por pequeña que sea, de felicidad humana, todas las puertas se cierran con gran estruendo.

Ulises constituye un ejemplar único, no encuentra lugar en nin­guna categoría conocida. El Incomprendido es así por exceso de se­riedad: Ulises por exceso de futilidad. Obligado en un principio a un aislamiento del cual nadie quiere desconocer el horror, el Incompren­dido por seriedad sabe bien que, después de este duro aprendizaje, la gente se aglomerará a su alrededor como las moscas sobre el excre­mento caliente. Per áspera ad ostra. Desde el que es medianamente inteligente hasta el más zonzo, la seriedad es el empíreo supremo, la aspiración de todos. Pero bajar hasta la extraordinaria futilidad de Ulises, ¿quién se atreve? Solo, él nunca verá desmentida su tremenda soledad, esta soledad sin gloria y sin premios que la ambición cerca como una zona de miasmas y de malaria. Ésta es la trágica situación del navegante sin rumbo, la inconfesable razón de su infelicidad.

.

[...]

.

La villa di Calipso
Giorgio De Chirico

Ulises ha llegado a la conclusión de la Aventura Multicolor, Los te­mas de su vida» tan lentos y solitarios hasta aquí, a este punto se mezclan, se agilizan y comienzan todos juntos el gran galope final. Ulises, según las circunstancias, fue patético y negligente, elocuente y mudo, magnánimo y avaro, despiadado y muy tierno, severo y payaso. Repasó todo el repertorio de las actitudes, expresiones, pri­meros planos. Desgranó punto por punto el programa de las cosas que hay que hacer, de los sentimientos que se tienen que expresar, y con habilidad más que con fe y conciencia, reticencia y pudor no le obstaculizaban en absoluto, no le alteraban para nada. Huyó del adulterio. Regresó a su hogar. (Parece una tontería, pero el hecho de volver a casa era importantísimo para él, el objetivo —fallido— de su vida). Mandó en la guerra y en la paz. Fue rey. Fue esclavo. Fue el padre cariñoso y el marido fiel. Vengó el honor ofendido. Reverenció la divinidad. Cubrió su puño de hierro con un guante de terciopelo. Hizo de todo, hizo de las suyas. Se apegó a las reglas, a las normas, al estilo. Sin embargo está desubicado. ¿Por qué? Vi­vió la vida de todos —menos la suya propia. Otorguémosle a Ulises el necesario reposo.

La corte dei Feaci
Giorgio De Chirico

Ayudé a Ulises a guardar las maletas en el desván. Del último viaje o no se volverá a hablar nunca más, o se hablará de otra mane­ra. A los delegados oficiales de las diferentes comisiones y subcomi­siones de la sociedad humana, Ulises contestó con un “no”, categórico y tajante. Contestó que “no” al cielo en cuyo nombre había sido objeto de los acosos amorosos de una señora cargada de armas y de consejos. Un minúsculo diafragma se le abrió en el cere­bro e irradió una luz resplandeciente en su alma oscura. El deber que dice yo soy, el único que cuenta y del cual todos los demás des­cienden como prole degenerada, habló en él con voz sonora. Ulises concluyó su aventura multicolor, la resumió, se la encerró en un puño y ahora se le queda viendo como uno que, saliendo de la manicura, se admira el brillo de la uñas. Baja del escenario y antes de mezclarse con los espectadores de los cuales por fin se mereció el diploma de hermandad, antes de convertirse él mismo en un espec­tador, se quita la barba postiza. El Ulises falso, brillante y vacío, se queda entre bastidores, invisible pero presente en un mundo de errores. En vano le llaman de la tierra y del cielo. Aquellas voces, Ulises ya no tiene oídos para escucharlas. Las apariencias tentado­ras, las seductoras absurdidades, Ulises las echó al olvido. Ahora que, después de todo lo que ha pasado, por fin aprendió a vivir, Ulises, cuando tenga ganas, podrá también morir.

.

Alberto Savinio
Introducció a Capitano Ulisse
Traducció d’Elena Negri

.

.

.

.

Ulises, de civil, llevando puesto un sobretodo, sombrero en la cabeza y bastón en mano, sale de atrás del telón interior, del lado derecho del arco escénico, y avanza por el proscenio.

.

ESPECTADOR (encontrándose al capitán frente afrente queda petrifi­cado): ¿Usted?…  ¿Usted?… ¡Y vestido de esta manera!

ULISES (con la mayor tranquilidad): Así es.

ESPECTADOR: Pero, ¿a qué se debe?… ¿No se había embarcado? ¿no se había ido?

ULISES: Sí: pero un pensamiento, caído en mi mente como un rayo que pega contra una encina, me hizo volver.

ESPECTADOR: ¿Pero por qué? ¿por qué?… ¡Yo sigo sin entender!

ULISES: Diez años completos corrí a ciegas tras uno de mis destinos terrenales. Confiaba en una mujer, en una casa, en aquellas cálidas, alentadoras esperanzas que disfrazan bajo un velo de dudosa santidad, la oscura hambre de las generaciones… Vio usted mismo de qué manera me pagaron. Fracasado mi pri­mer destino, inmediatamente me fue ofrecido otro, más noble y prometedor: ¡la muerte memorable!… ¿Y entonces?… A estas alturas somos demasiado astutos para conformarnos con se­mejantes soluciones. En pocas palabras, ¿qué quieren de noso­tros estos intrusos? ¿quién nos gobierna? ¿a quién debemos obedecer?… No: la piadosa ingenuidad que nos hacía dejar nuestra suerte en manos ajenas, aunque fuesen las manos ex­celsas de una diosa, la perdimos. ¡Yo exijo plena responsabili­dad! ¡rechazo cualquier ayuda!… ¿Sabe por qué?… La ubicación exacta de mi destino, yo, después de todo, la descubrí: el des­tino lo llevamos aquí, con nosotros, entre el chaleco y la cami­sa… ¿Quiere hacerme un favor? Informe a todo el mundo que la parte más solitaria, más heroica, más fatal de la vida de Ulises… (arrepintiéndose) No: no diga nada. Es un secreto de­masiado peligroso, que no conviene divulgar.

[...]

.

Alberto Savinio
Capitán Ulises (Tercer Acto)
Traducció d’Elena Negri

.

.

.

Ulisse in borghese, con soprabito, cappello in testa e bastone in mano, esce di dietro il sipario interno, dal lato destro dell’arco scenico, e avanza sul pro­scenio.

.

Andrea De Chirico [Alberto Savinio], (Atenes, 15 d’agost 1891-Roma, 5 de maig 1952)

SPETTATORE   (nel ritrovarsi il capitano davanti ri­mane di sasso). Lei?… Lei?… E vestito a questo modo!

ULISSE   (con la massima calma).  Infatti.

SPETTATORE   Ma, come mai?… Non si era imbarcato? non era partito?

ULISSE   Sì: ma un pensiero, piombato nella mia mente come fulmine sopra una quercia, mi ha fatto tornare indietro.

SPETTATORE   Ma perché? perché?… Io conti­nuo a non capire!

ULISSE   Dieci anni interi ho corso cecamente dietro un mio destino terrestre. Fidavo in  una donna, in una casa, in quelle calde, confortevoli speranze che mascherano sotto un  velo di dubbia santità, l’oscura fame delle generazioni… Ha veduto anche lei in che modo sono stato ripagato! Fallito il mio primo destino, un altro subito mi venne offerto, più alto e promettente: la morte memorabile!… E con ciò?… Siamo troppo astuti ormai,  perché simili soluzioni ci possano contentare.   Che   cosa   vogliono   insomma questi intrusi da noi? chi ci comanda? a chi abbiamo a obbedire?… No: la pietosa ingenuità che ci faceva affidare la nostra sorte alle mani altrui, sia pure in quelle eccelse di una   dea,  l’abbiamo   perduta.   Io  chiedo responsabilità  piena!   rifiuto qualunque ausilio!… Sa perché?… La sede precisa del mio destino, io, alla fine, l’ho scoperta: il  destino noi ce lo portiamo qui, con noi, tra il panciotto e la camicia… Vuole rendermi un servigio? Annunci a tutti che la parte più solitaria, più eroica, più fatale della vita di Ulisse… (ravvedendosi) No: non dica nulla. È un segreto troppo pericoloso, che non con­viene divulgare.

[...]

.

Alberto Savinio
Capitano Ulisse (Atto Terzo)

 .

.

Capitano Ulisse
Giorgio De Chirico

.

.

.

Alberto Savinio

Capitano Ulisse

Piccola Biblioteca, 227

Adelphi. Milano, 2003 (terza ed.)

ISBN: 9788845906848

.

.

.

Alberto Savinio

Capitán Ulises

Traducción de Elena Negri

Editorial Sexto Piso. México D.F., 2005

ISBN: 9789685679398

.

.

.

.

Dante i la segona Odissea d’Ulisses

.

.

.

Odissea segona i gran,
més gran tal vegada que la primera, però ai!,
sense Homer, sense hexàmetres.
.
Era petit el casal patern,
era petita la seva ciutat natal
i tota la seva Ítaca era petita.
.
[...]
.
I va marxar.
.
A mesura que les ribes d’Ítaca
s’esvaïen gradualment davant seu
i navegava a tota vela cap a ponent,
cap als Íbers, cap a les Columnes d’Hèracles,
—ben lluny del mar Egeu—,
s’adonava que tornava a viure,
que es treia del damunt els lligams
de les coses conegudes i familiars.
I el seu cor aventurer
gaudia fredament, buit d’amor.
.
Konstandinos P. Kavafis
Segona Odissea
Versió d’Eusebi Ayensa
.

.

.

.

………………………….Come, my friends,
‘Tis not too late to seek a newer world.
Push off, and sitting well in order smite
The sounding furrows; for my purpose holds
To sail beyond the sunset, and the baths
Of all western stars, until I die.
It may be that the gulfs will wash us down:
It may be we shall touch the Happy Isles,
And see the great Achilles, whom we knew.
Tho’ much is taken, much abides; and tho’
We are not now that strength which in old days
Moved earth and heaven; that which we are, we are;
One equal temper of heroic hearts,
Made weak by time and fate, but strong in will
To strive, to seek, to find, and not to yield.
.
Alfred Lord Tennyson
Ulysses
.
.

.

.
[...]
Osar o mais:
o além-retorno                    o após: im-
previsto filame na teia de Penélope.
…………………………………………………………….Ousar
desmemoriado de Ítaca              — o
além-memória        — o
revés:         Ítaca ao avesso:
a não-pacificada
vigília do guereiro          — no lugar
de ventura o aventuroso
deslugar       il folle volo.
Tentar o não tentado         —
expatriado esconjuro aos deuses-lares.
[...]
.
Haroldo de Campos
Finismundo
.
.

.

.
[...]

Una observación última. Devotas del mar y de Dante, las dos literaturas de idioma inglés han recibido algún influjo del Ulises dantesco. Eliot (y antes Andrew Lang y antes Longfellow) ha insinuado que de ese arquetipo glorioso procede el admirable Ulysses de Tennyson. No se ha indicado aún, que yo sepa, una afinidad más profunda: la del Ulises infernal con otro capitán desdichado: Ahab de Moby Dick. Éste, como aquél, labra su propia perdición a fuerza de vigilias y de coraje; el argumento general es el mismo, el remate es idéntico, las últimas palabras son casi iguales. Schopenhauer ha escrito que en nuestras vidas nada es involuntario; ambas ficciones, a la luz de ese prodigioso dictamen, son el proceso de  un oculto e intrincado suicidio.
.
Jorge Luis Borges
El último viaje de Ulises
.

.

.

.

.

,

,

,

.

.

[…]…………………………… «Quando
 mi diparti’ da Circe, che sottrasse
me più d’un anno là presso a Gaeta, 
prima che sì Enëa la nomasse, 
né dolcezza di figlio, né la pieta
del vecchio padre, né ‘l debito amore
lo qual dovea Penelopè far lieta, 
vincer potero dentro a me l’ardore
ch’i’ ebbi a divenir del mondo esperto 
e de li vizi umani e del valore; 
ma misi me per l’alto mare aperto 
sol con un legno e con quella compagna 
picciola da la qual non fui diserto. 
L’un lito e l’altro vidi infin la Spagna, 
fin nel Morrocco, e l’isola d’i Sardi, 
e l’altre che quel mare intorno bagna. 
Io e ’ compagni eravam vecchi e tardi 
quando venimmo a quella foce stretta 
dov’ Ercule segnò li suoi riguardi 
acciò che l’uom più oltre non si metta; 
da la man destra mi lasciai Sibilia, 
da l’altra già m’avea lasciata Setta. 
«O frati», dissi «che per cento milia 
perigli siete giunti a l’occidente, 
a questa tanto picciola vigilia 
d’i nostri sensi ch’è del rimanente
non vogliate negar l’esperienza,
di retro al sol, del mondo sanza gente.
Considerate la vostra semenza:
fatti non foste a viver come bruti,
ma per seguir virtute e conoscenza».
Li miei compagni fec’ io sì aguti,
con questa orazion picciola, al cammino,
che a pena poscia li avrei ritenuti;
e volta nostra poppa nel mattino,
de remi facemmo ali al folle volo,
sempre acquistando dal lato mancino.
Tutte le stelle già de l’altro polo
vedea la notte, e ‘l nostro tanto basso,
che non surgëa fuor del marin suolo.
Cinque volte racceso e tante casso
lo lume era di sotto da la luna,
poi che ’ntrati eravam ne l’alto passo,
quando n’apparve una montagna, bruna
per la distanza, e parvemi alta tanto
quanto veduta non avëa alcuna.
Noi ci allegrammo, e tosto tornò in pianto;
ché de la nova terra un turbo nacque
e percosse del legno il primo canto.
.
Tre volte il fé girar con tutte l’acque;
a la quarta levar la poppa in suso
e la prora ire in giù, com’ altrui piacque,
.
infin che ’l mar fu sovra noi richiuso».
.

Dante Alighieri
Divina Commedia. Inferno XXVI.

.

.

.

[...] …………………………….«Quan
vaig deixar Circe, que em va retenir
més d’un any per allà prop de Gaeta,
abans que Eneas li donés el nom,
ni la dolçor del fill, ni la pietat
pel meu vell pare, ni l’amor degut,
que hauria fet Penèlope contenta,
no van poder vèncer en mi l’ardor
que tenia de fer-me expert del món
i dels valors i vicis dels humans;
i vaig entrar en l’alta mar oberta
sol amb la nau i aquella companyia
petita que mai no m’havia deixat.
Vaig veure els dos litorals fins a Espanya,
fins al Marroc i a l’illa de Sardenya,
i les altres que banya aquesta mar.
Jo i els companys érem ja vells i lents
quan arribàrem a aquell pas estret
on Hèrcules deixà els seus dos senyals
perquè els homes no vagen més enllà;
a mà dreta vàrem deixar Sevilla,
i a l’altra mà havíem deixat Ceuta.
‘Oh germans’, els vaig dir, ‘que per cent mil
perills heu arribat a l’occident,
a aquesta breu vigília dels sentits
que encara ens queda per aprofitar
no li vulgueu negar l’experiència
del món sense habitants, seguint el sol.
Recordeu la llavor d’on heu eixit:
no vau ser fets per viure com les bèsties,
sinó adquirint virtut i coneixença.’
Vaig donar als companys tan gran desig
de fer camí, amb aquest petit discurs,
que a penes si els podia retenir;
i, amb la popa girada a l’orient,
dels rems vam fer ales per a un vol boig,
sempre guanyant camí cap a l’esquerra.
A la nit veia totes les estrelles
de l’altre pol, i el nostre era tan baix
que no s’alçava ja del sòl del mar.
Cinc voltes s’encengué i cinc s’apagà
la llum que es veu per sota de la lluna
després de travessar el pas terrible,
quan va sorgir una muntanya, bruna
per la distància, i em semblà tan alta
com no n’havia vista mai cap altra.
La nostra joia aviat es tornà plor:
de la nova terra nasqué un gran vent
que va envestir el vaixell per davant.
.
El féu girar tres voltes amb les aigües;
a la quarta, la popa es va aixecar
i la proa baixà, com volgué un altre,
.
fins que damunt nostre es tancà la mar».
.

Versió de Joan F. Mira

.

.

..

.

Konstandinos Kavafis

Esborranys i poemes inacabats

Pròleg, traducció i notes d’Eusebi Ayensa

Jardins de Samarcanda

Cafè Central / Eumo Ediorial. Vic, 2011

ISBN: 9788497663977

.

.

.

The works of

Alfred Lord Tennyson

Wordsworth Poetry Library

Wordsworth Editions Limited. London, 2008

ISBN: 9781853264146

.

.

.

Haroldo de Campos

Crisantiempo (inclou finismundo).

Traducción y prólogo.

de Andrés Sánches Robayna

Acantilado, 127

Quaderns Crema. Barcelona, 2006

ISBN: 9788496489448

.

.

.

Jorge Luis Borges

Obras completas – 3 (1975 – 1985)

Emecé Editores.

Buenos Aires, Argentina, 2005

ISBN: 9789500426473

.

.

.

Dante Alighieri

Divina Comèdia

Versió de Joan F. Mira

Proa. Barcelona, 2000

ISBN: 9788484370024

.

.

.

Ulisses, als cinquanta anys, passa per davant de Nàpols, de la mà d’Alejandro Oliveros

.

.

.
ULISES  50  ae.

.

He vuelto a navegar estas costas del Tirreno
encantado. Lleno de canas y dificultades
para leer las señales en el cielo y las notas
en los viejos mapas fenicios. Hace diez años
las mismas aguas bondadosas fueron camino
de la nave, y sus cielos siempre más amables
que los ingratos del Atlántico o la oscura Inglaterra.
.
Me he detenido en las alturas de Cuma a consultar
la blanca virgen del antro, lejana e infinita.
No fueron tantas, por temor, las preguntas y han sido
más cortas, como paso de entierro, las respuestas:
“Nada de lo que te depara el futuro ha de ser largo.
Haz como los hombres de la costa: los días
son peces voladores, atrápalos, manténlos
vivos junto a tu corazón, no los dejes huir,
no los dejes morir por falta de agua o esmero.”
.
De Cuma a la isla Circea, la quieta morada
de la esbelta diosa de cabello hasta la cintura.
El paso de las estaciones, que todo lo puede,
había transformado su hermosa apariencia:
la cabellera más breve, la mirada demorada
más allá de la superficie de mis ojos sin brillo.
Toda pasión disminuida, ausente todo desvarío,
reservada a la memoria inconstante la escritura
de las noches blancas, el temblor entrelazado
frente al avance de la aurora, el dolor de los besos,
la luz de las caricias extendidas como un lago,
el abrazo sin piedad y las marcas en el muslo.
Otra Circe, de encantos apagados y serenos labios,
a salvo de la incertidumbre y el insomnio,
de los sueños postergados y puertas escondidas,
otra Circe, de espaldas a un Ulises distraído.
.
Delfines y tristezas navegaron con la nave
hacia el sur, más allá del golfo de Parténope
y el inmaculado santuario de Isis. A un lado,
la isla de Capri, la de luz bendecida, el único
resto de Paraíso entre nosotros. Más allá Sorrento
y luego el aroma a desastre en las rocas espumosas,
con la advertencia de Circe fresca en la brisa:
“Tanto como los vientos de mi corazón ha cambiado
la fascinación de las sirenas. Será necesario
más de una cuerda para salvarte. Son jóvenes
ahora y atractivas. Sus ojos de miel derramada,
y tan peligrosos como el silencio. Cuídate,
Ulises, de estas criaturas que dejaron plumas
por piel de bronce y vientres turgentes, bocas
entreabiertas y juventud de alondra. Cuídate,
Ulises, a los cincuenta no bastará una cuerda para salvarte”.
.
.
Alejandro Oliveros
Magna Grecia (1999)

.

.
.

Alejandro Oliveros (Valencia, Venezuela, 1948)

.

.

.

.

.

.

.

.

.

Per arrivare da Napoli a Sorrento si passa via terra da Torre Annunziata e da Castellammare di Stabia. La peni­sola comincia con l’enorme rupe di Vico Equense, sotto la quale il mare ha scavato una grotta che l’attraversa da par­te a parte, e si protende per oltre venti chilometri tra i due golfi, come a segnare insieme una netta linea di demarca­zione e un punto d’incontro tra Napoli e Salerno. Le roc­ce cadono a picco sull’acqua formando piccole insenature, spiagge amene e grotte profonde che «con i colori del cielo e del mare, fusi coi riflessi della roccia calcarea e col verde delle valli offrono un paesaggio rupestre-marino di straor­dinaria bellezza, più unico che raro». Già abitata all’epo­ca del bronzo, Sorrento fu colonizzata come Capri da greci teleboi e conobbe il culto delle Sirene, le Sirene cantate da Omero e miracolosamente schivate da Ulisse molti secoli prima della fondazione di Napoli. Secondo taluni, le Sire­ne avrebbero dato il nome alla città; secondo altri, sarebbe stata Capri a ospitarle, ovvero quell’isola dei Galli, al largo di Positano, circondata dagli scogli che chiamano appun­to Sirenuse, l’incantevole luogo dove Eduardo De Filippo si era costruito una villa.

Antonio Ghirelli (Napoli, 10 maig 1922 – Roma, 1 abril 2012)

.

Antonio Ghirelli
Una certa idea di Napoli

.

.

.

.

.


.

.

Alejandro Oliveros

Espacios en fuga

(Poesía reunida 1974-2010)

Colección La Cruz del Sur

Editorial Pre-Textos. Madrid, marzo 2012

ISBN: 9788415297628

.

.

Antonio Ghirelli

Una certa idea di Napoli

Storia e carattere di una città (e dei suoi abitanti)

Arnoldo Mondadori Editore. Milano, 2010

ISBN: 9788804596899

.

.

.

Deixem-ho tot en l’ivarsós ajust i emprenem un vol boig (“folle volo”): Anem!

.

.

Vaig donar als companys tan gran desig
de fer camí, amb aquest petit discurs,
que a penes si els podia retenir;
i, amb la popa girada a l’orient,
dels rems vam fer ales per a un vol boig,
sempre guanyant camí cap a l’esquerra.
.
Dant
Divina Comèdia
Infern XXVI, 121-126
Traducció de Joan Francesc Mira
.

.

.
I ho deixen tot en l’ivarsós ajust
—Nèctars i carns, sals i contactes, gust,
Forma i color de platges—…
.
J.V. Foix
Sol i de dol [12]

.

.
.

De bo de bo només són viatgers aquells que marxen
per marxar; esperits lleugers, com aeròstats,
mai no s’aparten gens de llur fatalitat,
i no saben per què, però diuen sempre: Anem!
.
Charles Baudelaire
Le voyage
Les fleurs du mal CXXVI
Traducció de Jordi Llovet

.

.
.

Dante Alighieri

Divina Comèdia

Versió de Joan F. Mira

Proa. Barcelona, 2000

ISBN: 9788484370024

.

.

J.V. Foix

Sol, i de dol

Edició a cura de J. Vallcorba Plana

Quaderns Crema

.

.

.

.

Charles Baudelaire

Les flors del mal

Edició bilingüe i completa

a cura de Jordi Llovet

Col. Poesia, 100

Edicions 62. Barcelona, 2007

ISBN: 9788429755947

.

.


.

Sicorax/Circe; i Caliban, i Ariel i Pròspero, a La Tempesta de Shakespeare.

.

.

El Museu Britànic prepara per als propers mesos (del 19 de juliol al 25 de novembre de 2012) una molt interessant exposició temporal sobre Shakespeare, titulada “staging the world”. Un bon motiu per fer-hi una visita.

Com que ja ha aparegut el llibre/catàleg de l’exposició, a càrrec de Jonathan Bate i Dora Thornton, molt ben editat i  interessant, podem ja fer-ne un tast, i de la seva lectura en volem ressaltar el paral·lelisme que fa, en un dels passatges, a l’hora de parlar de l’obra “La Tempesta”, entre el personatge de la bruixa Sicorax i la Circe homèrica, entre la màgia i els poders d’aquesta i els de Pròspero, amb la presentació de l’eteri Ariel associat amb la figura de les nimfes, o de les harpies. El text (així com, s’entén, la pròpia exposició) es presenta il·lustrat, acompanyat molt encertadament amb peces del propi museu que venen a ser l’attrezzo d’aquest escenari on el Bard representa el món, amb tots els seus personatges, els seus caràcters, els seus arquetips.

.

.

.

‘This damned witch Sycorax’
(The Tempest, 1.2.311)
27. Dues vistes d’una gerra amb figures negres (skyphos) mostrant Circe (com una dona negra africana) amb Odisseu i un dels seus navegants, transformat en porc al costat del seu teler. Amb la inscripció ‘KIRKA’
Beòcia, Grècia. 450-420 aC.
British Museum. London.

.

.

[...]

L’illa [on es desenvolupa l'acció de La Tempesta] no és, no obstant, un territori verge, sinó l’antic domini de la bruixa Sicorax, en el seu desterrament d’Alger per bruixeria. Va arribar a l’illa suposadament embarassada de Caliban per obra del Diable, i va recloure Ariel dins d’un pi, d’on va ser rescatat per Pròspero. Aquest explica a l’audiència que ella va morir a l’illa, i es situa a sí mateix i als seus poders màgics en clara oposició a les seves negres arts femenines, si bé la prèsència d’ella sembla flotar encara en l’atmosfera de l’illa. El seu nom recorda no només el corb (en llatí “corax”), au de mal averany, sino també Circe, l’antiga fetillera d’Homer i Ovidi, famosa per haver convertir els homes d’Odisseu en porcs. La gerra grega de la figura 27 mostra Circe com una dona negra de l’Àfrica, etiquetada “KIRKA”, oferint a Odisseu una beguda emmetzinada. A la dreta hi ha el seu teler, emblema de les subtileses i enganys femenins, en el qual els viatgers senten Circe “cantant amb la seva bonica veu mentre ella va d’ací a allà en el seu gran i etern teler, en el qual estava teixint un d’aquells delicats, gràcils i enlluernadors teixits que les deesses fan”. Més enllà del teler, el pintor mostra les conseqüències de la beguda emmetzinada de Circe: un dels tripulants d’Odisseu ha estat convertit en un porc. Aquí el pintor de la gerra ha seguit Homer molt fidelment al mostrar el moment de la completa transformació del cap, del cos i de la pell amb cerres, però encara amb cames humanes. L’home-porc de la gerra expressa visualment la descripció d’Homer de com els homes encantats notaven que “les seves ments eren tan humanes com ho havien estat abans “ mentre Circe els manté “tancats com porcs en les seves embotides porqueres”. Resten atrapats per l’encanteri, tal i com l’humà Caliban és tancat per Pròspero a La Tempesta: “m’estabules / en aquesta dura roca” (1.2.400-1).

.

‘make thyself like a nymph o’ th’ sea’
(The Tempest 1.2.354)
28. A Harpy. Peter Paul Rubens, c. 1625
British Museum. London.

.

Tal com l’illa de Circe, Eea, l’illa de Pròspero és un lloc de transformacions desconcertants. Ariel, un esperit de sexe indeterminat, pot ser una atractiva “nimfa del mar” (1.2.354), com en l’eròtic esbós per a l’apoteosi del favorit de Carles I d’Anglaterra, el Duc de Buckingham, que li deu molt a la tradició europea de les màscares (fig. 28). O bé ell/ella pot ser afectuosament “my Ariel, chick” (5.1.353), o l’harpia la rapinyaire, amb urpes, de l’antiguitat clàssica, descrita a les acotacions d’escena: “Entra Ariel, com una harpia, dóna cops d’ala a la taula, i el banquet desapareix” (3.3.63.1-2). L’harpia turca de Melchior Lorck —clarament femella— en un gravat de 1582 és un híbrid sinistre, dempeus davant d’uma mesquita otomana, lluint un fes al cap i una cua emplomallada amb fulles d’acanthus (fig.29).

[...]

.

‘Enter Ariel, like a harpy:
claps his wings upon the table,
and, with a quaint device, the
banquet vanishes’
(The Tempest, 3.3.63.1-2)
29. A Harpy or Siren, Melchior Lorck, 1582.
British Museum. London.

.

Jonathan Bate and Dora Thornton

(traducció de l’original en anglès)

.

.

.

.

Jonathan Bate & Dora Thornton

Shakespeare. Staging the world

The British Museum Press

London, 2012

ISBN: 9780714128283

.

.

.

.

.

El Polifem d’or (de sis cordes) de García Lorca

.

.

.

.

.

.

Adivinanza de la guitarra

.

En la redonda
encrucijada,
seis doncellas
bailan.
Tres de carne
y tres de plata.
Los sueños de ayer las buscan
pero las tiene abrazadas
un Polifemo de oro.
¡La guitarra!

.

Federico García Lorca

.

.

.

Desescric tot el que he escrit! Estellés, tot esperant Ulisses.

.

.

A @ariadnalaberint

Vicent Andrés Estellés (Burjassot, 4 de setembre de 1924 - València, 27 de març de 1993)

.

.

..

.

.

.

 .

.

.

.

.

.

TOT ESPERANT ULISSES

.
Ones que vénen, mar que s’allunya,
tot és ben prop, tot és lluny.
Plors que s’enceten, riures que es moren,
quan creus que tens tot s’esmuny.
.
Verd el cel i fresc l’estiu,
jove el gran i cec l’altiu,
una taula fa de llit.
Desescric tot el que he escrit!
.
Un ocell baixa l’amor,
mils d’amors senten l’enyor,
un enyor se sent ferit.
Desescric tot el que he escrit!
.
Ones que vénen, mar que s’allunya,
tot és ben prop, tot és lluny.
Plors que s’enceten, riures que es moren,
quan creus que tens tot s’esmuny.
.
Plou de baix i ens mulla el cap;
juga i guanya qui menys sap;
el cor no vol dir el pit.
Desescric tot el que he escrit!
.
La raó es un moble vell;
manar vol qui duu el martell.
Amb el cap estabornit,
desescric tot el que he escrit!
.
Ones que vénen, mar que s’allunya,
tot és ben prop, tot és lluny.
Plors que s’enceten, riures que es moren,
quan creus que tens tot s’esmuny.
.
5 i 5 mai no en fan 10;
una església et marc el preu;
un canó apunta amb el dit.
Desescric tot el que he escrit!
.
Plora, plora, no hi ha draps;
ben i canta i trenca els plats;
l’estratègia es cou de nit.
Desescric tot el que he escrit!
.
Ones que vénen, mar que s’allunya,
tot és ben prop, tot és lluny.
Plors que s’enceten, riures que es moren,
quan creus que tens tot s’esmuny.
.
Que més puc cantar-vos ja?
si la festa no té pa;
el meu cap és un neguit.
Desescric tot el que he escrit!
.
La tristesa guanya el cant,
l’esperança és un infant,
llibertat: nom imparit.
Desescric tot el que he escrit!
.

Vicent Andrés Estellés

.

 .

.
.
..

Ovidi Montllor (Alcoi, 4 de febrer de 1942 - Barcelona, 10 de març de 1995)

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

Sirenes

.

.

.

DAMUNT MON VAIXELL 

Damunt mon vaixell  
l’arc de Sant Martí  
com un gran cinyell.  
Totes les sirenes  
engronxant-se en ell. 

.

Joan Salvat Papasseit

L’irradiador del port i les gavines

.

.

.

.

LES SIRENES

.

«Prop de nosaltres, filles de l’Aqueloo, que corre entre l’Acarnània i l’Etòlia fins a desembocar al Jònic, naixien les Sirenes, amb ales i cossos d’ocells i amb rostres i pits bonics, túrgids, de dona. Al prin­cipi, doncs, nimfes fluvials, torrents i cascades varen contribuir a dis­ciplinar les seves veus, ja des del començament pura harmonia. Ig­noro el motiu que les va dur a la llunyana Creta, a la banda d’Aptera, on varen provocar les Muses en una lluita musical. Victorioses les qui he indicat en darrer lloc, varen arrencar, en puniment, les plomes de les Sirenes i es coronaven amb aquestes despulles. Emplomissades a poc a poc de nou, les Sirenes varen fugir, profundament fe­rides i avergonyides de la derrota, i triaven com a estada el paratge on s’obre, al nostre ponent, l’estret de Sicília. Veïnes d’Escil·la i Caribdis, ignoro el seu nombre. S’apliquen amb tenacitat al cant i duen a les mans, també de dona, delicats instruments de corda, que sospi­to que les han d’engavanyar. Res de comparable a la melodia i a la dolcesa de les seves cançons, a les orelles humanes. Res, però, de més perillós. Qui les escolta oblida deures, família, pàtria, tota rectitud, i corre cap a elles, als prats plens de flors, on troben la mort. Les Sire­nes se’ls mengen i s’asseuen després damunt els blancs ossos. N’hi ha, es diu, a milers. Des d’aquests incòmodes setials, les Sirenes, es­tudioses i dolentes, no es cansen d’afinar les cordes vocals, i les dels aparells. Per què són tan perverses? La maldat és de debò un dels misteris més foscos i tristos del nostre món de tenebror.» Tota aquesta tirallonga va mormolar, sense perdre alè, Arístocles, una mica inebriat, mentre Euforió, que també havia begut un bri de mas­sa, fingia escoltar-lo, tot empassant-se badalls amb entrenat res­pecte.

.

Salvador Espriu

Les Roques, i el mar, el blau

.

.

Salvador Espriu.

Les roques i el mar, el blau.

Edició crítica a cura de Carmina Jori i Carles Miralles.

Centre de documentació i estudi Salvador Espriu.

Edicions 62. Barcelona, 1996.

ISBN: 9788429742008

..

.

.

.

..

.

.

.

.

Joel Coen, Ethan Coen

O’Brother, Where Art Thou?

George ClooneyJohn TurturroTim Blake NelsonJohn GoodmanHolly HunterCharles DurningMichael Badalucco

Touchstone Pictures / Universal Pictures / Studio Canal / Working Title

U.S.A., 2000

.

.

Monterroso, Penèlope i Aquil·les

.

.

La tela de Penélope, o quién engaña a quién

 .

Augusto Monterroso (Tegucigalpa, Hondures 1921 - Ciutat de Mèxic, Mèxic 2003)

Hace muchos años vivía en Grecia un hombre llamado Ulises (quien a pesar de ser bastante sabio era muy astuto), casado con Penélope, mujer bella y singularmente dotada cuyo único defecto era su desmedida afición a tejer, costumbre gracias a la cual pudo pasar sola largas temporadas.

Dice la leyenda que en cada ocasión en que Ulises con su astucia observaba que a pesar de sus prohibiciones ella se disponía una vez más a iniciar uno de sus interminables tejidos, se le podía ver por las noches preparando a hurtadillas sus botas y una buena barca, hasta que sin decirle nada se iba a recorrer el mundo y a buscarse a sí mismo.

De esta manera ella conseguía mantenerlo alejado mientras coqueteaba con sus pretendientes, haciéndoles creer que tejía mientras Ulises viajaba y no que Ulises viajaba mientras ella tejía, como pudo haber imaginado Homero, que, como se sabe, a veces dormía y no se daba cuenta de nada.

.
Augusto Monterroso
.

.

La tortuga y Aquiles

.

Por fin, según el cable, la semana pasada la Tortuga llegó a la meta.

En rueda de prensa declaró modestamente que siempre temió perder, pues su contrincante le pisó todo el tiempo los talones.

En efecto, una diezmiltrillonésima de segundo después, como una flecha y maldiciendo a Zenón de Elea, llegó Aquiles.

..

Augusto Monterroso

.

.

Joseph Conrad i Ulisses. The Mirror of the Sea

.

.

.

.

Hi ha un moment emblemàtic que marca l’entrada d’Ulisses en l’escena del segle XX europeu. És el moment en que Joseph Conrad —un polonès que, nascut a Ucraïna, va viure a Rússia, feu els seus estudis a Cracòvia, emigrà a França i s’embarcà per primera vegada en un vaixell francès, passant, llavors, a la marina mercant i a la nacionalitat britànica— publica en anglès (llengua que escull aviat com a pròpia i en la que es consolidarà com un dels més grans escriptors del seu temps) un llibre de memòries i impressions dedicat a l’experiència fonamental de la seva vida i la Musa principal de la seva narrativa: el mar.

Aquest llibre, compost en la seva major part d’articles apareguts anteriorment en diaris i revistes, es publica el 1906 (per tant, bastant abans que l’Ulisses de Joyce i que les composicions «ulissíaques» d’Ezra Pound) amb el títol de The Mirror of the Sea (El mirall del mar). En ell, com ell mateix afirma a la nota que precedeix l’edició de 1919, mira de «revelar en tota la seva nuesa, amb la sinceritat d’una última confessió, l’essència de la seva relació personal amb el mar. Iniciada misteriosament, com totes les grans passions que els Déus inescrutables inspiren als mortals, seguí després, irracional i invencible, sobrevisquent a la tentació de desencant i desil·lusió que s’agotzona en cada jornada d’una vida fatigada per a, finalment, plena dels delits i les penes de l’amor, enfrontar-s’hi amb exultació i amb els ulls oberts, sense amargor ni pena, des de la primera fins la darrera hora”.

.

Piero Boitani
L’ombra di Ulisse
Versió catalana a partir de la traducció
al castellà de Bernardo Moreno Carrillo

.

.

.

Józef Teodor Konrad Korzeniowski, conegut com a Joseph Conrad (Berdyczów, aleshores Polònia, actualment Ucraïna, 3 de desembre de 1857 – Bishopsbourne, Anglaterra, 3 d'agost de 1924)

.

.

.

.

XXXVIII.

.
.
Dichoso aquel que, como Ulises, ha hecho un viaje aventurero; y para viajes aventureros no hay mar como el Mediterráneo, el mar interior que los antiguos encontraban tan inmenso y tan lleno de prodigios, Y, en efecto, era terrible y maravilloso; pues no somos sino nosotros mismos, regidos por la audacia de nuestras mentes y los estremecimientos de nuestros corazones, los artesanos únicos de cuanto portentoso y novelesco hay en el mundo.
 
Era a los marineros mediterráneos a quienes sirenas de rubias cabelleras cantaban entre las negras rocas efervescentes de blanca espuma, y a quienes voces misteriosas hablaban en la oscuridad sobre las movedizas olas: voces amenazadoras, seductoras o proféticas…
.

Happy he who, like Ulysses, has made an adventurous voyage; and there is no such sea for adventurous voyages as the Mediterranean—the inland sea which the ancients looked upon as so vast and so full of wonders.  And, indeed, it was terrible and wonderful; for it is we alone who, swayed by the audacity of our minds and the tremors of our hearts, are the sole artisans of all the wonder and romance of the world.

It was for the Mediterranean sailors that fair-haired sirens sang among the black rocks seething in white foam and mysterious voices spoke in the darkness above the moving wave—voices menacing, seductive, or prophetic, like that voice heard at the beginning of the Christian era by the master of an African vessel in the Gulf of Syrta, whose calm nights are full of strange murmurs and flitting shadows.  It called him by name, bidding him go and tell all men that the great god Pan was dead.  But the great legend of the Mediterranean, the legend of traditional song and grave history, lives, fascinating and immortal, in our minds.

The dark and fearful sea of the subtle Ulysses’ wanderings, agitated by the wrath of Olympian gods, harbouring on its isles the fury of strange monsters and the wiles of strange women; the highway of heroes and sages, of warriors, pirates, and saints; the workaday sea of Carthaginian merchants and the pleasure lake of the Roman Caesars, claims the veneration of every seaman as the historical home of that spirit of open defiance against the great waters of the earth which is the very soul of his calling.  Issuing thence to the west and south, as a youth leaves the shelter of his parental house, this spirit found the way to the Indies, discovered the coasts of a new continent, and traversed at last the immensity of the great Pacific, rich in groups of islands remote and mysterious like the constellations of the sky.

The first impulse of navigation took its visible form in that tideless basin freed from hidden shoals and treacherous currents, as if in tender regard for the infancy of the art.  The steep shores of the Mediterranean favoured the beginners in one of humanity’s most daring enterprises, and the enchanting inland sea of classic adventure has led mankind gently from headland to headland, from bay to bay, from island to island, out into the promise of world-wide oceans beyond the Pillars of Hercules.

 .
.
.
.

XXXIX

.

.
[...]
.
La verdad era seguramente que, nada versado en las artes del sagaz griego, el engañador de dioses, el amante de extrañas mujeres, el evocador de las sanguinarias sombras del averno, aún anhelaba el comienzo de mi propia y oscura Odisea, que, como correspondía a un moderno, habría de desplegar sus maravillas y terrores más allá de las Columnas de Hércules. …
.

The truth must have been that, all unversed in the arts of the wily Greek, the deceiver of gods, the lover of strange women, the evoker of bloodthirsty shades, I yet longed for the beginning of my own obscure Odyssey, which, as was proper for a modern, should unroll its wonders and terrors beyond the Pillars of Hercules.  The disdainful ocean did not open wide to swallow up my audacity, though the ship, the ridiculous and ancientgalère of my folly, the old, weary, disenchanted sugar-waggon, seemed extremely disposed to open out and swallow up as much salt water as she could hold.  This, if less grandiose, would have been as final a catastrophe.

But no catastrophe occurred.  I lived to watch on a strange shore a black and youthful Nausicaa, with a joyous train of attendant maidens, carrying baskets of linen to a clear stream overhung by the heads of slender palm-trees.  The vivid colours of their draped raiment and the gold of their earrings invested with a barbaric and regal magnificence their figures, stepping out freely in a shower of broken sunshine.  The whiteness of their teeth was still more dazzling than the splendour of jewels at their ears.  The shaded side of the ravine gleamed with their smiles.  They were as unabashed as so many princesses, but, alas! not one of them was the daughter of a jet-black sovereign.  Such was my abominable luck in being born by the mere hair’s breadth of twenty-five centuries too late into a world where kings have been growing scarce with scandalous rapidity, while the few who remain have adopted the uninteresting manners and customs of simple millionaires.  Obviously it was a vain hope in 187- to see the ladies of a royal household walk in chequered sunshine, with baskets of linen on their heads, to the banks of a clear stream overhung by the starry fronds of palm-trees.  It was a vain hope.  If I did not ask myself whether, limited by such discouraging impossibilities, life were still worth living, it was only because I had then before me several other pressing questions, some of which have remained unanswered to this day.  The resonant, laughing voices of these gorgeous maidens scared away the multitude of humming-birds, whose delicate wings wreathed with the mist of their vibration the tops of flowering bushes.

No, they were not princesses.  Their unrestrained laughter filling the hot, fern-clad ravine had a soulless limpidity, as of wild, inhuman dwellers in tropical woodlands.  Following the example of certain prudent travellers, I withdrew unseen—and returned, not much wiser, to the Mediterranean, the sea of classic adventures.

.

.

.

.

Ja al final del seu llibre, Joseph Conrad ens refereix la història d’un vaixell, El Tremolino (és a dir, el “trèmol”, el “pollancre trèmol”, si bé Conrad no sembla identificar el nom del vaixell amb el de l’arbre, i el tradueix com el “tremolós”), de la seva tripulació i del seu capità, Dominic Cervoni. Aquest darrer, Cervoni, ens el descriu Conrad com “Astut i sense escrúpols, podria haver rivalitzat en recursos amb l’infortunat fill de Laertes i Anticlea. Si no oposava la seva embarcació i la seva audàcia nogensmenys que als déus, era només perquè els déus olímpics estan morts. Per descomptat no hi havia cap dona que pogués atemorir-lo. Un gegant amb un sol ull no hauria tingut ni la més remota possibilitat contra Dominic Cervoni, de Còrsega, no d’Ítaca; [...]. Parlava el català, l’italià de Còrsega i el francès de la Provença amb idèntica soltura i naturalitat.”

Cervoni i la tripulació del Tremolino es mouen en el marc de les intrigues i trifulques de la guerra carlina (som al 1875), fent contraban d’armes i municions en benefici dels carlins, a les costes catalanes.

L’episodi que posa fi als dies del Tremolino, i que en provoca el seu enfonsament per part del propi capità, es desenvolupa entre Barcelona i el Cap de Creus, on es propueix el naufragi. Cervoni, i la tripulació desembarquen amb un bot al Cap de Creus. El Capità fa peu a terra amb un dels rems del bot, i el clava a terra a la platja. Després d’explicar els detalls dels fets que han dut a la trista fi del Tremolino, el capità arrenca el rem de terra…

.

.

.

XLV

.

[...]

He pulled the oar out of the ground and helped me carefully down the slope.  All the time he never once looked me in the face.  He punted us over, then shouldered the oar again and waited till our men were at some distance before he offered me his arm.  After we had gone a little way, the fishing hamlet we were making for came into view.  Dominic stopped.

“Do you think you can make your way as far as the houses by yourself?” he asked me quietly.

“Yes, I think so.  But why?  Where are you going, Dominic?”

“Anywhere.  What a question!  Signorino, you are but little more than a boy to ask such a question of a man having this tale in his family.  Ah!  Traditore!  What made me ever own that spawn of a hungry devil for our own blood!  Thief, cheat, coward, liar—other men can deal with that.  But I was his uncle, and so . . . I wish he had poisoned me—charogne!  But this: that I, a confidential man and a Corsican, should have to ask your pardon for bringing on board your vessel, of which I was Padrone, a Cervoni, who has betrayed you—a traitor!—that is too much.  It is too much.  Well, I beg your pardon; and you may spit in Dominic’s face because a traitor of our blood taints us all.  A theft may be made good between men, a lie may be set right, a death avenged, but what can one do to atone for a treachery like this? . . . Nothing.”

He turned and walked away from me along the bank of the stream, flourishing a vengeful arm and repeating to himself slowly, with savage emphasis: “Ah!  Canaille!  Canaille!  Canaille!. . .”  He left me there trembling with weakness and mute with awe.  Unable to make a sound, I gazed after the strangely desolate figure of that seaman carrying an oar on his shoulder up a barren, rock-strewn ravine under the dreary leaden sky of Tremolino’s last day.  Thus, walking deliberately, with his back to the sea, Dominic vanished from my sight.

With the quality of our desires, thoughts, and wonder proportioned to our infinite littleness, we measure even time itself by our own stature.  Imprisoned in the house of personal illusions, thirty centuries in mankind’s history seem less to look back upon than thirty years of our own life.  And Dominic Cervoni takes his place in my memory by the side of the legendary wanderer on the sea of marvels and terrors, by the side of the fatal and impious adventurer, to whom the evoked shade of the soothsayer predicted a journey inland with an oar on his shoulder, till he met men who had never set eyes on ships and oars.  It seems to me I can see them side by side in the twilight of an arid land, the unfortunate possessors of the secret lore of the sea, bearing the emblem of their hard calling on their shoulders, surrounded by silent and curious men: even as I, too, having turned my back upon the sea, am bearing those few pages in the twilight, with the hope of finding in an inland valley the silent welcome of some patient listener.

.

Se volvió y, apartándose de mí, echó a andar por la orilla de la corriente, esgrimiendo un brazo vengativo y repitiendo lentamente para sí, con acerbo énfasis: «¡Ah! Canaille! Canaille! Canaille…!». Me dejó allí, temblando de debilidad y mudo de espanto. Incapaz de emitir un sonido, vi la figura extrañamente desolada de aquel ma­rino que llevaba un remo al hombro alejarse por una quebrada yerma y pedregosa bajo el cielo apagado y plo­mizo del último día del Tremolino. Así, andando despa­ciosamente, la espalda vuelta al mar, Dominic desapare­ció de mi vista.

Con la cualidad de nuestros deseos, pensamientos y asombro proporcionados a nuestra infinita pequeñez, me­dimos hasta el mismo tiempo de acuerdo con nuestra propia magnitud. Encerrados en la morada de las ilusio­nes personales, treinta siglos de la historia de la huma­nidad parecen menos, al mirar hacia atrás, que treinta años de nuestra propia vida. Y Dominic Cervoni ocupa su lugar en mi memoria al lado del legendario vagabun­do del mar de las maravillas y los terrores, al lado del fa­tal e impío aventurero, a quien la sombra evocada del adivino predijo un viaje interior con un remo al hombro, hasta que encontrara hombres que jamás hubieran contemplado barcos ni remos. Me parece poder verlos el uno junto al otro en el crepúsculo de una tierra ári­da, malhadados poseedores del saber secreto del mar, llevando el emblema de su dura vocación al hombro, ro­deados de hombres silenciosos y curiosos: incluso ahora, cuando, habiéndole yo también vuelto la espalda al mar, alumbro estas pocas páginas en el crepúsculo, con la es­peranza de encontrar en un valle interior la callada bien­venida de alguien paciente dispuesto a escuchar.

.

Joseph Conrad
The Mirror of the Sea
Fragments en castellà, versió de Javier Marías

.

.

.

Joseph Conrad

El espejo del mar. Recuerdos e impresiones

Prólogo de Juan Benet

Nota sobre el texto de Javier Marías

Nueva traducción de Javier Marías

Reino de Redonda. Barcelona, 2005

ISBN: 9788493365608

.

.

.

Piero Boitani

La sombra de Ulises

Historia, ciencia, sociedad, 318

Traducción de Bernardo Moreno Carrillo

Ediciones Península. Barcelona, 2001

ISBN: 9788483073896

.

.

Follow

Get every new post delivered to your Inbox.

Join 127 other followers